Declaración del Obispo Presidente Curry de la Iglesia Episcopal respecto a las oraciones por el Presidente

Declaración del Obispo Presidente Curry de la Iglesia Episcopal respecto a las oraciones por el Presidente

January 12, 2017

Lo que sigue es una declaración del Obispo Presidente y Primado Michael B. Curry.

La semana pasada, Barack H. Obama, el 44mo presidente de Estados Unidos, siguiendo la tradición de los presidentes que data de George Washington, pronunció el discurso de despedida a la nación. La próxima semana Donald J. Trump, en la misma tradición de este país, tomará el juramento de oficio y será inaugurado como el 45mo. Presidente.

Reconocemos que esta elección ha sido contenciosa, y la Iglesia Episcopal, como nuestra nación, ha expresado una diversidad de puntos de vista, algunos de los cuales han nacido de un profundo dolor.

Ha habido mucha discusión, y cierta controversia, sobre la conveniencia de que en la catedral nacional de Washington se celebre el servicio de oración inaugural este año, y de que los coros de la iglesia canten en los acontecimientos inaugurales.

Bajo la variedad de preguntas y preocupaciones hay algunas preguntas cristianas básicas sobre la oración: cuando rezo por nuestros líderes, ¿por qué lo estoy haciendo? ¿Debo rezar por un líder con el que no estoy de acuerdo? Cuando rezo, ¿qué pienso que estoy logrando?

A cierto nivel estas preguntas parecen intrascendentes e inofensivas. Pero la verdadera oración no es inocua. Es poderosa. Esa pregunta puede llegar a ser patética e incluso dolorosa, como lo es para muchos en este momento, dado que algunos de los valores que muchos de nosotros escuchamos expresados ​​durante el año pasado parecen estar en contradicción con las profundas convicciones cristianas del amor, la compasión y la dignidad humana.

Entonces, ¿debemos rezar por el Presidente?

Podemos y, de hecho, creo que debemos rezar por todos los que lideran en nuestro orden cívico, nacional e internacionalmente. Ruego por el Presidente en parte porque Jesucristo es mi Salvador y Señor. Si Jesús es mi Señor y modelo y guía para mi vida, su camino debe ser mi camino, por difícil que sea. Y la forma en que rezo por los demás es una parte de cómo yo sigo el camino de Jesús.

La práctica de rezar por los líderes es profunda en nuestras tradiciones bíblicas y anglicano/episcopales. El Salmo 72 reza para que el antiguo rey israelita pueda gobernar en los caminos de la justicia de Dios, defendiendo “la causa de los pobres”, trayendo “libertad a los necesitados”. 1 Timoteo 2: 1-2 anima a los seguidores de Jesús a rezar fervientemente por aquellos en liderazgo, para que puedan liderar de manera que sirvan al bien común. Incluso en el caso más extremo, el mismo Jesús dijo, muriendo en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo”,  rezaba por Poncio Pilato, por el gobernador de Roma que ordenó su ejecución, y por todos los que eran cómplices de ella.

En este espíritu, los Libros de Oración al modo anglicano/episcopal siempre han incluido la oración por aquellos “que llevan la autoridad del gobierno”, rezando de diversas maneras para que puedan liderar según los caminos de la sabiduría, justicia y verdad de Dios. Cuando rezamos por Donald, Barack, George, Bill, George o Jimmy, presidentes de  Estados Unidos, rezamos por su bienestar, porque ellos también son hijos de Dios, pero también rezamos por su liderazgo en nuestra sociedad y mundo. Rezamos para que guíen en los caminos de la justicia y la verdad. Rezamos para que su liderazgo no sirva realmente a un interés partidario, sino al bien común. Cuando rezamos por ellos, en realidad rezamos por nuestra nación, por nuestro mundo, de hecho rezamos por nosotros mismos.

La oración no es una alegría simplista ni una declaración de apoyo. Las oraciones de lamento gritan en el dolor y claman por la justicia. La oración puede celebrar. La oración también puede pedir a Dios que intervenga y cambie el curso de la historia, que cambie la mente de alguien, o su corazón. Cuando rezamos por nuestros enemigos, podemos darnos cuenta de que estamos simultáneamente envalentonados para defender la justicia, al mismo tiempo que somos menos capaces de demonizar a otro ser humano.

La auténtica oración es tanto contemplativa como activa. Implica una conversación contemplativa con Dios, escuchándole, y un seguimiento activo del camino de Jesús, sirviendo y testificando en el mundo en su nombre. Para aquellos que siguen el camino de Jesús, el lado activo de nuestra vida de oración busca vivir y ayudar a nuestra sociedad a que viva lo que significa “amar a tu prójimo como a ti mismo”. Así que trabajamos por una sociedad buena y justa, humana y amorosa. Como seguidores de Jesús participamos en la vida de nuestro gobierno y de nuestra sociedad, cuidando por cada uno de nosotros y por los demás, y trabajando por políticas y leyes que reflejen los valores y enseñanzas de Jesús de “amar al prójimo”, de “hacer por los demás como tú quieres que hagan por ti”, para formar un orden cívico que refleje la bondad, la justicia, la compasión que vemos en la cara de Jesús, que sabemos que refleja el corazón mismo y el sueño de Dios para todos los hijos de Dios y su creación.

Crecí en una congregación históricamente negra en la Iglesia Episcopal. Rezábamos por los líderes que a menudo eran tibios o incluso opuestos a nuestros derechos civiles. Nos arrodillábamos en la iglesia y orábamos por ellos, y luego nos levantábamos y marchábamos a Washington. Siguiendo el camino de Jesús, rezábamos y protestábamos al mismo tiempo. Rezábamos por nuestros líderes que estaban luchando por nuestros derechos civiles, rezábamos por aquellos con quienes no estábamos de acuerdo, e incluso rezábamos por aquellos que nos odiaban. Y lo hacíamos siguiendo a Jesús, cuyo camino es el camino del amor desinteresado y sacrificado. Y ese camino es el que puede hacer libres a todos.

Al celebrar el nacimiento del Rev. Dr. Martin Luther King, Jr., podemos encontrar orientación en sus palabras, pronunciadas durante una de las luchas más dolorosas y difíciles del Movimiento por los Derechos Civiles. Pidió que todos los participantes vivieran según un conjunto de principios. El primer principio decía: “Mientras te preparas para marchar, medita en la vida y en las enseñanzas de Jesús”.
 
¿Debemos rezar por el Presidente?
 
¡Sí!
 

El Reverendísimo Michael B. Curry
Obispo Presidente y Primado

Iglesia Episcopal

 

Share This: