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Palabras de apertura Convención General La Reverendísima Katharine Jefferts Schori

The Episcopal Church
Office of Public Affairs

Miércoles, Julio 4, 2012

 

Palabras de apertura
Convención General
4 de julio de 2012

 

La Reverendísima Katharine Jefferts Schori
Obispa Presidente y Primado
La Iglesia Episcopal


Cuando este organismo se reunió hace tres años, reflexionamos sobre la misión como el corazón palpitante de Dios en medio nuestro. La Convención General ofrece a esta Iglesia la oportunidad  regular de fortalecer ese corazón encarnado para realizar su trabajo en los próximos años. Estamos aquí para una puesta a punto, para respirar profundo, aclarar nuestra visión, enfocar los músculos, y sincronizar los latidos de nuestro corazón con los de Dios.

Invitaría a todos a dar una respiración profunda. Respirar en el Espíritu Santo, esa fuente de vida. Recuerden que nosotros dependemos de ese don divino en todo lo que somos y en todo lo que tenemos. Respiren profundo, porque ese espíritu sopla un viento fresco, y aporta nueva creación del caos de las profundidades. Contemplar ese caos asusta a algunos, porque nunca sabemos exactamente lo que viene, pero no hay creación sin él, como la muerte que debe preceder a la vida resucitada. Luchamos porque todavía no podemos ver lo que hay en lo alto de la brisa. Sin embargo, somos la materia de la creación de Dios, nacemos en ese viento como socios de Dios en la re-creación, la reconciliación, y la curación de este mundo. Respiren profundo, y no tengan miedo, porque Dios está obrando en medio nuestro.
 

Tengan en cuenta lo que sucede cuando los corazones y las mentes y los espíritus están abiertos a recibir ese aliento. Para algunos, puede parecer como el empujón de la reanimación después que la respiración se ha detenido, como el recobrar la respiración de una víctima que se está ahogando. La única solución es permitir recibir ese aliento, porque no hay vida sin él.

A veces esa respiración es apenas un soplo, una brisa apenas perceptible en el jardín por la noche. Salgan fuera y busquen más, continúen buscando esa brisa refrescante.
 

O esa respiración puede ser como el último aliento de un paciente de hospicio. Demos gracias por la vida que hemos tenido, y esperemos la resurrección.

Y para algunos, esa respiración puede llegar como la primera que da un niño recién nacido, el aliento que surge con el tradicional golpe dado en la parte trasera. ¡Grita de alegría!
 

Permitan que esa respiración obtenga el latido del corazón y el movimiento de la sangre, ya que de lo contario nunca volveremos a ser socios en la misión de Dios. Permitan que la circulación de la sangre les conecte con las otras partes de este cuerpo, por todas ellas. Vayan a buscar conexiones con sus socios de sparring, porque el gancho de la izquierda y el puñetazo de la derecha ambos provienen de un mismo cuerpo. Conéctense con alguien de la otra parte del espectro teológico, esta gran tienda de campaña es la morada de lo santo, y nunca seremos lo que fuimos creados a ser si solamente trabajamos con los dedos de la mano izquierda o de la derecha. Busquen a aquellos que ustedes han herido o que les han herido, búsquenlos y abandonen los rencores, no hay mucha vida en aferrarse a ellos. Es como ese viejo cuento de tragar veneno para ratas y esperar que otro muera. Vayan y busquen la supuesta fuente de las heridas y construyan juntos un puente, consideren la sangre que ha sido derramada, y dejen que se forme una buena costra para que surja carne que desgarraron  juntos. Continúen tocando la herida y nunca se curará. Olvídense de ello y sigan respirando.

Si esta convención es la reunión familiar de la Iglesia Episcopal, entonces vayan a buscar a alguien que para usted representa el lado rebelde de la familia y dediquen unos minutos a aprender de la historia de su pariente. Es posible que prometan orar unos por otros durante los próximos días. Quizás encuentren tiempo para tomar juntos un café o una comida. Esa forma de reconciliación tendrá un mayor efecto sobre nuestra preparación para la misión que cualquier legislación que se pueda aprobar aquí. Estamos aquí para poner a punto los músculos y los nervios y los ligamentos de este cuerpo para la obra de reconciliación, para la misión a gran escala. Vamos a necesitar los dones de cada parte del cuerpo a fin de responder a ese soplo / viento / espíritu que sopla sobre la faz del abismo; así que vayan y construyan puentes.

Los episcopales intervienen cada vez más en la obra de reconciliación creativa con otros organismos y socios más allá de esta Iglesia. En los últimos años hemos aprendido mucho acerca de los vecinos de todo el mundo y en más comunidades locales. Hemos estado en plena comunión con ELCA durante más de diez años, y estamos creciendo en una relación nueva de comunión plena con los moravos. Estamos compartiendo e intercambiando los miembros del personal con ELCA, y nuestros capellanes de las fuerzas armadas están trabajando y aprendiendo juntos. Los moravos tienen mucho que enseñarnos acerca de la reconciliación, sobre todo en su compromiso de evitar que alguien abandone la mesa. Hay una primera iglesia episcopal que está a punto de recibir un moravo como pastor en el Oeste de Carolina del Norte.

