Pascua 4 (C) - 12 de mayo de 2019

May 12, 2019

Episcopal Pascua 4 Sermon¡Feliz Pascua de Resurrección! Seguimos en tiempo de Pascua hasta el día de Pentecostés, y hoy, en el cuarto domingo, conocido como el del Buen Pastor, celebramos que en Jesús tenemos un Pastor bueno. Leemos sobre su amor, cariño, cuidado y llamado. Las lecturas de este día tratan del gran amor que Dios nos tiene. Cuando leemos estos pasajes recordamos que la Palabra es para cada persona, y que no hay nadie que pueda ser separardo del amor de Dios, que nadie puede ser privado de su protección.

De esta forma, en las lecturas vemos primeramente a Dorcas, mujer que pasaba su vida haciendo el bien y ayudando a los necesitados. Ella se enfermó y murió. Dorcas, obviamente, era muy importante para el pueblo y por ello toda la gente estaba muy triste; así que Dios envió a Pedro para recobrarle la vida: ¡Qué gran milagro! La lectura dice que Pedro le dijo a Dorcas, ¡levántate! Y porque ella vivió, muchas personas creyeron en Dios.

Así pasa muchas veces: creemos porque vemos un milagro. Tal vez es por eso que Dios hace milagros, para que los contemos y ayudemos con ello a otros a creer en su poder. Quizá necesitamos de ese poder milagroso en algunos momentos de nuestras vidas. Y Dios dice a esa parte de nuestras vidas que parece muerta o decaída: ¡levántate! Hay sueños que parecen muertos, metas aparentemente inalcanzables, situaciones imposibles, pero él tiene el poder para hacer el milagro. Y una vez lo hace, es nuestro deber como testigos de las buenas nuevas y portadores de amor y bendición, contarlo para que muchas personas crean en Dios.

El Salmo 23 nos dice que nada nos faltará porque el Señor es nuestro Pastor. Ésta es una promesa para todo el mundo. Así como puede hacer milagros también puede proveer cada necesidad que tenemos. El diccionario define al pastor como una persona que guarda, guía y apacienta. Cuando el salmista dice que el Señor es nuestro pastor, nos está asegurando que en sus manos estaremos seguros, guiados y apacentados. Nada nos faltará porque Dios quiere que estemos bien. Dios, por su gran amor, nos guarda; no importa donde estemos, Dios está cerca, nos cuida y nos guía.

“Aviva mi alma”, dice el versículo tres. ¿Alguna vez has sentido que ya no puedes más? Estás tratando pero parece que nada te sale bien. Hay problemas en cada parte de tu vida. Hay situaciones difíciles y que no entiendes. Dios te dice hoy: soy tu pastor y voy a avivar tu alma. Dios quiere que sepas que ya tiene la solución; cree, descansa en Dios y recuerda sus promesas. Deja que Dios avive tu alma con su amor y esperanza.

El salmo sigue: “no temeré mal alguno porque tú estás conmigo”. Piensa en la persona que te ha protegido en esta vida. Puede ser tu padre que siempre te ha llevado de la mano y te ha levantado cuando tenías que cruzar la calle o venía un perro grande hacia ti; tal vez es tu madre que siempre te ha ayudado y dado todo lo que fuera posible para que tengas una vida plena y exitosa; quizá tu hermano o hermana que se ha puesto a tu lado cuando alguien te ha querido lastimar; o un familiar, mejor amiga, vecino o maestra; incluso, tal vez no has tenido a nadie que te proteja y cuide ante cualquier peligro o situación aterradora. La buena noticia es que Dios quiere ser quien te protege y cuida en la situación mas difícil, hasta te lleva de la mano y te guía por sendas seguras. Llevar este salmo en la mente y en el corazón es fortaleza en momentos de tragedia o angustia; recordarlo es estar seguros de que Dios es Pastor bueno que siempre cuida a sus ovejas.

En la epístola leemos lo que podríamos proclamar a Dios por su amor y milagros: la alabanza, la gloria, la sabiduría, la gratitud, el honor, el poder y la fuerza sean dados a nuestro Dios. En otras partes, la Biblia nos dicen que tenemos que adorar a Dios; no dice que le adoremos solamente cuando están pasando cosas buenas, cuando tenemos trabajo, cuando estamos felizmente casados o ganamos algún premio. Aprendamos a adorar a Dios en todo para que siempre estemos en actitud de gratitud a él, quien nos ama, acepta y ayuda. 

Más abajo, en la epístola, leemos otra promesa bella: Dios secará toda lágrima de los ojos. Seguimos con el tema que Dios, como Buen Pastor, va a proveer todo lo que necesitamos y que nos avivará. Cuando sintamos que no podemos dejar de llorar, recordemos la promesa que Dios secará toda lágrima. No algunas, no unas cuantas, no muchas, sino que Dios secará TODA lágrima. Piensa en algunas razones por las cuales estás llorando en esta temporada de tu vida. ¿Será por alguna enfermedad o preocupación? ¿Será porque a tu hija no la aceptaron en un buen programa? Dios te asegura que no importa por lo que estés pasando, si se lo dejas a Dios, él va a obrar en tu favor.

Finalmente, el texto del evangelio insiste en la imagen del buen pastor. Nos dice que nosotros, las ovejas, conocemos la voz de nuestro pastor y le seguimos. También nos dice que el Buen Pastor conoce nuestra voz. Esto es algo maravilloso porque no sólo las ovejas conocen a su pastor, sino que el Pastor las conoce. Nuestro Buen Pastor nos conoce, reconoce y ama. Así que, cuando vayas pasando por alguna situación y sientas que estás perdido, puedes llamar a tu Pastor y él te oirá y te encontrará, llegará donde estás, te ayudará, te rescatará y te abrazará. Tu Pastor te está buscando y te está llamando; escúchale y síguele. ¡Amén! ¡Aleluya!

 
 
 
 
 
 
 

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