Las iglesias siguen presionando para reducir la violencia armada

March 25, 2013



Feligreses de la iglesia episcopal de San Esteban, en Lynn, Massachusetts, guardaron el Sabat de la Prevención de la Violencia Armada mediante la creación de “huestes celestiales” como parte de una instalación de arte en la iglesia. Colgadas en el santuario, cada esfera simboliza a víctimas de armas de fuego o de otra clase de violencia, o a otras personas que los creadores desean honrar. Foto de Jason Cruz.

Feligreses de la iglesia episcopal de San Esteban, en Lynn, Massachusetts, guardaron el Sabat de la Prevención de la Violencia Armada mediante la creación de “huestes celestiales” como parte de una instalación de arte en la iglesia. Colgadas en el santuario, cada esfera simboliza a víctimas de armas de fuego o de otra clase de violencia, o a otras personas que los creadores desean honrar. Foto de Jason Cruz.

[Episcopal News Service] Cuando clérigos y laicos episcopales se reúnan el 25 de marzo en Washington, D.C. para hacer el Via crucis de Semana Santa, será la última de una serie de actividades religiosas destinadas a resaltar y combatir la violencia armada. A través de la nación, los episcopales han cabildeado con legisladores a favor de leyes que controlen las armas de fuego, han visitado a los vendedores de armas, han auspiciado la recuperación de armas, han creado obras de arte en memoria de las víctimas de la violencia armada, han predicado acerca de este tipo de violencia y han conmemorado el Sabat de la Prevención de la Violencia Armada.

El énfasis actual en reducir la violencia de las armas de fuego parte de la fatal balacera del 14 de diciembre pasado en que murieron 20 alumnos y seis educadores en la Escuela Primaria de Sandy Hook, en Newtown, Connecticut.

Los obispos de la Diócesis de Connecticut se han asociado con la obispa Mariann Edgar Budde y otros miembros de la Diócesis de Washington para planificar la procesión del 25 de marzo, en la que se espera participen 20 obispos y otros episcopales de todo el país.

“Estamos llevando nuestro testimonio a la capital de la nación para decirles a nuestros líderes políticos y a nuestro país que no seguiremos callados mientras la violencia se infiltra en nuestro mundo, en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia, en nuestros hogares y en nosotros mismos”, escribieron los obispos de Connecticut Ian Douglas, James Curry y Laura Ahrens dirigiéndose a sus diócesis. “El Vía crucis, y particularmente las reflexiones en cada estación, reflejarán nuestro compromiso con el cambio transformacional y la proclamación de la esperanza de Dios al mundo”.

En Chicago, donde la violencia armada ha sido una preocupación durante mucho tiempo, episcopales del norte de Illinois y sus asociados en más de 65 organizaciones cívicas o de orientación religiosa participarán el 22 de marzo en la segunda caminata de la Cruz [CROSSwalk], una procesión de cuatro millas para recordar a los jóvenes asesinados en Chicago.

“Simplemente no podemos seguir ignorando la lamentable pérdida de jóvenes vidas que ocurre con tan aterradora frecuencia en Chicago y otras ciudades del norte de Illinois”, dijo Jeff Lee, el obispo de Chicago, en un comunicado de prensa. “[Esta] caminata de la Cruz nos llama a orar, a entablar relaciones y a actuar como si [esas] vidas dependieran de nosotros. Y sí que dependen”.

En Washington, D.C., la Catedral nacional de Washington se asoció con Religiones Unidas para Prevenir la Violencia Armada [Faiths United to Prevent Gun Violence] al objeto de presentar una serie de eventos del 14 al 17 de marzo para observar el Fin de Semana del Sabat de la Prevención de la Violencia Armada. Líderes religiosos, miembros del Congreso, promotores del control de armas de fuego, oficiales de los cuerpos de orden público y profesionales de la medicina y la salud mental se reunieron para orar y debatir acerca de la violencia armada y los medios para combatirla. El 16 de marzo tuvo lugar un diálogo nacional de política pública inspirada en la fe sobre la violencia armada y un debate interreligioso que incluyó a líderes cristianos, islámicos y sijs. El fin de semana concluyó con el culto dominical, en el que predicó Gary Hall, el deán de la catedral: “En la Catedral Nacional de Washington estamos en esta campaña [en contra] de la violencia armada para todo lo que dure. No desistiremos hasta que nuestras calles y nuestras escuelas y nuestros niños estén seguros. Es lo menos que podemos hacer por nuestros hijos, por nuestros vecinos, por nosotros mismos”.

