Feasts & Fasts

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Misericordioso Dios, te damos gracias por el testimonio de Harriet Beecher Stowe, cuya ficción inspiró a miles con compasión por la vergüenza y el sufrimiento de los pueblos esclavizados, y quien enriqueció sus escritos con las cadencias del Libro de Oración Común: Ayúdanos, como a ella, a luchar por tu justicia, para que nuestros ojos puedan ver la gloria de tu Hijo, Jesucristo, cuando venga a reinar contigo y el Espíritu Santo en reconciliación y paz, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Dios misericordioso, que llamaste a la Madre Harriet y a sus compañeras a reavivar la vida religiosa en la Iglesia Episcopal por medio de la fundación de la comunidad religiosa de Santa María, y a dedicar sus vidas a ti: Concede que, al considerar sus modelos de vida, podamos rendirnos ante la revelación de tu santa voluntad; mediante nuestro Salvador Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Dios, que escogiste a tu fiel sierva Harriet Bedell para ejercer el ministerio de diaconisa y ser misionera entre los pueblos indígenas: Llénanos de compasión y respeto por todas las personas, y empodéranos para el trabajo del ministerio en todo el mundo; mediante Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Dios nuestro fuerte libertador, bendecimos tu Nombre por los dones de gracia dados a Harry Thacker Burleigh para reunir y preservar el buen patrimonio de la música afroamericana, y elevar en canciones las luchas de su pueblo. Permite que el Espíritu de amor que le impulsó nos lleve también a unir nuestras manos por toda la tierra en una gran hermandad de amor en Cristo; por el mismo Jesucristo, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

Oh Señor Dios nuestro, que escogiste a tu siervo Hilario para que fuera campeón de la fe católica, guárdanos firmes en aquella fe verdadera que profesamos en nuestro bautismo, a fin de que nos regocijemos de tenerte como nuestro Padre y moremos en tu Hijo, en la comunión del Espíritu Santo; que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Oh Dios de paz, por cuya gracia la abadesa Hilda fue adornada de dones de justicia, prudencia y fortaleza para gobernar como sabia madre sobre las monjas y los monjes de su familia, y para ser amiga de confianza y reconciliación de líderes de la Iglesia: Concédenos la gracia de reconocer y aceptar los variados dones que concedes a hombres y mujeres, para que nuestra vida en común se enriquezca y se cumpla tu voluntad; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Consérvanos, oh Señor, constantes en la fe y ardientes en dar testimonio, a fin de que, como tus siervos Hugo Latimer y Nicolás Ridley, vivamos en tu temor, muramos en tu favor y descansemos en tu paz; por Jesucristo tu Hijo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Dios, nuestro mayor tesoro, tú bendijiste a Hugo y Roberto, obispos de Lincoln, con sabia y alegre audacia para la proclamación de tu Palabra a ricos y pobres por igual: Concede que todos los que ministran en tu nombre puedan servir con diligencia, disciplina y humildad, no temiendo otra cosa que perderte y atrayendo a todos hacia ti mediante Jesucristo nuestro Salvador; que vive y reina contigo en la comunión del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.