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Un mensaje a la Iglesia de la Cámara de Obispos






Posted: Tuesday, September 27, 2005

Martes, 27 de septiembre de 2005

Un mensaje a la Iglesia de la Cámara de Obispos

27 de septiembre de 2005 - San Juan, Puerto Rico

Hermanas y hermanos en Cristo:

Nosotros, los Obispos de la Iglesia Episcopal, les enviamos nuestros saludos en nombre del compasivo y misericordioso Cristo habiendo recordado que "no nos predicamos a nosotros mismo, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús". (2 Cor. 4:5)

La reunión regular durante el otoño de la Comunidad de Obispos y Cónyuges se realizó en Puerto Rico mediante la amable invitación del Obispo David y la Sra. Maryleen Álvarez. Durante la Convención General de 2003, la Diócesis de Puerto Rico fue recibida con mucho entusiasmo como la diócesis más nueva de la Iglesia Episcopal. La cálida y alegre hospitalidad que se nos ha extendido y la enorme obra misionera de esta comunidad de 37.000 miembros nos anima muchísimo. El ministerio a los pobres y a las personas sin hogar, a los ancianos y agonizantes, y a todos los que viven al margen de la sociedad es una inspiración para nosotros. Los hospitales y centros médicos establecidos por la diócesis son la principal institución para reintegrar la salud en Puerto Rico. La Diócesis de Puerto Rico ocupa el tercer lugar como mayor empleador del sector privado en la isla. Nuestros espíritus han sido iluminados y elevados por la gracia del Señor que se hace tan evidente en esta parte de la viña del Señor.

Llegamos a Puerto Rico con el sufrimiento causado por el huracán Katrina en lo más profundo de nuestros corazones y mentes. El huracán Rita aumentó todavía más nuestras preocupaciones. Modificamos nuestro temario para poder dar la atención que merecen la presente crisis y nuestra respuesta. El primer día escuchamos a los Obispos Duncan Gray, de Misisipí; Charles Jenkins, de Luisiana y Philip Duncan, Obispo de la Costa Central del Golfo quienes describieron la devastación en sus respectivas diócesis. En Misisipí seis iglesia y nueve rectorías fueron destruidas. En Luisiana, muchas iglesias sufrieron serios daños y algunas de las cuales no podrán ser reparadas. El Obispo Duncan nos recordó del impacto durante el año pasado del huracán Iván y los continuos problemas que se ahora se han añadido como consecuencia de Katrina y Rita. Frente a esta tragedia, lloramos con los que lloran y nos dolemos con los dolientes.

Pero también escuchamos de valientes y generosas respuestas a esta traumática crisis, recordando así la activa gracia divina que nos está llamando a movilizarnos aun más. Estamos agradecidos a Dios por la generosidad demostrada en toda la Iglesia Episcopal y por el trabajo de sus agencias. Robert Radtke, Presidente del Fondo Episcopal de Beneficencia y Desarrollo (ERD) nos informó que hasta la fecha se han recibido casi 6 millones de dólares. Richard Parkins, Director de los Ministerios Episcopales de Migración (EMM) explicó su trabajo para socorrer a quienes fueron desplazados por Katrina y nos indicó formas en que nosotros podríamos compartir este ministerio. George Packard, Obispo Sufragáneo para las Capellanías nos relató el trabajo heroico que los capellanes de la Iglesia Episcopal están haciendo como respuesta a las necesidades de emergencia del área de la costa del Golfo. Estamos profundamente agradecidos por su compasión, coraje y servicio, tanto aquí como en otras partes del mundo. El Obispo Packard anunció sus planes para un sistema de respuesta llamado We Will Stand With You que está destinado a ayudar a las diócesis, congregaciones e instituciones que desean asociarse a las congregaciones de las áreas más afectadas por el desastre. Se puede obtener más información sobre este sistema y otros recursos disponibles visitando el sitio Web www.episcopalchurch.org/help.

Nuestra respuesta a la devastación causada por Katrina y Rita, tal como nuestra respuesta al tsunami tendrá que continuar a lo largo de muchos años. Como obispos, comprometemos a la Iglesia y a nosotros mismos a unirnos a nuestros hermanos y hermanas a este largo proceso de resurrección. La lectura de la epístola del domingo pasado nos recuerda que no debemos buscar nuestros "propios intereses, sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús". (Filipenses 2:4-5, NIV)

En su reunión conjunta, los cónyuges de los obispos también prepararon una respuesta de acuerdo con las necesidades de las víctimas de Katrina y, además, recaudando fondos para compra de tarjetas de compra para las familias del clero. Nos regocijamos en esta expresión de compasión y dedicación.

