Estudio Bíblico: Propio 25 (B) - 2012

October 27, 2012

Jeremías 31:7-9

Poco a poco el leccionario está dando un giro hacia los días finales. La temporada después de Pentecostés termina con la visión de Cristo Rey, que viene a dictar sentencia y restaurar el reino de Dios en su plenitud definitiva en la tierra. Apropiadamente, el Adviento comienza con un sentido similar, ya que quedamos a la espera gozosa de la primera y segunda venida de Jesús. El texto de hoy narra la restauración del pueblo de Dios después de los horrores de la destrucción de Jerusalén y del exilio de Babilonia. No sólo a un remanente le será permitido regresar, sino que incluso están incluidos aquellos a los que de otro modo podrían quedarse atrás como los cojos, los ciegos, y las embarazadas. Lo que es más, el Señor afirma ahora un amor paternal por el rebaño disperso, haciendo alusión a una intimidad más profunda que los cristianos más tarde llegarán a experimentar en la Encarnación. La esperanza que este pasaje evoca revitaliza a todos aquellos a quienes se dirige.

Salmo 126

El salmista que escribió estos versos tal vez leyera el texto de Jeremías minutos antes. ¿Cómo experimenta la salvación de Dios a la luz del dolor, la ansiedad y la agitación en su vida y en la vida del mundo? Mientras lloramos, ¿nos acordamos de traer la semilla para la cosecha de la próxima temporada? ¡Qué misterio tan gozoso observar que el agua de nuestras lágrimas riega los campos de nuestra redención curativa!

Hebreos 7:23-28

El término "sacrificio" parece haber desaparecido de nuestro  vocabulario diario, ahora reservado para anuncios sombríos de pérdidas humanas en nuestras guerras de ultramar. Sin embargo, el concepto forma parte integral de nuestra adoración y teología. En el texto anterior, consideramos la diferencia entre los sacrificios diarios del templo de los sumos sacerdotes judíos y el cordero pascual que ha muerto por los pecados del mundo.

La procedencia judía del cristianismo es innegable e ineludible. En lugar de tratar de la tensión dentro del Nuevo Testamento entre judíos y cristianos, o entre los escribas y Jesús, deberíamos estudiar estos textos con un ojo atento y crítico. Tal fue el enfoque que Jesús adoptó, como fiel judío, al enfrentar la teología y las prácticas religiosas de su tiempo. Se preocupaba tanto por las tradiciones de sus antepasados que él buscaba, a través del Espíritu Santo, compartir su relación con el Padre y sus implicaciones con todos aquellos a quienes conoció. Al embarcarnos en una vida de estudio para evitar una predicación y enseñanza antijudías puede ser un sacrificio, pero vale la pena.

Marcos 10:46-52

Como espectador ese día polvoriento, es fácil imaginar la sensación de vergüenza servil cuando Bartimeo hace el ridículo con el fin de captar la atención de Jesús. ¿Jesús lo oyó al primer o segundo grito y siguió caminando? ¿Había otros que competían fuertemente también por un momento de curación? Se da una paradoja aquí: Bartimeo, recién recobrada la vista, sigue la creciente compañía de Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén. Esto aparece, suena y es muy parecido a la visión de Jeremías de retorno y restauración. Sin embargo, las esperanzas de la gente se hacen añicos, ante la brutalidad de la crucifixión. Sólo la resurrección podría convencer a gente tan desesperada que Dios todavía estaba con ellos, y estaría hasta el final de los tiempos.

 
 
 
 
 
 
 

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