Estudio Bíblico: Pentecostés 12 (C) - 1 de septiembre de 2019

September 1, 2019

Episcopal Estudio BiblicoJeremías 2: 4-13

En el segundo capítulo de Jeremías, Dios está presentando un caso contra el pueblo de Jerusalén por extraviarse y recurrir a otros dioses. Sin embargo, lo que me llama la atención en este pasaje es cómo Dios está molesto con ellos por no lamentarse: “No dijeron: '¿No se preocuparon por buscarme a mí que los saqué de Egipto?'” Y algunos versículos más adelante, el profeta dice: “Los sacerdotes no me buscaron”. En otras palabras, la gente dejó de preguntar dónde estaba Dios, y los sacerdotes dejaron de recordarles que lo hicieran.

¡Dios llama la atención sobre el hecho de que la gente ha dejado de quejarse a Dios! Me encanta lo que dice sobre la importancia del lamento: es una parte integral de una relación íntima con Dios. Dios no solo espera sino que incluso desea que expresemos nuestra angustia cuando sentimos que Dios está ausente. El clamor en y por sí mismo es un acto de fe, es un querer alcanzar a Dios. A veces podemos sentirnos culpables por preguntarnos dónde está Dios y querer gritar, pero de hecho, este mismo clamor personifica una fidelidad a la relación.

  • ¿Tiene el lamento un lugar en su vida de oración?
  • ¿Qué gritos de su corazón podría Dios estar deseando que expresase?

Salmo 81: 1, 10-16

Con el salmo, pasamos del lamento al canto de alegría. El salmista relata lo que Dios ha hecho por el pueblo de Dios, sacándolos de la esclavitud y alimentándolos abundantemente en el desierto desolado. La respuesta que uno podría esperar a tal cuidado amoroso es una canción de alegría, y, sin embargo, la gente “anda según su antojo”, olvidándose de cuán presente ha estado Dios.

El último verso de esta selección es particularmente conmovedor: “Pero yo a Israel alimentaría con el mejor trigo, y con la miel de la peña le saciaría”. Esta ternura recuerda el cuidado de Dios por la casa de Israel en el Deuteronomio 32: 11-13: “Como águila que revolotea sobre el nido y anima a sus polluelos a volar, así el Señor extendió sus alas y, tomándolos, los llevó a cuestas. El Señor los guio…Los llevó en marcha triunfal por las regiones altas del país, los alimentó con los frutos del campo, de la roca les dio a beber miel y del duro pedernal les dio aceite”.

En ambos pasajes, uno puede escuchar la disposición de Dios de proteger y cuidar de Israel como una madre cuida de sus hijos con ternura, pero en su distracción el pueblo echa de menos esa mano amorosa extendida hacia ellos.

  • ¿Por qué el “andar según nuestro antojo” (Salmo 81: 12) nos hace pasar por alto o desviarnos del cuidado amoroso que Dios nos ofrece?

Hebreos 13: 1-8, 15-16

En los dos últimos capítulos de la carta a los hebreos, el autor da instrucciones claras sobre cómo caminar en el camino de Cristo. Si uno considera la carta a los hebreos como una exhortación o un sermón, esta es la sección práctica de “cómo hacerlo” para concluir: “No dejen de amarse unos a otros como hermanos. No se olviden de ser amables con los que llegan a su casa... Acuérdense de los presos, como si también ustedes estuvieran presos con ellos. Piensen en los que han sido maltratados, ya que ustedes también pueden pasar por lo  mismo”.

En resumen, estas palabras son un recordatorio de que juntos formamos el Cuerpo de Cristo, y que, en consecuencia, lo que sea que suceda a uno de nosotros individualmente nos sucede a todos colectivamente. El reto es dar forma a nuestras vidas con esta conciencia en mente, vivir activamente como si supiéramos que esto es verdad. Crecer aún más en la conciencia de que nuestro bienestar de estar vinculados a los demás es un patrón de vida que podemos practicar, poco a poco.

  • ¿Cuál es un cambio que puede hacer para encarnar la conciencia de que nuestro bienestar está vinculado a los demás?

Lucas 14: 1, 7-14

En este pasaje, Jesús está cenando en la casa de un líder religioso. El texto señala que los presentes estaban “observándolo de cerca”, pero Jesús también los observa cuidadosamente. Lucas dice que cuando Jesús notó que los invitados estaban eligiendo lugares de honor, decidió hablarles en parábolas. A lo largo del evangelio de Lucas, las parábolas de Jesús sirven para cambiar el pensamiento de sus oyentes al terminar de manera inesperada y ayudar a su audiencia a ver una nueva luz.

Podemos deducir de esta escena que el lugar que ocupa uno a la mesa es importante, al igual que el honor y el estatus. También parece que entonces, como hoy, era tentador pensar que uno solo podía alcanzar el honor y el estatus moviéndose a la cabecera de la mesa y afirmando su lugar. Sin embargo, lo que Jesús aconseja es cambiar la norma y sentarse en el otro extremo de la mesa. Si bien esto va en contra de lo esperado, es una acción poderosa. Después de todo, cuando una persona de estatus ocupa un asiento más bajo a la mesa, está dejando asientos para los que nunca se atreverían a tomar un asiento más alto. Están indicando mediante sus acciones, sin decir una palabra, que valoran a los que podrían considerarse “inferiores”. Jesús les ayuda a ver que el verdadero honor es elevar a los demás y que los que atraen todas las miradas en la habitación tienen una oportunidad única de elevar a los que pasan desapercibidos.

        ● ¿Dónde podría usar su estatus para dejar espacio y elevar otro?​​​​​​

 
 
 
 
 
 
 

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