La Iglesia edifica la comunidad a través de la labor de socorro después de Sandy

November 20, 2012


[Episcopal News Service] “Esto fue la Iglesia en su máxima expresión”.

Las palabras se repiten una y otra vez mientras los episcopales describen cómo sus iglesias se convirtieron en centros de distribución para suministros de socorro y santuarios de calefacción y alimentos a raíz del huracán Sandy, que azotó el nordeste [de Estados Unidos] el 29 de noviembre. La tormenta barrió o inundó las viviendas que se encontraban junto a las costas de Nueva Jersey y Nueva York, interrumpió los servicios de transporte y telefónicos a través de la región y dejó millones de hogares sin electricidad y calefacción, y en algunos casos sin agua, a través de varias diócesis.

Las iglesias respondieron abriendo sus puertas como puestos de calefacción, recargando [aparatos electrónicos] y puesto de alimentación; colectando y distribuyendo suministros de emergencia y comida, y despachando voluntarios para visitar e inventariar las necesidades de los que resultaron más afectados por la tormenta. En el proceso, informaron sus clérigos, las iglesias ofrecieron nuevas oportunidades de servicio y edificaron la comunidad dentro y más allá de sus muros.

“La edificación comunitaria es sorprendente”, dijo el Rdo. Michael Sniffen, rector de la iglesia episcopal de San Lucas y San Mateo [St. Luke and St. Matthew] en Brooklyn, Nueva York, en la Diócesis de Long Island. “Un montón de voluntarios han estado viniendo día tras día, de manera que hemos llegado a conocernos unos a otros”.

La iglesia episcopal de San Lucas y San Mateo [St. Luke and St. Matthew] en Brooklyn sirve como “almacén santo” de los suministros de ayuda a los damnificados del huracán Sandy. Cada día, la iglesia se llena de las donaciones que luego se distribuyen a las víctimas de la tormenta. Más de 20.000 voluntarios han ayudado en esta campaña, que ha recibido cientos de donaciones valoradas en cientos de miles de dólares. Foto de Michael Sniffen.

San Lucas y San Mateo abrieron sus instalaciones, incluida la iglesia misma, a la campaña de socorro, particularmente a Occupy Sandy, que empleó la organización y el poder de convocatoria de Ocupar Wall Street. Junto con una operación ligeramente más pequeña en la iglesia evangélica luterana de San Jacobi en Sunset Park, la parroquia se convirtió “básicamente en el mayor centro de entrega y distribución así como de adiestramiento de voluntarios de Brooklyn”, dijo Sniffen a ENS.

Para el 12 de noviembre, más de 20.000 voluntarios y donaciones por valor de cientos de miles de dólares habían pasado a través de las puertas de la iglesia. “Tenemos de seis a nueve camiones llenos de UPS que vienen a descargar [donaciones] a la iglesia todos los días”, añadió Sniffen.

Los voluntarios recorren los barrios afectados por la tormenta, determinan lo que se necesitan, luego distribuyen los suministros de ayuda que han sido seleccionados y organizados en los bancos de la iglesia. Para solicitar las donaciones específicas que se necesitan, Occupy Sandy se vale de un registro para regalos de boda de Amazon. Un equipo de cocineros ofrece de 5.000 a 8.000 comidas por día.

Niños de la Escuela Pública No. 29 en Nueva York atienden el “guardaabrigos” de los voluntarios de Ocuppy Sandy en la iglesia episcopal de San Lucas y San Mateo en Brooklyn, NY. Foto de Michael Sniffen.

Cada 15 minutos tiene lugar una [sesión] de orientación para los nuevos voluntarios. Participan voluntarios de todas las edades, incluidos los alumnos de la Escuela Pública No. 29, que pasaron su feriado del Día de los Veteranos atendiendo el “guardaabrigos” en el balcón de la iglesia.

Una voluntaria le dijo a Sniffen que no había asistido a la iglesia en más de una década. “Esto renueva mi fe en lo que la Iglesia puede ser”, dijo ella.

Un electricista de Milwaukee, que estaba en la ciudad para cuidar a sus nietos durante unos días, ayudó a instalar un generador en una iglesia sin electricidad, al tiempo que explicaba, “pensé que yo podía ser útil”.

Otro hombre, de Barcelona, España, que estaba de visita en Nueva York, pasó un día seleccionando donaciones en la iglesia.

“Ésas son sólo tres historias. Una muestra de la comunidad humana”, dijo Sniffen, quien hizo notar que los voluntarios provienen “de todas las tradiciones religiosas, y de ninguna”.

“Creo que el hecho de que esta campaña tiene su asiento en una iglesia habla por sí sola”, afirmó. “Lo más sorprendente es el número de voluntarios que se presentan y me dicen: ‘muchísimas gracias por abrir esta iglesia’… Yo no ceso de decirles: para esto es la iglesia”.

Miembros de una variedad de iglesias y otros grupos comunitarios ayudaron a preparar comidas en la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s] en Morristown, Nueva Jersey, durante los 10 días en que sirvió como puesto de calefacción, recargando [equipos electrónicos] y puesto de alimentación luego del azote del huracán Sandy. La última noche, la preparación de la cena estuvo a cargo de los miembros de la Misión de la Calle Market, una organización no denominacional que ofrece programas de recuperación a domicilio para hombres, así como servicios de emergencia para los necesitados de la comunidad. Foto de Sharon Sheridan.

