Cuba: Sermón por la Obispa Presidenta Katharine Jefferts Schori

Cuba: Sermón por la Obispa Presidenta Katharine Jefferts Schori

February 6, 2007

Cuba – Epifanía V, año C
4 de Febrero de 2007

Sínodo Diocesano: clausura y ordenación de una presbítera

Hace muchos años, trabajaba como oceanógrafa, haciendo investigaciones sobre los calamares y pulpos del Océano Pacífico. Viajé muchas veces al mar por barco, buscando estos animales. Pescábamos con grandes redes, tirándolas durante muchas horas a diferentes profundidades.

Siempre los capitanes del barco tenían miedo, por causa del peligro involucrado en remolcar estas redes grandes. No había problemas si la pesca era pequeña, pero una pesca grande pudiera haber hecho naufragar al barco. Cada vez que salíamos a pescar, teníamos temor. Cada vez que lanzamos la red al mar, aumentaba la ansiedad.

Siempre que los pescadores van al mar, quieren coger mucho, pero al mismo tiempo tienen miedo.
 
Cada vez, la pregunta, el miedo, es, ¿vamos a naufragar? Ir a pescar tiene muchos riesgos: naufragar por causa de una gran pesca o regresar sin nada. También hay riesgos reales: caer al mar; accidentes de trabajo, los peligros de la navegación en un mar turbulento, sin ninguna clase de abrigo o en medio de grandes olas. Cada vez, podría ser el último viaje.
 
Estar en Cuba, me hace recordar el cuento de Hemingway, El Viejo y el mar. La lucha con el pez es una figura de la vida, pero también una figura de la vida siguiendo Jesús. No podemos vivir la vida abundante sin riesgos y no podemos vivirla sin arriesgarlo todo.

Los apóstoles también necesitaron arriesgarse y dejar su falta de esperanza antes de coger la pesca maravillosa. Cuando Pedro y sus compañeros regresaron a la playa, ellos se dejaron todo de lado y siguieron a Jesús. Y, tal vez por un momento, dejaron sus temores de lado.

Cuando empezamos a seguir a Jesús, él nos da la tarea de arriesgarnos. Él nos invita a dejar todo por causa del evangelio y seguirle sin ninguna clase de cargas. Necesitamos ponernos a la orilla de la mar y embarcamos sin cargas. El miedo puede prevenirnos reconocer a la resurrección, puede hacernos ciegos y sordos a la abundancia de gracia en nuestro mundo entero. Si Jesús está verdaderamente resucitado, no hay ninguna razón para tener miedo.

Ustedes y yo también somos pescadores: ya sea como los pescadores apostólicos o los pescadores de hoy. ¿Qué clase de respuesta daremos a la invitación de Jesús para salir de pesca? ¿Tendremos esperanza o miedo? Siempre Dios nos está bendiciendo con la gran redada de gracia de la vida abundante. La cuestión es cómo vamos a responder, para que podamos ver, oír o descubrir la pesca grande en todas partes alrededor nuestro.

Hoy ordenaremos a una presbítera nueva. Ella ha sido llamada a ser pescadora y también a ser líder de pescadores. Como los apóstoles, los presbíteros están encargados de ser pescadores de la humanidad. Ella y todos los presbíteros reciben la invitación y la oportunidad de ser ejemplos de valor, de saber arriesgar sus vidas en el gran viaje de pesca. Los presbíteros son llamados a ser reanimadores del pueblo, maestros de los fieles y vehículos o transmisores de la esperanza maravillosa de Dios. Pero todos los bautizados también reciban la invitación a pescar en los mares de la dificultad.

Para tener éxito en la pesca, los presbíteros y los bautizados necesitan tener una visión, un sueño para este viaje. Y debe ser un sueño glorioso, que es valioso para Dios y que Dios puede reconocer y bendecir. Si no tenemos sueños bastante grandes y gloriosos, no podremos pescar en las aguas profundas. Las pescas osadas son solamente posibles en aguas profundas, en aguas que también pueden atemorizarnos.

