Episcopales alegan valores en toda una variedad de empeños contra el hambre, desde comedores de beneficencia hasta ayuda global

October 31, 2017
St. Luke's praying and eating

Invitados y voluntarios oran juntos durante uno de los desayunos gratuitos que ofrece la iglesia episcopal de Sn Lucas en Seattle, uno  de los varios ministerios para combatir el hambre en que participa la Iglesia Episcopal en todos los niveles. Foto de Sara Bates/San Lucas.

[Episcopal News Service] En el cristianismo, el alimento es inseparable de la fe. [Esa unión] la subraya un amplio espectro de las enseñanzas bíblicas y de las tradiciones cristianas, desde el ayuno individual hasta la Última Cena de Jesús y la celebración de la eucaristía. El viaje de la fe es un trayecto del hambre a la plenitud.

“Bienaventurados los que tienen hambre, por que ellos serán saciados”, dice Jesús en Lucas 6:21.

Pero los seguidores de Jesús también fueron llamados a dar a los pobres, proporcionando alimento físico junto con el alimento espiritual de Jesús. Definir esa misión, para no decir cumplirla, puede ser difícil, y las iglesias y creyentes se han enfrentado desde los tiempos de Jesús con la pregunta de cuál es la mejor manera de abordar el problema del hambre. En la actualidad, el hambre física sigue siendo un azote persistente en el mundo, incluidos países de gran riqueza como Estados Unidos.

‘Alimento y fe’

Episcopal News Service inicia una serie en cinco partes sobre los empeños para combatir el hambre en el ámbito de la Iglesia Episcopal. Otros artículos se centrarán en despensas de alimentos, un comedor de beneficencia, un camión de alimentos y la intervención de la Iglesia en la defensa de los programas del gobierno que combaten el hambre. La segunda parte aparecerá el 6 de noviembre.

La esperanza también se mantiene. Episcopal News Service la encontró en un programa de servicio a indigentes en Seattle, Washington, en el ministerio de un camión de comidas en Houston, Texas, y en un comedor de beneficencia en la ciudad de Nueva York.  Esos y otros ejemplos de soluciones al problema del hambre basadas en la fe forman el tuétano de la serie  “Alimento y fe” en este mes de noviembre, en el cual ENS cuenta las historias de varios empeños contra el hambre que se llevan a cabo en todos los confines de la Iglesia Episcopal.

La necesidad está bien documentada. Más de 41,2 millones de estadounidenses y el 12 por ciento de las familias se definen como alimentariamente inseguros por carecer de acceso al alimento suficiente para mantener vidas activas y sanas, según la más reciente “Ficha descriptiva de la pobreza y el hambre” de Feeding America. Y el hambre no es solamente un problema de pobreza. Más de la mitad de todos los estadounidenses con inseguridad alimentaria viven en familias por encima del nivel de la pobreza.

Ni es el hambre una emergencia súbita para muchas familias. Puede ser una realidad implacable e insuperable de la vida diaria.

“Muchísima gente que vive por debajo o cerca del nivel de la pobreza se preguntan de dónde les llegará su próxima comida”, dijo Catherine Davis, encargada principal de mercadeo y comunicaciones de Feeding America, [organización] que distribuye alimento a través de sus bancos de alimentos a despensas de beneficencias tanto religiosas como seculares en todo el país.

La Iglesia Episcopal hace énfasis en los empeños para combatir el hambre en todos los niveles. Las congregaciones en todas partes funcionan como despensas de alimentos y ministerios de comida para asistir a los necesitados con alimentos enlatados o un plato de sopa en cualquier momento. Existe la Despensa de la Gracia  [Grace Food Pantry] en Madison, Wisconsin, que ha distribuido alimentos a personas necesitadas durante 38 años. Existe Cosecha Abundante [Abundant Harvest] un ministerio episcopal relativamente nuevo de camión de comidas en el área de Houston que es parte de una congregación que se propone encontrar la comunión en torno a la mesa de la comida.

Los voluntarios Clare Manthey y John Mitchell se disponen a servir el desayuno diario gratuito a través del ministerio Cocina de la Esperanza Comestible. Foto de Sara Bates/San Lucas.

