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La Obispa Presidente Episcopal Katharine Jefferts Schori publica una Carta Pastoral sobre la Doctrina del Descubrimiento y los Pueblos Indígenas

The Episcopal Church
Office of Public Affairs

“Nuestra herencia cristiana nos ha enseñado que una comunidad sana de paz solamente es posible en presencia de la justicia para todos los pueblos”.
Lunes, Mayo 21, 2012

“Deseamos abordar la necesidad de curación en todos los sectores de la sociedad, y nos solidarizamos con los pueblos indígenas a nivel mundial para reconocer y presentar el legado de la ocupación colonial y las políticas de dominio”, declara la Obispa Presidente de la Iglesia Episcopal Katharine Jefferts Schori en su Carta Pastoral sobre la Doctrina del Descubrimiento y de los Pueblos Indígenas.
 

Y continúa diciendo: “Nuestra herencia cristiana nos ha enseñado que una comunidad sana de paz solamente es posible en presencia de la justicia para todos los pueblos. Deseamos construir una comunidad tan querida que pueda ser un hogar sagrado para toda la creación, una sociedad de relaciones correctas”.
 

El 7 de mayo, la Obispa Presidente Jefferts Schori se unió a otras voces religiosas en el repudio de la Doctrina del Descubrimiento en la 11ª sesión del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas (UNPFII). El tema de la reunión del Foro Permanente es: “La Doctrina del Descubrimiento: su impacto duradero en los pueblos indígenas y el derecho a la reparación de las conquistas anteriores (artículos 28 y 37 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas)”. En 2009 la Convención General repudió la Doctrina del Descubrimiento.

A continuación se presenta la carta de la Obispa Presidente, emitida el 16 de mayo:

 

Carta Pastoral sobre la Doctrina del Descubrimiento y los Pueblos Indígenas

 

Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los animales salvajes de la tierra, y sobre todos los reptiles”.[1]

             La primera historia bíblica de la creación habla de la creación de la tierra, del cielo, las aguas, las criaturas, y da a los seres humanos el dominio sobre el resto. Dios dice que lo que ha sido creado es bueno. Al final de la original semana de la creación, con la llegada de los seres humanos, Dios lo bendice todo y ​​dice que la tarea ha sido muy buena[2].

 

          El segundo relato de la creación habla de lo que va mal; las dos primeras criaturas de la tierra comen lo que se les ha prohibido comer, y luego son expulsados ​​del jardín[3].  Ellos no han entendido lo que significa ejercer el dominio sobre la vida en el jardín. A través de los milenios, muchos de sus descendientes han continuado sin entender el dominio, o han alterado deliberadamente la intención divina de dominio a favor de la vanidad de dominio. A través de los siglos, los seres humanos han insistido con demasiada frecuencia en que lo que existe se ha hecho para su uso personal, y que se puede utilizar la fuerza contra cualquier persona que parece competir por un recurso particular creado[4].  El resultado ha sido una enorme destrucción, muerte, desesperación, y francamente el mal, que es más comúnmente llamado “pecado”.

            Las bendiciones de la creación están destinadas a ser administradas a manera de una administración prudente y hogareña, pues el verdadero significado de dominio está ligado a la constelación de significados en torno a la casa y al hogar. Ha habido corrientes de la tradición bíblica que han mantenido vivo este conocimiento sagrado, pero la búsqueda profana de dominio ha intentado apagarlas, a favor de la acumulación desenfrenada y la posesión exclusiva de los bienes de la creación por un individuo o una pequeña parte de la familia bendita de Dios.
 

              Después de la expulsión del jardín primordial, los relatos bíblicos en su mayoría tratan acerca de cómo las comunidades humanas se esfuerzan por regresar a una patria que sea fuente de bendición para la comunidad. A través de los siglos, la comprensión profética de esa comunidad se amplía para incluir a todas las naciones de la tierra. Aún así, la aparentemente eterna lucha entre dominadores y mayordomos ha continuado hasta el presente.

              La mayoría de los pasajes de la Biblia que hablan de la tierra anhelan un lugar fértil, donde el pueblo pueda recoger cosechas, cuidar rebaños y vivir en paz. Los descendientes de esos primeros seres humanos dieron lugar a pueblos hambrientos de tierra, y muchos de ellos causaron, a través de los tiempos, demasiada violencia con el fin de ocupar y poseer la misma. No estaban solos, pues los imperios de Alejandro, Roma, y ​​Gengis Khan también surgieron de la acumulación de territorios conquistados. Los imperios cristianos de Europa se consumieron durante siglos en batallas por conquistar la tierra, y, finalmente, enviaron, por todo el Mediterráneo, expediciones militares en una búsqueda por volver a establecer una reclamación cristiana sobre lo que ellos llamaban la Tierra Santa.
 