Alrededor de 100 personas asistieron a los programas del 16 de marzo en la catedral, mientras otras muchas personas alrededor del país los seguían en vivo vía Internet, dijo Richard Weinberg, director de comunicaciones de la Catedral. “Sabemos que cerca de 400 casas de culto a través del país se habían conectado para participar en alguna medida”. Esto incluía al menos 14 congregaciones episcopales, apuntó él.

Hay planes en marcha para proseguir la labor en contra de la violencia

“En verdad creemos que las conversaciones fueron valiosas e importantes, y creemos que hay un modo de encapsular retazos de los eventos y las celebraciones religiosas del día para que las congregaciones a través del país prosigan dialogando sobre el problema de la violencia armada”, dijo Weinberg y añadió: “Ya estamos en diálogo con el personal y con nuestros asociados acerca de futuros eventos”.

Diversas respuestas
Mientras algunas congregaciones seguían la transmisión vía Internet, otras que se inscribieron pudieron guardar el sabat de otra forma.

La iglesia de San Andrés del Lago [St. Andrew’s by the Lake] en Duluth, Minnesota, usó el evento nacional “como un estímulo para nuestro propio desarrollo local”, dijo el vicario Theo Park. “Hemos estado tratando de echar a andar juntos una campaña global”.

Park ha predicado sobre la violencia armada, y como miembro del Comité de Paz y Justicia de la Iglesia —que se ocupa del compromiso comunitario— ha provisto una mesa durante la hora del café con información de contacto para los que cabildean a los legisladores. “De manera que hay una presencia y ha habido una declaración, pero la [misión] como un todo no ha asumido una posición oficial”, dijo Park.

“Huestes celestiales” creada por los feligreses de la iglesia episcopal de San Esteban, en Lynn, Massachusetts, como parte de una instalación de arte, honra a las víctimas de las armas de fuego y de otras acciones violentas. Foto de Jason Cruz.

“Huestes celestiales” creada por los feligreses de la iglesia episcopal de San Esteban, en Lynn, Massachusetts, como parte de una instalación de arte, honra a las víctimas de las armas de fuego y de otras acciones violentas. Foto de Jason Cruz.

La Rda. Jane Gould, rectora de la iglesia episcopal de San Esteban [St. Stephen’s Episcopal Church] en Lynn, Massachusetts, se conectó con el Sabat a través de la  Organización de Personas que Mejoran sus Comunidades (o PICO, sigla en inglés) una red de organizaciones comunitarias de carácter religioso. Gould predicó acerca de la violencia armada e invitó a los feligreses a crear “huestes celestiales” en memoria de las víctimas de la violencia de las armas de fuego como parte de una instalación de arte en la iglesia.

San Esteban está exponiendo una instalación de “El camino de salvación”, estaciones del Vía crucis creadas por la diácona diocesana Gay Cox. El último elemento es un despliegue en el santuario de “huestes celestiales”. Los miembros de la congregación fueron invitados a crearlas, valiéndose de círculos de espuma de poliestireno del tamaño de un disco compacto recubiertos, por un lado, de papel satinado de colores al que les han añadido, por el otro, fotos o nombres de víctimas de las armas de fuego o de otra clase de violencia, o los de otras personas a las cuales desearan honrar.

“Teníamos montones de goma brillante,  de brillo regular, de  bisutería, de cintas —todo lo que quisieran ponerle a su disco para honrar a alguien”, dijo Gould. Una pareja adornó un disco en honor de su hijo, que murió mientras prestaba servicio en las fuerzas armadas;  el día de la actividad era el aniversario de su muerte.

Las “huestes” colgantes estarán veladas durante la Semana Santa. “Luego surgirán en todo su esplendor para la Vigilia [Pascual]”, dijo Gould.

Anteriormente, los feligreses han cabildeado con líderes del Congreso y de otras instancias en apoyo de la legislación para controlar las armas de fuego. Antes incluso de la masacre de Newtown, la Diócesis de Massachusetts estaba debatiendo la manera de combatir la violencia armada luego de la muerte a tiros de Jorge fuentes, un joven líder de la iglesia de San Esteban [St. Stephen’s], en Boston, y su programa de verano B-SAFE. La diócesis creó en memoria de Fuentes un equipo de trabajo en su convención de noviembre.

