‘Pastor Sadie’ espera con bastante paciencia por la igualdad racial

March 2, 2012

[Episcopal News Service] Ésta es la última de una serie de entrevistas que ENS ha estado publicando durante el Mes de la Historia de los Negros con episcopales que participaron en el movimiento de los derechos civiles y en la obra de reconciliación de la Iglesia.

La Rda. Sadie Mitchell, residente durante toda su vida en Filadelfia, dice que ella nunca experimentó la ostensible discriminación de que fueron víctimas los afroamericanos en el Sur, ni el movimiento de los derechos civiles trajo a su ciudad los disturbios que sí tuvieron lugar en lugares como Selma, Alabama.

Pero, a los 91 años, ella reconoce alguna impaciencia ocasional con el ritmo de la plena desegregación en la Iglesia y en el resto de la sociedad estadounidense.

“¿Quién no se impacientaría cuando uno quiere algo y no acaba de producirse?”, pregunta.

Viviendo en Filadelfia, cuenta ella, “yo no estaba restringida en ningún lugar adonde iba” Si en algún lugar discriminaban a los afroamericanos, “mi madre siempre nos protegió”.

“Había un cine en el oeste de Filadelfia que sentaba a los niños negros en la galería”, recuerda ella, pero su madre no la dejaba ir ese sitio.

La mayoría de los restaurantes servían a personas de todas las razas, contó ella. “Yo diría que en una ciudad tan grande como Filadelfia puede que hubiera tres o cuatros restaurantes que no dejaban entrar negros, y esos estaban sobre todo en la calle Broad, en el centro de la ciudad. Eso se acabo bastante rápido cuando comenzó el movimiento de los derechos civiles y no hizo ninguna mella en mi vida”.

Pero eso no significa que no hubiera inequidades. “La discriminación y la segregación no era tan flagrante en el Norte… pero se mantuvieron. Por ejemplo, teníamos escuelas blancas y escuelas negras. Nadie jamás habla de eso, pero las teníamos. Había ciertas escuelas en ciertas zonas que eran consideradas todas de negros. No había niños blancos que asistieran a esas escuelas en absoluto”.

Las escuelas en el nordeste de Filadelfia eran todas de blancos, a menos que familias negras con niños se mudaran al barrio, agregó.

Luego de que comenzara el movimiento de los derechos civiles “después de todo eso estaba pasando en el Sur, el tenor pareció cambiar y uno adquirió una idea distinta de los blancos —de algunos blancos, no de todos los blancos— y a los niños [negros]se les permitió ir a esas escuelas, pero no por montones, no en gran número, hasta que a las escuelas se les demandó [legalmente]  para que se desegregaran y se les exigió que usaran autobuses para [hacer efectiva] la desegregación”, apuntó. “Cuando empezamos a hacer eso, tenías a niños blancos que venían a escuelas negras en ciertas zonas, y a niños negros que iban en autobús a ciertas escuelas blancas en el nordeste, y luego poco a poco, con profesores y estudiantes, empezabas a tener alguna desegregación”.

De 1969 a los años ochenta, Mitchell fue directora, consecutivamente, de tres escuelas sólo de negros, la primera de las cuales estaba situada en un barrio blanco. Si bien mucha gente decía que existían inequidades docentes entre las escuelas negras y blancas de Filadelfia, las diferencias “no eran tan extremas” como en el Sur.

“No hubo inequidades en mis tres escuelas”, subraya. Yo sabía cuánto dinero conseguía, y sabía cómo encargar los libros y otros materiales, de manera que nunca permití que careciéramos de materiales”.

Las directivas docentes venían del estado, “así que todos teníamos que enseñar lo mismo. Ahora bien, lo que sí enseñábamos en las escuelas negras, que algunas de las escuelas blancas rehusaban enseñar… era la historia de los negros”.

Mitchell participó en una marcha por los derechos civiles, parte de un empeño exitoso de derribar el muro que restringía la admisión al Girard College. Lo llamaban un colegio universitario, pero era una escuela sólo para varones blancos”, explicó.

La manifestación fue “muy tranquila”, contó ella. “Salvo por las conversaciones de la gente, no se oía ni un sonido. No hubo violencia. Simplemente desfilamos con nuestras pancartas.

“Esa fue la única marcha en que participé. Yo no bajé al Sur para las manifestaciones de allá”. Pero el Rdo. Jesse Anderson Sr., rector de la iglesia episcopal africana de Santo Tomás [St. Thomas], a la que ella asistía, sí desfiló en el Sur y también invitó al Rdo. ‘Martin Luther King Jr. a hablar en la iglesia. El Rdo. Absalom Jones, primer negro ordenado en la Iglesia Episcopal, fundó Santo Tomás en 1792.

