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Damos gracias por la Resurrección...

Mensaje de Pascua 2011
Jueves, Abril 21, 2011

 

La Resurrección debe ser entendida en imágenes y metáforas muy diferentes en el hemisferio sur, cuando llega la Pascua siempre en la transición del verano al invierno. A pesar de que un duro, duro invierno persista en los climas norteños, con no acostumbrada nieve en abril en muchos lugares, anhelamos la nueva vida que sabemos se encuentra a la vuelta de la esquina. Como cristianos, debemos tener la misma hambre de la nueva creación emergente en torno nuestro.
 
Podemos ver los lugares quebrantados de nuestro mundo, ya sea como desastre total y absoluto, o como semilleros - tumbas, incluso - en las que Dios está haciendo algo nuevo. La situación de Haití es muy grave, sin embargo, día a día y persona a persona la esperanza se aligera y cunde. Emergen planes para la reconstrucción cívica de Puerto Príncipe que bendecirán a la nación con el orgullo de su patrimonio y un gobierno más eficaz. La Iglesia Episcopal es un socio en esas posibilidades, a medida que la visión de una catedral reconstruida adquiere forma. Las tumbas se están convirtiendo en jardines en la Catedral de la Santísima Trinidad y en el Colegio San Pedro. Nuevas y más vivificantes relaciones están surgiendo entre los ministerios de desarrollo y las vidas de la gente. La Resurrección está aconteciendo en muchos lugares, aunque haya que buscarla, como se buscan los primeros brotes de los árboles cuando el hielo y la nieve dan paso a la calidez de la primavera.
 
Las secuelas del terremoto y del tsunami de Japón siguen pareciéndose mucho al invierno, y los intentos y fracasos en Fukushima Daiichi actualmente hacen más eco del Apocalipsis que de la Pascua. Sin embargo, en todo el noreste de Japón el trabajo de los fieles alimenta a gente de la tercera edad, atiende a personas desplazadas en refugios, y provoca preguntas difíciles acerca de las prioridades sociales, del uso de energía, y de estilos de vida consumista.
 
El don de la Pascua insiste en que los seres humanos son capaces de relación divina, pues como dijo Atanasio: “Dios se hizo humano a fin de que el ser humano pudiera llegar a ser divino”. La vida, muerte, pasión y resurrección de Jesús son la insistencia cósmica de que nada nos puede separar de la pasión divina hacia la humanidad. El pueblo de la Pascua está marcado con la seguridad de que Dios siempre está elaborando alguna gracia nueva de creación a partir de la muerte y la destrucción. 
 
Para la mayoría de nosotros la muerte diaria no es cósmico. Puede comenzar con un pequeño deseo de dejar de lado el yo, o una nueva oportunidad de ser injertados en un todo mayor. O puede implicar la reducción de barreras entre el yo y el otro para ser más fácilmente conscientes de nuestra unidad fundamental, de nuestro común patrimonio de descendientes del Dios creador. Si vamos a ser seguidores de Jesús, compartimos el trabajo que hizo en nuestro nombre. Damos gracias por la resurrección, y formamos parte del trabajo en curso de Jesús, al paso que nos damos cuenta de su poder en nuestras vidas. 
 
Que la Estación de Pascua esté llena de la gracia de una vida nueva. Vaya, descubra y SEA resurrección para el mundo que le rodea.