La violencia armada no es una preocupación abstracta en Lynn. “Estamos en una pequeña ciudad con una significativa presencia pandilleril”, afirmó Gould. Lynn estuvo entre ocho comunidades que iban a recibir financiación del estado como parte de la Iniciativa de la Juventud Segura y Exitosa [Safe and Successful Youth Initiative] que intenta “detener los hechos de sangre en las ciudades”, subrayó ella. “Afortunadamente, no tenemos muchas muertes debidas a la violencia armada”.

Pero uno de sus feligreses tiene un primo hospitalizado a quien le dispararon tres veces, contó ella. “Él está vivo, pero no creen que pase de la noche”.

“La mayoría de nuestros chicos tienen un amigo que ha muerto” debido a la violencia armada, agregó.

Recuperación de armas
No conformes con observar el Sabat de la Prevención de la Violencia Armada, las iglesias episcopales han abordado la violencia de las armas de fuego de otras formas en las últimas semanas.

William Schievella, jefe de investigaciones de la Fiscalía del Condado de Morris, sostiene un arma de asalto, ilegal en Nueva Jersey, que entregaron durante la campaña de recuperación anónima de armas de fuego que tuvo lugar los días 15 y 16 de marzo auspiciada por la iglesia católica romana de San Pablo Intramuros [St. Paul Inside the Walls] en Madison, Nueva Jersey, y la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s] en Morristown. Ante él, en una conferencia de prensa el 18 de marzo, se exhiben alrededor de la mitad de las 600 armas que se recogieron durante la campaña, por las cuales se pagó casi un total de $50.000 a quienes las entregaron. Foto de Sharon Sheridan.

William Schievella, jefe de investigaciones de la Fiscalía del Condado de Morris, sostiene un arma de asalto, ilegal en Nueva Jersey, que entregaron durante la campaña de recuperación anónima de armas de fuego que tuvo lugar los días 15 y 16 de marzo auspiciada por la iglesia católica romana de San Pablo Intramuros [St. Paul Inside the Walls] en Madison, Nueva Jersey, y la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s] en Morristown. Ante él, en una conferencia de prensa el 18 de marzo, se exhiben alrededor de la mitad de las 600 armas que se recogieron durante la campaña, por las cuales se pagó casi un total de $50.000 a quienes las entregaron. Foto de Sharon Sheridan.

El 16 de marzo, la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s] en Morristown, Nueva Jersey, se asoció con las agencias de orden público del condado de Morris para auspiciar una recuperación anónima de armas. Durante el evento se recogieron 600 armas —entre ellas 15 armas de asalto que son ilegales en el estado, 91 armas semiautomáticas, 192 revólveres y 251 fusiles y escopetas— en San Pedro y el 15 de marzo en la iglesia católico romana de San Pablo Intramuros, en Madison.

Cuando planificaban la recuperación de armas, los funcionarios se pusieron en contacto con el Consejo del Clero de la zona de Morris, de la cual San Pedro es miembro.

“Creímos que era una buena idea asociarnos con el clero”, dijo William Schievella, jefe de investigaciones de la Fiscalía del condado de Morris.

El detective Craig Brooks, de la Oficina del Alguacil del Condado de Morris, examina un arma que entregaron durante la recuperación anónima de armas auspiciada por la iglesia episcopal de San Pedro en Morristown, Nueva Jersey. Foto de Sharon Sheridan.

El detective Craig Brooks, de la Oficina del Alguacil del Condado de Morris, examina un arma que entregaron durante la recuperación anónima de armas auspiciada por la iglesia episcopal de San Pedro en Morristown, Nueva Jersey. Foto de Sharon Sheridan.

Los individuos que han tenido contacto antes con los agentes de la ley pueden sentirse más cómodos hablando con ellos en una iglesia, explicó. Y hay personas que podrían no sentirse cómodas yendo a un edificio de la administración del condado a entregar armas, pero en una iglesia “saben que es una casa de culto, y saben que es un lugar accesible para ellos”, dijo.

San Pedro participó, dijo la rectora Janet Broderick, porque “queremos decir con nuestras acciones que la vida es sagrada: toda la vida. Queremos decir que cada arma que se funde es una oportunidad menos de que resulte agredida la creación de Dios”.

