Padre celestial, que escogiste a tu siervo Beda de niño para que dedicara la vida a tu servicio en las disciplinas de la religión y de la erudición, concédenos que así como Beda se afanó, con la ayuda del Espíritu, por llevar las riquezas de tu verdad a su generación, de la misma manera nosotros, en nuestras diversas vocaciones, nos esforcemos por presentarte ante el mundo entero; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.