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Propio 18

Ezequiel 33, (1-6) 7-11
Salmo 119, 33-48
Romanos 12, 9-21
Mateo 18, 15-20

       "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20). En esta sociedad en que vivimos lo que abundan son las reuniones. Todos los días nos reunimos con motivos diferentes. Nos reunimos en las escuelas con los maestros, en las oficinas con los supervisores, en las iglesias con los líderes espirituales, en las salas de nuestros hogares ¿Mas cuántas veces al reunirnos, colocamos a Dios al frente de todos nuestros planes y proyectos? ¿Cuántas veces le decimos al prójimo: "vamos a reunirnos parar tratar de este tema, pero pidamos que Dios nos acompañe?" Casi nunca. Vivimos con tanta prisa que no dejamos espacio para que Jesús participe en la conversación. ¡Qué diferente sería si hiciéramos todo en nombre de Jesús!

       Resplandece la presencia de Jesús en las palabras de Pablo a los romanos. ¿Cómo podría Pablo pronunciar tan bellas palabras si no obrara siempre en nombre de Cristo? Veamos cómo guía espiritualmente a los romanos. Pablo les recuerda que deben aborrecer el mal; que deben aferrarse al bien. Les recuerda que deben amarse con amor fraternal, respetándose mutuamente. Pablo no hablaba sin la ayuda de lo alto. Pablo era un instrumento que Dios usaba para guiar a los romanos, pero sus palabras nos guían también a nosotros hoy día. Las palabras de Pablo fueron inspiradas por el Espíritu Santo para todo el pueblo de Dios.

      "Ayuden al hermano necesitado, practiquen la hospitalidad, bendigan a los quienes los persiguen". Palabras llenas de un amor superior, de un amor divino. Amor que sólo se puede comprender en el nombre de Jesús. Las palabras de Pablo nos invitan a vivir una vida serena, llena de amor, llena de compasión hacia el prójimo.

       Otro ejemplo de la presencia de Dios entre la gente, se encuentra en la lectura del Antiguo Testamento. En el libro de Ezequiel casi podemos oír la voz de Dios hablando: "Hijo de hombre, habla con tu pueblo y dile?" Y sigue Dios dando un ejemplo de cómo debemos estar preparados siempre y cómo Dios nos llama a ser responsables. Nos enseña a orientar y advertir al pueblo cuando corre peligro. Nos enseña lo bueno y lo malo, y cómo evitar el peligro que se encuentra en el camino. Dios está presente con todo aquel que desea oír su palabra y ser un ejemplo para los demás.

       Entonces, ¿cómo podemos reunirnos en nombre de Dios? Nos reunimos en su santo nombre cuando lo llamamos. Cuando le dedicamos un lugar especial entre nosotros. Si oráramos brevemente antes de reunirnos con un maestro de la escuela para hablar sobre nuestros hijos, si oráramos antes de reunirnos en la conferencia del trabajo, si oráramos con nuestros hijos al reunirnos en nuestros hogares, entonces le habríamos dado el lugar debido a nuestro salvador.

       Algunas palabras del salmo nos ayudarán a vivir una vida recta: "Enséñame, oh Señor, a seguir tus decretos y los cumpliré hasta el fin". O podríamos decir: "Aparta mi vista de cosas vanas, dame vida conforme a tu palabra". Imagínense el cambio que daría una reunión, si usáramos palabras semejantes a éstas.

       La comunidad de la misa es otro momento donde Jesús se hace presente de una manera especialísima. Jesús nos dio ejemplo de orar unidos, de celebrar juntos la eucaristía. Donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estaré en medio de ellos".

       Hagamos esa invitación cuando estemos reunidos. Admitamos a Jesús en nuestras vidas.


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