{"id":162587,"date":"2014-11-15T18:13:38","date_gmt":"2014-11-15T23:13:38","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-28-a-2014\/"},"modified":"2020-12-03T10:48:39","modified_gmt":"2020-12-03T15:48:39","slug":"propio-28-a-2014","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/","title":{"rendered":"Propio 28 (A) \u2013 2014"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p>Seguimos caminando y acerc\u00e1ndonos al final de este largo ciclo lit\u00fargico del tiempo despu\u00e9s de pentecost\u00e9s. Guiados por el Esp\u00edritu de Dios derramado en nuestros corazones, hemos llegado hasta aqu\u00ed, porque deseamos disfrutar de los beneficios que produce el reino de Dios,&nbsp;cuando perseveramos en la gracia.<\/p>\n\n<p>El domingo pasado el mensaje de la palabra nos exhortaba a mantenernos despiertos: \u201cVelen, porque no saben ni el d\u00eda ni la hora\u201d (Mateo 25:13). En el d\u00eda de hoy, nos exhorta a temer al riesgo y usar nuestros talentos y capacidades para hacer crecer el reino de Dios en el mundo.<\/p>\n\n<p>El mundo de hoy est\u00e1 obsesionado por la seguridad y nosotros hemos entrado por ese sendero asegurando todo. No queremos dejar nada suelto y evitar as\u00ed malas pasadas. Este sentido de seguridad lo hemos llevado tambi\u00e9n a la vida religiosa, en la que nos importa mucho tener asegurada la vida eterna. En este orden, la par\u00e1bola de hoy es para meditar un tanto.<\/p>\n\n<p>La par\u00e1bola de los talentos (Mateo 25: 14-30) Jesucristo presenta un gran se\u00f1or que vuelve a sus tierras y pide cuenta a sus criados del uso que han hecho de los talentos que reparti\u00f3 cuando se marchaba a otro pa\u00eds.<\/p>\n\n<p>La alabanza es completa para aquellos que han multiplicado sus talentos. Si al que le dio diez le devuelve veinte, lo alaba sin medida; si al que le dio cinco le devuelve diez, hace lo mismo y tambi\u00e9n lo hace al que le devuelve cuatro por los dos que le dio.<\/p>\n\n<p>El gesto del Se\u00f1or cambia de proceder y se vuelve duro cuando al que le dio uno le devuelve ese uno, ya que por temor a la severidad del due\u00f1o, fue y lo escondi\u00f3, temeroso de que en el riesgo que todo negocio lleva consigo para la multiplicaci\u00f3n del dinero, aquel talento se hubiera perdido.<\/p>\n\n<p>El enojo del se\u00f1or fue tan intenso, que dio una orden a sus criados aparentemente injusta dici\u00e9ndoles: \u201cQu\u00edtenle el talento y d\u00e9nselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dar\u00e1 y le sobrar\u00e1; pero al que no tiene se le quitar\u00e1 hasta lo que no tiene. Y a ese empleado in\u00fatil \u00e9chenlo fuera, a las tinieblas: all\u00ed ser\u00e1 el llanto y rechinar de dientes\u201d (Mateo 25: 28-30).<\/p>\n\n<p>Este es el reproche y la condena que el Se\u00f1or nos da cuando somos negligentes y holgazanes. Cuando hemos desperdiciado la vida y el talento recibido. Cuando no apreciamos lo que somos y tenemos, o nos parece tal vez poco o menos que lo de los otros. O lo apreciamos tanto que vivimos en el temor de quedarnos sin nada y guardarnos solo para nosotros mismos.<\/p>\n\n<p>Somos negligentes cuando solo hacemos lo justo mandado y terminamos como holgazanes, no haciendo lo que debemos. Y esto es as\u00ed porque no queremos lo que hacemos. Ponemos el coraz\u00f3n en otra cosa o tal vez en ninguna. Esto nos sucede porque respondemos con taca\u00f1er\u00eda al pensar que el Se\u00f1or es exigente y hasta injusto en pedirnos cuentas.<\/p>\n\n<p>Una vez m\u00e1s es nuestra idea y nuestra raqu\u00edtica experiencia de Dios la que est\u00e1 en cuesti\u00f3n a la hora de poner orden y sentido a nuestra vida. Como cristianos nos toca examinar a fondo de d\u00f3nde nacen nuestras motivaciones, qu\u00e9 buscamos cuando guardamos o repartimos, cuando enterramos o arriesgamos.<\/p>\n\n<p>En la par\u00e1bola es evidente que Jes\u00fas nos pide riesgo y trabajo, y no parece muy contento con el sentido de seguridad traspasado a la vida de fe. El verdadero sentido de la fe, no lo olvidemos, es una opci\u00f3n personal que entra\u00f1a sus vac\u00edos, sus dificultades y sus zonas de sombra, zonas que solo podemos traspasar arriesg\u00e1ndonos.<\/p>\n\n<p>Podr\u00edamos pensar, por ejemplo, en la cantidad de riesgo que supuso el trabajo de los ap\u00f3stoles lanz\u00e1ndose a predicar al mundo la doctrina de un hombre del que ten\u00edan que decir que muri\u00f3 ajusticiado en medio de la indiferencia y de la burla de sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n\n<p>Pensemos tambi\u00e9n el riesgo que supuso para Francisco de As\u00eds apostar por Cristo. Y en el riesgo que soportan tantos hombres y mujeres que han puesto sus talentos a trabajar en medio de un mundo dif\u00edcil que pretende silenciarlos porque resultan molestos e insoportables.