Deanes catedralicios: Tracey Lind de Cleveland

March 8, 2013



La Muy Rda. Tracey Lind, deana de la catedral episcopal de la Trinidad en Cleveland, celebra la eucaristía con el obispo de Ohio, Mark Hollingsworth Jr., a la izquierda, y el Rdo. Canónigo Will Mebane. Foto de San Hubish

La Muy Rda. Tracey Lind, deana de la catedral episcopal de la Trinidad en Cleveland, celebra la eucaristía con el obispo de Ohio, Mark Hollingsworth Jr., a la izquierda, y el Rdo. Canónigo Will Mebane. Foto de San Hubish

Ésta es la primera de una serie de entrevistas con deanes de catedrales episcopales.

[Episcopal News Service] En una denominación que se enorgullece de estar a ambos lados y en la vía media, es tal vez el cargo clerical por excelencia: deán de una catedral episcopal.

“Es un trabajo muy complicado, porque no eres rectora y no eres obispa”, dijo la Muy Rda. Tracey Lind, deana de la catedral episcopal de La Trinidad en Cleveland desde 2000.

“La descripción de mis responsabilidades dice claramente que mi tarea es la de ser predicadora principal y encargada litúrgica de la catedral y la de dirigir la institución, y se espera que ejerza un liderazgo cívico”, dice ella, y agrega, “aunque en primer lugar y sobre todas las cosas soy una pastora de corazón, eso es menos mi trabajo que cuando era rectora de una iglesia”.

Si bien es la pastora principal de la congregación, también es la Directora Ejecutiva de la catedral y del Trinity Commons, el campus cuya propiedad comparten la catedral y la Diócesis de Ohio.

“Mi trabajo como deana de la catedral es realmente vertiginoso y variado”, dijo Lind, que se encuentra entra las primeras mujeres y una de los dos primeros clérigos abiertamente homosexuales llamados a ser deanes de catedrales episcopales. En un día cualquiera, ella podría enfrentarse con la prensa, recibir a un grupo de dignatarios visitantes en el campus, trabajar en el presupuesto y reunirse con los organismos gobernantes. “O podría aconsejar a un extraño necesitado de alimento y albergue que acaba de aparecerse porque ésta es una iglesia urbana”.

El trabajo de un deán episcopal es complicado porque, excluyendo excepciones tales como la Catedral Nacional en Washington, D.C. y la de San Juan el Teólogo [St. John The Divine] en Nueva York, las catedrales episcopales primero fueron parroquias, explica ella. Por ejemplo, la parroquia de La Trinidad de Cleveland se estableció en 1816. “Existió como parroquia por más de 100 años, y luego, durante el episcopado de [William] Leonard, se construyó una catedral y la congregación de La Trinidad se mudo al nuevo sitio y se convirtió en la congregación de la catedral”.

Aunque no la llaman la rectora, “funciono como rectora y deana de la Trinidad”, dice Lind.

Es un empleo con muchas posibles permutaciones.

“En el sistema canadiense, el deán es realmente el primer sacerdote de la diócesis”, apunta ella. “En ausencia del obispo, el deán en el sistema canadiense es la autoridad eclesiástica ordinaria de la diócesis”.

En la Iglesia Episcopal “algunas personas llevan el título de rector y de deán. En algunos lugares, el obispo es la autoridad eclesiástica de la catedral”. El deán también puede ser miembro del personal del obispo y podría ser nombrado por el obispo o elegido por la junta parroquial con la aprobación del obispo.

“Esa es la manera en que es aquí”, agrega Lind. “El comité de búsqueda elige a un deán, y el obispo nomina el deán y se lo propone a la junta.  Yo sirvo con toda la capacidad de un rector”. Su junta parroquial es el cuerpo gobernante, y el cabildo de la catedral, que se reúne con menos frecuencia, es un organismo asesor.

Servir a diversas representaciones

Las catedrales mismas también desempeñan múltiples papeles. Por tratarse de una catedral urbana, la Trinidad le presta servicios a tres grupos, dice Lind. Primero es la congregación de la catedral de poco más de 1.000 personas, con una asistencia dominical promedio de unas 400.

En segundo lugar hay una representación diocesana. Los clérigos que están de vacaciones y los miembros de otras congregaciones con frecuencia nos visitan; la catedral auspicia eventos diocesanos y presenta innovaciones litúrgicas entre otras.

