{"id":162768,"date":"2012-06-12T01:23:06","date_gmt":"2012-06-12T05:23:06","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-5-b-2012\/"},"modified":"2020-12-03T10:48:40","modified_gmt":"2020-12-03T15:48:40","slug":"propio-5-b-2012","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/","title":{"rendered":"Propio 5 (B) &#8211; 2012"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p>Somos inteligentes y libres.<\/p>\n\n<p>Como bien sabemos nuestra iglesia sostiene que son tres los elementos que alimentan nuestra fe: las Sagradas Escrituras, la tradici\u00f3n de la Iglesia \u2013 es decir, la profesi\u00f3n de fe y la pr\u00e1ctica sacramental de la Iglesia-, finalmente, la raz\u00f3n \u2013 nuestra habilidad no tan s\u00f3lo de pensar sino tambi\u00e9n de libremente someternos a la voluntad de Dios. Entonces los tres elementos son: la Biblia, la tradici\u00f3n y la raz\u00f3n.<\/p>\n\n<p>Entendamos bien lo que estos tres elementos significan en el contexto de nuestra historia de fe y nuestra relaci\u00f3n personal con Dios. Cuando decimos que las Sagradas Escrituras alimentan nuestra fe, queremos decir que contienen todo aquello que es necesario para el conocimiento de Dios y para alcanzar la salvaci\u00f3n. As\u00ed pues, nuestra vida cristiana debe centrarse en la Palabra de Dios contenida en la Biblia. La Biblia es fuente de sabidur\u00eda para la vida. Por eso, un cristiano que no conoce la Biblia no es un cristiano completo puesto que est\u00e1 perdiendo una fuente muy rica de sabidur\u00eda divina. Conocer la Biblia significa entender c\u00f3mo el ser humano ha interpretado e identificado la presencia de Dios en la historia de la humanidad, la cual es nuestra misma historia de salvaci\u00f3n. Efectivamente, la historia de la salvaci\u00f3n y la historia de la humanidad son la misma historia; solamente que la historia humana es contada a trav\u00e9s de la descripci\u00f3n de hechos, mientras que la historia de la salvaci\u00f3n es ver esos hechos con los ojos de la fe para discernir la presencia de Dios en esos mismos hechos. As\u00ed es, Dios camina con nosotros en la historia y parte de nuestra labor es identificar su presencia. Saber leer la Biblia es educar nuestra mente y nuestro coraz\u00f3n en el esp\u00edritu de Dios para reconocer su presencia en el mundo.<\/p>\n\n<p>Vayamos al segundo elemento que alimenta nuestra fe, la tradici\u00f3n de la Iglesia. Cuando decimos que la tradici\u00f3n alimenta nuestra fe, nos referimos al hecho de que la Iglesia desde su creaci\u00f3n mantiene afirmaciones de fe -como los credos-, pr\u00e1cticas espirituales \u2013 como los sacramentos-, y principios de vida \u2013 como la organizaci\u00f3n y disciplina de la iglesia- que certifican a la Iglesia como la comunidad de la Nueva Alianza con Dios. La tradici\u00f3n, pues, contiene los valores centrales que la comunidad de creyentes ha atesorado a trav\u00e9s de los siglos y hoy contin\u00faan teniendo sentido. Solamente para dar un ejemplo a este respecto, es parte de nuestra tradici\u00f3n cristiana el mantener la certeza de que el pan y el vino consagrados durante la Eucarist\u00eda se transforman el cuerpo y la sangre de Jes\u00fas. Este es el centro de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica. Muchos pensadores de la Iglesia \u2013 o te\u00f3logos- nos han interpretado este hecho de muchas y varias formas; sin embargo, lo dicho por ellos no es m\u00e1s que un entendimiento de un hecho divino. De alguna manera, yo puedo discordar con lo dicho por estos pensadores y todav\u00eda mantenerme dentro de la Tradici\u00f3n de la Iglesia; no tengo que creer en ellos para mantenerme dentro de la Iglesia. Pero si dejo de creer en la transformaci\u00f3n del pan y del vino como, los cuales se convierten en presencia real de Cristo, entonces s\u00ed estoy rompiendo con la Tradici\u00f3n de la Iglesia y me estoy alejando de ella. La importancia de la Tradici\u00f3n es salvaguardar aquello que nosotros creemos, compartimos y celebramos como Iglesia.<\/p>\n\n<p>Finalmente, cuando hablamos de la raz\u00f3n como fuente de alimento y fortalecimiento para nuestra fe, destacamos el hecho de que el Esp\u00edritu Santo nos inspira a todos en la en la vida. La raz\u00f3n, en este sentido, nos indica que una fe verdadera es aquella que se convierte en una fe madura, adulta y con convicci\u00f3n. Dios me ha dado el uso de la raz\u00f3n para saber escoger aquello que es digno, integro y oportuno a nuestro ser cristiano. Esto es ser inteligente y querer hacer las cosas con inteligencia. Pongamos esto en el contexto de la condici\u00f3n humana; Dios nos hizo inteligentes y libres de forma tal que cada uno de nosotros podamos aprender a tomar decisiones justas en la vida.