<\/p>\n\n<p>Y, en menor medida, pensemos en el riesgo que supone la fe a nivel personal y sencilla, a nivel de la vida diaria cuando tenemos que optar entre los criterios al uso com\u00fan y los criterios cristianos, cuando hay que elegir entre la ganancia f\u00e1cil y bien vista y el sentido de justicia que impide obtener una ganancia excesiva.<\/p>\n\n<p>El riesgo est\u00e1 profundamente unido a la fe cristiana. Poner a trabajar los talentos que el Se\u00f1or haya dejado en nuestras vidas, saliendo al mundo sin miedo para dar a conocer los hombres y mujeres la maravilla que llevamos dentro, creemos que es consustancial con el cristianismo y tiene poco que ver con el deseo de seguridad que tan acusadamente acostumbramos a tener y a buscar en la vida de la fe.<\/p>\n\n<p>El modelo que pone el evangelio no es tan exigente, pero muy claro: un se\u00f1or que entrega sus cosas a sus servidores para que administren bien, es decir, con ganancias. Los que hemos empe\u00f1ado nuestra palabra para realizarnos seg\u00fan el proyecto de Jesucristo, cuando miramos a nuestro alrededor y encontramos tantos frutos amargos es normal que nos preguntemos qu\u00e9 hemos hecho de la semilla de vida y de generosidad que Dios nos ha entregado. \u00bfQu\u00e9 respuesta daremos a esta pregunta clave?<\/p>\n\n<p>En la ra\u00edz de nuestra vida cristiana est\u00e1 la gratuidad del amor del Padre. Lo que cada uno somos es entrega gratuita del Se\u00f1or, pero no podemos guardarlo porque se echa a perder; todo lo recibido, todo lo que somos, es tarea y responsabilidad por hacerlo fructificar en bien del mundo que todos esperamos y queremos. Que seamos diligentes y responsables con los talentos recibidos.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[914,943],"class_list":["post-162587","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-a","category-propio-28a"],"acf":{"sermon_date":"2014-11-16","drupal_id":"304641","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":168891},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 28 (A) \u2013 2014 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 28 (A) \u2013 2014\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Seguimos caminando y acerc\u00e1ndonos al final de este largo ciclo lit\u00fargico del tiempo despu\u00e9s de pentecost\u00e9s. Guiados por el Esp\u00edritu de Dios derramado en nuestros corazones, hemos llegado hasta aqu\u00ed, porque deseamos disfrutar de los beneficios que produce el reino de Dios,&nbsp;cuando perseveramos en la gracia. El domingo pasado el mensaje de la palabra nos [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-12-03T15:48:39+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"5 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/\",\"name\":\"Propio 28 (A) \u2013 2014 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2014-11-15T23:13:38+00:00\",\"dateModified\":\"2020-12-03T15:48:39+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Propio 28 (A) \u2013 2014\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Propio 28 (A) \u2013 2014 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Propio 28 (A) \u2013 2014","og_description":"Seguimos caminando y acerc\u00e1ndonos al final de este largo ciclo lit\u00fargico del tiempo despu\u00e9s de pentecost\u00e9s. Guiados por el Esp\u00edritu de Dios derramado en nuestros corazones, hemos llegado hasta aqu\u00ed, porque deseamos disfrutar de los beneficios que produce el reino de Dios,&nbsp;cuando perseveramos en la gracia. El domingo pasado el mensaje de la palabra nos [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2020-12-03T15:48:39+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"5 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/","name":"Propio 28 (A) \u2013 2014 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2014-11-15T23:13:38+00:00","dateModified":"2020-12-03T15:48:39+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-28-a-2014\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Propio 28 (A) \u2013 2014"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":914,"label":"Pentecost\u00e9s A"},{"value":943,"label":"Propio 28a"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"Christopher Sikkema","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Seguimos caminando y acerc\u00e1ndonos al final de este largo ciclo lit\u00fargico del tiempo despu\u00e9s de pentecost\u00e9s. Guiados por el Esp\u00edritu de Dios derramado en nuestros corazones, hemos llegado hasta aqu\u00ed, porque deseamos disfrutar de los beneficios que produce el reino de Dios,&nbsp;cuando perseveramos en la gracia. El domingo pasado el mensaje de la palabra nos&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/162587","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162587"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162587"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}