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Convención General Sermón predicado por el Rvdmo. Michael B. Curry

The Episcopal Church
Office of Public Affairs

Sábado, Julio 7, 2012

El siguiente sermón fue presentado hoy en la 77a Convención General de la Iglesia Episcopal, que se reúne en Indianápolis, Indiana, hasta el 12 de julio.

  

Sermón predicado en la 77a. Convención General de la Iglesia Episcopal

La conmemoración de Harriet Beecher Stowe (1811-1896)

Sábado 7 de Julio de 2012

 

Necesitamos algunos cristianos locos

Por el Rvdmo. Michael B. Curry

 

En el día de hoy conmemoramos el testimonio de Harriet Beecher Stowe, una mujer que usó la palabra para liberar a los cautivos. Hablaré más acerca de ella después, pero ahora quiero resaltar que en 1944 su testimonio se celebró en Broadway con una obra titulad Harriet  y dedicada a la labor de Eleanor Roosevelt, en la cual Helen Hayes representaba el papel de Harriet Beecher Stowe. Al final de la obra, la familia de Beecher Stowe se congregaba a su alrededor y cantaba la letra de “El himno de batalla de la república”, con lo cual afirmaban el testimonio cristiano de esta mujer audaz y valerosa. Parte del himno dice así:[1]

 

Entre lirios de hermosura, Cristo nació allende el mar,

Con una gloria en el pecho que ha transfigurado el mal:

Como él murió por salvarnos, muramos por liberar,

Que Dios avanza ya.

 

Gloria, gloria aleluya,

Gloria, gloria aleluya,

Gloria, gloria aleluya,

Avanza Su verdad.[2]

 

Como texto del día, les ofrezco las palabras de Marcos 3:20-21, como las traduce la Nueva Versión Estándar Revisada: “Luego [Jesús] entró en un casa, y de nuevo se aglomeró tanta gente que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. Cuando se enteraron sus parientes, salieron a hacerse cargo de él, porque decían ‘está desquiciado’”.

La versión de la Biblia del Rey Jacobo traduce la preocupación de la familia de Jesús por él con estas palabras: “está fuera de sí”. La antigua versión del Nuevo Testamento de J.B. Phillips traduce, “la gente decía ‘¡él debe estar demente!’” Pero mi preferida es la Versión en Inglés Contemporáneo de 1995 que dice “Cuando la familia de Jesús oyó lo que él estaba haciendo, pensaron que estaba loco y fueron a dominarlo”.

Dostoievski in Los hermanos Karamázov nos advierte con toda propiedad que ésa es una descripción precisa de cómo la Iglesia y nosotros los cristianos hemos intentado con frecuencia dominar al Mesías. Pero este Mesías no sería dominado. Como Richard Holloway, ex Primado de Escocia, escribió una vez, “Jesús irrumpe de todas las tumbas en que lo hemos puesto”.[3]

Por tanto, y perdónenme que lo diga de esta manera, pero ¡Jesús estaba, y está, loco! Y aquellos que habrían de seguirlo, los que serían sus discípulos, los que vivirían como el pueblo del Camino, son llamados justamente a eso: a la locura. Así, pues, quiero abordar el tema “Necesitamos algunos cristianos locos”.

 

I“Cuando la familia de Jesús oyó lo que él estaba haciendo, pensaron que estaba loco y  fueron a dominarlo.”  No quiero apresurarme a juzgar a la madre y a toda la familia de Jesús. Tenían buenas razones para preocuparse. Acabamos de leer en I de Pedro una enseñanza que refleja lo que Jesús predicó en el Sermón del Monte: “No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan” (1 Pedro 3:9). Eso es una locura. En la lectura del Evangelio de Mateo, que acabamos de leer hace unos momentos, Jesús dice “El más importante entre ustedes será siervo de los demás” (Mt. 23:11). Eso es una locura.

A los que el mundo considera infelices, Jesús llama bienaventurados. Bienaventurados son los pobres y los pobres en espíritu. Bienaventurados son los misericordiosos, los compasivos. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de que prevalezca la justicia de Dios. Bienaventurados los que laboran por la paz. Bienaventurados son ustedes cuando los persiguen precisamente por intentar amar y hacer lo que es bueno. Jesús estaba loco. Dijo, amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los ultrajan. Él estaba loco. Oró mientras lo mataban, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Ahora bien, eso es una locura.

Necesitamos algunos cristianos que estén tan locos como el Señor. Lo bastante locos para amar como Jesús, para dar como Jesús, para perdonar como Jesús, para hacer justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios, como Jesús. Lo bastante locos para atreverse a cambiar el mundo de la pesadilla que con frecuencia es a algo que se acerque a la manera en que Dios lo sueña. Y ¿para aquellos que habrían de seguirle, los que serían sus discípulos, los que vivirían para ser el pueblo del Camino?   Podría resultar un escándalo, pero son llamados a la locura.

