Estudio Bíblico: Pentecostés 10 (C) - 18 de agosto de 2019

August 18, 2019

Episcopal Estudio BiblicoIsaías 5: 1-7

El profeta comienza este pasaje icónico hablando en nombre de su “amado” (es decir, el Señor). La canción de amor se desarrolla, describiendo un viñedo situado en una tierra que era perfectamente adecuada para un viñedo: un terreno exuberante y fértil en una colina sin piedras y donde “plantó cepas de la mejor calidad”. Lo que se esperaba del viñedo no se hizo realidad. El viñedo solo produjo uvas malas o agrias. El profeta se dirige a la audiencia como árbitro; el profeta le pide a Israel que se juzgue a sí mismo a la luz de la parábola del viñedo. ¿Qué más se podría haber hecho por el viñedo? La respuesta está implícita: nada. Entonces, el viñedo será pisoteado, la destrucción es inevitable.

Este texto parabólico no es diferente a Natán ofreciendo una parábola para que David juzgue, solo para descubrir que la persona que David condena en la parábola es él mismo. Los que escuchan este texto solo pueden estar de acuerdo con el profeta y con el Señor: tenemos la culpa, nosotros somos los que hemos abandonado los dones de la tierra, nosotros somos los que hemos sido infieles. Este tema está subrayado y resaltado en el último verso: “Esperaba de ellos respeto a su ley, y solo encontró asesinatos; justicia, y solo escuchó gritos de dolor”. Israel había abandonado su compromiso con lealtad al pacto descuidando la justicia y la equidad y despreciando la justicia. Nosotros también. Cuando escuchamos esta parábola, el himno de este profeta, la única respuesta es que nos arrepintamos, pidamos perdón, aprendamos a practicar y encarnar la justicia una vez más.

  • ¿Qué tierra exuberante le han dado y descuidado (tanto literal como figurativamente)? ¿Qué uvas agrias ha producido últimamente su comunidad?
  • Además de la confesión general en el Libro de Oración Común, ¿cuáles son otras formas en que nuestras comunidades pueden practicar el arrepentimiento y la confesión por nuestros “derramamientos de sangre” y “gritos”?

Salmo 80: 1-2, 8-18

El salmista nos da una respuesta diferente y posible a la destrucción del viñedo, a la destrucción de su viña. Subyacente a este salmo hay una teología diferente, una forma diferente de ver la propia destrucción de Israel. El profeta Isaías condena el desprecio de Israel por la justicia y la rectitud; debido a sus acciones, la destrucción ha caído sobre ellos. Pero el salmista le pregunta a Dios: ¿Por qué has derribado el muro de la viña? ¿Tienes la culpa de nuestra destrucción? En lugar de ver solo la complicidad de Israel, le preguntan a Dios por qué estuvo involucrado en la destrucción del pueblo. Y aún más, es un llamado a Dios para que vuelva a cuidar la viña y salvar al pueblo de Dios de una mayor ruina.

La perspectiva diferente que ofrece el salmista es muy humana: cuando ocurren tragedias, nos preguntamos por qué la mano de Dios ha estado en contra nuestra. Pedimos que la mano de Dios regrese a nosotros y nos dé vida. Simultáneamente protestamos por la destrucción de nuestro mundo tal como lo conocemos y le pedimos a Dios que esté cerca y nos sostenga. El salmista registra nuestra propia protesta y súplica humana a la luz de un mundo que no es completamente favorable. Al final del salmo, suplicamos por la restauración, por la luz, por la salvación. Dios no tiene la intención de derribar los muros de nuestros viñedos, pero Dios nos ayudará a reconstruirlos.

  • Cuando el mundo, como lo conoce, termina ¿cómo responde usted a Dios? ¿Cómo ha respondido su comunidad? ¿Qué puede aprender del salmista?
  • ¿Qué muros del viñedo se han derribado? ¿Cómo se vería el reconstruirlos?

Hebreos 11: 29-12: 2

Por fe, por fe, por fe... la larga línea de antepasados ​​(ellos y ellas) ​​se desarrolla en este pasaje, declarando las poderosas obras de Dios hechas por medio de su fe. Pero el tiempo dejaría de contar a los demás, dice el autor de la carta a los hebreos.

El tiempo dejaría de hablar de los demás, ¿no es verdad? De aquellos que nos trajeron la fe: madres y padres, hermanas y hermanos, amigos que extendieron una invitación y caminaron con usted en un momento difícil. Tías que revelaron las obras maravillosas de Dios en sus vidas y primos que sostuvieron su mano en silenciosas oraciones bajo el cielo de la noche. El tiempo dejaría de hablar de las páginas del diario llenas de oraciones en nombre de usted y de mí. El tiempo dejaría de contar la manera en que Dios ha utilizado a toda clase de personas en todo tipo de lugares para difundir el reino de Dios. El tiempo dejaría de contar la forma en que Dios continúa liberando y redimiendo y reparando todo lo que ha estado mal. El tiempo dejaría…

Esta gran nube de testigos, los que conocemos personalmente y de los que solo hemos leído, nos están animando. Renunciaron a mucho para que estuviéramos aquí, proclamando la venida del reino, y nos piden mucho: hagan lo mismo por los que les rodean. Escriban entradas de oración para otros en sus diarios, sea el primo que extiende una mano en oración, sea ese padre, madre, hermana o hermano que le cuenta a otros la gloria de Dios. Sea otro, -que el tiempo dejaría de contar-, en nuestro medio.

  • ¿Quién está en su gran nube de testigos?
  • ¿Cuáles son las hazañas de fe que ha visto en su propia vida?

Lucas 12: 49-56

El fuego que Jesús trae es sorprendente para el oyente contemporáneo. Este pasaje gira y circula en torno a la retórica antigua, utilizando hipérboles y pasión, como lo describe el reverendo W. Bentley Manning. ¿Pero no es el fuego una experiencia regular de nuestro caminar de fe? ¿No estamos purgados y limpios por la presencia y la vida de Jesús? Nuestras lealtades se realinean y Jesús nos invita al fuego transformador.

Este fuego no es lo mismo que las técnicas de auto-alivio o auto-actualización. Usted puede perderse bajo sus llamas. Estas chispas se encienden y se propagan en el paisaje del alma, llegando a través de los desiertos de nuestros corazones, limpiándonos de nuestros pecados y lealtades mundanas. El fuego entra en nuestras mentes y renueva nuestra imaginación. El fuego llega, sí, incluso a nuestra vida familiar y política y la cambia. La división de la que habla Jesús es temporal, una muerte inicial. Nos perdemos a nosotros mismos y a las cosas que pensamos que eran nuestras verdaderas vidas, solo para encontrar un manantial de salvación, un bautismo de curación, un Salvador que nos regala la vida eterna.

  • ¿De qué manera el fuego le está purgando en esta temporada?
  • ¿Qué renovación imaginativa espera en su comunidad?

Kellan es seminarista senior en el Seminario de Teología de Sewanee y es de Grand Rapids, Michigan. Antes de mudarse a Tennessee, estudió Religión y Estudios de Género en el Calvin College y trabajó para la Diócesis de Western Michigan como Joven Adulta Misionera. Si no tiene tiempo para leer, le gusta escalar o cocinar con su esposo, Kai, o caminar por el bosque con su perro, Tillie

 
 
 
 
 
 
 

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