“Una de las cosas que es peculiar en la vida de una catedral es que el obispo está presente en Navidad y Pascua”, dice Lind. De manera que, en lo que serían los dos días más importantes para que un rector predique y presida en una parroquia normal, Lind y el obispo intercambian papeles en años alternos en el oficio de Navidad de medianoche y en el oficio de Pascua de las 11:15 A.M. En la Vigilia Pascual, el obispo sufragáneo jubilado de la diócesis es quien preside, en tanto ella oficia y predica.

“La relación entre el deán y el obispo es fundamental, y yo he sido realmente afortunada de tener buenas relaciones con los obispos con quienes he trabajado a lo largo de mi ministerio”, apunta ella.

La tercera representación es la ciudad, donde la gente ve La Trinidad como la catedral de Cleveland. “Cuando el municipio se reúne para un duelo o para una celebración, con frecuencia lo hace aquí”.

Una catedral “debería ser un lugar de inspiración espiritual para la ciudad y para la diócesis”, agrega. “Creo que las catedrales son llamadas a ser espacios públicos sagrados. Creo que es uno de nuestros más importantes papeles”.

Como deana, Lind desempeña un prominente papel en la comunidad

“La labor del deán de una catedral es diferente de la de un rector debido a este sentir de ser con frecuencia la voz testimonial de la diócesis o de la iglesia”, dice ella. “La gente espera ver, al menos en esta diócesis, al deán de la catedral citado en los periódicos o escribiendo columnas de opinión o hablándole a la prensa si algo sucede en esta diócesis, en esta ciudad. Después de la masacre de Connecticut, hicimos algo referente al control de las armas de fuego, y emitimos un comunicado, y los medios de prensa vinieron en busca de una reacción”.

Una columna de opinión que Lind escribió para The Plain Dealer hace cuatro años dio lugar a la formación, en junio de 2011, de Congregaciones del Área Metropolitana de Cleveland [Greater Cleveland Congregaciones], una coalición de comunidades religiosas y organizaciones asociadas que laboran en pro de la justicia social.

La agrupación ha establecido cinco áreas cruciales —empleos, educación, atención sanitaria, justicia penal y alimentos accesibles— y ha logrado varios éxitos, señaló. “Ayudamos a que la comunidad se uniera para una legislación innovadora sobre la reforma escolar, y ayudamos a que se aprobara un impuesto escolar con una victoria aplastante”.

Como ella lo detallaba en una columna publicada en enero, la coalición se ha enfrentado a inequidades de la justicia penal, incluido el apoyar una legislación que elimina las barreras del empleo a ex convictos. Más recientemente, la coalición llevó a cabo una enérgica labor de cabildeo que contribuyó a la decisión del gobernador John Kasich de expandir el Medicaid para amparar a 600.000 residentes del estado que no tenían seguro de salud.

Seguir siendo relevante

“Creo que el papel de las catedrales es moverse y cambiar según la estructura y la idiosincrasia de la Iglesia Episcopal se mueve y cambia”, afirma Lind. El objetivo es “hacer relevante un concepto del siglo XI para el siglo XXI, de manera que no se convierta en un anacronismo —ése es el reto”.

Antaño, las catedrales se concibieron como centros que atraían a las personas del campo y ofrecían un ministerio de hospitalidad, de música, de arte y educación, añadió ella. “Una catedral se creaba como un lugar de peregrinación. Uno no podría hacer una peregrinación a Jerusalén o a Roma, pero podía hacer una peregrinación a la catedral de su ciudad”.

Pero la noción de una “ciudad sede” ha cambiado. “Gran parte de lo que está pasando en la vida norteamericana en estos tiempos es una nivelación de la jerarquía y una descentralización de la autoridad,  y una descentralización de la vida, en lugar de decir: “vengan todos al centro”.

Hay una cierta transitoriedad en la congregación de la catedral. “Estamos en medio de un campus universitario”, dice Lind. “Pero las personas también vienen a la catedral cuando se mudan a la ciudad, hasta que determinan adónde van a vivir. Luego podrían establecerse en una comunidad suburbana”.

A veces las personas migran a la catedral mientras sus parroquias tienen algún conflicto. O los que han sido líderes laicos o guardianes de una iglesia por mucho tiempo vienen y se pasan seis meses o algo así para darle cabida a un nuevo liderazgo. O clérigos recién jubilados vienen mientras deciden lo próximo que van a hacer.

