{"id":162447,"date":"2013-06-16T03:56:41","date_gmt":"2013-06-16T07:56:41","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-6-c-2013\/"},"modified":"2020-12-03T10:49:09","modified_gmt":"2020-12-03T15:49:09","slug":"propio-6-c-2013","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/","title":{"rendered":"Propio 6 (C) \u2013 2013"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p>Todo el contenido de la palabra de este domingo nos habla del amor y la misericordia de Dios para perdonar los pecados. La Biblia nos recuerda hoy, la historia del rey David, perdonado por Dios (2 Samuel 11:26); y la pecadora perdonada por Jes\u00fas en la casa de Sim\u00f3n el fariseo (Lucas 7: 38-8:3).<\/p>\n\n<p>En ambos casos, Dios env\u00eda sus mensajeros, para denunciar por medio de par\u00e1bolas los pecados cometidos y hacerlos tomar conciencia de sus responsabilidades. Al profeta Nat\u00e1n le toc\u00f3 por parte de Dios comunicar a David el crimen que hab\u00eda cometido, matando a Ur\u00edas y qued\u00e1ndose con su mujer.<\/p>\n\n<p>El libro del \u00c9xodo, en el dec\u00e1logo, ya hab\u00eda instruido en este orden, diciendo: \u201cNo matar\u00e1s, no cometer\u00e1s adulterio, no robar\u00e1s, no dar\u00e1s testimonio falso contra tu pr\u00f3jimo; no codiciar\u00e1s los bienes de tu pr\u00f3jimo, no codiciar\u00e1s la mujer de tu pr\u00f3jimo\u201d (\u00c9xodo 20: 13-17).<\/p>\n\n<p>David reconoci\u00f3 su falta ante Nat\u00e1n diciendo: \u201cHe faltado contra el Se\u00f1or\u201d (2Samuel 12:13). Dios perdona a David por haberse humillado con penitencias y sacrificios, porque un coraz\u00f3n que se abre al poder y la gracia de Dios no queda defraudado.<\/p>\n\n<p>Este ejemplo es v\u00e1lido tambi\u00e9n para nosotros. Dios penetra en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestro ser y valora nuestro esp\u00edritu de sacrificio y de humildad para ejercer su misericordia. El perd\u00f3n de los pecados ha quedado ya adquirido por Cristo para todo aquel que acepte su persona y sacrifico en el Calvario. As\u00ed lo escribe Juan evangelista citando a Juan el Bautista: \u201cEl Cordero de Dios ha quitado el pecado del mundo\u201d (1Juan 1:29).<\/p>\n\n<p>Cristo aboli\u00f3 el pecado por su \u00fanico sacrificio y Juan a\u00f1ade: \u201cSu sangre nos purifica de todo pecado\u201d (1Juan 1:7). La raz\u00f3n para nosotros es clara, por creer en Cristo, por confiar en su nombre hemos sido liberados de nuestros pecados.<\/p>\n\n<p>Todo esto radica en que ya Dios nos ha dado a su Hijo. Y como dice el salmista: \u201c\u00c9l es quien perdona nuestras maldades, quien sana todas nuestras enfermedades\u201d (Salmo 103:3). Es decir, nos ha quitado todo lo que nos perturba y nos ha sanado con su misericordia.<\/p>\n\n<p>As\u00ed como Dios ejerci\u00f3 la misericordia a favor de David, lo mismo hace Jes\u00fas con la mujer considerada pecadora en la casa de Sim\u00f3n el fariseo. San Lucas 7:38-8:3 se encarga de presentarnos este acontecimiento lleno de emotividad.<\/p>\n\n<p>Las personas moralmente correctas y piadosas del tiempo de Jes\u00fas, se escandalizaban al ver que \u00e9l com\u00eda con gente despreciable, como eran los cobradores de impuestos y los pecadores p\u00fablicamente conocidos (Lucas 15:1-3).<\/p>\n\n<p>Jes\u00fas fue invitado a comer a la casa de Sim\u00f3n el fariseo y una mujer intervino sin ser invitada ungi\u00e9ndolo con perfume y llorando por sus pecados. La mujer de la unci\u00f3n que se escribe en estos vers\u00edculos (36-38) era pecadora, es decir, una prostituta.