Para ministerios como éstos, el objetivo es hacer más que poner alimento en las bocas de los necesitados.

“Es un testimonio para nuestra comunidad y nuestro barrio de lo que significa vivir una vida cristiana”, dijo Sara Bates, coordinadora de Cocina de la Esperanza Comestible [Edible Hope Kitchen] en la iglesia episcopal de San Lucas [St. Luke’s Episcopal Church] en Seattle, que sirve desayuno gratuito todas las mañanas a cientos de indigentes de su bario de Ballard.

La lucha contra el hambre no es sólo local. El dinero donado al Fondo Episcopal de Ayuda y Desarrollo [Episcopal Relief & Development] sostiene programas que combaten el hambre en lugares como Sudán del Sur. Las campañas denominacionales de promoción social procuran influir la política de EE.UU. sobre la mitigación del hambre, a través de la Oficina de Relaciones Gubernamentales de la Iglesia Episcopal,  de maneras que reflejen los valores cristianos.

En mayo, el obispo primado Michael Curry se unió a “Para un tiempo como éste”  [For Such a Time as This] una campaña ecuménica de oración, activismo social y ayuno, programada para el día 21 de cada mes durante el actual período congresional a fin de resaltar el cambio que pueden hacer en las vidas de personas que luchan con el hambre algunos programas gubernamentales , como es el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, también conocido por SNAP [su sigla en inglés] o sellos de alimentos.

Curry dijo a Episcopal News Service que, al alimentar tanto el cuerpo como el alma, la Iglesia estaba siguiendo los pasos de Jesús.

“Jesús alimentó a 5.000 personas con pan físico y tangible porque estaban hambrientos. Al mismo tiempo, alimentó sus almas al enseñarles el camino del Evangelio”, expresó Curry. “Los sacramentos, la palabra de Dios, el culto, el estudio bíblico, los grupos de oración, alimentan el alma. Los comedores de caridad, las despensas de alientos, las distribuciones de alimentos ecuménicos e interreligiosos, los huertos comunitarios, alimentan el cuerpo. De estas formas, buscamos ponerle fin al hambre… hambre del cuerpo y hambre del espíritu”.

Raíces bíblicas de los ministerios de alimentación

Jesús también alude a esta dualidad en las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”, dicen Mateo 5:1-12.

En griego, la palabra que se traduce [al español] como justicia era la misma para equidad, hacía notar la Rda. Jane Patterson, profesora asociada de Nuevo Testamento en el Seminario del Sudoeste en Austin, Texas. Sin embargo, la manera en que el mundo antiguo entendió el hambre y el ayuno era diferente de cómo la entendemos hoy.

“La mayoría de la gente en el mundo antiguo estaban hambrientos la mayor parte del tiempo”, dijo Patterson a ENS, y los profetas plantearon el argumento moral de la alimentación de los hambrientos.

La idea de Jesús como el “buen pastor” se basa en Ezequiel 34, dijo Patterson. Dios le pregunta a los pastores por qué se alimentan ellos, pero no cuidan del rebaño. Dios promete cuidar de sus ovejas, los israelitas, y “proporcionarles una tierra famosa por sus cosechas, y donde ellos no sigan siendo víctima del hambre ni el escarnio de las naciones”.

La referencias a la abundancia y a la escasez continúan a través del Nuevo Testamento. Las palabras “hambre” y “hambriento[s]” se encuentran 19 veces en los evangelios. “Comer” aparece varias docenas de veces más. En Marcos 11:12-14, Jesús tiene hambre, pero no encuentra higos en la higuera, y condena el árbol a secarse. El hijo pródigo Lucas 15 está tan hambriento que codicia la comida de los cerdos, “pero nadie le da nada”. Y en Mateo 6:25, Jesús dice “no se preocupen por vuestra vida, lo que han de comer o de beber… ¿No es la vida más que la comida?”

Para los discípulos, Jesús compartió la Última Cena en un momento de incertidumbre y cuando una gran injusticia estaba a punto de ocurrir, dijo Patterson. Hoy se vuelve a contar antes de cada eucaristía debido a la manera en que Jesús vinculó la comida con su próximo sacrificio, ofreciéndose como pan y vino.

