{"id":162429,"date":"2013-10-05T03:31:14","date_gmt":"2013-10-05T07:31:14","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-22-c-2013\/"},"modified":"2020-12-03T10:48:08","modified_gmt":"2020-12-03T15:48:08","slug":"propio-22-c-2013","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/","title":{"rendered":"Propio 22 (C) &#8211; 2013"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p>Queridos hermanos y hermanas en el Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n\n<p>La vida humana, por ser social, es impensable sin acuerdos, pactos o alianzas. Todo ser humano nace necesitado, menesteroso, d\u00e9bil y requiere tutelas amorosas; quiere ser libre, pero est\u00e1 rodeado de cautiverios; busca amores definitivos y sublimes y encuentra ofrecimientos interesados. La vida humana es un pacto continuo, es decir, debe fundamentarse en la confianza, en la fe y en el amor.<\/p>\n\n<p>El cristianismo es pacto y alianza, relaci\u00f3n de amor entre Dios y los seres humanos, por tanto es una relaci\u00f3n de fe. La iniciativa es de Dios, que en la nueva alianza ofrece a su propio Hijo, el cual derrama su sangre para el perd\u00f3n de los pecados. Jesucristo es el mediador de la nueva alianza, gratuita, definitiva, radical y creadora de un mundo nuevo.<\/p>\n\n<p>Dios se convierte en el aliado del pueblo. Al exigir la nueva alianza, frutos de santidad y de justicia, f\u00e1cilmente los seres humanos, los cristianos rompemos el pacto, no queremos servir, nos da miedo el compromiso que simboliza el amor, es decir, se debilita la fe y hasta desaparece. Nos cuesta confiar en el Todopoderoso, por eso tenemos que clamar: \u201cAum\u00e9ntanos la fe\u201d (Lucas 17:5).<\/p>\n\n<p>La fe es un don divino completamente gratuito. Por eso el creyente, que act\u00faa correctamente seg\u00fan su fe, no podr\u00e1 jam\u00e1s jactarse de ello. Ni tampoco exhibir\u00e1 con orgullo su fe. As\u00ed se explica que un aut\u00e9ntico creyente es el que toma m\u00e1s en serio el ate\u00edsmo de su pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n<p>La fe es un poder divino, no en vano Jesucristo les dijo a sus disc\u00edpulos: \u201cSi tuvieran fe como un granito de mostaza, dir\u00edan a esa morera arr\u00e1ncate de ra\u00edz y pl\u00e1ntate en el mar y les obedecer\u00e1\u201d (Lucas 17:6-7). Esta expresi\u00f3n no es una exageraci\u00f3n ni una figura literaria llamada hip\u00e9rbole, \u00a1no! Es una gran verdad y una realidad que se cumple.<\/p>\n\n<p>La fe tiene el poder de mover monta\u00f1as y hacer maravillas. Sin fe es imposible comprender nuestra alianza con Dios, pacto que sella el amor que siempre acompa\u00f1a a la fe. Necesitamos la ayuda del Esp\u00edritu Santo para servir cristianamente a los dem\u00e1s con agradecimiento y sencillez. La fe no es s\u00f3lo creer, sino confiar en la omnipotencia de Dios que nos regala ese don tan precioso y tan poderoso.<\/p>\n\n<p>La Iglesia, como comunidad de fe, debe propiciar el encuentro de todos los seres humanos con Dios, que siempre est\u00e1 presente en nuestras vidas y jam\u00e1s nos falla. La fe tiene un poder de sanaci\u00f3n tanto f\u00edsica como espiritual, pero tiene que manifestarse en el marco de la reconciliaci\u00f3n, del perd\u00f3n entre los seres humanos divididos por doctrinas, ideolog\u00edas, razas y condiciones sociales. Ah\u00ed es donde se debe verificar el aumento de nuestra fe, en la vivencia diaria, en la acci\u00f3n a favor de los m\u00e1s pobres, vulnerables y humildes.<\/p>\n\n<p>Santiago en su carta cat\u00f3lica nos dice algo muy interesante sobre la fe y los hechos: \u201c\u00bfDe qu\u00e9 le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran? \u00bfPodr\u00e1 acaso salvarle esa fe? Supongamos que un hermano o una hermana le falte la ropa y la comida necesaria para el d\u00eda; si uno de ustedes les dice que les vaya bien, abr\u00edguense y coman todo lo que quieran, pero no les da lo que su cuerpo necesita, \u00bfde qu\u00e9 sirve? As\u00ed pasa con la fe: por s\u00ed sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta\u201d (Santiago 2:14-17).<\/p>\n\n<p>Aqu\u00ed se ve claramente que la fe tiene que estar acompa\u00f1ada de una buena acci\u00f3n, no basta con el buen deseo, hay que demostrar que tiene fe en los hechos, en la conducta de hacer el bien. Muchas de nuestras iglesias est\u00e1n llenas de personas que solamente creen, pero est\u00e1n lejos de la fe cristiana. La fe es una vivencia, es una experiencia de vida, es una alianza con Dios en el diario vivir.