La comunidad interreligiosa y los episcopales de San Diego siguen socorriendo a los solicitantes de asilo

February 19, 2019

Voluntarios interreligiosos se reúnen semanalmente en el santuario de la iglesia episcopal del Buen Samaritano en San Diego, California, para clasificar ropa y otras donaciones. Aquí, la guardiana, Penny Powell, y la rectora, Rda. Janine Schenone, se dedican a esa tarea. Foto de Lynette Wilson/ENS.

[Episcopal News Service – San Diego, California] Cuando el otoño pasado el Servicio de Inmigración y Aduana de EE.UU. alertó a la Red de Respuesta Rápida de San Diego que comenzaría a soltar a la calle a solicitantes de asilo —incluidas familias con niños—, las organizaciones interreligiosas y de derechos humanos y sociales respondieron  con la apertura de albergues temporales.

“Un equipo de respuesta rápida aquí en San Diego lleva a un albergue a los solicitantes de asilo que han sido liberados por los agentes fronterizos, les proporcionan alimento y atención médica y les ayudan con el transporte para reunirse con miembros de sus familias u otras personas que los acogerán mientras fallan sobre sus casos, dijo Katharine Jefferts Schori, obispa auxiliar de San Diego, agregando que el proceso de sentencia a veces puede tomar años.

La iglesia episcopal del Buen Samaritano [Good Samaritan Episcopal Church] fue una de las muchas iglesias que se brindaron a identificar necesidades perentorias, tales como alimento, ropa, pañales y ayuda monetaria. La iglesia comenzó a aceptar ropa y otras donaciones a fines de octubre y ha continuado recibiendo donaciones diariamente y, una vez por semana, un promedio de 10 a 12 voluntarios interreligiosos clasifican las donaciones por talla y perdurabilidad.

“Sentimos que era lo que debíamos hacer”, dijo Carol Hamilton, presidente del [programa] de extensión social del Buen Samaritano. “Una de las cosas más bellas para nosotros es que esto ha atraído a comunidades de otras fes”.

En los tres años que la Rda. Janine Schenone ha servido como rectora, ha alentado a la congregación a participar más en la justicia social y en el compromiso comunitario, dijo Hamilton.

“Ella ha sido un apoyo y una fuerza motriz para sacarnos de nuestra zona de confort”, apuntó. “Políticamente, estamos muy mezclados y esto ha logrado juntar a muchas personas”.

Al principio, apuntó Schenone, algunos miembros de la congregación estaban preocupados de que la iglesia estuviera ayudando a inmigrantes indocumentados, pero cuando resultó claro que estaban ayudando a personas que buscaban entrar legalmente en Estados Unidos mediante el proceso de asilo, respaldaron la iniciativa.

 

Carol Hamilton, que preside el [equipo de] compromiso comunitario del Buen Samaritano, saluda a Tyler Seibert, que también es miembro del grupo de respuesta rápida, mientras entrega donativos a la iglesia. Foto de Lynette Wilson/ENS.

El Buen Samaritano ha ayudado a unos 6.000 solicitantes de asilo desde octubre, cuando el ICE comenzó a liberar  a gran número de estos solicitantes en comunidades sin sistemas de apoyo. Fue entonces cuando se movilizaron el Buen Samaritano y otros aliados de la Red de Respuesta Rápida de San Diego, una coalición de organizaciones de derechos humanos, servicios sociales y ayuda legal que ya existía.

 

Shelters les ofrece a los solicitantes de asilo un lugar donde puedan encontrar alimento, descanso, una ducha y ropa antes de abordar los autobuses y aviones para reunirse con miembros de su familia en todo el país, dijo Schenone, que ha usado su fondo discrecional para proporcionar dinero para el viaje a familias  que siguen para otras partes del país.

“Uno no puede simplemente  poner a esta gente en el autobús sin alimento, sin pañales, sin dinero”, señaló. “Los verdaderos héroes son las personas [voluntarias] que se personaron en la estación de autobuses”.

A partir del momento de la necesidad inicial, la comunidad interreligiosa abogó por una declaración de crisis, esperando que el gobierno ayudaría de la manera que lo hizo en 2016 cuando hubo un aumento de solicitantes de asilo haitianos que cruzaron la frontera, dijo Kevin Malone, director ejecutivo del Proyecto Organizativo de San Diego, una red no partidista y multirreligiosa de 28 congregaciones del Condado de San Diego.

“El ex gobernador de California] [Jerry] Brown abrió el arsenal para procesar a muchísimas personas de manera realmente rápida, pero ahora la situación es completamente diferente, no están haciendo cruzar a miles de personas en un corto período… ha habido de 50 a 70 al día durante mucho tiempo, y de una manera que les deja en la calle”.

“Sin nosotros se habrían sumado a la población indigente —personas que están llegando sin dinero— y eso habría sido atroz”, dijo Malone. “Pudimos actuar rápidamente porque contábamos con estas redes ya existentes”.

Finalmente, después de que el albergue temporal de la red se vio obligado a mudarse cuatro veces por razones de seguridad; el 29 de enero, la Junta de Supervisores de San Diego aprobó arrendar un viejo juzgado a la Red de Respuesta Rápida de San Diego para gestionar un albergue para solicitantes de asilo a lo largo de 2019.