“Cualquier domingo, habrá en La Trinidad de 10 a 20 clérigos en la congregación, ya sean clérigos no adscritos a ninguna parroquia o clérigos jubilados o clérigos en transición o clérigos de vacaciones o de licencia”, señala Lind. Entre los miembros comprometidos con el sostenimiento de La Trinidad hay clérigos de varias denominaciones: luteranos, de la Iglesia Unida de Cristo, metodistas, bautistas.

Tenemos varios capellanes que son miembros aquí, o que dirigen organizaciones afiliadas con la Iglesia, o enseñan religión en la universidad y eligen adorar aquí”.

La congregación tiene también muchos miembros que se encuentran en la veintena y en la treintena, y alrededor de 150 niños. “Esta congregación se hace cada vez más joven en la medida en que nuestra ciudad experimenta un renacimiento”, agrega la deana.

La catedral es diversa en otros aspectos también. “Durante todo el tiempo que he sido deana de esta catedral, hemos tenido un equipo clerical racialmente mixto… y eso es importante”, afirma Lind. “Fue así cuando yo era rectora [de la iglesia episcopal de San Pablo] en Paterson [Nueva Jersey]. Creo que lo que uno ve en el altar afecta el aspecto que va a tener su congregación. Si uno quiere parecerse al reino de Dios, entonces debe lograr tener eso [esa diversidad] en su liderazgo, laico y ordenado. Si quieres que el lugar sea como un arco iris, ciertamente debes parecerte al arco iris”.

Diversidad litúrgica

Un programa de culto multifacético refleja la diversidad de la congregación.

“Lo que hacemos aquí es tener muchos asientos en una sola mesa”, dijo Lind. “De manera que el primer domingo del mes incluye un “especial para madrugadores”, una “incipiente” misa de jazz, una eucaristía coral y una solemne eucaristía vespertina cantada con “incienso y campanas”. Otras noches de domingo incluyen completas, culto celta y otras fórmulas litúrgicas concebidas para atraer a los estudiantes. Los miércoles tenemos oficio de vísperas. “Es tan bueno aquí como en cualquier catedral en cualquier parte de Estados Unidos o de Inglaterra… y se reúne una congregación de alrededor de 100 personas”.

El culto es otro aspecto que hace a las catedrales “interesantes y singulares y retadoras”, añade Lind. “Por una parte, creo que las catedrales son lugares donde creo que somos llamados a la reforma litúrgica… Por otra parte, también representa la diócesis como un todo”.

La catedral auspicia liturgias diocesanas, tales como la renovación de votos de los clérigos, confirmaciones y ordenaciones de diáconos, así como peregrinaciones de estudiantes de escuelas intermedias y carnavales de festivales de acólitos y los festivales musicales de cabeza de jabalí [musical boar’s head festivals].

“Creo que se espera que ofrezcamos excelencia litúrgica”, dice Lind. “En esta catedral, lo hacemos con un compromiso con el lenguaje inclusivo. Éste podría ser el único lugar en la diócesis donde usamos regularmente Enriching Our Worship, una colección de materiales litúrgicos suplementarios, incluidas plegarias eucarísticas, aprobados para el uso por la Convención General. “A veces creo que le da valor a la gente para llevarlos a sus propias congregaciones”.

La catedral también puede auspiciar importantes oradores que las parroquias no pueden costear —o que pueden encontrar demasiado polémicos. “Las personas la utilizan como parte de su preparación permanente o como parte de su educación parroquial”, afirmó.

Los antecedentes interreligiosos de Lind —su padre era judío y su madre, cristiana— la hacen sensible al antisemitismo, deliberado o involuntario, a la hora de confeccionar las liturgias. “La manera en que proclamamos a Jesús como nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida y la manera en que proclamamos el evangelio como buena nueva en un mundo plural es algo acerca de lo cual tengo una profunda y constante sensibilidad y aprecio”, subraya. “Pienso que he llegado a tener muy estrechas relaciones con las sinagogas locales porque creo sinceramente que hay muchas vías para llegar a Dios y muchos nombres por los cuales llamamos a Dios”.

— Sharon Sheridan es corresponsal de ENS. Traducido por Vicente Echerri.

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