Miércoles de Ceniza - 2016

February 10, 2016

Hoy la Iglesia nos ofrece una invitación especial. Recibimos una invitación para observar una santa Cuaresma.

Hoy nos marcamos con cenizas. Las cenizas han sido un símbolo de penitencia y duelo desde los tiempos bíblicos. Cuando Job sufrió de enfermedad y perdió a su familia, se sentó en las cenizas y se las echó por encima. Hoy, esas cenizas nos recuerdan de la necesidad de detenernos para reflexionar sobre nuestra vida y buscar la voz de Dios en ella.

Hoy escuchamos en las lecturas y oraciones lo que es vivir la santa Cuaresma. En tiempos pasados, la Iglesia la observaba como preparación de los candidatos para el Santo Bautismo. Esta estación de penitencia, también volvía a reunir a la gente que había sido separada de la comunidad por haber quebrantado su confianza con sus malas decisiones. Eran reunidos a la comunidad después de pedirles perdón y recibir la absolución de la comunidad. Desde de esa época, en las generaciones siguientes, y en estos tiempos, hemos continuado algunas de estas prácticas de una forma u otra durante este tiempo cuaresmal.

Se nos invita a recibir la bondad y la gracia que viene de las disciplinas y oraciones que nos dan la esperanza de reunirnos con Dios y con el resto de la comunidad. Escuchemos algunas prácticas especificas que nos ofrecen las palabras de Jesús para vivir esta santa Cuaresma.

Contemplemos parte del capítulo seis del evangelio según San Mateo. En esta parte, Jesús se encuentra en medio del sermón de la montaña. Él nos da instrucciones importantes para que practiquemos las siguientes disciplinas: la generosidad, la oración, 
y el ayuno. Es importante notar la forma en que nos dio sus instrucciones. Escuchen lo que dijo: “Por eso, cuando ayudes a los necesitados…” y “Cuando ustedes oren…” y “Cuando ustedes ayunen…”

Parte de vivir la vida cristiana es practicar y crear un hábito de estas disciplinas de generosidad, oración, y ayuno. Jesús no está diciendo, “Cuando ustedes decidan ayudar a los necesitados…” ¡No! Jesús comienza expresando su expectativa de que nosotros estemos practicando la generosidad, la oración y el ayuno en nuestra vida diaria.

Sobre la generosidad, Jesús nos dice mucho en los evangelios. Jesús nos enseña que todos nosotros estamos interconectados, y que es importante escuchar las necesidades del otro y responder a esas necesidades con amor.

¿Por qué? Porque es el deseo de Dios que los que tienen hambre sean alimentados por el pueblo de Dios, que los que tienen sed, reciban agua viva del pueblo de Dios. Es el deseo de Dios que los que están desnudos sean arropados por el pueblo de Dios. Los que están solos y encarcelados, reciban el abrazo del pueblo de Dios. Nosotros somos ese pueblo de Dios.

Jesús nos dice que cada vez que hemos alimentado al vecino, vestido al desnudo o visitado al enfermo y les hemos ofrecido hospitalidad, lo hemos conocido a Él. Porque Jesús está en el otro como Jesús está en nosotros.

También, en este sermón de la montaña hoy, escuchamos lo que nos dice Jesús sobre la oración. Él nos recuerda que la oración es comunicación con Dios. Jesús nos dice que orar en público para llamar la atención de las multitudes o para el aplauso nos distrae. Recuerda que esto es diferente a orar en grupo. Si nos enfocamos en nuestros propios pensamientos y deseos de llamar la atención durante la oración, no vamos a poder elevar sinceramente nuestras plegarias a Dios, ni tampoco vamos a poder escuchar la respuesta de Dios.

Sobre la oración, Jesús nos instruye a buscar un sitio como nuestro cuarto y cerrar la puerta. Un lugar privado, donde no interfieran las distracciones cotidianas. Hermanos y hermanas, ¿dónde puedan orar sin distracciones? Si está trabajando mucho o es difícil encontrar un espacio solitario para sus oraciones, ¿pueden crear este espacio en otro lugar? Recuerden a Jesús cuando él oraba. Él caminaba a varios lugares apartados, como la montaña o al jardín y lejos de la multitud donde podía tener un encuentro con Dios, su padre. Después de encontrar el espacio y cerrar la puerta, Jesús nos dice algo simple. Escucha. Comunica. Escucha a Dios, en el silencio. Comunica tus plegarias, tus dolores, tus alegrías, tus alabanzas, tus esperanzas, tus preguntas, y tus dudas. Y luego escucha el suave murmullo, la voz divina. La respuesta de Dios.

Finalmente, en el evangelio de hoy, Jesús habla sobre el ayuno. La disciplina de ayunar puede ser diferente para cada uno de nosotros, pero incluye el acto de abstenerse de comer parcial o totalmente. El propósito del ayuno es centrarnos más en Dios y en el reino de Dios y no en las cosas que nos apartan de Dios. Recuerden que Cristo ayunó por cuarenta días en el desierto. Escuchamos en la escritura, que el ayuno nos equipa para vivir centrados en Dios.

Durante este tiempo de Cuaresma, algunas personas se abstienen de comer en días especiales como en Viernes Santo; otras se abstienen los viernes. Otras deciden dejar de lado lo que les da más placer. Cada uno decide lo que es mejor para sentirse más cerca de Dios y el Reino de los Cielos.

Si van a abstenerse de una clase de comida, pueden substituir sus deseos por esa comida, por la oración y la contemplación en Cristo. También, recuerden que el propósito del ayuno no es hacer dieta. Nuestro sacrificio al ayunar no es para llamar la atención del mundo, sino para fortalecer la relación íntima que tenemos con Dios.

¿Cuándo has sentido que Dios te alimenta? ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste ese murmullo—la voz divina? ¿Cuándo has necesitado a Dios como tu cuerpo necesita el alimento y el agua?

Durante estos cuarenta días, permanezcamos en estas preguntas. Seamos los pies y las manos de Cristo. Escuchemos la voz de Dios en los más vulnerables cuando les servimos con amor. Vivamos el hambre y la sed de justicia. Ofrezcámonos como instrumentos del amor, la paz y la esperanza que viene del Cristo resucitado.

 
 
 
 
 
 
 

Contacto