Las armas recogidas fueron examinadas para ver si estaban cargadas (ninguna lo estaba) y si eran robadas (tres de ellas lo eran), dijeron los funcionarios durante una conferencia de prensa el 18 de marzo. Verificaciones posteriores identificarán cualesquier armas usadas en la comisión de delitos, las cuales deben preservarse como prueba; el resto será destruido. Los casi $50.000 distribuidos entre los que entregaron las armas provienen de donaciones al programa CrimeStoppers del condado y de confiscaciones de bienes delictivos.

El condado de Morris se cuenta entre varios condados de Nueva Jersey que han tenido programas de recuperación de armas, en los cuales ya se han pagado cerca de un total de $900.000 para comprar más de 7.000 armas.

“El propósito fundamental es sacar esas cosas de la calle”, dijo Schievella durante la conferencia de prensa. Fredric Knapp, fiscal interino, resaltó que la entrega de armas de fuego garantizaba que nadie pudiera robarlas. “El robo ha sido tradicionalmente un problema en las comunidades suburbanas”.

Eso fue lo que llevó a un hombre a venir a San Pedro y entregar dos pequeñas pistolas que quedaron entre las pertenencias de su padre cuando éste murió en 2002. El hijo intentó entregarlas en el departamento de policía en ese tiempo, pero le dijeron que no contaban con ningún mecanismo para recibirlas.

“Eran en verdad pequeñas. Uno podía metérselas en un bolsillo”, dijo. Él las había guardado en una pequeña caja fuerte, pero le preocupó que fueran a robárselas, porque en su casa habían robado antes. “La caja fuerte es lo bastante pequeña para que alguien se la pueda llevar”.

Un letrero en la casa parroquial de la iglesia episcopal de San Pedro, en Morristown, Nueva Jersey,  orienta a los participantes en el programa de recuperación anónima de armas de fuego del condado el 16 de marzo. Foto de Sharon Sheridan.

Un letrero en la casa parroquial de la iglesia episcopal de San Pedro, en Morristown, Nueva Jersey, orienta a los participantes en el programa de recuperación anónima de armas de fuego del condado el 16 de marzo. Foto de Sharon Sheridan.

Aunque era un propietario legal de las armas, dijo que se sentía feliz de salir de las pistolas”. “He estado a la espera de este momento”.

Una mujer leyó en el periódico acerca de la recuperación de armas. “Durante 30 años había estado este fusil de tiro al blanco en mi desván, y me dije, ‘lo voy a entregar’”.

Ella envolvió en periódicos el fusil, que un ex esposo había dejado atrás, y se sintió muy complacida de que uno de los agentes se lo sacara de su auto. “Me sentía realmente incómoda conduciendo hasta aquí con un arma en mi auto. “No soy persona de armas”, afirmó. “Es muy inquietante estar cerca de armas de fuego”.

Además de [la campaña] de recuperación, San Pedro y otras iglesias de la Diócesis Episcopal de Newark participan en esfuerzos constantes para crear conciencia al respecto y combatir la violencia armada.

En diciembre, una semana después de la masacre de Newtown, Broderick encabezó una iniciativa de colgar pancartas en las iglesias miembros del consejo del clero —entre ellas San Pedro y la iglesia episcopal del Redentor [The Redeemer] en Morristown— así como en el ayuntamiento y en la escuela secundaria en las que se leía: “Todos ellos eran nuestros hijos”.

El Día de San Valentín, al cumplirse dos meses de la masacre, Melissa Hall, rectora auxiliar de San Pedro; Cynthia Black, rectora de El Redentor y laicos de la iglesia participaron en un mitin en el prado municipal en contra de la violencia.

Cabildeos
Más recientemente, Broderick fue parte de una delegación clerical de NJ Together, una coalición interreligiosa afiliada con la Fundación de Zonas Industriales, en una  reunión con el Rep. Rodney Frelinghuysen (R-11th District), quien también es un feligrés, para instarle a que respaldara la legislación sobre el control de armas de fuego.

“Creo que él comparte nuestro sentir de que hay algunas medidas de sentido común que deberían estar codificadas a nivel federal para quitarles las armas de las manos a los delincuentes, pero no se comprometió a apoyarlas”, dijo Joe Morris, organizador del personal de NJ Together. Creo que fue un buen primer encuentro, y vamos a  hacerle seguimiento y a descubrir cuál es su posición sobre estas cosas”.

