Transfiguración - 2014

August 6, 2014

El haber tenido parte en la gloriosa experiencia de la Transfiguración del Señor, debe haber sido algo espectacular para los discípulos Pedro, Santiago y Juan. Imagino la cara de asombro y emoción que reflejaban. Tuvieron la dicha de disfrutar de la gloria de Dios, y por eso Pedro le sugiere a Jesús que hagan tres chozas; para Jesús, Moisés y Elías. ¡Qué bueno que estemos aquí! Fueron las palabras de Pedro. ¿Se imaginan el gozo y la satisfacción de estos hombres? Algo que nunca hubieran imaginado estaba ocurriendo; ¡su maestro ha sido transfigurado! Y ellos están disfrutando de ese maravilloso acontecimiento. Pero tuvieron miedo; se asustaron cuando la nube los envolvió.

¿Cuántos hemos sentido algo parecido a lo que sintieron estos grandes discípulos? Hemos tenido experiencias espirituales que nos han transportado al monte Sinaí, pero luego hemos sentido miedo de tanta emoción. Nos acobardamos pensando que esto nos podría acarrear un gran compromiso; entonces el encanto se desvanece.

Otros han reaccionado como Pedro, que, a pesar del miedo, deseaba quedarse ahí, disfrutando de la gloria de Dios. Pero no podemos quedarnos en el monte, necesitamos bajar y compartir la experiencia con los demás, como hizo Moisés cuando recibió las tablas de la ley; él no se quedó disfrutando de la gloria de Dios, bajó y comunicó al pueblo todo lo que el Señor le había dicho.

Nuestro escenario hoy es diferente y las situaciones con las que tenemos que lidiar son las mismas a las  que tuvo que enfrentarse Moisés, desde el punto de vista humano. La actitud no cambia; somos seres humanos idénticos a los de aquel entonces. Tenemos que bajar del monte y traer a nuestro entorno nuestra experiencia de fe compartiendo la Palabra de Dios para así poder combatir el odio, la arrogancia, la intolerancia, la envidia, las bajas pasiones, el orgullo, la avaricia, la falta de respeto a los demás, el egoísmo y todos esos malos instintos que nos adornan inadecuadamente a los seres humanos. Y en su lugar plantar el reino de Dios que es lo que el Señor quiere que hagamos. Plantar ese reino de amor y justicia, de paz, comprensión, tolerancia, respeto…

Moisés se cubría el rostro con un velo cuando bajaba del monte Sinaí, porque su cara brillaba, resplandecía. Y la gente no se acercaba a él por miedo. El cristiano debería ser como quien lleva un sello en la frente, es decir, que deberíamos ser reconocidos por nuestros hechos.

Desafortunadamente algunos que nos llamamos cristianos no actuamos como tales, pues no nos diferenciamos precisamente por nuestras buenas acciones. Todos los israelitas sabían que Moisés había estado en la presencia del Señor, se había operado en él un cambio, una transfiguración. Su actitud era diferente. Es necesario que haya en nosotros algo parecido, que cuando entremos el domingo en la iglesia, trayendo al Señor nuestros problemas y dificultades, podamos salir renovados, regenerados y transfigurados.

Llenos de la presencia del Señor y listos para bajar del monte con todas las herramientas necesarias para compartir la gloria de Dios. Recordemos siempre las palabras de Pedro: “…Pues con nuestros propios ojos vimos al Señor en su grandeza. Lo vimos cuando Dios el Padre le dio honor y gloria, cuando la voz de Dios le habló  de aquella gloriosa manera”. “Este es mi Hijo amado, a quien he elegido” (2 Pedro 1:16b-17).

Cambio de actitud significa que siempre tratamos de hacer lo mejor por nosotros y los demás. Lo que refleja que hemos subido al monte y hemos bajado fortalecidos y llenos del poder del Espíritu Santo. Preparados para ser una creatura nueva y diferente; ¡hemos alcanzado la gloria de Dios! Comencemos a hacer de nuestro hogar ese monte donde la gloria de Dios se manifieste cada día y que se esparza a nuestro alrededor, en nuestro centro de trabajo, en la escuela, y en todo lugar adonde vayamos.

 
 
 
 
 
 
 

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