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Un Mensaje a la Iglesia (A Word to the Church)
La Cámara de Obispos de la Iglesia Episcopal

1/13/2005
[Episcopal News Service]   

12 y 13 de enero de 2005

Salt Lake City

A los fieles en Cristo Jesús: reciban nuestro saludo en esta estación de la Epifanía. Junto con ustedes nos regocijamos que Dios "ha hecho que una nueva luz brille en nuestros corazones" para revelar la gloria de Dios en el rostro de nuestro Señor Jesucristo. Los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas como consecuencia del tsunami en el sur de Asia, las inundaciones y aludes en California y aquí en UTA donde estamos reunidos, nos hace desear aún más esta nueva luz que se nos ha revelado en Cristo. También tenemos presente el sufrimiento que en todas partes del mundo provoca la pobreza, el VIH/SIDA, la malaria como también otras enfermedades, y las guerras. En este mundo sufriente hemos sido llamados a "servir y manifestar la misión de Dios en este mundo. Misión mediante la cual Dios convoca a individuos, hombres y mujeres, a la sociedad y a todo el mundo, señales y anticipos del amor sanador que un día restaurará todas las cosas" (Informe de Windsor, párrafo 3)

En nuestra reunión de septiembre de 2004 decidimos apartar un tiempo para que estando juntos pudiéramos comenzar a recibir humildemente el Informe de Windsor. Nos reunimos durante un día y medio en Salt Lake City y recibimos agradecidos el trabajo de la Comisión de Lambeth sobre Comunión. Nos damos cuenta que esta es una tarea a largo plazo y que posiblemente se extenderá más allá de nuestra reunión de marzo. Mientras tanto, nos hemos propuesto practicar aplicadamente los procesos consultivos establecidos por el Informe de Windsor. También esperamos que el Consejo Ejecutivo de nuestra iglesia participe en esta consulta.

En el espíritu de esta decisiva práctica, afirmamos que todos tenemos que arrepentirnos, tal como nos lo recordó el Arzobispo de Canterbury en su Carta de Adviento de 2004. Nos arrepentimos por las formas en que nosotros como obispos a veces nos hemos tratado unos a otros, fracasando de esta manera en reconocer la presencia de Cristo en unos y otros. Además, también a menudo hemos dejado de reconocer la presencia de Cristo plenamente manifestada en nuestras hermanas y hermanos anglicanos de nuestra comunión mundial. Respetamos su sabiduría y sus voces. Deseamos mutualidad. Reconocemos nuestra interdependencia en el Cuerpo de Cristo.

Más aún, como Cámara de Obispos expresamos nuestro sincero pesar por el dolor, las heridas y el daño causado a nuestros lazos de afecto anglicanos por ciertos hechos de nuestra iglesia. Reconociendo que nuestros hechos han contribuido a las tensiones presentes dentro de nuestra Comunión, expresamos nuestro pesar como una señal de nuestro profundo deseo y nuestro compromiso con nuestro compañerismo dentro de la Comunión Anglicana.

Aquí debemos destacar que nuestras estructuras para la toma de decisiones son diferentes a las de muchas partes de la Comunión Anglicana y que nuestras acciones obligan a la participación conciliar de todos los bautizados de nuestra iglesia, laicos y clero. Por lo tanto como obispos, al expresar nuestro pesar, no pretendemos descartar la autoridad canónica de la Convención General de la Iglesia Episcopal. Pero, al mismo tiempo, somos muy conscientes de nuestra particular responsabilidad de liderazgo episcopal.

Ansiamos la plena manifestación del don de la comunión que Dios nos ha otorgado por medio de Cristo. "La comunión que gozamos con Dios en Cristo y por el Espíritu, y la comunión que gozamos con todo el pueblo de Dios, vivos y difuntos, es la encarnación práctica del mismo fruto del Evangelio" (Informe de Windsor, párrafo 3). Nos regocijamos en nuestro compañerismo dentro de la Comunión Anglicana mundial y renovamos nuestra afirmación y compromiso a la interdependencia de esta iglesia como un miembro de la Comunión Anglicana.

Concordamos que una importante expresión de nuestra comunión sería un estudio y un proceso de discernimiento en toda la Comunión Anglicana sobre temas de sexualidad humana, tal como fue recomendado por las Conferencias de Lambeth de 1978, 1988 y 1998, y estamos dispuestos a responder a este desafío. Esto sería una señal de respeto hacia las personas lesbianas y homosexuales que forman parte de nuestra vida en común y de nuestro continuo cuidado pastoral. También creemos que este proceso estrecharía los lazos de nuestra comunión. De esta manera, podremos compartir nuestras conversaciones que han sido rodeadas de oración y los estudios sobre los ministerios y contribuciones de las personas homosexuales en la iglesia que han enriquecido nuestra experiencia durante muchos años. El Obispo Primado ya ha establecido un comité para ofrecer una explicación teológica sobre "como una persona que convive con otra persona del mismo sexo puede reunir los requisitos para dirigir el rebaño de Cristo." (Informe de Windsor, párrafo 135).

Estamos rogando que nuestros hermanos y hermanas de toda la Comunión Anglicana nos perdonen para que juntos podamos continuar en una inquebrantable relación, abriendo nuestras vidas y corazones los unos a los otros y aprendiendo a conocer cómo se mueve el Espíritu Santo en nuestros diferentes contextos. Estamos dispuestos a tomar los pasos para hacer esto posible, en particular, apreciaríamos más invitaciones de otras provincias anglicanas para aprender de las mismas las muchas maneras en que son testigos del amor restaurador del Cristo, a menudo en circunstancias muy difíciles.

En nuestras deliberaciones durante esta corta reunión nos hemos afanado humildemente en discernir la mejor forma de recibir el Informe de Windsor. Tuvimos una amplia discusión sobre una "moratoria sobre la elección y el consentimiento a la consagración de cualquier candidato al episcopado que está conviviendo con una persona del mismo sexo hasta que se forme un nuevo consenso en la Comunión Anglicana." (Informe de Windsor, párrafo 134). Apenas hemos comenzado a considerar seria y respetuosamente la forma en que podríamos responder. Además, no hemos tenido el tiempo suficiente para considerar minuciosamente las recomendaciones del Informe que solicita una moratoria en las transgresiones de los límites diocesanos o el pedido de una moratoria y la continuación del debate sobre la autorización de textos litúrgicos para la bendición de las uniones de personas del mismo sexo. (Aquí se nos hace necesario notar que hay entre nosotros algunos que no están de acuerdo con el párrafo 144 del Informe de Windsor que dice "la Iglesia Episcopal, por medio de actos de su Convención ha provisto la preparación de ritos públicos para la bendición de uniones de personas del mismo sexo.")

En Febrero de 2005 los Primados de la Comunión Anglicana considerarán el Informe de Windsor. Nos comprometemos a considerar minuciosamente durante nuestra reunión de marzo de 2005 las diferentes acciones específicas identificadas en el Informe. No queremos actuar impulsivamente. Creemos que es extremadamente importante tomar el tiempo necesario para permitir que el Espíritu Santo nos muestre las formas en que podríamos incorporar a todas las personas de nuestra iglesia en una consideración de las invitaciones a una reflexión más profunda de las recomendaciones del Informe de Windsor.

Anhelamos la epifanía de ese amor reconciliador de Cristo para todo el mundo que se encuentra en el corazón de la misión que compartimos. Oramos que junto con todos los cristianos anglicanos de todas partes del mundo podamos continuar siendo fieles a la misión que Dios nos ha encomendado.