Mitchell apoyaba el movimiento y la filosofía no violenta  de King. “El movimiento que necesitaba ser empujado y empujado y empujado, porque era el momento de que se creara algún movimiento Yo estaba completamente a favor, sin duda, pero no a favor de la violencia”.

La noche en que asesinaron a King en 1968, Mitchell asistía a una reunión en una escuela como auxiliar del superintendente del distrito. “El programa se suspendió. . Nos dejaron salir temprano… porque godo el mundo estaba sublevado por esa muerte,  y sencillamente no podían creerlo. Estos eran blancos y negros, principalmente blancos”.

Aunque ella trabajaba en educación, Mitchell se había interesado en el ministerio y sintió “el llamado” luego de la ordenación “irregular” al presbiterado de 11 mujeres en Filadelfia en 1974. La Convención General aprobó subsecuentemente la ordenación de mujeres en 1976. A ella la ordenaron diácono en 1987 y presbítera en 1988, convirtiéndose en [rectora] auxiliar de Santo Tomás un año después. Aunque se jubiló de ese cargo, “Pastor Sadie” sigue sirviendo en la parroquia.

“Los sacerdotes no se jubilan”, dice ella. “Una sencillamente se aparece allí cuando puede”.

Cuando todavía era parte del laicado, sirvió en la Comisión de Restitución de la diócesis, que se creó en respuesta a la “demanda —del líder de los derechos civiles James Foreman— de que las ‘iglesias blancas’ ofrecieran reparaciones a la comunidad negra”, dijo Arthur Sudler, director de la Sociedad Histórica de Santo Tomás. “En gran medida la Comisión de Restitución reflejaba el controversial Programa Especial de la Convención General de la denominación iniciado por el obispo primado John E. Hines” para combatir la pobreza y la injusticia en las zonas urbanas.

“Los miembros negros de la CR no se podían de acuerdo respecto a la manera en que la organización debía funcionar —especialmente en lo tocante a la liberación de fondos a las organizaciones comunitarias”, dijo Sudler.

Finalmente, Mitchell y Anderson, que también era uno de los miembros, abandonaron la comisión. “No creí que tuviéramos suficiente conocimiento de lo que hacíamos”, explicó. “Parecía que avanzábamos a tropezones… No se iba a ninguna parte”.

En la actualidad, dice ella, “las iglesias siguen estando segregadas, pero la segregación se ha atenuado, porque ya no hay blancos que teman entrar en iglesias de negros, ni negros que teman entrar en iglesias de blancos… Tenemos unos cuantos blancos que se han incorporado a Santo Tomás, que se tiene por  una iglesia solo de negros”.

Pero ella percibe la falta de liderazgo de algunos clérigos en combatir la segregación más allá de participar en las manifestaciones por los derechos civiles. Hay clérigos blancos que “no hablan claro [en contra de la discriminación] en sus iglesias”, señala ella. “Ahora bien, no es todo el mundo, pero lo suficientes para constituir un problema. Ellos no hablaban claro antes, y no hablan claro ahora. Luego, tienes bolsones de segregación, donde, si el sacerdote abriera la boca y hablara con su congregación, podría provocar alguna reacción… Todavía hay claros bolsones blancos por todas partes en todas las diócesis a través del país”.

“Tiene que hacerse mucho más para el reconocimiento de la plena igualdad”, afirma. “Pero se avanza y, como todo progreso, es lento”.

En la sociedad en general, ella dijo que quedó felizmente sorprendida cuando Barack Obama fue electo presidente, “pero creo que lo que está ocurriendo ahora es una desgracia”, refiriéndose a los ataques verbales contra él que ella cree que tienen un motivación racial. Sencillamente condeno todo eso, y desearía que se acabara”.

Pero ella se mantiene optimista respecto al futuro de las relaciones raciales.

“Sí, me siento optimista, aunque tome mucho tiempo. Me siento optimista de que esta situación se va corrigiendo, y sí creo que Dios obra en su tiempo, tomándose el tiempo para ver que todo esto culmine en un punto donde confluyan Su vida y Su paz”, afirma ella. “La paz de Dios y el amor de Dios, creo yo, prevalecerán. Pero creo que Dios se está tomando su tiempo para hacer eso”.

“Nunca llegaré a ver la completa desegregación”, predice ella “pero espero ver más de eso dentro de los pocos años que me quedan. Y eso está ocurriendo todos los días. Ocurre a diario en algún lugar o en algunos lugares”.

—Sharon Sheridan es corresponsal de ENS. Traducción de Vicente Echerri.

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