Estudio Bíblico: Propio 25 (B) - 2018

October 28, 2018

Job 42:1-6, 10-17

El Libro de Job es una historia clásica, contada con muchos elementos clásicos. Es una historia con un protagonista intachable, pero a quien aún así le llegan los tiempos difíciles, con tres adversarios, y que se resuelve, al fin, de la manera más inesperada que pudiera imaginar el lector. La restauración de las riquezas de Job sucede no solo en cantidades asombrosas, sino a través de una extraordinaria serie de eventos. Job, el héroe, no es que conquiste a Dios para que le restaure su riqueza anterior. Job no es que logre una hazaña de fortaleza en el último segundo, teniendo todo en su contra. No. [no se trata de eso]. Esta historia se destaca porque Job recibe la recompensa de Dios después de humillarse aún más ante Él. Job había sido humillado hasta el punto de derrumbarse, y aun así Job nunca arremete contra el Dios todopoderoso, ni tampoco lo maldice. Más bien, Job confía en el poder de redención de Dios y practica una fe humilde de la manera más inesperada que pudiera imaginar el lector.

Esta forma diferente de contar la historia del héroe clásico no es que sea una muestra típica de lo mejor del espíritu humano, sino más bien del poder que Dios tiene para restaurar. Esta es la historia de Dios, contada a través de la vida de Job. Tan solo nuestra fe en Dios puede producir riquezas que superan la imaginación. La fe en Dios, no en nosotros mismos, es la fuente última de restauración. El último acto de Job antes de su restauración demuestra que nuestra fe y humildad son poderosas: “Después que Job oró por sus amigos, Dios le devolvió su prosperidad anterior”, y eran esos mismos amigos que intentaron convencer a Job de que su vida pecaminosa causó su caída. Job encontró la fe para creer que Dios incluso los restauraría a ellos también, y luego Job se convirtió en el hombre más bendecido de toda la tierra.

  • Al enfrentar tiempos extremadamente difíciles, ¿en qué se concentra usted para mantener fuerte su fe en el poder de Dios?
  • ¿Qué vislumbres de esperanza encontró durante algún momento extremadamente difícil en su vida?

Salmo 34:1-8, (19-22)

El teólogo estadounidense Jonathan Edwards explicó muy bien el hecho de que experimentar a Dios no es como cuando a uno le describen la dulzura de la miel, sino más bien como cuando uno mismo experimenta el sabor de la miel. El Salmo 34 debe haber sido la causa de que a Edwards se le ocurriera este ejemplo. Este salmo está lleno de verbos de acción. Desde lo que debemos hacer: bendecir, glorificar, proclamar, exaltar, buscar, hasta lo que Dios hace: contestar, librar, salvar, abarcar. Luego, en el versículo 8, “Prueben, y vean que el Señor es bueno”.

Gustar, [saborear], puede ser una acción arriesgada, pero realmente no hay acción que la remplace. Podemos mirar y olfatear todo lo que queramos, pero nuestras papilas gustativas serán la única medida real de la dulzura, de la salinidad y de otras maneras de informarnos si un alimento es aceptable o no. Y puesto que lo que nos entra en la boca debe ser vivificante y no peligroso, hay mucho en juego. En este salmo, se nos alienta a dar un arriesgado salto de fe, y permitir que Dios entre como sustento que da vida. ¡El Señor es bueno, rebosante de energía y deleite, como la dulce miel!

  • ¿Diría usted que usted es un evangélico? ¿Qué es lo que hace difícil, o arriesgado, proclamar la bondad de Dios en nuestro lenguaje cotidiano? Así mismo, ¿qué es lo que lo hace fácil?
  • Cuando usted experimenta plenamente la presencia de Dios hoy, como probar la miel, ¿cuáles son las recompensas reales que usted experimenta?

Hebreos 7:23-28

Esta sí que debe haber sido una difícil tarea en los primeros cien años del cristianismo: convencer a los judíos devotos, de los cuales Jesús de Nazaret era uno de ellos, de que el Mesías realmente ya había llegado y se había ido. Muchos devotos adherentes a la ley hebrea vivieron durante los años de Jesús, sin saber que el Mesías caminó por la tierra en algún lugar lejano, o incluso cercano (o incluso justo delante de ellos). Los primeros apóstoles de Jesús tenían que tratar de convencer a mucha gente.

En este pasaje, se argumenta que Jesús sirve como un nuevo sacerdote y, además, eternamente. El poder de la muerte y la resurrección de Jesús para llegar a cambiar tanto una práctica fiel [establecida] debe haber sido muy difícil de escuchar, y ¡ni hablar de adoptarlo! Y es así como durante cientos de años, esa sigue siendo la tarea cristiana: difundir el mensaje de que hubo un hombre, nacido de Dios, completamente divino y al mismo tiempo completamente humano, que siempre será el sacerdote de usted, y mucho, mucho más. La profecía de Isaías 53 se ha cumplido, de manera tan real, como saber que usted y yo ahora estamos hablando. Jesús vino a ser el Mesías, ungido como el más grandioso Sumo Sacerdote, y aún lo es.

  • ¿Para qué recurre usted a su sacerdote? ¿Cuál es el papel principal que desempeña ese sacerdote?
  • ¿De qué maneras Jesús es también un sacerdote para usted?

Marcos 10:46-52

En esta breve mirada al ministerio de sanidad de Jesús, un mendigo ciego comienza por estar sentado al lado del camino, luego termina de pie, siguiendo a Jesús. ¿Es esta la transformación que Jesús nos ofrece también? Tal vez sea así, pero en la mitad de este pasaje está la clave. Tenemos que invocar el santo nombre de Jesús [con] más [intensidad] que a todos los demás que pasan por donde nos sentamos, porque Jesús es el que tiene el poder de curación. El mendigo ciego lo sabía, y dijo: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”. Solo lo haría si tuviera fe en que Jesús podría darle lo que más necesitaba. Por eso, su propia fe resultó ser la curación.

  • ¿Para qué milagro sanador llamaría usted a Jesús si él caminara por donde se sentó usted hoy?
  • ¿Qué fue lo primero que le inspiró a seguir a Jesús? ¿Qué ha seguido inspirándolo a seguir a Jesús?

 
 
 
 
 
 
 

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