<\/p>\n\n<p>Todo milagro est\u00e1 acompa\u00f1ado de la fe, m\u00e1s bien, exige la fe. Cristo, antes de realizar un milagro examina la fe preguntando \u00bfCrees esto? O sencillamente le dice \u201ctu fe te ha salvado, vete en paz\u201d. \u00a1Qu\u00e9 maravillosa es la fe! \u00a1Y es gratuita! Muchas veces basta creer con fe y todo lo que deseemos ser\u00e1 una realidad. La tensi\u00f3n de la fe consiste en vivir no entre el mundo y el cielo, la tierra y las nubes, sino entre el presente y el porvenir, es decir, en la esperanza.<\/p>\n\n<p>Nuestra fe no nos mueve a buscar lo que est\u00e1 fuera o lo que est\u00e1 por encima de nosotros, sino lo que nos aguarda delante de nosotros, el mundo, la realidad social, la vida diaria. La fe es din\u00e1mica, no es est\u00e1tica. No es del mundo de donde nos quiere alejar la fe, sino del des\u00e1nimo, de la desilusi\u00f3n, de la depresi\u00f3n para abarcar la situaci\u00f3n actual del presente mundo y llenarlo de fe. No se olviden de esto: la fe no es una adquisici\u00f3n de una vez para siempre, sino que implica un proceso en constante evoluci\u00f3n, una permanente atenci\u00f3n a las imprevisibles sorpresas de ese Dios nuestro que siempre est\u00e1 presente en nuestras vidas.<\/p>\n\n<p>Basta tener fe del tama\u00f1o de un granito de mostaza para mover monta\u00f1as que nos impiden llegar a Dios. Caminemos en fe y haremos grandes maravillas. Pidamos al Todopoderoso que nos aumente la fe y tendremos la f\u00f3rmula para cambiar nuestra manera de pensar y con ello nuestra manera de vivir. Que Dios les bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1053],"class_list":["post-162429","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-22c"],"acf":{"sermon_date":"2013-10-07","drupal_id":"303776","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":168972},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 22 (C) - 2013 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 22 (C) - 2013\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Queridos hermanos y hermanas en el Se\u00f1or Jesucristo. La vida humana, por ser social, es impensable sin acuerdos, pactos o alianzas. Todo ser humano nace necesitado, menesteroso, d\u00e9bil y requiere tutelas amorosas; quiere ser libre, pero est\u00e1 rodeado de cautiverios; busca amores definitivos y sublimes y encuentra ofrecimientos interesados. La vida humana es un pacto [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-12-03T15:48:08+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"5 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/\",\"name\":\"Propio 22 (C) - 2013 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2013-10-05T07:31:14+00:00\",\"dateModified\":\"2020-12-03T15:48:08+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Propio 22 (C) &#8211; 2013\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Propio 22 (C) - 2013 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Propio 22 (C) - 2013","og_description":"Queridos hermanos y hermanas en el Se\u00f1or Jesucristo. La vida humana, por ser social, es impensable sin acuerdos, pactos o alianzas. Todo ser humano nace necesitado, menesteroso, d\u00e9bil y requiere tutelas amorosas; quiere ser libre, pero est\u00e1 rodeado de cautiverios; busca amores definitivos y sublimes y encuentra ofrecimientos interesados. La vida humana es un pacto [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2020-12-03T15:48:08+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"5 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/","name":"Propio 22 (C) - 2013 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2013-10-05T07:31:14+00:00","dateModified":"2020-12-03T15:48:08+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-22-c-2013\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Propio 22 (C) &#8211; 2013"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":1029,"label":"Pentecost\u00e9s C"},{"value":1053,"label":"Propio 22c"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"Christopher Sikkema","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Queridos hermanos y hermanas en el Se\u00f1or Jesucristo. La vida humana, por ser social, es impensable sin acuerdos, pactos o alianzas. Todo ser humano nace necesitado, menesteroso, d\u00e9bil y requiere tutelas amorosas; quiere ser libre, pero est\u00e1 rodeado de cautiverios; busca amores definitivos y sublimes y encuentra ofrecimientos interesados. La vida humana es un pacto&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/162429","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162429"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162429"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}