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Convención General Sermón predicado por Obispa Presidente Katharine Jefferts Schori

The Episcopal Church
Office of Public Affairs

Domingo, Julio 8, 2012

El siguiente sermón fue presentado hoy en la 77a Convención General de la Iglesia Episcopal, que se reúne en Indianápolis, Indiana, hasta el 12 de julio.

 

REUNIÓN DE LA UTO Y FESTIVAL EUCARISTICO
Domingo, 8 de julio

 

La Reverendísima Katharine Jefferts Schori
Obispa Presidente y Primado
Iglesia Episcopal

 

 

¡Mortales! ¡Levántense y escuchen! Dios les está enviando a una casa rebelde, llena de gente insolente y terca. Su trabajo consiste en ir a decirles: “Escuchen, este es el pacto, del Gran Hombre en sí mismo”. Y si no escuchan, por lo menos sabrán que han conocido a un profeta.

 

Garrison Keillor es famoso por señalar que nadie quiere un profeta en una fiesta de cumpleaños. Nuestra imagen de los profetas es algo así como la de los dragones que respiran fuego o Nunzilla, pero un profeta no es más que alguien enviado a hablar en nombre de Dios, para decir las cosas como son. A veces los profetas dicen palabras de consuelo y fortaleza, la clase de palabras que el salmista está pidiendo: misericordia y socorro. Y a veces, el profeta dice palabras que son más difíciles de escuchar, nos recuerda que se supone que debemos amar a Dios con todo lo que somos y tenemos y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El recordatorio generalmente nos llega porque los oyentes de los profetas no han estado a la altura de esa expectativa. Lo que Jesús dijo en la sinagoga parece haber sido ese tipo de palabra retadora.

Los amigos y vecinos de Jesús, obviamente, no esperan oír nada profético del carpintero ordinario de la misma calle o del hermano de sus amigos. Él nunca antes se puso de pie en la sinagoga y dijo algo particularmente retador, ¿quién se cree que es? Marcos no nos dice lo que Jesús lee o dice. Lucas dice que es parte de un pasaje de Isaías que dice así, “el Espíritu me ha ungido para dar la buena nueva a los pobres, la liberación a los cautivos, vista a los ciegos, justicia a los oprimidos, y para anunciar el año del Señor”. Y sus amigos y vecinos se sienten ofendidos.

Es ofensivo - y confrontador y desafiante - el saber que a pesar de que creemos que nos hemos estamos llevando bien, no hemos dado la talla. Sin embargo, hasta que podamos escuchar el abismo que hay entre lo que es y lo que deberíamos ser, no tenemos ninguna esperanza de cambiar.

A veces los profetas que anuncian tales noticias aparecen de una manera muy normal y tranquila, y eso puede ser lo que molestó tanto la gente de la ciudad natal de Jesús. Es más difícil hacer caso omiso de alguien a quien respetamos y conocemos muy bien.

Oí una invitación profética como esa hace un par de meses. Se me pidió que participara en una reunión de líderes cristianos y políticos para tener en cuenta el estado del discurso público en Estados Unidos, y la invitación hacía referencia a una de nuestras más conocidas figuras políticas, el senador Jack Danforth. La reunión estaba programada para celebrarse en Washington, DC, justo antes de que yo tuviera que partir para ir a la Convención General. Una conversación acerca de la civilidad parecía una tarea muy apropiada, pero como el día se acercaba, yo estaba mucho más centrada en los asuntos de esta reunión. Estuve a punto de cancelar el viaje, más de una vez. Pero fui, y oí un coro de voces proféticas: clero y religiosos católico romanos, predicadores bautistas del Sur, miembros del Congreso de ambos partidos, obispos luteranos y metodistas, ministros evangélicos de la Asamblea de Dios y de tradiciones pentecostales. Cada uno de nosotros estaba allí para lamentar la pérdida de respeto hacia los oponentes políticos y la incapacidad de crear una causa común por el bien mayor. No leímos el Salmo de hoy, pero sin duda era apropiado para la conversación:
 

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad, hemos tenido más que suficiente desprecio. ¡Por favor! ¡Que no haya más ridículo por parte del arrogante, o abuso por parte de un pueblo orgulloso y engreído!