En la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s] en Morristown, Nueva Jersey, que sirvió más de 3.000 comidas en 10 días a personas que se quedaron sin electricidad después de la tormenta, el cocinar permitió que personas de diversas procedencias en la comunidad trabajaran juntas por un propósito común, hizo notar la Rda. Janet Broderick, su rectora.

“Fue posible que personas de tan diferentes mentalidades, teologías e ideas acerca de Dios trabajaran juntas codo con codo”, dijo ella. “Sacó a relucir lo mejor de la gente”.

Además de ofrecer comidas, el salón parroquial sirvió como un centro de calefacción y para recargar [aparatos electrónicos] todos los días. En las mesas, uno podía encontrarse a una persona sin hogar, acostumbrada a vivir “al límite” sosteniendo una discusión “con alguien que probablemente fuera un multimillonario sin electricidad”, dijo la Rda. Melissa Hall, asistente de la rectora. “Aquí teníamos la mesa de Antioquía”.

“Nos preocupamos de presupuestos. Nos preocupamos de la mayordomía. Nos preocupamos de los boletines… y esto fue el gran nivelador”, dijo ella. Lo que llegó a ser vital fue: “¿tenemos suficiente salsa? ¿Cuánto espagueti debemos hacer para 150 personas?”

Cuando el huracán Sandy interrumpió el sistema de transporte público y el servicio telefónico en Nueva York, Andrew Dietsche, obispo coadjutor de esa diócesis, fue en bicicleta desde la catedral de San Juan el Teólogo [St. John the Divine] hasta el Bajo Manhattan para supervisar las parroquias con las que no se había podido poner en contacto. Foto de Tomas Reimer.

Las iglesias están perfectamente preparadas para ayudar en un desastre como éste, dijo Andrew Dietsche, obispo coadjutor de la Diócesis de Nueva York.

“Muchísimas otras agencias acuden desde afuera cuando ocurren los desastres, y usualmente con más recursos. Pero lo que tenemos es lugares sobre el terreno…y nexos ya existentes con la comunidad”, subrayó él. “Especialmente en la Iglesia Episcopal, no tendemos a seguir un modelo de la Iglesia gigante. Seguimos un modelo parroquial. Tenemos una iglesia en cada comunidad, y estamos basados en la comunidad. Conocemos a la gente. Tenemos esas conexiones.

“Resulta práctico, pero también es completamente consecuente con el llamado del evangelio que también atendemos: amar a nuestro prójimo”.

Las congregaciones a través de las 200 iglesias de la diócesis han estado atendiendo ese llamado desde que el huracán azotó.

“En verdad, todas las iglesias de nuestra diócesis han estado sirviendo a la comunidad de distintas maneras”, dijo Dietsche. “Las iglesias en el Bajo Manhattan han llegado a sus comunidades con socorro para las personas que viven en los barrios donde se encuentran”.

Entre esas iglesias, la iglesia episcopal de San Marcos en el Bowery [St. Mark’s Episcopal Church in-the-Bowery] sirvió como un importante centro de distribución de ayuda. Al norte de la ciudad, San Esteban [St. Stephen’s] en Pearl River, en el condado de Rockland, y San Pedro [St. Peter’s] en Peekskill, en el condado de Westchester, desempeñaron un papel semejante en zonas que escaparon a las inundaciones, pero que sufrieron cortes masivos del fluido eléctrico, apuntó él.

Si bien la tormenta afectó a algunas iglesias, “por lo general el daño fue moderado, y completamente reparable” y nada les impidió celebrar los oficios, añadió. La zona más castigada de la diócesis fue Staten Island, donde algunos feligreses perdieron sus hogares. En un caso, una madre y una hija, terminaron con sus casas condenadas debido a los daños ocasionados por la tormenta.

“No estoy bastante seguro lo que podremos hacer por las personas que han perdido sus casas”, dijo Dietsche. “Tenemos que evaluar de algún modo que papel podemos desempeñar”.

Respecto a las necesarias transiciones de la ayuda de emergencia inmediata a la reconstrucción a largo plazo, Dietsche dijo que él suponía que uno de los mejores recursos de la diócesis para la formulación de estrategias que respondan a esa necesidad sería su nuevo coordinador de respuesta a los desastres, el Rdo. Stephen Harding, quien “ha aportado un gran liderazgo a esta [tarea]”.

Las zonas de las diócesis severamente afectadas por la tormenta están en una escala más pequeña que en las circunvecinas diócesis de Nueva Jersey, Newark y Long Island, resaltó Dietsche. A él le gustaría ver que se establecieran interconexiones a través de las diócesis para pasar a la fase de la reconstrucción, aunque no sabe aún la forma que eso tomará.