              Los exploradores que salieron de la Europa cristiana en el siglo XV lo hicieron incluso con motivaciones más amplias, en la búsqueda de riquezas y tierras fértiles en abundancia. También fueron con autorizaciones religiosas, bulas papales que permitieron e incluso alentaron el sometimiento y la esclavitud permanente de los pueblos no-cristianos que encontraban, así como la expropiación de los territorios no controlados por los cristianos[5].  Las autoridades religiosas cristianas occidentales  entablaron competencias sobre esas conquistas mediante la fragmentación de la geografía que podría ser reclamada por las naciones europeas.

           
               Estas autorizaciones religiosas condujeron a la masacre en masa, a la violación y la esclavitud de los pueblos indígenas en las Américas, así como en África, Asia y las islas del Pacífico, y el comercio de esclavos africanos se fundamentó en estos mismos principios. A la muerte, al despojo y a la esclavitud siguió la rápida despoblación como resultado de enfermedades y epidemias. Sin embargo, la muerte y el despojo de las tierras y de los recursos no fue un fenómeno singular que se pueda atribuir a las depredaciones de los ignorantes guerreros medievales. No son semejantes a las incursiones vikingas en las Islas Británicas, o a las luchas antiguas entre las tribus vecinas en Europa o en África. Estos actos del “Descubrimiento” han tenido efectos duraderos sobre las poblaciones marginadas, desplazadas y desposeídas.
 

                   La persistente desposesión de los pueblos indígenas es el resultado de los sistemas jurídicos en todo el mundo “desarrollado” que siguen fundamentando la propiedad de la tierra en esas autorizaciones religiosas para la ocupación colonial de hace medio milenio. Estos fundamentos jurídicos conocidos colectivamente como la Doctrina del Descubrimiento subyacen a las decisiones de Estados Unidos sobre quién es dueño de estas tierras[6].  El despojo de los Primeros Pueblos continúa causando estragos en la más elemental dignidad humana. Estos principios dan un mentís a la comprensión bíblica de que todos los seres humanos reflejan la imagen de Dios, pues los que han sido expulsados ​​de su patria vieron sus culturas en gran parte liquidadas, fueron enviados al exilio, siguen todavía sufriendo la pérdida de su identidad, de sus modos de vida, y de su territorio. Toda la humanidad debiera estar de luto, porque nuestros hermanos y hermanas están sufriendo la injusticia de generaciones. Los pecados de nuestros antepasados ​​están recayendo en los hijos de los pueblos indígenas, incluso hasta la séptima generación.

                    No habrá paz o curación hasta que presten atención a esa injusticia. Los profetas del antiguo Israel clamaron por la justicia cuando su capacidad de vivir en la tierra que consideraban como su casa estaba en peligro. Un jornalero llamado Amós desafió a los que le rodeaban con la palabra de Dios: “Que corra como el agua el derecho, y la justicia como arroyo inagotable”[7].  Donde no hay justicia, no puede haber paz para nadie.


                    En el contexto de América del Norte, los más pobres de los pobres viven en las reservaciones indígenas. La profundidad de su pobreza continúa muy de cerca por la pobreza entre los descendientes de los ghettos de los indígenas de África que fueron transportados a estas costas como esclavos. Ese tipo de pobreza es también frecuente en otras partes del mundo donde los pueblos indígenas han sido despojados y desplazados. La curación no es posible, no es ni siquiera imaginable, hasta que se diga la verdad y se confronte la realidad actual. La dignidad básica y los derechos humanos de los pueblos originarios han sido reiteradamente violados, y el resultado es grave: pobreza, destrucción cultural y consecuencias transmitidas a varias generaciones. El legado de dolor que sigue sin resolverse es visible en las enormes proporciones de suicidio, en la desesperanza y en el profundo enojo. En muchos contextos, eso equivale a una patológica o profunda aflicción, pues cuando la esperanza está ausente, la curación es imposible.
       