Hasta fines de enero, El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. procesó hasta 100 solicitantes de asilo al día; el gobierno de Trump redujo ese número a 20 el 25 de enero.

El 11 de febrero, el gobernador de California, Gavin Newsom, firmó una orden para retirar de la frontera dos tercios de los soldados de la Guardia Nacional del estado, rebatiendo así los argumentos de una “crisis de inmigración ilegal” y calificándola como nada más que un “teatro político”, según una información de Reuters.

El 15 de febrero, el presidente Donald Trump declaró una emergencia nacional para construir un muro fronterizo  so pretexto de una invasión en la frontera sur.

El arresto de las personas que cruzan la frontera ilegalmente disminuyó del pico de 1 millón en 2006 a 396.000 en 2018. Los derechos de las personas perseguidas que buscan asilo y de la inmigración indocumentada con frecuencia se han inflado en las discusiones políticas.

“Frecuentes malentendidos públicos de la distinción entre ‘solicitante de asilo’ e ‘inmigrante indocumentado’ se suman a la confusión. Los solicitantes de asilo lo hacen legalmente, lo mismo si se encuentran con agentes en la frontera o después de entrar en Estados Unidos”, dijo Jefferts Schori. “Es vital reconocer que solicitar asilo es un derecho legal. Incluso si una persona cruza la frontera sin permiso oficial, el derecho internacional exige que se escuche la solicitud de asilo”.

La Iglesia Episcopal, a través de las resoluciones de la Convención General y del Consejo Ejecutivo, tiene un largo historial de apoyo a los refugiados, a los solicitantes de asilo y a los migrantes. Durante la 79ª. Convención General que se celebró en julio pasado en Austin, Texas, los episcopales se congregaron frente a un centro de detención que albergaba a mujeres migrantes en pública denuncia de las políticas del gobierno de Trump que separan familias.

Al mismo tiempo, los episcopales se han unido a los empeños interreligiosos a través del Sudoeste para responder y arrojar luz sobre la crisis humanitaria en la frontera en lugares como El Paso, Texas, que limita con Ciudad Juárez, y San Diego.

La vía de entrada de San Isidro, que conecta a Tijuana con San diego, es el punto fronterizo más concurrido de Estados Unidos, tanto en lo que respecta a la economía como a la gente. Personas y estudiantes cruzan diariamente la frontera para trabajar y para asistir a la escuela.

 

Un agente del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. patrulla la cerca entre Tijuana, México, y San Diego, California, en lo que es, por el lado de Estados Unidos, el Parque de la Amistad [Friendship Park]. Foto de Antonio Zaragoza para ENS.

Durante 20 años una cerca fronteriza de tablones ha separado San Diego de Tijuana. Los agentes de la Patrulla Fronteriza vigilan el lado de Estados Unidos, donde un parque estatal y un estuario protegido forman una barrera entre la frontera y la más cercana comunidad residencial. En el lado de Tijuana, la gente vive junto a la cerca, que se extiende hasta el océano Pacífico.

 

Sin embargo, la actual cerca fronteriza no ha detenido la llegada de caravanas de migrantes y de solicitantes de asilo a la frontera. (En 2014, un número sin precedentes de menores no acompañados que huían de la violencia en América Central fueron detenidos cruzando la frontera).

La cerca fronteriza entre Tijuana, México, y San Diego, California, se construyó por primera vez en los años 90 durante el gobierno del presidente Bill Clinton. Foto de Antonio Zaragoza para ENS.

Cientos de migrantes centroamericanos empezaron a llegar el 14 de noviembre de 2018, a Tijuana y otros puntos de entrada. Las caravanas han sido politizadas en Estados Unidos y en sus países centroamericanos de origen, Guatemala, El Salvador y Honduras, donde uno de los principales móviles de la migración —los desplazamientos forzados por la violencia – con frecuencia se niega. Aquí en Estados Unidos, Trump ha llamado a los migrantes económicos y a los solicitantes de asilo un “asalto a nuestro país” y en noviembre pasado el Presidente desplegó tropas de la Guardia Nacional en la frontera.  Trump ha amenazado con suspenderle la ayuda a Guatemala, El Salvador y Honduras por cuenta de las caravanas.

“La actual crisis fronteriza se centra en ayudar a los solicitantes de asilo a que abandonen la frontera para esperar por las sentencias de sus casos. El nivel de violencia en América Central ha causado que miles de personas  hayan huido para salvar sus vidas, y muchos buscan asilo en Estados Unidos”, dijo Jefferts Schori. “Esos que buscan asilo son mujeres con niños pequeños, familias, menores no acompañados e individuos solteros en edad laboral.

“Han dejado su país porque tienen miedo, en particular después de que miembros de su familia y amigos han sido asesinados y amenazados en un lugar al que solían llamar patria, pero que ya no sostiene la vida”.

— Lynette Wilson es reportera y jefa de redacción de Episcopal News Service. Pueden dirigirse a ella en lwilson@episcoalchurch.org. Traducción de Vicente Echerri.

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