En la Diócesis de Nueva Jersey, el huracán dejó a nueve clérigos, así como a algunos feligreses, sin hogar, dijo el Rdo. Francis Hubbard, rector interino de la iglesia episcopal de Cristo [Christ Episcopal Church] en New Brunswick. La parroquia ha servido como un depósito regional para las iglesias de la zona que han enviado suministros para la castigada costa de Jersey.  También se preparó para ser un centro de distribución de suministros, más grande que el promedio, en su ya existente despensa de alimentos a nivel local.

La tormenta interrumpió el teléfono de la iglesia, y el servicio del celular de Hubbard estuvo irregular durante varios días. Una vez que su celular empezó a funcionar bien, “recorrí la parroquia directamente y empecé a llamar por teléfono a todos los que habían estado hospitalizados en el último año y a las personas mayores, a ver si podía localizarlos”.

Algunas personas a las que localizó no tenían electricidad o calefacción, y el derribo de cables eléctricos y de árboles dificultaban el acceso a ellas. Él comenzó a buscar a otros feligreses que vivían en las inmediaciones y que pudieran ayudar y “muchísimas personas comenzaron a localizar a los que ellos conocían”, dijo Hubbard, añadiendo que él cree que esto fortaleció los vínculos entre los miembros.

“Creo que esto puede edificar la comunidad, y creo que también eso te dice cuánto necesitamos una comunidad. Hay un gran pecado de superindividualismo en Estados Unidos, que somos resistentes y que podemos hacer todo por nosotros mismos, y eso es falso”, señaló. Jesús no dijo, ‘cree en mí y nunca te juntes con nadie más que crea’ Se trata de interdependencia, no de dependencia”.

En la Diócesis de Newark, la iglesia episcopal de San Lucas [St. Luke’s] en Montclair permaneció abierta como un centro de calefacción y para recargar [ aparatos electrónicos] 12 horas diarias durante dos semanas y ahora ha puesto en práctica una estrategia de “comer, orar y amar” en su campaña post-Sandy: conseguir alimentos que no se echen a perder para las víctimas de la tormenta en Hoboken o a través de Occupy Sandy; orar por los que han quedado traumatizados por la tormenta; y mostrar el amor mediante dádivas, alentando a [que se hagan] donaciones a Ayuda y Desarrollo Episcopales, dijo el rector, Rdo. John Mennell.

“Fue un asombroso par de semanas de ministerio”, añadió. “Fue sencillamente maravilloso ver a personas que dan y que se abren a los demás. Siempre creo que cuando sobreviene la tragedia y cosas como ésta, Dios encuentra algún modo de mostrarnos lo mejor de sí”.

“Las personas que acudieron estaban increíblemente agradecidas”, siguió diciendo. “Algunas de ellas estaban entre los 19 visitantes de la iglesia el domingo”.

Observando a la comunidad que vino a participar del oficio, Broderick descubrió algo respecto a lo que atrae a las personas a Dios y a la Iglesia.

“Siempre creí que si las personas pudieran entender que Dios los ama exactamente como son, se sentirían irresistiblemente atraídos por la Iglesia, y la Iglesia crecería, y montones de personas acudirían. Y estoy decepcionada de que eso no siempre funciona”, dijo ella. “A partir de esto descubrí que la gente necesita una oportunidad de entregarse para servir”.

“Es un aspecto del culto… entregarse de una manera sacrificial auténtica y seria”, afirmó. “Es realmente un aspecto de estar crucificado con Cristo. De eso realmente es de lo que se trata… de ser una persona que da de manera altruista, como Cristo lo hizo. Creo que la gente necesita de esa experiencia para conectarse con la Iglesia de una forma real. Pienso que fue eso lo que advertí, que yo no había brindado en mi ministerio tanto como realmente quiero brindarlo ahora”.

Para Dietsche, “El tipo la labor caritativa que hacemos… es en gran medida la obra del evangelio… el cumplimiento de nuestro compromiso de vivir la vida como discípulos”.

Y eso cambia la percepción que la gente tiene de la Iglesia, dijo Hall, de algo “antiguo y arcaico” a algo “que es realmente relevante y capaz de intervenir en un mundo moderno de manera significativa con un mensaje muy sencillo, el cual es: la mesa es para todos; todos son bienvenidos”.

“Creo que para la gente fue una revelación ver esto en acción”, dijo ella. “Para mí, eso fue lo más sorprendente, en que personas que no creen en Dios, que no creen en la religión organizada, que se llaman a sí mismos espiritualistas, pero no religiosos —que todos de repente se dieran cuenta de que… la Iglesia es un modo de conectarse de una manera amorosa e inclusiva e importante con algo más grande que nosotros.

“Creo que lo que ocurrió fue que las personas experimentaron la gracia”, afirmó. “Estoy muy orgullosa de mi Iglesia”.

Ayuda y Desarrollo Episcopales está colaborando con líderes de las diócesis afectadas mientras movilizan recursos locales y llegan a los damnificados que más sufrieron.  Algunos  pormenores respecto a cómo contribuir a la campaña de socorro [a las víctimas] de Sandy a través de Ayuda y Desarrollo Episcopales pueden encontrarse aquí y partes actualizados de la agencia relacionados con esta campaña aparecen aquí.

– Sharon Sheridan es corresponsal de ENS. Traducido por Vicente Echerri.

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