 

Estamos considerando nuevas posibilidades en nuestras conversaciones con las iglesias metodistas, y en última instancia, la forma en que esa conversación se está desarrollando para sanar el pecado del racismo nos fortalecerá a todos.

Los últimos años han visto una sanación en nuestras relaciones alrededor de la Comunión Anglicana, y las asociaciones misionales siguen creciendo y profundizándose. Estamos aprendiendo mucho sobre cómo ser socios más eficaces, sobre todo cuando somos capaces de comprometernos con humildad y apertura para nuestra propia transformación.

 

Tenemos otra gran oportunidad para la construcción de puentes con los que nos rodean (SBNRs), esos que dicen ser espirituales pero no religiosos. Esos campos están realmente maduros de posibilidades, pero su cosecha necesita más bien métodos diferentes a los que hemos utilizado durante mucho tiempo. Necesitamos redes robustas y vehemente humildad que nos permita aprender de otros que logran formar nuevas comunidades. La gente de la Iglesia Episcopal en Frankfurt ofrece un gran ejemplo. Esta congregación episcopal se está acercando a los deportados de América, personas con ciudadanía alemana, pero a menudo sin capacidad de hablar el idioma o sin el conocimiento de la cultura, que han sido expulsadas ​​de  EE.UU., a menudo por infracciones legales bastante menores. Cristo Rey está creando una  comunidad con personas que tienen preguntas profundamente espirituales, pero carecen de confianza o experiencia en la iglesia. Hay semejante clase de necesidad en casi todas las partes, pero hay que salir a la comunidad a escuchar y encontrar nuevas formas de compartir lo que sabemos de la vida más plena en Jesús.

En un mundo que ha cambiado, el volver a formarnos y re-imaginarnos para la misión es nuestra tarea más importante en este momento. Nosotros no vamos a arreglar la Iglesia o el mundo en la presente convención, pero podemos hacer algo para que la Iglesia sea una mejor herramienta e instrumento para la misión de Dios si abrazamos el nuevo viento, si descubrimos que Dios está creando una nueva vida entre nosotros, y escuchamos y buscamos a Jesús.

           

Necesitamos un conjunto eficaz de estructuras, más conectadas a todos los niveles de la Iglesia, y más capaces de aprovechar los dones de todas las partes del cuerpo. Se está dando ya un buen trabajo creativo en muchos lugares, y tenemos que aprender a difundir esa información y aprender lo más ampliamente posible. Se necesitan estructuras nodales, como la del músculo del corazón en un sistema circulatorio, o como las células de un sistema nervioso que recogen y siguen pasando las noticias. El bombeo del corazón o esas células nerviosas son iniciadores o estimuladores de comunicación, en otras palabras, líderes. Cuando estas partes están capacitadas y comprometidas a compartir las buenas noticias, entonces la red puede hacer un trabajo eficaz, y la comunicación se transmite a  toda la comunidad. Pero cuando el liderazgo eficaz y distribuidor está ausente, esas redes se desintegran rápidamente.

El mundo que nos rodea está aprendiendo a desarrollar redes efectivas y robustas y nosotros también. Hay redes de innovadores en la fundación de iglesias y en el desarrollo de las congregaciones, incluyendo una que ofrece entrenamiento a compañeros. Un par de días atrás un diputado sugirió otra posibilidad, ¿qué pasa con las conversaciones TED de la Iglesia Episcopal, como un propósito más fructífero para este tipo de reuniones a nivel nacional?

Estamos empezando a caminar hacia este tipo de una red de recursos de educación teológica, seminarios, programas diocesanos, etc., y ¡ese movimiento necesita que le animen mucho más!

La iniciativa de la pobreza nacional que nació en la última convención es un ejemplo que está dando frutos importantes, desde las conferencias a nivel nacional centradas en las mejores prácticas a la labor en curso del Desarrollo de la Comunidad Basados en los Activos y otras formas de organización comunitaria. Tener en cuenta los activos que ya están presentes en nuestras comunidades como una parte necesaria del compromiso de la misión es una manera de descubrir que Dios ya ha estado obrando y bendiciendo la naturaleza creada de un contexto local. Se trata de un enfoque teológico que afirma que nos daremos cuenta dónde el reino ya está presente, o en proceso de emerger.

Muchos de ustedes conocen otros ministerios cuyo tejido conectivo eficaz está emergiendo y en crecimiento: los Servicios Episcopales de la Comunidad, el Cuerpo de Servicio Episcopal, el ministerio étnico y las redes de  justicia. La pasión mantiene redes como éstas en crecimiento y expansión, se trata de bendecir la obra del Espíritu y dejar que el viento de Dios llene las velas y nos impulsen hacia el mundo.