<\/p>\n\n<p>Cuando Sim\u00f3n el fariseo vio que la pecadora toc\u00f3 a Jes\u00fas se sorprendi\u00f3 (39), y decidi\u00f3 que Jes\u00fas no era un verdadero profeta. Pues un verdadero profeta sin duda habr\u00eda sabido que la mujer era pecadora, y por tanto jam\u00e1s hubiera permitido que lo tocaran.<\/p>\n\n<p>Los jud\u00edos, especialmente los fariseos, cre\u00edan que ellos se contaminar\u00edan si se asociaban con pecadores. Pero Jes\u00fas (40), s\u00ed sab\u00eda que la mujer era pecadora, y tambi\u00e9n conoc\u00eda los pensamientos de Sim\u00f3n. Por lo tanto, narr\u00f3 una par\u00e1bola a Sim\u00f3n as\u00ed como Nat\u00e1n narr\u00f3 una par\u00e1bola a David para que tomara conciencia de su falta.<\/p>\n\n<p>En esta par\u00e1bola (41-43) Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 que una persona amar\u00eda y agradecer\u00eda a Dios seg\u00fan la misericordia que Dios le hubiera mostrado. Cuanto m\u00e1s grandes sean los pecados que Dios le perdona m\u00e1s grande ser\u00e1 el amor que el pecador tendr\u00e1 por Dios.<\/p>\n\n<p>El pecado es como una deuda. Si sabemos que nuestros pecados son grandes, estaremos m\u00e1s agradecidos por el perd\u00f3n. Si consideramos que nuestros pecados son peque\u00f1os estaremos menos agradecidos por el perd\u00f3n.<\/p>\n\n<p>Tenemos que considerar, que la gratitud de cada persona depende, no de lo pecadora que sea sino de lo pecadora que se sienta. Consideremos tambi\u00e9n, que ya sean grandes o peque\u00f1os nuestros pecados, no podemos pagar la deuda que tenemos hacia Dios con nuestra propia justicia.<\/p>\n\n<p>En la par\u00e1bola ninguno de los dos hombres ten\u00edan con qu\u00e9 pagar (42). Solo por la misericordia de Dios pueden ser perdonadas todas nuestras deudas. Es mejor que cada uno consideremos que nuestros pecados son muy grandes, porque as\u00ed los ve Dios.<\/p>\n\n<p>Entonces Jes\u00fas mir\u00f3 a Sim\u00f3n el fariseo (44-47) y lo compar\u00f3 con la mujer pecadora que despreciaba. Los fariseos no se consideraban pecadores. Por lo tanto, la misericordia y el perd\u00f3n de Dios no significan nada para ellos.<\/p>\n\n<p>De acuerdo con su forma de pensar, ellos no ten\u00edan raz\u00f3n para estar agradecidos con Dios ni para amarle. Amaban a Dios solo de palabra, pero muy lejos de sus sentimientos. Sin embargo, Jes\u00fas dijo a Sim\u00f3n: \u201c\u00bfVes esta mujer? Entr\u00e9 en tu casa y no me diste agua para mis pies; en cambio, esta mujer me ha ba\u00f1ado los pies con sus l\u00e1grimas y los ha secado con sus cabellos\u201d (Lucas 7:44).<\/p>\n\n<p>La hospitalidad que debi\u00f3 ofrecer Sim\u00f3n a Jes\u00fas, fue suplida por la atenci\u00f3n de esta mujer. Por eso Jes\u00fas le dice a Sim\u00f3n esta mujer pecadora me habla desde lo profundo de su coraz\u00f3n. Ella ha demostrado su amor por m\u00ed. As\u00ed esto comprueba que sus pecados han sido perdonados. Su amor es la prueba de que ha sido lavada de todos sus pecados y aceptada por Dios.<\/p>\n\n<p>Sin embargo, t\u00fa, Sim\u00f3n, no me has mostrado amor. Tus pecados, por lo tanto, evidentemente no han sido perdonados. De otra manera, t\u00fa me hubieras amado como me ha amado esta mujer.<\/p>\n\n<p>Dios primero nos am\u00f3 y m\u00e1s adelante nos perdon\u00f3. As\u00ed lo expresa san Juan: \u201cEl amor consiste en esto: \u00b4no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00e9l nos am\u00f3 a nosotros y envi\u00f3 a su Hijo, para que, ofreci\u00e9ndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados\u00b4\u201d (1Juan 4:10).<\/p>\n\n<p>Por esta raz\u00f3n le amamos. Nadie puede amar verdaderamente a Dios sin reconocer primero su propia pecaminosidad y recibir el perd\u00f3n a trav\u00e9s de la fe en Jesucristo.