Declaración del obispo primado Michael Curry en apoyo de la campaña del pueblo de la reserva sioux de Roca Enhiesta

Declaración del obispo primado Michael Curry en apoyo de la campaña del pueblo de la reserva sioux de Roca Enhiesta

August 25, 2016

Michael Curry, obispo presidente y primado de la Iglesia Episcopal, ha emitido la siguiente declaración en apoyo de la campaña del pueblo de la reserva sioux de Roca Enhiesta [Standing Rock].

 

“El agua es un don del creador, respétenla y protéjanla”. Me conmovieron profundamente estas palabras impresas en el cártel que sostenía una persona, en medio de centenares de otras personas para proteger el río Misurí. En la Iglesia Episcopal, cuando bautizamos a un nuevo seguidor de Jesucristo, rezamos estas palabras sobre el agua del bautismo: “Te damos gracias, Padre Todopoderoso, por el don del agua”. Luego recordamos cómo Dios usó el agua para bendecir a su pueblo en la Biblia, desde el relato de la creación en el Génesis, pasando por la emancipación de los esclavos hebreos en el Éxodo, hasta el bautismo del Señor Jesús en el río Jordán. En verdad, “el agua es un don del Creador”. Para conservarla y protegerla hay que “salvaguardar la creación de Dios” y por tanto proteger la vida humana y otras formas de vida creadas por el Dios Todopoderoso. Esa labor justifica nuestro pleno y piadoso apoyo.

El pueblo de la reserva siux de Roca Enhiesta, en solidaridad con cientos de otras naciones indígenas y sus aliados, nos llama una vez más a respetar y proteger este sagrado don de Dios, y al hacerlo respetamos y protegemos el don de la vida humana dado por Dios. Al protestar por la construcción del llamado Oleoducto para el Acceso a las Dakotas [Dakota Access Pipeline], reconocen el don del agua para todos nosotros, un don dado a nosotros por nuestro Creador. Los sioux nos recuerdan que “mni wiconi”,  es decir, que “el agua es la vida”. Este recurso dado por Dios corre a través de nuestros majestuosos ríos y nuestras venas humanas, esforzándose por renovar y revitalizar a toda la creación.

Somos llamados a hacer nuestra parte al instar a los legisladores a que reconozcan y respeten los esfuerzos para proteger el agua sagrada y los cementerios [indígenas] amenazados por el Oleoducto para el Acceso a las Dakotas. El oleoducto, si llega a terminarse, se extendería a lo largo de más de 2.000 kilómetros y transportaría diariamente 540.000 barriles de petróleo crudo a través de los cementerios de Dakota del Norte. Una ruptura de su infraestructura podría causar indecibles estragos a los sioux y contaminar catastróficamente el río Misurí, un tributario sagrado del que el pueblo sioux depende para su consumo diario de agua.

Estoy con el pueblo de Roca Enhiesta en su empeño de respetar y proteger el río Misurí. Sabemos que el derecho al agua potable es un derecho humano reconocido internacionalmente y que con demasiada frecuencia las comunidades indígenas, otros pueblos de color y nuestras comunidades más vulnerables a través del mundo son las que corren mayor peligro de perder el acceso al agua potable. Al tiempo que nos solidarizamos con el pueblo de Roca Enhiesta, también reconocemos que su posición es la misma que nos une en la lucha en pro de la justicia y la reconciliación raciales en un clima de justicia y cuidado para la creación de Dios como una cuestión de mayordomía.

Esta posición de hombres, mujeres y niños es también un momento importante de la vida del pueblo indígena. Los empeños del pueblo sioux para proteger el río Misurí y sus sagrados cementerios amenazados por el oleoducto son ciertamente históricos. Los líderes de Roca Enhiesta apuntan que han pasado más de 140 años desde que se hiciera un llamado unificado en pro de la justicia y del respeto. La Iglesia Episcopal tiene una larga trayectoria  de abogar porque el gobierno, las corporaciones y otros actores sociales respeten los derechos de los pueblos nativos reconocidos por los tratados. Al solidarizarnos con nuestros hermanos y hermanas sioux, continuamos hoy este legado.

El pueblo de la reserva sioux de Roca Enhiesta nos llama ahora a solidarizarnos con los pueblos nativos, no sólo en beneficio suyo, sino por el bien de la creación de Dios, por el bien de toda la familia humana, y por los niños y las generaciones de niños que aún no han nacido. El legendario jefe sioux Toro Sentado nos recuerda: “Juntemos nuestras mentes y veamos la vida que podemos hacer para [beneficio de] nuestros hijos”. Hay una urgente necesidad de este llamado.

De manera que, si bien no podemos estar todos hoy, físicamente, en el Campo de las Piedras Sagradas, sostengamos, tanto con palabras como en la oración silenciosa, las aspiraciones del pueblo sioux e instemos a los legisladores a proteger y administrar responsablemente nuestra agua, el don sagrado de Dios que nos sostiene a todos.

 

  +Michael B. Curry
  Obispo Presidente y Primado
  de la Iglesia Episcopal

 

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