Dios todopoderoso y eterno, que encendiste la llama de tu amor en el corazón de tu santo mártir Bernardo Mizeki, concede a tus humildes siervos una fe y un amor semejantes, para que los que nos regocijamos en su triunfo nos beneficiemos de su ejemplo; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina con el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.