<\/p>\n\n<p>Entonces Jes\u00fas dijo a la mujer: \u201cTus pecados te son perdonados\u201d (Lucas 7:48). Dijo esto para que todos los otros invitados lo oyeran. La mujer ya hab\u00eda sido perdonada. Pero Jes\u00fas quiso confirmar esto para que todos lo supieran y dijo a la mujer: \u201cPor tu fe has sido salvada; vete tranquila\u201d (Lucas 7:50).<\/p>\n\n<p>No fue su amor por Jes\u00fas que salv\u00f3 a la mujer, sino su fe. Como ten\u00eda fe de que Jes\u00fas era su salvador y pod\u00eda perdonar todos sus pecados, ella recibi\u00f3 la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n<p>Solo por la fe en Jesucristo podemos recibir el perd\u00f3n, la sanidad, la salvaci\u00f3n, que Dios en su gracia ofrece a todo pecador.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1037],"class_list":["post-162447","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-06c"],"acf":{"sermon_date":"2013-06-16","drupal_id":"303866","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":168891},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 6 (C) \u2013 2013 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 6 (C) \u2013 2013\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Todo el contenido de la palabra de este domingo nos habla del amor y la misericordia de Dios para perdonar los pecados. La Biblia nos recuerda hoy, la historia del rey David, perdonado por Dios (2 Samuel 11:26); y la pecadora perdonada por Jes\u00fas en la casa de Sim\u00f3n el fariseo (Lucas 7: 38-8:3). En [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-12-03T15:49:09+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"6 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/\",\"name\":\"Propio 6 (C) \u2013 2013 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2013-06-16T07:56:41+00:00\",\"dateModified\":\"2020-12-03T15:49:09+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Propio 6 (C) \u2013 2013\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Propio 6 (C) \u2013 2013 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Propio 6 (C) \u2013 2013","og_description":"Todo el contenido de la palabra de este domingo nos habla del amor y la misericordia de Dios para perdonar los pecados. La Biblia nos recuerda hoy, la historia del rey David, perdonado por Dios (2 Samuel 11:26); y la pecadora perdonada por Jes\u00fas en la casa de Sim\u00f3n el fariseo (Lucas 7: 38-8:3). En [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2020-12-03T15:49:09+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"6 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/","name":"Propio 6 (C) \u2013 2013 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2013-06-16T07:56:41+00:00","dateModified":"2020-12-03T15:49:09+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-6-c-2013\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Propio 6 (C) \u2013 2013"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":1029,"label":"Pentecost\u00e9s C"},{"value":1037,"label":"Propio 06c"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"Christopher Sikkema","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Todo el contenido de la palabra de este domingo nos habla del amor y la misericordia de Dios para perdonar los pecados. La Biblia nos recuerda hoy, la historia del rey David, perdonado por Dios (2 Samuel 11:26); y la pecadora perdonada por Jes\u00fas en la casa de Sim\u00f3n el fariseo (Lucas 7: 38-8:3). En&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/162447","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162447"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162447"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}