“El alimento es básico para la vida”, siguió diciendo Patterson, pero las necesidades espirituales son igualmente esenciales. Con frecuencia hay poca distinción entre las dos en la Biblia. “Las personas que están hambrientas necesitan alimentos reales, y también necesitan sostén espiritual”.

Uno de los relatos evangélicos más conocidos es el citado por Curry, la alimentación de los 5.000 con sólo cinco hogazas de pan y dos peses tal como lo cuentan los cuatro evangelios. A ese milagro sigue la enseñanza de Jesús sobre “el pan de vida”.

“El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás”, dice en Juan 6:35.

Los discípulos de Jesús “necesitaban que les enseñaran tanto como necesitaban el pan”, apuntó Patterson. Ella también enfatiza la naturaleza comunal del milagro. No se dice que Jesús multiplicara los panes y los peces. El milagro consiste en que todos los que estaban reunidos se alimentaron del poco alimento que había disponible, y nadie se quedó sin comer por darles a los necesitados.

“En la economía de Dios, nunca las cosas se reducen a cero”, afirmó ella.

Dar mucho, carecer de nada

La Rda. Melanie Mullen, directora de reconciliación, justicia y cuidado de la creación de la Iglesia Episcopal, busca inspiración en Proverbios 28 en la lucha contra el hambre: “El que le da al pobre no carecerá de nada”.

Mullen supervisa el Ministerio de Jubileo y la Ofrenda Unida de Gracias, dos programas a través de los cuales la Iglesia Episcopal brinda un apoyo económico substancial a las iniciativas para combatir la pobreza. El Ministerio de Jubileo se centra específicamente en la pobreza a través de su red de 600 centros de jubileo, los cuales ofrecen toda una gama de servicios, que incluyen alimento, albergue y atención sanitaria.

La Ofrenda Unida de Gracias o UTO [por su sigla en inglés] recoge donaciones de individuos a través de la Iglesia Episcopal y distribuye el dinero a una amplia variedad de ministerios valiosos, muchos de ellos ministerios de alimentación.

Este año se otorgaron más de $1.200.000 en subvenciones de la UTO. Entre los beneficiarios se incluían una granja dirigida por la Diócesis de Ohio, un huerto de una iglesia en Connecticut y ministerios de alimentación en California Central. Los ministerios de alimentación regularmente se benefician de subvenciones de la UTO, tal como los $12.500 otorgados en 2016  en apoyo de este huerto en la iglesia episcopal de Santiago Apóstol [St. James] en Kent, Washington.

La Iglesia Episcopal puede ejercer su liderazgo desde una posición de claridad moral basándose en las enseñanzas de Jesús, dijo Mullen.

“Cuando ayudamos a los pobres no sólo estamos haciendo una obra de caridad, estamos viviendo como Jesús dijo”, afirmó ella.

La Iglesia Episcopal, a través de la Comunión Anglicana, también promueve una red mundial de creyentes dispuestos a dar su dinero, a apoyar a extranjeros que necesitan ayuda para poner comida en la mesa. El Fondo Episcopal de Ayuda y Desarrollo desempeña un papel protagónico en esos empeños en nombre de la Iglesia Episcopal.

Mitigar el hambre es un área esencial de la obra del Fondo Episcopal de Ayuda y Desarrollo, con un énfasis en lo programas comunitarios. “Estos programas que se elaboran localmente abordan el contexto específico de los hambrientos y tienen un impacto más amplio en la salud y el bienestar económico de la comunidad”, dice el sitio web de la agencia. “Al trabajar con iglesias asociadas y organizaciones locales, capacitamos a las personas para vivir vidas más sanas y productivas”.

El Fondo Episcopal de Ayuda y Desarrollo pudo gastar $6,9 millones en seguridad alimentaria en 2015 y casi $4 millones en 2016, según los informes anuales de la agencia, con la ayuda de episcopales que han sido económicamente generosos a través de los años.

