La Obispa Presidenta de la Iglesia Episcopal presenta el mensaje en el Día Mundial del Refugiado 2015

La Obispa Presidenta de la Iglesia Episcopal presenta el mensaje en el Día Mundial del Refugiado 2015

June 17, 2015
By: 
The Public Affairs Office

“Con demasiada frecuencia el mundo quiere cerrar sus fronteras, condenar las puertas de entrada y ahogar los gritos de los hambrientos y los desprotegidos”, nos dice la Obispa Presidenta de la Iglesia Episcopal Katharine Jefferts Schori en su mensaje del Día Mundial del Refugiado 2015. (“Somos guardianes de nuestros hermanos y hermanas, y cuando somos reflexivos, recordamos que nuestro bienestar depende de la seguridad de los demás”.)

El Día Mundial del Refugiado se celebra el 20 de junio, y en su mensaje, la Obispa Presidenta se refirió también a la ardua labor de reasentamiento que realizan los Ministerios Episcopales de Migración.

A continuación el mensaje de la de Obispa Presidenta Jefferts Schori.

 

Día Mundial del Refugiado 2015

Por miles de años, los seres humanos han sido sacados de sus hogares debido a conflictos, desastres y opresión. Abraham y Sara comenzaron como inmigrantes y sus descendientes se convirtieron en refugiados:

 

“Un arameo errante fue mi antepasado; él descendió a Egipto y vivió allí como extranjero, pocos en número... Cuando los egipcios nos trataron duramente y nos abatieron... el Señor nos sacó de Egipto... a este lugar y nos dio esta tierra... en la que fluye leche y miel”.[1]

 

Sus descendientes se convirtieron en una bendición para Egipto, hasta que se vieron oprimidos y huyeron para salvar sus vidas. Siendo niño, Jesús y su familia fueron refugiados en la otra dirección, huyendo de la violencia de la dominación romana en la tierra de Israel y buscando refugio en Egipto[2].

Hoy en día hay más refugiados, solicitantes de asilo y personas desplazadas internamente que en cualquier otro momento desde el final de la II Guerra Mundial. Más de 51 millones de personas alrededor del mundo viven en peligro de muerte, con temor e incertidumbre. Como descendientes de los arameos errantes, cuyos antepasados huyeron de la esclavitud en Egipto, estamos encargados de cuidar al peregrino. Amar al prójimo como a nosotros mismos es fundamental para nuestra vida de fe.

Con demasiada frecuencia el mundo quiere cerrar sus fronteras, condenar las puertas de entrada y ahogar los gritos de los hambrientos y los desprotegidos. Somos guardianes de nuestros hermanos y hermanas, y cuando somos reflexivos, recordamos que nuestro bienestar depende de la seguridad de los demás. Si algunos viven en la miseria y la inseguridad, la violencia por lo general es el resultado. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor y reconocer que la violencia muy a menudo viene de quienes supuestamente viven de manera segura así como de quienes carecen de medios o recursos. Si queremos paz, debemos cuidar de quienes huyen de la violencia – y orar por sus perpetradores. Estamos hechos a imagen de Dios y fuimos creados para vivir en paz.

Al conmemorar el Día Mundial del Refugiado, reflexionemos acerca de cómo estar conscientes e involucrados:

 

  • Conozcamos sobre las actuales migraciones a gran escala – de África a lo largo del Mediterráneo; de áreas del sudeste de Asia; del conflictivo Oriente Medio; de Burundi a las naciones circundantes; los refugiados de guerras de las pandillas en América Latina; y en tantos otros lugares de conflicto, desastre y discriminación.
  • Oremos por aquéllos que viven en los campamentos de refugiados, en centros de detención y en el limbo migratorio.
  • Busquemos maneras de involucrarnos personalmente y a través de las congregaciones.
  • Participemos en los Ministerios Episcopales de Migración, que celebran 75 años de ayudar a reasentar a los refugiados en Estados Unidos. Contribuyamos con ayuda financiera, defensoría e involucramiento personal. El año pasado, los Ministerios Episcopales de Migración reasentaron a más de 5,000 personas de 32 países diferentes.
  • Seamos defensores de los inmigrantes, quienes luchan por ser escuchados, quienes suelen ser invisibles o estar marginados. Unámonos a otros para abogar por políticas de inmigración y asilo que busquen la justicia para todas las clases y condiciones de personas desplazadas.
  • Trabajemos por la paz en nuestros propios vecindarios y en todo el mundo – relaciones que aquí abarcan las diferencias pueden sustentar iniciativas de consolidación de la paz en otros lugares.

 

Los refugiados y los inmigrantes se convierten en fuertes miembros de las comunidades locales y son una bendición para sus vecinos. ¿Seremos igualmente nosotros una bendición para ellos, buscaremos que tengan una dignidad similar y responderemos con compasión a sus necesidades?

 

 

Reverendísima Katharine Jefferts Schori

Obispa Presidenta y Primada

La Iglesia Episcopal

 

Ministerios Episcopales de Inmigración

Los Ministerios Episcopales de Inmigración son el programa de reasentamiento de refugiados de la Sociedad Misionera para Locales y Extranjeros. Cada año, la Sociedad Misionera trabaja en colaboración con su red de afiliados, junto con las diócesis, las comunidades religiosas y voluntarios, para recibir a refugiados de las zonas de conflicto de todo el mundo.

 

 

[1] Cf. Deuteronomio 26:5-9

[2] Mateo 2:13-15

 

 

La Iglesia Episcopal: www.episcopalchurch.org

Ministerios Episcopales de Migración: http://www.episcopalchurch.org/page/episcopal-migration-ministries

Facebook: www.facebook.com/episcopalian

Twitter: www.twitter.com/iamepiscopalian

 

 

[1] Cf. Deuteronomio 26:5-9

[2] Mateo 2:13-15

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