Navidad (I) – 2010

December 25, 2010

Hoy es una noche de celebración, gloria y alabanza en el universo. Estamos conmemorando el nacimiento de Jesús, el Mesías esperado a lo largo del tiempo. Sin embargo, permitidme unas aclaraciones previas para entender bien las lecturas que hemos leído.

Este pasaje del evangelio de san Lucas, es un recurso narrativo del escritor sagrado para ajustar el acontecimiento a las profecías, a las condiciones y circunstancias en que estaba escrito debía nacer el Mesías.

Solamente los evangelistas Mateo y Lucas hablan de Belén como el lugar de nacimiento de Jesús. Pero sus relatos no coinciden, mas bien difieren en algunos aspectos. Es por ejemplo extraño que José tomara la iniciativa del viaje a Belén motivado por el edicto del censo, cuando se sabe que la práctica romana exigía hacerlo en el lugar de residencia.
Además un viaje de éstos suponía hacer un trayecto de unos 160 kilómetros de camino hechos a pie o en cabalgadura, lo que supone la realización de no pocas jornadas de penoso viaje, que en las condiciones de embarazo de María, no eran aconsejables.

En fin, todo esto apunta a que Lucas conocía el censo y lo utilizó para sus propósitos, teniendo en cuenta la importancia que le daban los judíos al clan de origen, según el cual José era de la estirpe de David, y Belén era considerada la ciudad de origen de éste.

Al margen de estos detalles, el nacimiento de Jesús, da cumplimiento a la promesa de un salvador, tejida a lo largo de los rollos de la antigua ley en narraciones y profecías del pueblo de Israel.

Así las cosas, tenemos que: Hay unas razones para un viaje. Se da un suceso: el nacimiento de Jesús, hijo primogénito de María y José. Hay un anuncio del cielo con caracteres cósmicos a unos pastores en el campo. Se da una reacción en la tierra: los pastores confirman el anuncio y creen. Se presenta sorpresa, reflexión y alabanza.

¡Esta es la buena noticia anunciada por Dios al universo y comunicada por sus ángeles a unos pastores en los campos de Belén en una noche luminosa! “¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres amados por él!” Este es el contexto de un acontecimiento en la plenitud del tiempo. Suceso que divide la historia de la humanidad y desde entonces nos colma de esperanza y de confianza en Dios.

En el marco de la tradicional sobriedad de estilo de los evangelios, Lucas nos trasmite lo que en términos de comunicación moderna, reporteros, noticieros y diarios nos presentarían como una noticia espectacular, jamás presenciada por el ser humano.

Pues bien, en la perspectiva de nuestra fe, de nuestra historia de liberación y el cumplimiento de la promesa de misericordia, así habría que calificar este nacimiento, cumplido paradójicamente en contravía del estilo de las monarquías y la aristocracia actuales.

El Hijo de Dios nacido en una pesebrera, envuelto en pañales a la usanza semita, con la ternura de una madre joven sometida libremente al misterioso designio de Dios. El Hijo de Dios, colocado en un pesebre, protegido y asistido paternalmente por un hombre bueno, plegado también a la voluntad divina, después de dudas y sueños. ¡Vaya manera de nacer el Hijo de Dios! ¡Así tenía que ser!

Como lo celebramos hoy, se lo debemos al empeño de Francisco de Asís, quien en el Medievo, alrededor del año 1200, “inventó” el pesebre, natividad o nacimiento, como le llamamos hoy y tan profundo significado ha alcanzado especialmente en la cultura hispana.

Hoy, como aquella noche, una buena noticia nos es dada. Preguntémonos qué sentido tiene para nosotros. El nacimiento del Hijo de Dios, ¿impacta nuestras vidas y nuestros vecindarios en la perspectiva de la fe?

El pesebre, como una ayuda didáctica, debe servirnos para que experimentemos a Dios, como alguien humilde y cercano, que quiere nacer en nosotros y permanecer en nuestras vidas sencillas y desprovistas de riquezas.

Preguntémonos: ¿Cómo quiere Dios que le acojamos en nuestras vidas? ¿Cómo le acogieron María, José y los pastores? ¿Una noche en las afueras del pueblo de Belén, o en medio de pompa y lujosas celebraciones al estilo de nuestra cultura moderna?

Con humildad, con fe profunda, con una actitud de apertura sincera y espontánea dispongámonos a celebrar este nacimiento. No como una navidad más, perdidos en el ruido de una fiesta, sino experimentando la bondad de su nacimiento en nuestros corazones, la luz de su estrella en nuestras vidas, y la alegría serena del canto de los ángeles en nuestro ser.

Que el “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que él ama”, podamos cantarlo viviéndolo entrañablemente, saliendo melodiosamente de nuestras gargantas y proclamando: “Gloria y alabanza a Dios en el universo y paz y bendiciones divinas para todos los seres humanos que somos objeto del amor de Dios”.

La visión que Dios nos regala en esta Navidad está enraizada en nuestras vidas sencillas, colmadas de dificultades y en medio de nuestra pobreza y nuestras fragilidades. Pero rebosantes de fe, de esperanza y de confianza en él por el amor de Jesús, niño, recostado en el pesebre de Belén.

Que este canto de alabanza, sea un canto de comunión con el Dios frágil e indefenso que se nos entrega en su Hijo Jesucristo en el pesebre de Belén.

Una comunión que nos llene de entusiasmo como la Buena Noticia colmó a los pastores aquella noche, y como a ellos, nos motive a caminar hacia él alegre y confiadamente, sin distinciones de origen o cultura. Porque en la noche de Belén Dios se reveló a todas las personas, hombres y mujeres, de todas las condiciones, para decirnos que ya su Hijo estaba entre nosotros, que se había cumplido el tiempo de la promesa, que comenzaba una nueva etapa de salvación en la historia.

Acerquémonos con verdadera sencillez, con profunda mansedumbre, con infinito amor y ternura a aquel niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre, al cuidado de María y José, abrigado por el calor de algunos animales y aceptado espontáneamente por unos pastores a quienes fuera anunciado su nacimiento.

El tiempo de nuestra salvación se ha cumplido, demos efusivas y alegres gracias a Dios por el amor de su Hijo Jesucristo. Que así sea. ¡Feliz Navidad! ¡Felices Pascuas!

 
 
 
 
 
 
 

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