Presentación del Señor – 2013

February 2, 2013

Esta fiesta ha sufrido alteraciones a como se celebraba hace años. Antes incluía la purificación de María Virgen –costumbre que se inició a me diados del siglo octavo- y también la ceremonia de bendecir las velas, costumbre conocida como “la candelaria” o “fiesta de las luces” –costumbre que se inició a finales del siglo séptimo-. Hoy día la celebración se centra únicamente en Jesús. Se dice que es una fiesta cristológica. Así se recobra la orientación dada por las primeras comunidades cristianas de celebrar una costumbre vinculada al misterio de la encarnación del Hijo de Dios.

La lectura de san Lucas nos dice expresamente que sus orígenes se encuentran en el Antiguo Testamento, concretamente en la ley de Moisés que mandaba que a los cuarenta días de nacido un niño primogénito fuera presentado en el templo. Los cuarenta días después de celebrado el nacimiento de Jesús se cumplen precisamente hoy. Por eso, también hoy se cierra el ciclo de Navidad.

La ley de Moisés especificaba algo más. Ordenaba que todo primogénito de una familia le pertenecía al Señor y si querían rescatarlo debían pagar por él una limosna en el templo (Éxodo 13:2). Esta ley podría significar un reconocimiento del generoso poder de Dios que otorga la vida o también pudiera ser una reliquia de cuando los niños eran sacrificados a la divinidad. Con una limosna se rescataba a esos niños que pertenecían a la divinidad (Números 18:16). La limosna ordenada, ahora, era un cordero o una paloma. Si las familias eran pobres podían ofrecer, como en el caso de María y José, una o dos palomas. En la puerta del templo se encontraba un sacerdote que recibía a los padres y hacia la oración de presentación del pequeño infante al Señor.

En el caso de Jesús tenemos algo excepcional. Nos dice san Lucas que había por aquel entonces un hombre justo, bueno y que adoraba a Dios y esperaba la liberación de Israel que llegaría a manos del Mesías. Ese hombre se llamaba Simeón.

Un día, guidado por el Espíritu Santo, se fue al templo y se encontró con José, María y el niño Jesús. Simeón, sin más preámbulos, tomó al niño y alabó a Dios diciendo: “Ahora, Señor, tu promesa está cumplida: puedes dejar que tu siervo muera en paz” (Lucas 2:29). El Espíritu Santo le había revelado a Simeón que no moriría sin antes haber visto al Mesías.

Con esta acción Simeón estaba revelando la naturaleza de este niño. No era un niño cualquiera, sino que se trataba del alguien que traería la luz a los pueblos, a las naciones.

Los padres de Jesús quedaron admirados de lo que estaba ocurriendo y de lo que decía Simeón. Porque Simeón presagiaba noticias contradictorias: aquel niño frágil sería luz para multitud de pueblos, pero al mismo tiempo sería rechazado por muchos. ¿Cómo se podían compaginar ambas noticias?

Ahora podemos reconocer el sentido del uso de las velas en esta fiesta. Durante la misa de la presentación se bendecían las velas que se utilizarían en las casas durante todo el año. Tengamos en cuenta que en aquellas fechas no existía luz eléctrica y el uso de velas era corriente. Pero a partir de esta celebración adquirían un simbolismo especial. El que iluminaba las casas era Jesús.

Hoy las velas siguen teniendo ese simbolismo en el mundo cristiano. Por ello, en el bautismo existe la costumbre de entregar una vela con estas palabras: “Recibe la luz de Cristo”.

Las lecturas asignadas para este día reflejan esa realidad. Dice el profeta: “El Señor a quien ustedes están buscando, va a entrar de pronto en su templo” (Malaquías 3:1). ¿Y qué hará cuando entre en el templo? Empezará purificando primero a los sacerdotes, los purificará como se purifica la plata y el oro en el fuego, luego podrán ofrecer sacrificios. Y luego nos purificará a todos con el ejemplo de su vida, muerte y resurrección, pues, como dice san Pablo, “No vino para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán” (Hebreos 2: 16).

Al asumir la condición humana, Jesús, se sometía primero a la ley judía, como judío que era, se sometía a la ley humana como humano que era, pero lo trascendía todo por ser divino. De esa manera, conociendo la condición humana, nos mostró cómo ser compasivos, cómo tener misericordia y cómo entender toda ley y someterla al amor.

Sin duda alguna, Jesús, dándonos ejemplo de vida en todo, ha sido y sigue siendo luz para todos los que a él se acercan.

Hemos de aplaudir y difundir la costumbre de muchos hispanos de presentar a sus niños en el templo. Es un ejemplo bellísimo a imitar, para que desde el primer momento sus hijos queden consagrados a Dios.

Ahora, lo importante es que el resto de la vida también esté consagrada al Señor. Es decir, que no sea una costumbre a cumplir porque es tradición, sino que la consagración a Dios de lo niños implique el buen ejemplo cristiano que los padres deben de dar en todo momento a sus hijos.

Pero, como la vida está llena de sobresaltos y dificultades, tanto padres, como todo cristiano debemos constantemente acercarnos a Jesús, luz de luces, que ilumina nuestro camino.

 
 
 
 
 
 
 

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