El descubrir las formas más efectivas para organizarnos y conectarnos en red para la misión, para el gobierno, y el apoyo de esa misión va a requerir que miremos fuera de nosotros mismos. Tenemos que estar dispuestos a buscar los dones y los activos que ya tenemos presentes. Sería útil algo así como una comisión especial, un grupo de liderazgo que incluya voces independientes, es decir, no partidistas, que ofrezcan las sugerencias de extraños y de personas en los márgenes de esta Iglesia, no sólo de los que ya están profundamente comprometidos en el status quo. Eso puede que no sea algo fácil de lograr por este cuerpo, pero Dios está ya obrando más allá de esta Iglesia Episcopal y tenemos algo que aprender de esa realidad.

La mayor ansiedad en este cuerpo ahora mismo tiene sus raíces en el miedo a la disminución, a la pérdida de poder o control, o al cambio de estado. La Iglesia en general - las bases - no está interesada en la política interna de esta reunión. Se interesa por la vitalidad de las congregaciones y de las comunidades locales, el ministerio con los jóvenes, y las oportunidades en la participación de una misión transformadora dentro y fuera del contexto local. Nuestra tarea es hacer causa común por el bien de la misión de Dios. Eso es en parte una tarea política.

La política no es una mala palabra, se refiere al arte de vivir juntos en comunidad, y se aplica al cuerpo de Cristo tanto como a las distintas naciones en las que la Iglesia está presente. Todavía no vivimos en la plenitud del reino de Dios, a pesar de que vemos destellos de él a nuestro alrededor y entre nosotros. Nuestra tarea es reunir a las distintas partes de este cuerpo de Cristo, junto con los socios que compartan nuestros valores, para el trabajo de construir sociedades que se parezcan más al reino de Dios. Para eso se necesita compromiso ya que nunca estaremos de acuerdo en la ruta correcta o en el método para llegar allí. Vivimos en la tensión incómoda y al mismo tiempo animada entre lo que es y lo que eventualmente llegará a ser en el tiempo de Dios. No vamos a encontrar la perfección en la presente convención, pero podemos trabajar orando para discernir el camino a seguir que nos permita poner nuestros dones comunes a trabajar hacia ese sueño del reino de Dios.


Estamos juntos en esto - como toda la gama de episcopales, junto con nuestros hermanos cristianos - tanto los que más se parece a nosotros como aquellos que parecen muy distantes - y tenemos otros socios potenciales para obrar en las varias partes de la misión que Dios nos envía a lograr. Nuestra tarea es ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas, y encontrar y bendecir cualquier don creativo que servirá en el sueño de Dios. ¿Podemos replantear nuestro punto de vista? ¿Aquellos que tengan ojos para ver y oídos para escuchar buscarán los lugares donde la presencia creadora de Dios ya está obrando? Dios nos ha dado esos dones, y vamos a perder la marca si los ignoramos. Perderemos las cinco marcas si dejamos de lado a los socios y a las posibilidades que nos rodean.
 

Así que respiren profundamente, abran los ojos y los oídos, tiendan puentes con gente poco probable, y permitan que la Palabra de Dios prospere si es aquello por lo que la envió. ¡Y que Dios bendiga nuestros esfuerzos!

           

Moléstanos, Señor, para que nos atrevamos con más audacia,
para que nos aventuremos en los amplios mares
donde las tormentas mostrarán tu dominio;

donde al perder de vista la tierra,
encontraremos las estrellas.

Moléstanos, Señor, cuando
estemos demasiado contentos con nosotros mismos,
cuando nuestros sueños se hayan hecho realidad
debido a que soñamos demasiado poco,
cuando lleguemos a buen puerto
debido a que hemos navegado muy cerca de la orilla.

Moléstanos, Señor, cuando
con la abundancia de las cosas que poseamos
hayamos perdido la sed
de las aguas de vida;
enamorados de la vida,
hayamos dejado de soñar con la eternidad
y en nuestros esfuerzos para construir una tierra nueva;
hayamos permitido que se oscureciese

nuestra visión del nuevo cielo.


Moléstanos, Señor, para que nos atrevamos con más audacia,
para que nos aventuremos en los mares más furiosos
donde las tormentas mostrarán tu dominio;
donde al perder de vista la tierra,
encontraremos las estrellas.


Te pedimos que hagas retroceder
los horizontes de nuestras esperanzas;
y nos empujes hacia el futuro
con fuerza, coraje, esperanza y amor.
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Te lo pedimos en el nombre de nuestro capitán,
que es Jesucristo. [Oración atribuida a Sir Francis Drake, 1577]
 

Que el Dios pionero y creador nos bendiga con audacia pura y santa, hoy y siempre.