                      El legado de la dominación incluye un mal espantoso: la destrucción intencional de los centros culturales y las fuentes de alimentos como las manadas de bisontes de América del Norte, la introducción deliberada de enfermedades y envenenamiento de las fuentes de agua, el descuido injustificado ante la muerte de hambre y las enfermedades, el abuso y la esclavitud de mujeres y niños, el asesinato de los que tuvieron el coraje de protestar contra el trato inhumano, el despojo reiterado de los recursos naturales, la tierra y el agua, así como la gestión federal crónicamente insuficiente y la defensa de los derechos y recursos indígenas.

 

                        Ha habido algunos atisbos de justicia en las decisiones que han devuelto los derechos de pesca y de caza a los nativos, y algunas mejoras en los derechos tribales a la libre determinación. Se da un retorno muy pequeño y lento de los bisontes a la pradera, y los lobos han comenzado a regresar a los lugares en los que no son inmediatamente perseguidos. Sin embargo, muchas de estas recuperaciones siguen siendo tenazmente resistidas por los poderosos intereses comerciales de los no-nativos.

                        Hay signos de esperanza en la devolución de tesoros culturales a sus comunidades de origen, y la protección de tumbas de nativos americanos y la ley de repatriación[8] están devolviendo los restos de los mortales para su entierro digno. El legado del genocidio cultural se está lentamente considerando a medida que se enseñan a las nuevas generaciones las tradiciones indígenas, los idiomas y las destrezas culturales.

                       La Iglesia Episcopal ha estado presente y ha servido a los pueblos nativos de América del Norte durante varios siglos. Esa historia de acompañamiento y solidaridad apenas ha sido perfecta, pero seguimos deseando más justicia y más profunda curación.

 

                       La relación de la Iglesia Episcopal con los pueblos indígenas de las Américas se inicia con los primeros colonizadores ingleses. Recordamos la historia de Manteo, un croata de lo que hoy es Carolina del Norte. Viajó a Inglaterra en 1584 y ayudó a un colega de Sir Walter Raleigh a que aprendiera a hablar algonquin. Regresó aquí el año siguiente, se convirtió en una especie de embajador entre los dos pueblos, fue bautizado, y es considerado como santo en esta iglesia[9].
 

                         Los misioneros episcopales han servido en una variedad de comunidades indígenas y de contextos. Henry Benjamín Whipple fue obispo de Minnesota en 1862, y su petición de gran alcance a Abraham Lincoln salvó la vida de unos 265 de los hombres de Dakota condenados a la horca el día después de Navidad en Mankato[10]. El pueblo de Dakota le llamó “Lengua recta”. Hoy en día muchos dakotas y lakotas forman parte de esta tradición episcopal.

 

                         Esta Iglesia se ha mantenido en solidaridad con los pueblos nativos de Alaska, Hawai y el suroeste americano, especialmente el Diné (Navajo), así como con comunidades urbanas de indios. El Grupo Poarch de los indios Creek (en Alabama) alcanzó el reconocimiento federal en la década de 1980 con la ayuda de los registros bautismales mantenidos en esta Iglesia, que también ayudó a que se devolviera un pedazo de tierra al Grupo Poarch[11]. Un grupo grande de indígenas en Ecuador está buscando reconocimiento como comunidades que adoran en la tradición episcopal, y tenemos otros miembros y comunidades indígenas en Colombia, Venezuela, Honduras, y Micronesia. Nuestra presencia histórica en Filipinas se inició con los pueblos indígenas Igorot de las montañas y tierras altas.

 

                      El trabajo de sanación continúa en toda la Iglesia Episcopal. En 1997 el Obispo Presidente Edmond Browning se disculpó por las barbaridades que se iniciaron con la colonia de Jamestown[12].  Hoy nuestra comprensión de la misión ha cambiado. Creemos que la misión de Dios consiste en curar las heridas en el mundo que nos rodea, como: las relaciones rotas entre los seres humanos y el Creador, las relaciones rotas entre los pueblos y relaciones dañadas entre los seres humanos y el resto de la creación. Deseamos asociarnos a la misión de Dios mediante la proclamación de una visión de un mundo sanado, formando cristianos como aliados en esa misión, respondiendo al sufrimiento humano que nos rodea, cambiando la injusticia estructural y sistémica, y cuidando de este jardín terrenal[13]. Nos asociamos a cualquiera y todos los que compartan una visión común de sanación, ya sea episcopal, cristiano o no.


