The Episcopal Church Welcomes You
SITE MAP · QUESTIONS Search: 
GC2006_hdr
 Come to Convention
·  Children & Youth
·  Exhibits
·  Housing
·  Schedule
·  Special Functions
·  Volunteer

 House of Bishops
·  The Presiding Bishop

 House of Deputies
·  President, HD

 Legislation

 Publications

 Registration


  
‹‹ Return
Martes, 6 de junio: Crecer en amor
by Sarah Knoll-Williams
Sarah Knoll-Williams  
Una vez una joven madre inteligente hizo algo muy sabio. Después de llenar un vaso de leche, lo colocó enfrente de su hija. Cuando la hija trataba de cogerlo, la madre extendió su mano y tiró el vaso. Había leche por todas partes; en la mesa, y un charquito en el suelo. La hija toda asombrada miró a su madre. La madre sonrió a la hija.

“¿Qué pasó?”, preguntó a su hijita.

“¡Tú tiraste la leche!”, contestó la hija.

“¿La leche?”, preguntó la madre fingiendo confusión. “¿No era zumo lo que salió del vaso?”

“¡No era zumo! ¡Tú echaste leche!” gritó la hija.

“¡Ja, ja!”, rió la madre. “¿Quieres decir que lo que echamos en el vaso es lo que saldrá de él si lo tiramos?” Mientras limpiaban la leche, la madre habló con su hija. “También nosotras nos caemos”, dijo. “Cuando las cosas nos van mal, lo que tengamos dentro de nosotras es lo que saldrá. Si estás enfadada y alguien te hace caer, tu enfado se derramará como la leche. Si, por el contrario, estás llena de amor, se derramará el amor”.

Jesús dice: “Lo que sale de la boca viene de dentro del corazón” (Mt 15:18).

La última vez que alguien te hizo caer, ¿qué salió de ti?

Es difícil llenar de amor nuestro propio vaso. Cuando me acerco a Dios en la lectura de las Escrituras y en la oración, Dios llena mi vaso con cosas buenas. He conocido gente cuyo vaso estaba lleno de amor, y a menudo su amor rebosaba en el mío. Si mi vaso ya está lleno de egoísmo, de impaciencia, de enfado, no queda espacio para amar a Dios o al prójimo. ¿Has mirado en tu vaso? ¿Qué hay en él?

Nuestro corazón es como nuestras propias raíces. Los labios, las manos, los pies, son como las hojas en el tallo. Podemos conocer las raíces mirando a las hojas. Se puede conocer la situación de mi corazón por lo que digo a los demás o hago por ellos. En la carta a los Efesios se nos enseña a rezar unos por otros: “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, (estemos) arraigados y cimentados en el amor” (Ef 3:17). Si nuestras raíces han sido plantadas en el amor y regadas con amor; si el amor llena nuestro vaso, no tendremos miedo de caernos. Cuando caigamos, saldrá lo bueno de Dios que tengamos dentro.

La carta a los Efesios nos pide que crezcamos en el amor, ya que invitamos a Dios para que cuide nuestro jardín. Jesús dice: “Yo soy la viña y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta. Y al sarmiento que da fruto lo poda para que dé más fruto” (Jn 15:1-2). Os insto a que ofrezcáis vuestros sarmientos, para que sean podados y veáis el fruto que Dios dará a través vuestro. Ofrezcámonos a Dios como un vaso vacío, para que podamos ser llenados de cosas buenas. Si crecemos en amor, crecemos en Dios. Del gran amor de Dios, “mi copa rebosa” (Sal 23:5).

Mientras vivamos con otros en la vida diaria, caeremos. Puede que alguien nos empuje; puede que nosotros empujemos a otros. Preparaos conmigo para caer y derramar un vaso lleno de amor. Preparaos conmigo para tener una copa que rebosa en los demás.