Permítanme sugerirle un ejemplo de ese llamado en el Nuevo Testamento: María de Magdala, María Magdalena. Por cualquiera que sea la razón, María con frecuencia resulta calumniada. Ya sea por el falso retrato de ella como una de las prostitutas del Nuevo Testamento o por El código de Da Vinci, María resulta calumniada. Pero yo quiero sugerir que María Magdalena podría ser el ejemplo por excelencia de lo que significa seguir a Jesús, ser su discípulo, ser una persona del Camino.

María Magdalena estaba loca. Ella se aparece cuando no se supone que lo haga. Habla cuando los demás se callan. Se levanta cuando todos los demás se sientan. Estaba loca. Henry David Thoreau dijo una vez que si alguien “no marca el paso al compás de sus compañeros, es tal vez porque oye un tambor diferente”. María es alguien que obviamente oía un tambor diferente. Y esta gente son a las que el mundo llama locos.

Hagan memoria de la crucifixión de Jesús. La crucifixión era la ejecución que imponía el imperio [romano] por delitos contra el Estado. Era una tortura pública. Era un medio deliberadamente brutal de pena capital, una ejecución concebida para transmitir un mensaje de que la revolución y los revolucionarios no serían tolerados. Si usted era partidario o seguidor de la persona que era crucificada, resultaba peligroso mostrarse demasiado cerca durante la ejecución. Lo racional e inteligente era esconderse o exiliarse.

Habiendo dicho esto, pasemos lista a aquellos que Jesús llamó a que le siguieran, tomémosle la asistencia a los apóstoles en la crucifixión de su Señor. ¿Simón Pedro? Ausente. ¿Santiago? Ausente. ¿Andrés? Ausente. ¿Bartolomé? Ausente. ¿Judas? Ausente. ¿María Magdalena? ¡Presente y confirmada! Cuando los viejos esclavos cantaban, “¿Presenciaste la muerte del Señor?” había una mujer llamada María que podía responder. “¡Yo estaba allí! ¡Ahora bien, ¡eso es una locura!

Pero eso no es todo. En la mañana de Pascua, se repite el mismo patrón de conducta. ¿Quién se levanta y va a la tumba de Jesús? ¡María y algunas de las hermanas! Ni Pedro, ni Andrés, ni Santiago ni Juan. ¡María! Y eso es algo insensato. Como dije, era peligroso estar tan íntimamente asociado con una persona ejecutada por el Imperio. Ir a la tumba no tenía absolutamente ningún sentido. Era sencillamente una locura. Los evangelios dicen que habían rodado una gran piedra ante la tumba. Es de suponer que María lo sabía. Ella no tenía ningún modo de moverla. Pero ella fue de todos modos. Eso es una locura. El evangelio de Mateo dice que los romanos habían puesto guardias en la tumba. María no tenía ningún plan de deshacerse de ellos ni ningún modo de hacerlo. Pero ella se levantó y fue de todos modos. Eso es una locura. Y esa locura la llevó a convertirse en el primer testigo de la resurrección de Jesús de los muertos, el primer testigo del hecho de que el amor de Dios es más grande que cualquier odio que los humanos puedan infligir. Por haber estado tan loca como el Cristo, ella fue testigo de Cristo al mundo. Hermanos y hermanas, María Magdalena nos ha mostrado el camino. Necesitamos algunos cristianos locos.

Puede que no sea tan obvio al principio, pero en verdad tenemos un día para recordar a los cristianos locos. Creo que lo llamamos Día de Todos los Santos. No lo llamamos “Día de Todos los Mismos”. Es Día de Todos los Santos, porque aunque ellos fueron falibles y mortales, y pecadores como el  resto de nosotros, cuando llegaron los momentos difíciles, las personas que honramos como santos marcharon al ritmo de un tambor diferente. En sus vidas, ellos marcaron una diferencia para el Reino de Dios. Como ustedes saben, aún estamos trabajando en un libro que nos ayudará a conmemorarlos. Lo llamamos, Santas y Santos. Pero también podríamos llamarlo Las crónicas de los cristianos locos.

Una de las personas que celebramos en el libro es Harriet Beecher Stowe, que nació en 1811 en el seno de una familia devota consagrada al evangelio de Jesús y a ayudar a transformar al mundo de la pesadilla que con frecuencia es al sueño que Dios quiere que sea. Por lo que más se le conoce es por su novela La cabaña del Tío Tom.  En esta obra de ficción, ella contó la verdad. Contó la historia de cómo la esclavitud afligía a una familia, afligía a personas de carne y hueso. Ella contó la verdad acerca de la brutalidad, la injusticia, la inhumanidad de la institución de la esclavitud. Su libro hizo lo que hacen al presente los vídeos que captan injusticias y brutalidades: reagrupó a los abolicionistas y enfureció a los intereses creados. La influencia de ese libro fue tan poderosa que se cuenta que Abraham Lincoln, al encontrarse con Harriet Beecher Stowe por primera vez, dijo: “¡así que ésta es la damita que empezó esta gran guerra!”[4]

Beecher Stowe una vez explicó sus escritos en contra de la esclavitud con estas palabras: “Escribí lo que escribí porque como mujer, como madre, me sentía oprimida y  con el corazón deshecho por la tristeza y la injusticia que presenciaba; porque como cristiana padecía la deshonra del cristianismo; porque como amante de mi país, temblaba ante la llegada del día de la ira”.[5]