NJ Together también se reunió con el Rep. Scott Garrett (R-5th Dist.) “Creo que le pedimos cinco cosas, y quedamos 0 a 5”, dijo Morris. “Nos dijo que creía que el clero debería de hacer un mejor trabajo predicando en contra de los juegos de vídeo violentos”.

“Hemos tratado de poner en práctica el mandato que aparece en Levítico: ‘No permanezcas indiferente mientras se derrama la sangre de tu prójimo’ —lo cual ha sido una especie de motivación útil para nosotros, pero también como una manera de evaluar a los demás”, dijo. “Nos fuimos con la sensación de que Scott Garrett es sencillamente indiferente [a esta tragedia]”.

En otro lugar de la diócesis, el Rdo. Joseph Harmon, rector de la iglesia episcopal de Cristo [Christ Episcopal Church] en East Orange, ha laborado activamente con NJ Together y recientemente participó junto con otros clérigos en una reunión con el alcalde de East Orange, Robert Bowser, al objeto de discutir posibles estrategias para controlar la violencia armada.

El 14 de marzo, un grupo de 14 clérigos y laicos pertenecientes a NJ Together , provenientes de cuatro sinagogas y tres iglesias episcopales —iglesia de Cristo; Todos los Santos [All Saints], en Hoboken y la iglesia de la Gracia [Grace Church] en Newark— visitaron a tres vendedores de armas en Paramus para enterarse de cuáles son sus requisitos y les instaron a que suscribieran el código  Alcaldes Contra las Armas Ilegales, un protocolo voluntario de 10 puntos para los vendedores minoristas de armas. El código incluye medidas tales como videograbar las transacciones de armas de fuego.

“Fue una experiencia muy positiva, creo yo, para todos nosotros”, dijo Harmon, que participó con algunos de sus feligreses. “Nos aparecimos sin avisar y fuimos muy bien recibidos en Dick’s Sporting Goods. El administrador habló con entera libertad y magnífica disposición, como también lo hizo la persona que estaba detrás del mostrador de las armas”.

[Los visitantes] se enteraron que Dick’s ha mantenido la norma de no vender armas automáticas, que la puso en vigor después de la masacre de Newtown y que “las únicas armas que venden son las que se usan en la caza”, agregó. “No venden cargadores de gran capacidad y no venden pistolas. Ésa es su política, y los felicitamos por ella. Esperamos que otros vendedores como Walmart y Sports Authority y Ramsey [Outdoor] se sumen con políticas semejantes”.

“Los empleados de Ramsey se mostraron mucho más cautelosos. … Dijeron que el administrador no nos podía atender”, contó Harmon. “Parece que Sports Authority está tomando un rumbo semejante al de Dick’s, pero no disponemos de información para verificar eso oficialmente”.

NJ Together está contemplando hacer visitas adicionales a los vendedores, dijo él. “Parte de nuestro propósito no es sólo señalar a las empresas cuyas normas no son muy receptivas a ponerle fin a la violencia armada… sino reconocer a esos vendedores que están mostrando discreción y sensibilidad hacia el problema, tal como Dick’s”.

El 14 de abril, NJ Together celebrará “una importante reunión” en la iglesia de Cristo para las congregaciones del norte de Nueva Jersey que participan en la campaña contra la violencia armada y para gente nueva “que venga y se entere de lo que hacemos, para compartir ideas y esperanzas y básicamente hacernos saber los unos a los otros que estamos aquí y que nuestras voces al unísono y en número pueden ser efectivas”, añadió Harmon.

La coalición incluye a cristianos y judíos, musulmanes, sijs y bajai, dijo. “Es verdaderamente un empeño interreligioso, y está creciendo”.

Las doctrinas de las diferentes religiones todas respaldan el que se tome medidas, apuntó. “Tenemos el testimonio de la fe cristiana de Jesucristo, el testimonio de Mahoma en la fe musulmana, el testimonio de los profetas y la Ley en la fe judía, y el espíritu de pacifismo que dimana de otras comunidades religiosas y que nos conmina a levantarnos y pronunciarnos contra la violencia armada”.

– Sharon Sheridan es corresponsal de ENS. Traducción de Vicente Echerri.

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