El viento cruel de Katrina puso al descubierto injusticias fundamentales, el abandono y el abuso del medio ambiente y disipó la pretensión de haber superado en nuestra nación o entre nosotros mismos las desigualdades raciales y sociales. Como Iglesia debemos actuar de acuerdo con nuestro compromiso a "luchar por la justicia y la paz entre todos los pueblos y respetar la dignidad de todo ser humano". (LOC 225). Con este fin hemos adoptado una resolución "expresando nuestra oposición a la suspensión de las provisiones de las normas federales de la Ley Davis-Bacon que indica la necesidad de pagar los salarios prevalecientes en los contratos para socorro y reconstrucción en las áreas afectadas por los huracanes Katrina y Rita". Una crisis como la causada por Katrina afirma nuestra resolución a denunciar injusticias raciales, económicas o sociales, y a responder a las necesidades aun no satisfechas en todas partes del mundo, así como también las que se dan en nuestros propios lugares.

El Profesor Philip Sheldrake, de la Universidad de Durham, Inglaterra, nos invitó a considerar la reconciliación y el discernimiento no como tareas que deben cumplirse, sino como procesos durante los cuales suspendemos nuestros prejuicios contra los demás y nosotros mismos para así poder aprender a encarnar la obra reconciliadora de Dios en este mundo. Estos procesos invitan a que individuos y comunidades de fe vuelvan sus corazones los unos a los otros en todas las circunstancias, aún cuando las mentes todavía no estén de acuerdo.

Escuchamos historias desafiantes y alentadoras de los obispos que recientemente visitaron iglesias en el África. Además, Catherine Roskam, Obispo Sufragáneo de Nueva York nos informó sobre la reunión de junio del Consejo Consultivo Anglicano en Nottingham, Inglaterra. También nos informó sobre la presentación hecha por un comité nombrado por el Obispo Presidente en respuesta al pedido del Informe de Windsor a explicar basándose "en las fuentes de autoridad que como anglicanos hemos recibido en las escrituras, la tradición apostólica y en una razonada reflexión explique cómo una persona que convive con otra persona del mismo sexo podría ser elegible para dirigir el rebaño de Cristo." (Informe de Windsor #135). Les recomendamos este informe titulado "Hemos puesto nuestra esperanza en Cristo" (Episcopal Books and Resources dispone copias del informe en inglés) preparado para los miembros de la Iglesia Episcopal y también para toda la Comunión Anglicana como parte de nuestra conversaciones sobre la sexualidad humana. Continuamos exhortando a la Iglesia a leer y discutir el Informe de Windsor. Nosotros reanudaremos nuestras conversaciones sobre este informe durante la próxima reunión en marzo de 2006.

Phoebe Griswold nos hizo un preocupante relato sobre la situación de la mujer en la Comunión Anglicana, especialmente en los organismos directivos. Entre los "Instrumentos de Comunión" (el Arzobispo de Cantórbery, los Primados anglicanos, la Conferencia de obispos de Lambeth y el Consejo Consultivo Anglicano) sólo hay 30 mujeres entre más de 800 personas que forman parte de estos ministerios. Por esta razón muchas preocupaciones de las mujeres no son atendidas y sus ministerios no son afirmados ni apoyados plenamente. En respuesta, el Consejo Consultivo Anglicano adoptó una resolución que afirma parcialmente una de las Metas del Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas sobre la igualdad de representación en organismos directivos en todos los niveles.

Fuimos bendecidos ricamente por la presencia de Michael Nuttall, Obispo jubilado de Natal, en la Provincia de África del Sur, Khotso Makhulu, Arzobispo emérito de África Central, Michael Baroi, Moderador de la Iglesia Unida de Bangladesh y Andrew Huchinson, Primado de la Iglesia Anglicana del Canadá. Estos eminentes invitados de todas las partes de nuestra Comunión Anglicana contribuyeron a nuestras conversaciones con sus testimonios de una férrea fe y sabiduría que desafía nuestra compresión de los lazos de afecto que nos unen. Nuestras relaciones con toda la Comunión profundizan y nutren nuestra vida en común en Cristo y nuestra misión en el mundo. Por todo esto, estamos profundamente agradecidos.

Durante toda esta reunión nos hemos recordado que al compartir las penas de tantas personas de la costa del Golfo y al examinar las relaciones entre nosotros y con toda la Iglesia, siempre lo hacemos dando un testimonio esperanzado del poder de la Resurrección. El eterno amor de Dios, levantando a Jesús de entre los muertos, acoge las penas del mundo al mismo corazón de Dios. La Resurrección de Cristo nos muestra el poder de Dios, la Santa Trinidad que puede superar toda separación y división. La constante comunión de la Trinidad sostiene nuestra vida en común y nos sostiene a nosotros que, junto con ustedes, servimos la misión de Dios en este mundo. "Gloria a Dios cuyo poder operando en nosotros puede hacer mucho más de lo que pedimos o pensamos. Gloria a Dios de generación en generación en la Iglesia y en Cristo Jesús por los siglos de los siglos." (Efesios 3:20-21)

  
  
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