Cuaresma 1 (C) – 2010

February 21, 2010

Con el Miércoles de Ceniza y el primer domingo de cuaresma se inicia el camino cuaresmal hacia la pascua. Entramos en este tiempo de preparación para la pascua y de meditación para apreciar y profesar mejor nuestra fe.

Las lecturas de hoy nos ofrecen varios consejos a considerar. Tenemos que aprovechar este tiempo de meditación y usar las escrituras para enriquecer nuestra fe y llegar a la pascua con un corazón abierto a Dios. Con esa fe y la bendición de la salvación podremos proclamar el misterio de nuestra fe: Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá. Para proclamar este misterio después de cuarenta días de meditación las lecturas de hoy nos ofrecen tres consejos: dar gracias, tener fe y mantenernos llenos del Espíritu Santo.

En la primera lectura, Moisés ordena al pueblo de Dios: “…harás fiesta por todos los bienes que el Señor tu Dios te ha dado a ti y a tu familia” (Dt 26:26:11). Debemos estar agradecidos y darle gracias a Dios todos los días del año por todas las bendiciones que nos ha dado. Durante la cuaresma muchos nos enfocamos en las cosas malas que hacemos o en las cosas que quisiéramos cambiar. Gastamos demasiado tiempo pensando que durante cuarenta días no vamos a tomar bebidas alcohólicas o a comer chocolate o a decir malas palabras. Aunque nos enfocamos en lo negativo con buenas intenciones ese enfoque nos impide pensar en las cosas positivas que podríamos hacer para enriquecer nuestra fe. En vez de pensar en lo que vamos a renunciar, sería mejor pensar en lo que podemos hacer para abrir nuestro corazón a Jesús y afirmar nuestra fe en su ministerio y en las bendiciones que nos da todos los días.

Hay que reconocer también que, con un corazón agradecido, pudiéramos ser más conscientes de los movimientos del Espíritu Santo y sentir la presencia de Dios en esas cosas pequeñas que, con frecuencia, suceden sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, descuidamos una sonrisa o una palabra amable de algún desconocido, una cortesía o una mano extendida cuando menos lo esperábamos.

De esto se trata la cuaresma, de que prestemos más atención a los movimientos del Espíritu Santo y de saber que Dios está siempre con nosotros en los acontecimientos diarios. Meditemos pues, ¿qué podemos hacer para ser más conscientes de la presencia de Dios en nosotros y en torno nuestro? Tomemos estos cuarenta días no para probar que sí podemos vivir sin el chocolate o cualquier otro apetito. Mejor es tomarlos para confirmar que el Espíritu Santo sí vive dentro de nosotros y sí está presente en nuestras vidas.

El evangelio de hoy trata de los cuarenta días que pasa Jesús en el desierto. Conocemos bien los elementos básicos de esta historia: Jesús entra en el desierto y Satanás lo tienta tres veces. Durante su ministerio Jesús nos da lecciones con el ejemplo de su vida. La tentación de Jesús en el desierto sirve para educarnos en lo que es vivir una vida Cristiana a pesar de las tentaciones.

Nuestra vida como cristianos comienza en el bautismo. Y así como descendió el Espíritu Santo sobre Jesús en su bautismo, también bajó sobre nosotros en nuestro bautismo ungiéndonos como elegidos de Dios. Algunas de las lecciones que podemos aprender de Jesús las encontramos en lo que sucede después de su bautismo. El evangelio nos recuerda que inmediatamente después de su bautismo Jesús entró en el desierto lleno del Espíritu Santo. Ese ejemplo sirve como una metáfora para nuestras vidas. Después del bautismo, después del bolo y de la fiesta con los padrinos, al igual que después de nuestra confirmación en donde reafirmamos los votos bautismales, debemos de vivir nuestras vidas llenos del Espíritu Santo. Sólo así podremos superar las tentaciones de la vida. El reto para nosotros, durante toda la vida, al seguir el ejemplo de Jesús es: ¿cómo podremos vivir nuestras vidas llenos del Espíritu Santo?

Las lecturas de hoy nos ayudan a aprender cómo enfrentarnos a ese reto. La primera lectura nos anima a estar agradecidos por las bendiciones de Dios en las cosas grandes y pequeñas. La segunda nos recuerda que los que invocan el nombre de Jesús y confían en él alcanzarán la salvación y no quedarán defraudados. Esas palabras nos dan la esperanza de que sí podemos mantenernos llenos del Espíritu Santo y con la gracia de Dios podremos superar cualquiera tentación. Sólo tenemos que invocar el nombre de Jesucristo y seremos salvos para poder alcanzar el reino de Dios y libres de las tentaciones de este mundo.

Otra lección que aprendemos de las respuestas de Jesús a Satanás es que no sólo de pan vive el hombre. En la segunda respuesta a Satanás, Jesús nos advierte que no debemos tener ídolos como el poder, el dinero, el egoísmo y los vicios. No debemos adorar las cosas de este mundo.

La tercera tentación es que no debemos poner a prueba al Señor, nuestro Dios. No debemos hacer oraciones como: “Dios, si haces esto para mí, entonces yo haré esto para ti”. Al contrario debemos pedirle a Dios que nos guíe con su Espíritu Santo para discernir su voluntad y tener la fuerza para cumplir nuestros deberes.

O Dios, danos el don de tu Espíritu, para que conozcamos a Cristo y le manifestemos; y que, por medio de él, te demos gracias en todo tiempo, en todo lugar y por todas las cosas.

 
 
 
 
 
 
 

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