Navidad (I) – 2013

December 25, 2013

¡Feliz Navidad a todos!

Cada año la abuelita llevaba a su nieta a ver el “nacimiento” o  “belén” que ponían en un parque de la vecindad. En esta ocasión, la nieta ya tenía unos siete años y, como típica niña a esa edad, opinaba libremente sobre todo lo que observaba. La abuelita le hizo el mismo cuento de siempre. La señora le contaba a su nieta con muchos detalles todo sobre el nacimiento de Jesús; los pastores y los ángeles, la estrella, los animales en el pesebre, los Reyes Magos, la Virgen María y san José. No se le escapaba un solo detalle.  La niña miró a su abuelita y le dijo: “Dime abuela, ¿por qué el niño Jesús no crece y cada año lo vemos del mismo tamaño?

Hermanos, hoy celebramos un acontecimiento muy muy grande. Es mucho más grande de lo que la mente humana puede imaginar: nuestro Dios se hizo humano, el misterio de la encarnación.

La palabra de Dios nos presenta el gran anuncio de los profetas y el anhelo del Mesías por parte del pueblo de Israel en Isaías. Además, vemos en la carta a Tito, cómo el mensaje de la salvación no pertenece a un solo pueblo, sino que es un don gratuito de Dios para toda la humanidad y cómo san Pablo aseguraba a Tito la importancia de anunciar la esperanza de la salvación en todos los rincones de la tierra. Por eso hoy celebramos con alegría que Dios envió a su único hijo para la salvación de todos nosotros.

Sin embargo, cuando miramos alrededor, nos damos cuenta que para muchos cristianos, Dios se ha quedado realmente muy pequeño. Parece que Dios no crece en nosotros, porque no hemos podido descifrar y permitir que nuestros corazones reciban la plenitud de lo que significa la encarnación – el Emanuel – el misterio del Dios-con-nosotros.

Hacemos todo lo posible por tener un Dios lejano, un Dios antiséptico (como el Listerine), y al final, un Dios pequeño en el cual no existe la capacidad de entender la fragilidad humana, ni puede saber mucho sobre nuestro sufrimiento humano. Hacemos todo lo posible por presentar un Dios fuerte y omnipotente, pero muy fácilmente olvidamos al Dios del pesebre – el mismo que después creció, murió y sufrió en la cruz – pues parece ser que nos incomoda un poco la realidad de que Jesús fuera realmente Dios y hombre verdadero. Olvidamos que es un Dios grande que compartió en todo nuestra naturaleza humana, menos en el pecado.

¿Por qué queremos un Dios pequeño, si nuestro Dios es grande? ¿Por qué gastamos tanta energía rechazando a los seres humanos que no piensan como nosotros, no tienen la misma raza o color de piel o que tienen alguna diferencia que nosotros aún no sabemos entender o respetar? ¿Por qué permitimos que se presente una imagen falsa – por supuesto usando siempre la Biblia – para discriminar y excluir a seres humanos?  Estoy convencido de que todo eso pasa, porque no ha llegado a nuestro corazón lo que significa la encarnación, el misterio del Dios que se hizo realmente pequeño, para que tú y yo fuéramos realmente más grandes.

Hoy celebramos la primera liturgia de Navidad, pero Navidad no es un solo día. Navidad la podemos celebrar cada día que permitimos que Dios nazca y crezca en nosotros. Navidad es una oportunidad para decir como los ángeles: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz…”

Dios nos ha tendido un puente real y fuerte, una conexión entre cielo y tierra que es su propio hijo. Tenemos un Salvador que debemos anunciar con entusiasmo y alegría. Que no se nos conozca como a las personas “religiosas” aburridas del barrio, ni “santurrones”, sino como los que somos capaces de dar testimonio con nuestras obras y palabras de la grandeza de nuestro Dios. ¡Eso es Navidad!

La buena noticia es que no tenemos que tener miedo, como nos dice el evangelio proclamado hoy. No tengamos miedo y permitamos que el Niño Dios pequeño crezca mucho en nosotros y que todos conozcan lo grande que es nuestro Dios mediante la grandeza de nuestra apertura, nuestra compasión y nuestro amor incondicional hacia los demás. De esa manera, todos sabrán, que el Niño si creció y que su amor sigue creciendo en nosotros. ¡Feliz Navidad!

 
 
 
 
 
 
 

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