Navidad 2 - 2010

January 3, 2010

La lectura del evangelio de san Mateo designada para hoy es una hermosa narración evangélica que recrea escenas del Antiguo Testamento. El pasaje nos enfoca en el tema principal del texto: la salvación es para todos. El evangelista une al relato detalles tales como la referencia al nacimiento de Moisés que escapó de la matanza, igual que Jesús se libró del asesinato masivo de los inocentes de manos de Herodes. Así también lo es la profecía de Balaam o la estrella de Jacob evocada en la estrella que orienta a los magos hacia el recién nacido, el Emmanuel, el Dios-con nosotros. El texto también hace referencia a Salomón que con sabiduría atrae a la reina de Saba, como ahora son atraídos los reyes magos de oriente.

Lo esencial del evangelio de Mateo es destacar la manifestación de Cristo como la salvación de Dios para los gentiles. Esa representación se manifiesta en los magos del oriente. Aunque la salvación es tanto para los judíos como para los gentiles, el contraste se da entre la apertura de la salvación a todos los pueblos y la repulsa del Mesías por parte de los judíos: Herodes, los sumos pontífices, los letrados y todo el pueblo sobresaltado.

Los magos de oriente representan al conglomerado excluido, a quienes todavía no ha llegado el mensaje salvífico de Dios. Fuera de los judíos, el resto del mundo se había quedado sediento y hambriento del Pan-Jesús. Están necesitados de las bendiciones divinas, dada su marginación. Los gentiles aparentemente desconocen que Dios está cerca y muy pendiente de sus vidas. Desconocían que Dios prodiga amor en abundancia a todos aquellos de buena voluntad. Los magos de oriente representan a todas las personas excluidas de la sociedad por diversas circunstancias. A ellas tenemos que hacer llegar la Palabra de Dios, predicada y practicada por nosotros con acciones concretas que brotan del amor. Como cristianos y miembros de la comunidad cristiana esa tarea nos toca como consecuencia de nuestros votos bautismales. El texto de San Mateo nos invita a recordar que Jesús nació y murió por todos, y no por algunos en particular.

Los magos de oriente traen consigo regalos para el recién nacido: oro, incienso y mirra. Esos son los regalos que se ofrecían a un rey. Jesús es el rey y Señor de todo. Él es la Palabra de Dios encarnada en la humanidad; sumergida en la realidad humana. Jesús es el Dios humanado. Él es Aquel que rompió lo que separaba el ser humano de Dios. Con el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús, Dios nos da el medio para reestablecer una relación con Él. En Jesucristo Dios está con nosotros. Como afirma Juan en su evangelio, Jesús es el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros. Por él todo fue hecho. Los magos de oriente reconocen que aquel niño recostado en el pesebre, arrullado por su madre y abrigado por el buey y la mula, es el Rey del universo. En son de su posición de rey, los magos le traen regalos conforme a su dignidad.

Hoy día la reacción de quien descubre a Jesús, desborda sobe su majestad todo lo que es, todo lo que tiene, toda su realidad. La conversión de una persona a Cristo implica el reconocimiento del amor, misericordia y grandeza de Dios. A él se vuelca toda la vida, toda la atención, todos los proyectos y todo el futuro para así permitir a Dios que haga su voluntad. Nos desnudamos, como Francisco de Asís para llenarnos de sabiduría divina y comenzar un nuevo sendero. Millones de personas se preguntan con los magos de oriente: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”, y buscan afanosamente a Jesús a veces sin respuesta. Muchos esperan ver el mensaje vivo de Jesús en nuestro testimonio de vida.

La estrella que orienta a los magos, es un elemento que indica la realidad mesiánica de Jesús. La estrella envuelve en sí un signo de la participación de toda la obra creadora y del plan salvífico de Dios. Es la estrella de Jacob y de David la que nos recuerda nuestros pecados contra la obra de Dios. Hemos realizado toda clase de vejámenes, de atropellos y despropósitos contra Dios y nuestro prójimo. La estrella nos recuerda los ríos, mares, montanas, valles y lagos que arbitrariamente hemos contaminado. Es un llamado a ser más responsables con los recursos que tenemos a mano; respetarlos para que en el futuro otros se beneficien de ellos. El evangelio de San Marcos es un llamado a ser responsables con nuestro planeta del cual no somos dueños sino solamente administradores.

Aquí, hermanos y hermanas en Jesucristo, el mensaje del pasaje de Mateo nos llama a la reflexión de nuestro papel de continuadores en la gran obra creadora de Dios. El evangelista nos recuerda que la salvación ha sido dada a todos por igual y que no podemos encerrarla en una Iglesia o denominación para favorecer a unos pocos. La salvación ha sido dada por Dios en su Hijo para todos aquellos que se sientan pecadores y necesitados del amor, perdón y misericordia de Dios. Por eso, no podemos excluir a nadie cuando la salvación es incluyente. No podemos discriminar cuando la obra salvífica de Dios es abrazadora y amorosa.

Jesús se manifestó a los magos de oriente, a gentiles incrédulos para enviar un mensaje de solidaridad a todos los desposeídos de la tierra. Pero también es una señal clara para aquellos que nunca la querrán recibir ya que la Palabra vino al mundo y no la recibieron. Dios quiera que los que estamos aquí acatemos el mensaje del evangelista san Mateo y permitimos que Dios, por Jesucristo, nos ayude a encarrilar nuestras vidas por el sendero de la justicia, la paz, el amor y la armonía.

 
 
 
 
 
 
 

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