Epifanía 5 (C) – 2010

February 7, 2010

Una de las frases que el obispo Leo Frade usa frecuentemente en sus visitas parroquiales en la Diócesis del Sureste de Florida es: “Los pastores no crean ovejas; son las ovejas las que crean ovejas”. Lo que está tratando de comunicar es que el crecimiento de la Iglesia no depende única o principalmente del trabajo del pastor sino, más bien, del trabajo y ejemplo diario de los que ya son cristianos y que pertenecen a un redil. Aunque los pastores pueden guiar y enseñar a través de la predicación y la formación cristiana, son los miembros de la congregación los que, con sus vidas y ejemplos, pueden más fácilmente atraer a otros. En otras palabras, por medio del evangelismo. Y lo hacen en la manera en que viven diariamente sus compromisos cristianos y sus votos bautismales.

La palabra “evangelismo” no se ha usado mucho en nuestras iglesias. Seguimos pensando que lo único que necesitamos para atraer nuevos miembros es colgar un anuncio con la hora del culto dominical en frente de nuestros edificios. Y aunque esto es importante y fundamental, no es el único medio que tenemos para evangelizar.

La palabra evangelismo tiene su raíz en la palabra griega, ‘euangelion’ que es una combinación de otras dos: ‘eu’ que significa “bueno” y ‘angelion’ que significa “mensaje”. El evangelismo es la proclamación del ‘buen mensaje’ o de la ‘buena noticia’. La proclamación se hace con las palabras de las Sagradas Escrituras al igual que en la manera como vivimos nuestra vidas cristianas en el mundo. San Francisco de Asís, aconsejaba a sus hermanos diciéndoles: “Prediquen el evangelio por doquier, y si es necesario usen palabras”. San Francisco reconoció que aunque las palabras son muy importantes para la proclamación del evangelio, el ejemplo que podemos dar con nuestras vidas es todavía mucho más poderoso y eficaz. El ejemplo o trabajo que hagamos a favor de la proclamación del evangelio no tendrá fruto si no está basado y cimentado en una vida de oración y en una relación personal con Jesucristo como nuestro Salvador.

En el evangelio de hoy vemos que los apóstoles estaban frustrados porque se pasaron muchas horas trabajando como pescadores pero sin ningún éxito. Cuando Jesús le dice a Pedro: “Lleva la barca hacia aguas más profundas y echa allí las redes para pescar”, Pedro le responde: “Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada”. Lo que Pedro, y quizás mucho de nosotros no reconocemos es que nuestros esfuerzos como evangelistas son en vano si otros no ven la imagen de Jesucristo en nosotros.

Hasta el mismo san Pedro reconoció que el trabajo era en vano si uno no estaba comprometido con Cristo. En el evangelio de san Juan, Pedro le contesta a Jesucristo: “¿Señor, a dónde podemos ir? Tú tienes las palabras que conducen a la vida eterna”.

El evangelio de hoy nos recuerda que la Iglesia no crecerá sin el trabajo y el ejemplo de sus miembros. También nos recuerda que el trabajo y el ejemplo de sus miembros tendrán validez cristiana cuando se lleva acabo en oración buscando la voluntad de Dios por medio de Jesucristo. Sin Jesús en nuestras vidas, nuestros esfuerzos son en vano. Con Jesús en nuestras vidas, la cosecha será inmensa.

Y si ya las palabras del evangelio de hoy no fueran más que suficiente, san Pablo en sus amonestaciones a los corintios y nos dice:

“Ahora, hermanos y hermanas, quiero recordarles del evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano. Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo. En fin, ya sea que se trate de mí o de ellos, esto es lo que predicamos, y esto es lo que ustedes han creído” (1Cor 15:1-11).

Pablo reconoció que sin la gracia de Dios no podía hacer el trabajo y lograr la cosecha que realizó durante su ministerio tan fructífero.

Así que hoy les invito a que sigan creciendo en sus relaciones personales con Jesucristo nuestro Señor. Que le inviten diariamente a sus vidas y sus hogares. Que traten diariamente de seguir su ejemplo de amor a Dios y al prójimo. Que sea su compañero en su peregrinaje diario. Y si son fervientes en todo eso verán que muchos darán sus vidas a Jesucristo al escuchar lo que sale de sus bocas y observar como viven sus vidas.

Mi oración para todos nosotros es que la presencia del Señor Jesucristo siga creciendo y siendo más evidente en nuestras vidas; que nuestras obras no contradigan nuestras palabras; y que mediante nuestro testimonio muchos más lleguen a conocer a Jesucristo y nos ayuden en la grandísima pesca que todavía nos espera.

 
 
 
 
 
 
 

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