Hay también al parecer ilimitados ejemplos de episcopales que trabajan en sus propias comunidades para ayudar a sus vecinos a poner alimentos en la mesa.

El ministerio de alimentación de la iglesia de San Lucas en Seattle comenzó hace unos 30 años como un almuerzo semanal comunitario, la labor de amor del grupo de estudio bíblico de la iglesia. Más recientemente también ha ayudado a salvar la congregación, que se esfuerza por sobrevivir luego de sufrir una importante división debido a la ordenación de homosexuales.

En 2011, la iglesia perdió aproximadamente el 80 por ciento de sus miembros en esa división, lo cual redujo la asistencia al culto a una docena de personas algunos domingos, dijo Bates. Entre los que se quedaron estaban las mujeres mayores que se encargaban del ministerio de alimentación de la iglesia, y que estaban decididas a mantenerlo.

Breakfast at St. Luke's

La iglesia episcopal de San Lucas en Seattle, Washington, donde se sirve diariamente un desayuno gratuito al que acuden cientos d personas cada semana, ha visto un aumento de la indigencia en su barrio de Ballard. Foto de Sara Bates/San Lucas.

Por ese tiempo, la comida se había convertido en un desayuno que se servía cinco días a la semana, en tanto el grupo notaba la presencia de más y más indigentes en el barrio, pero sin programas de alimentación en la mañana. Hace un par de años, según las comidas se fueron haciendo cada vez más populares, tomaron el nombre de Cocina de la Esperanza Comestible a partir de la sugerencia de uno de sus clientes habituales.

“Él les dijo, ‘chicos, ustedes no sirven aquí solo comida. Ustedes sirven esperanza comestible’”, recordaba Bates.

Ella comenzó a trabajar en la iglesia como pasante en 2015, poco después llegó un nuevo vicario y empezó a inyectar nueva vida en la congregación. Bates, de 33 años, ahora trabaja 20 horas a la semana pagada por la iglesia como coordinadora de la Cocina de la Esperanza Comestible gracias a una subvención de $22.000 que San Lucas recibió de la UTO este año.

San Lucas consigue la mayor parte de sus alimentos de donaciones o a costo reducido de un banco de alimentos afiliado a Feeding America en Seattle. La subvención de la UTO también ayudará a que la iglesia actualice el equipo de su cocina. Comprar, por ejemplo, una nueva cortadora de pan es una gran mejora, porque Esperanza Comestible ofrece ilimitadas tostadas de hogazas pan que con frecuencia llegan sin rebanar.

El objetivo es poder alimentar hasta 250 personas entre las 7 y la 10 A.M. todos los días hábiles este [próximo] invierno. Eso significa muchísimas tostadas. La iglesia también consume por lo menos seis docenas de huevos al día, y a veces hasta 14 docenas. De cuatro a 10 voluntarios preparan las comidas la noche anterior, y alrededor de una docena de personas cada mañana las instalan, las sirven y luego se ocupan de la limpieza.

“Sinceramente, no debería ser posible hacer todo lo que hacemos con lo que tenemos. Es verdaderamente milagroso”, dijo Bates.

Las comidas han ayudado a conectar dos grupos en el barrio —los indigentes y los pudientes— que de otro modo pueden encontrar pocos motivos para relacionarse. Bates cree también que el ministerio de alimentación es una de las razones por las que nuevas personas están descubriendo la congregación y haciéndose miembros, especialmente jóvenes y familias. La Cocina de la Esperanza Comestible les ofrece un modo de estar activos en su fe, afirmó ella, haciendo notar que la asistencia el domingo a San Lucas ahora llega a ser a veces de 80 personas.

“No es siempre conveniente tener 200 personas indigentes en nuestra propiedad. No siempre resulta limpio y cómodo, y sin embargo queremos que sea un lugar donde todos nuestros vecinos se sientan acogidos y cómodos”, dijo Bates. “Nos sentimos muy, pero muy llamados a alimentar a nuestros vecinos hambrientos”.

– David Paulsen es redactor y reportero de Episcopal News Service. Pueden dirigirse a él a [email protected]. Traducción de Vicente Echerri.

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