                    El trabajo con los pueblos indígenas en los últimos años se ha concentrado intensamente en los problemas de la pobreza y en las consecuencias generacionales de la destrucción cultural, en la realidad de los desiertos de alimentos y en los casos de diabetes en las reservas, en el desempleo y la insuficiencia de recursos educativos, así como en la realidad actual del racismo y la exclusión en la sociedad en general[14]. El trabajo de misión y desarrollo en las comunidades indígenas es dirigido a nivel local, en honor a los dones y bienes que ya están presentes[15],  y se dirige hacia una visión de una comunidad sana. Nos asociamos a Bisonte Blanco en la organización de la comunidad que desarrolla programas de capacitación para la curación de la comunidad[16]. Este es un acontecimiento histórico, es la primera asociación de este tipo entre una organización tradicional indígena sin fines de lucro y la Iglesia Episcopal.


                    Esta Iglesia ha trabajado de muchas maneras para aliviar la injusticia sistémica y estructural, y nuestro rechazo de la Doctrina del Descubrimiento en 2009 es un ejemplo reciente[17]. Por lo menos desde 1976, nuestra labor de promoción ha incluido el apoyo a las reivindicaciones de tierras de las Primeras Naciones en Canadá, la defensa ante el gobierno de EE.UU. para promover la salud, la libertad religiosa, la preservación de sitios de entierro y la repatriación de los restos y los recursos culturales, incrementado el reconocimiento tribal Federal, y la autocrítica del Gobierno Federal en torno a los derechos de los nativos americanos. Hemos afirmado y reafirmado nuestra voluntad de fortalecer las relaciones con los pueblos indígenas al recordar el pasado, al reconocer las deficiencias y los dones en nuestras relaciones históricas y actuales, y el continuo  trabajo hacia la curación[18]. En estos momentos estamos abogando por la reautorización de la Ley de Violencia contra la Mujer, con disposiciones que afectan directamente a las mujeres indígenas.

 

                          La tarea de esta Iglesia con relación a la Doctrina del Descubrimiento se centra en la educación, en el desmantelamiento de estructuras y políticas basadas en ese antiguo mal, en el apoyo a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas[19], y en el desafío a los gobiernos de todo el mundo para que apoyen la autodeterminación de los pueblos indígenas.
 

                           Deseamos abordar la necesidad de curación en todos los sectores de la sociedad, y nos solidarizamos con los pueblos indígenas a nivel mundial para reconocer y abordar el legado de la ocupación colonial y las políticas de dominio. Nuestra herencia cristiana nos ha enseñado que una comunidad sana de paz solamente es posible en presencia de la justicia para todos los pueblos. Buscamos construir una comunidad tan querida, que pueda ser un hogar sagrado para toda la creación, una sociedad de relaciones correctas.

 


                       Pero gracias a Cristo Jesús, los que en un tiempo estaban lejos, ahora están cerca por la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno solo, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad ... y los concilió con Dios en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en su persona a la hostilidad. Vino y anunció la paz a ustedes, los que estaban lejos y la paz a aquellos que estaban cerca... De modo que ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los consagrados y de la familia de Dios[20].

 

                       Oramos para que Dios nos dé la fuerza y ​​el coraje de realizar juntos este trabajo por el bien de todas nuestras relaciones, en la creencia de que Cristo Jesús termina la hostilidad y reúne a los que en otro tiempo estaban divididos.


Katharine Jefferts Schori La Reverendísima

Obispa Presidente y Primada
La Iglesia Episcopal

 

 

 

En la web:

La Obispa Presidente Episcopal Katharine Jefferts Schori publica una Carta Pastoral sobre la Doctrine del Descubrimiento y los Pueblos Indígenas

 

http://www.episcopalchurch.org/notice/episcopal-presiding-bishop-katharine-jefferts-schori-issues-pastoral-letter-doctrine-discover

 



[1] Génesis 1:26

[2] Génesis 1:1-2:3

[3] Génesis 2:4-3:24

[4] Commodificación o lo que Heidegger llamó Bestand, cf. The Question Concerning Technology or Being and Time

[7] Amós 5:24

[13] Un breve resumen de las Cinco Marcas Anglicanas de la Misión

[15] Mediante el Desarrollo de la Comunidad basados en los activos

 

 

[18] cf.  Una década  de Recuerdo, Reconocimiento y Reconciliación:  http://www.okiv2010.com/images/03_c008_res_rrr.pdf

[20] Efesios 2:13ff