Eso es locura.  Una mujer de su época se suponía que escribiera historias agradables, no historias que perturbaran la conciencia de una nación. Se suponía que se casara bien, que criara bien a sus hijos, que participara en algunas actividades benéficas y que fuera cariñosamente recordada por todos los que la conocieron. Esa era la vida que se suponía que ella tuviera. Pero a ella la habían criado en una familia que creía que seguir a Jesús significa cambiar al mundo de la pesadilla que con frecuencia es al sueño que Dios quiere que sea. Y a veces eso significa marchar al compás de un tambor diferente. A veces eso significa que las cosas importen cuando se está tentado a que importen menos, o levantarse cuando otros se sientan. A veces significa hablar cuando otros callan. A veces significa ser diferente, —incluso estar loco.

Cuando Steve Jobs, uno de los fundadores de Apple Inc., murió el año pasado, un viejo anuncio comercial de Apple de los años noventa se propagó como un virus en YouTube. Era un comercial que se estrenó en 1997 y que intentaba relanzar los productos Apple. El eslogan del anuncio y de la compañía era Piensa diferente [Think different] una frase que es gramaticalmente incorrecta, lo cual es parte del argumento.

En el anuncio aparecía un montaje de fotografías y  material fílmico de personas que han inventado e inspirado, que han creado y se han sacrificado para mejorar el mundo, para marcar la diferencia. Mostraba a Bob Dylan, Amelia Earhart, Frank Lloyd Wright, María Callas, Muhammad Ali, Martin Luther King, Jim Henson, la Madre Teresa, Albert Einstein, Pablo Casals, Mahatma Gandhi, Albert Schweitzer y muchísimos más. Mientas pasaban las imágenes, una voz leía este poema:

 

 

He aquí a los locos. Los inadaptados. Los rebeldes.

Los problemáticos. Las clavijas redondas en los hoyos cuadrados.

Los únicos en ver las cosas de un modo diferente. Los que no se contentan con las reglas

Y no sienten ningún respeto por el status quo.

Puedes citarlos, discrepar de ellos, glorificarlos o vilipendiarlos.

Pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos.

Porque ellos cambian cosas.

Inventan. Imaginan. Curan. Exploran.

Crean. Inspiran. Hacen avanzar a la raza humana.

Acaso tienen que estar locos.

¿De qué otro modo puedes contemplar un lienzo en blanco y ver una obra de arte,

O sentarte en silencio y oír una canción que no se ha escrito nunca,

O mirar fijamente a un planeta rojo y ver un laboratorio sobre ruedas?

Mientras algunos los ven como locos, nosotros los vemos como genios

Porque aquellos que están bastante locos para creer

que pueden cambiar el mundo,

son los únicos que lo cambian.[6]

 

Amigos míos, necesitamos algunos cristianos locos. El cristianismo cuerdo  y aséptico nos está matando. Eso puede haber funcionado alguna vez en el pasado, pero ya no es portador del Evangelio. Necesitamos algunos cristianos locos como María Magdalena y Harriet Beecher Stowe. Cristianos lo bastante locos para creer que Dios es real y que Jesús vive. Lo bastante locos para seguir el camino radical del Evangelio. Lo bastante locos para creer que el amor de Dios es más fuerte que todos los poderes del mal y de la muerte. Lo bastante locos para creer, como dijera con tanta frecuencia el Dr. King, que si bien “el arco moral del universo es largo, tiende hacia la justicia”. Necesitamos de algunos cristianos lo bastante locos para creer que los niños no tienen que irse a dormir hambrientos; que el mundo no tiene que ser de la manera que a menudo parece; que hay un modo de deponer nuestras espadas y nuestros escudos, abajo a la orilla del río; que tal como solían cantar los esclavos,  “hay sitios buenos de sobra en el reino de mi Padre”, porque todos los seres humanos han sido creados a imagen de Dios y todos somos igualmente hijos de Dios y queremos ser tratados como tales.

Lo que necesitamos son algunos cristianos locos: cristianos que estén lo bastante locos para captar un atisbo de la visión enloquecida, transformadora y transfiguradora de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, para luego seguirle en la obra de ayudar a convertir en realidad el sueño de Dios para todas las personas y para toda la creación.

 

Entre lirios de hermosura, Cristo nació allende el mar,

Con una gloria en el pecho que ha transfigurado el mal:

Como él murió por salvarnos, muramos por liberar,

Que Dios avanza ya.

Gloria, Gloria aleluya,

Avanza Su verdad.

 

 

La Iglesia Episcopal: www.episcopalchurch.org

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[1] Susan Belasco, “Harriet Beecher Stowe in Our Time,” www.nationalera.wordpress.com

[2] Julia Ward Howe (1819-1910)

[3] Richard Holloway, Prefacio de The Great Sayings of Jesus: Proverbs, Parables and Prayers (New York: St. Martin’s Press, 1999), John Drane, editor

[4] Holy Women, Holy Men: Celebrating the Saints (New York: Church Publishing, 2010), p. 448

[6]Think Different” anuncio comercial de la Apple, 1997