Comenzamos nuestro encuentro hablando de la esperanza de los estadounidenses ante el desprecio y la arrogancia que escuchan en el Congreso y en otros políticos, pero pronto empezamos a hablar del abuso y ridículo que escuchamos de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Mantuvimos unas conversaciones animadas, y terminamos por aceptar orar con y por un compañero, comenzamos a dar forma a una declaración común, y desarrollamos una lista de acciones positivas que podríamos tener para el fomento de un discurso más civil y efectivo, tanto en la política y como en nuestras vidas religiosas. Las palabras importan profundamente, y como cristianos afirmamos eso cada vez que nos reunimos para dar gracias por el Verbo encarnado en medio nuestro.

Los profetas hablan y actúan en nombre de Dios, con palabras habladas y encarnadas de fortaleza, esperanza y desafío. El ministerio profético se nos presenta de muchas formas. Consideren la obra agradecida de la Ofrenda Unida de Acción de Gracias [UTO] y de las Mujeres de la Iglesia Episcopal [ECW], ayudando en una posibilidad creativa aquí y en todo el mundo. La reunión trienal comienza con una bendición y distribución de cruces, y las manos que se extienden para recibirlas son un sacramento de bendición. Cuando Jesús pone en las manos y cura a algunos, incluso en un lugar que no creía que tenía mucho que ofrecer, está haciendo algo profética. El trabajo que las manos de mujeres de la iglesia Episcopal hacen en la recolección y en los ministerios de bendición en todo el mundo es también profético.

¿Qué pasa con las manos de ustedes? Ellas también son instrumentos de sanación, reconciliación, y re-creación, ¡veamos esas manos! Eso es un sacramento de la misión de Dios. ¿Cómo va usted a usar esas manos en una casa insolente y rebelde? Estas manos pueden ser instrumentos de advertencia, o de consuelo y fortaleza para los indecisos. Las manos pueden ser instrumentos de comunicación profética, un regalo que no todos hemos aprendido.

Cuando Jesús se va a otros pueblos para enseñar, está usando las palabras y las manos de una manera profética, anunciando el reino de Dios ya cercano, la curación, la alimentación y llamando a la gente a reunirse en comunidad. Envía a sus amigos a hacer las mismas cosas:
            a anunciar la buena noticia del reino de Dios
            a enseñar a los nuevos creyentes
            a sanar al herido
            a combatir la injusticia
            y a cuidar del jardín que compartimos con todo el resto de la creación.

Esas cinco marcas de la misión son la tarea y la marca de los profetas, de todos los amigos de Jesús y sus socios. Todo el comentario acerca del equipo de viaje es un recordatorio para que sea sencillo, vamos como emisarios de la palabra encarnada, para ser un don y hablar y actuar a favor del sueño de Dios.

Por lo tanto: ¡mortales, profetas, levántense! Dios les está enviando a una casa rebelde, llena de gente insolente y terca. Algunos de ellos, como el profeta Pogo, dicen: “Somos nosotros”[1].  Su trabajo es ir y decir: “Escuchen, este es el pacto, Dios tiene en mente un mundo mejor, y les necesitamos para logarlo”. Y una vez que hayan comenzado la conversación acerca de las buenas noticias, sigan mostrando y diciendo al mundo cómo es el sueño de Dios.

Con el tiempo, la gente de todo el mundo se dará cuenta que han conocido a un profeta, y a toda una comunidad de profetas.

 

 

[1] “We have met the enemy, and he is us.”  Walt Kelly, cf. The Pogo Papers, 1953. http://en.wikiquote.org/wiki/Walt_Kelly

 

 

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