¿Cuál es el sueño de la Iglesia Episcopal de Cuba? ¿Es bien grande? ¿Les da miedo? ¿Demanda que ustedes arriesguen todo? Si no, no es suficientemente grande, no se espera una pesca maravillosa.

Creo que el único sueño suficientemente grande es sanar al mundo, reconciliar a los seres humanos, unos con otros, salvar al mundo entero. Como dice nuestro catecismo, la misión de la iglesia es restaurar el mundo entero a Dios y los unos a los otros, en el amor de Cristo. Esta misión, este sueño necesitará todo lo que podamos dar, y es él solo quien nos demanda que arriesguemos todo.

Los presbíteros son los que pescan y recogen a un pueblo miedoso (incluso a la presbítera o el presbítero) alrededor del altar, para reconocer y reanimar la antigua verdad, que Dios es más poderoso que la muerte. Dios puede vencer aún la nada. Ustedes y yo podemos ver muchas ocasiones de muerte en nuestro mundo – la muerte causada por seres humanos y por la naturaleza, como en la violencia del terremoto o huracán. Somos invitados a pescar de por vida en este mar de un mundo aterrorizado. Y, si tenemos valor, podremos recoger la vida figurada por estos peces: la vida abundante que Dios sueña para todas sus criaturas.

¿Están listos para salir de pesca? Es nuestra misión: pescar por la vida en frente a la muerte psicológica, de la muerte por enfermedades, de la muerte por hambre, sed o desnudez; de la muerte por la opresión o el bloqueo, la muerte de los sistemas opresivos y inhumanos. Todas estas muertes se encuentran en el mar en el cual hemos salido a pescar. Saben que antes de que los peces salgan a la superficie, no podemos verlos nadando en las aguas profundas. De la misma manera necesitamos descubrir y reconocer los susurros e insinuaciones de la vida resucitada a todo nuestro alrededor, de que podamos seguir viviendo la vida abundante. Debemos buscar la vida en Cristo, debemos ir a pescar, aun en nuestros alrededores.

He visto en algunas partes el lema "Patria o muerte." El mensaje de Jesús es que Dios puede vencer a la muerte, y en particular, en este evangelio de hoy, confiamos que los deseos de Dios pueden ganar aun frente a la muerte. Los cristianos deben luchar por una vida mejor, pero Dios los desea para todo el mundo, no tan solo para un país. Dios sueña con un mundo habitado por una familia humana reconciliada. Esto será verdaderamente un sueño que vale la pena.

¿Cómo puedan ustedes coger una pesca maravillosa para Cuba? ¿Dónde estarán los peces para esta pesca? En cada comunidad estarán en un lugar diferente. Hay un mar de oportunidades. En algunas partes, el pez de la vida podría ser ayudar a los ancianos, lavando su ropa y acompañándolos. En otra parte podría ser compartir las verduras más nutritivas y más económicas con quienes no tienen nada. O podría ser ayudando a los encarcelados o enfermos. En otra parte podría ser demandar lo mejor de los sistemas del gobierno. Cada comunidad tiene olas del terror que puedan también dar pescas maravillosas de la vida abundante. Jesús nos invita a pescar valerosamente y con esperanza en todas partes de la vida.

¿Podemos arriesgar un sueño tan grande, como el sueño de vida abundante por todo el mundo? ¿Podemos arriesgar toda nuestra vida pescando en el mar lleno del terror y muerte? Es lo que Jesús nos invita a hacer. ¿Quieren embarcarse? El resultado puede ser más grande de lo que podríamos imaginarnos, aun más grande que nuestros sueños. Se necesitarán los mejores dones, se necesitarán las mejores ideas y los sueños más grandes. Necesitará de líderes valientes, con corazones grandes y fuertes. Demandará todo de nosotros, presbíteros, diáconos, obispos, laicos y laicas. Que podamos tener sueños grandes. Vamos a pescar, vamos a pescar en las aguas profundas, llenas de la vida abundante. Que tengamos una pesca buena y maravillosa.