<\/p>\n\n<p>El t\u00edtulo de esta reflexi\u00f3n es: \u201cSomos inteligentes y somos libres\u201d, y es aqu\u00ed donde aplicaremos lo que hemos venido reflexionando. La primera lectura, tomada del libro del G\u00e9nesis, hace referencia a la historia de la creaci\u00f3n de la humanidad. En conformidad con esta historia, Dios cre\u00f3 a Ad\u00e1n y Eva y los coloc\u00f3 en un jard\u00edn muy especial, el Jard\u00edn del Ed\u00e9n. En acuerdo con lo dictado por Dios, Ad\u00e1n y Eva pod\u00edan comer de todos los frutos de la tierra, pero deb\u00edan abstenerse de comer del fruto de un \u00e1rbol colocado en el centro del jard\u00edn. La Biblia nos describe el hecho con las siguientes palabras: \u201cEl Se\u00f1or Dios mand\u00f3 al hombre: Puedes comer de todos los \u00e1rboles del jard\u00edn; pero del \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal no comas; porque el d\u00eda en que comas de \u00e9l, quedar\u00e1s sujeto a la muerte\u201d. Con el tiempo la serpiente \u2013 calificado como el animal m\u00e1s astuto- se le acerc\u00f3 a Eva y la indujo a comer del \u00e1rbol prohibido dici\u00e9ndole, \u201c\u2026 cuando ustedes coman de ese \u00e1rbol, se les abrir\u00e1n los ojos y ser\u00e1n como Dios, conocedores del bien y del mal\u201d. La historia de la Biblia es la continuaci\u00f3n de este hecho y la conclusi\u00f3n que termina con la expulsi\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva del Jard\u00edn del Ed\u00e9n.<\/p>\n\n<p>En la interpretaci\u00f3n cristiana de esta historia, nosotros consideramos que Ad\u00e1n y Eva fueron culpables por haber desobedecido a Dios al comer del fruto prohibido. La tradici\u00f3n jud\u00eda, sin embargo, interpreta estos hechos de forma diferente. Ellos dicen que el error de los primeros seres humanos no fue el comer del fruto prohibido. De hecho, piensan que fue Dios el culpable por tentar la debilidad humana; piensan que si una mam\u00e1 deja la jarra con galletas en medio de la cocina en el suelo y les dice a sus hijos, \u201custedes no deben comer de estas galletas\u201d, si los ni\u00f1os comen de las galletas la culpable debe ser la mam\u00e1, no los menores. Ahora los pensadores jud\u00edos van m\u00e1s all\u00e1 cuando dicen, el acto m\u00e1s grave no fue el desobedecer a Dios, sino el intentar esconderse de \u00e9l. Creo que esta interpretaci\u00f3n de la Biblia tiene mucho sentido especialmente cuando se trata de evitar la responsabilidad por los errores cometidos en la vida. Seg\u00fan los pensadores jud\u00edos, desde ese d\u00eda los seres humanos hemos estado intentando escondernos de Dios. Dios se hace presente, y nosotros corremos pensando que podemos escapar de su presencia. Como les dec\u00eda hace un momento, Dios nos hizo inteligentes y libres, de forma tal que cada uno de nosotros pueda aprender a tomar decisiones justas en la vida\u201d.<\/p>\n\n<p>Conforme a todo lo dicho, cuando la Iglesia nos dice que la fe es alimentada por la Biblia, la Tradici\u00f3n y la raz\u00f3n, nos est\u00e1 invitando a crecer como personas y cristianos aut\u00e9nticos e \u00edntegros. Estos tres elementos nos ayudan a discernir los eventos de la vida, a fortalecer nuestra esperanza y enriquecer nuestra pr\u00e1ctica de la justicia y el amor. Lo que tenemos y hacemos en la Iglesia no es el fruto de la casualidad, sino la obra de muchos cristianos que han intentado mantenerse fieles a Dios. Si la familia de Jes\u00fas y los conocedores de su tiempo no pudieron ver la obra de Dios en \u00e9l es muy posible que tampoco nosotros podamos reconocer su presencia mientras caminamos en esta vida. Abrir los ojos, pues, significa querer ver y lo que descubriremos es que verdaderamente Dios nos hizo inteligentes y libres. Que el Se\u00f1or nos bendiga en todo aquello que realizamos con autenticidad e integridad en la vida.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[971,979],"class_list":["post-162768","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-b","category-propio-05b"],"acf":{"sermon_date":"2012-06-11","drupal_id":"305561","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":168898},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 5 (B) - 2012 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 5 (B) - 2012\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Somos inteligentes y libres. Como bien sabemos nuestra iglesia sostiene que son tres los elementos que alimentan nuestra fe: las Sagradas Escrituras, la tradici\u00f3n de la Iglesia \u2013 es decir, la profesi\u00f3n de fe y la pr\u00e1ctica sacramental de la Iglesia-, finalmente, la raz\u00f3n \u2013 nuestra habilidad no tan s\u00f3lo de pensar sino tambi\u00e9n de [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-12-03T15:48:40+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"7 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/\",\"name\":\"Propio 5 (B) - 2012 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2012-06-12T05:23:06+00:00\",\"dateModified\":\"2020-12-03T15:48:40+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Propio 5 (B) &#8211; 2012\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Propio 5 (B) - 2012 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Propio 5 (B) - 2012","og_description":"Somos inteligentes y libres. Como bien sabemos nuestra iglesia sostiene que son tres los elementos que alimentan nuestra fe: las Sagradas Escrituras, la tradici\u00f3n de la Iglesia \u2013 es decir, la profesi\u00f3n de fe y la pr\u00e1ctica sacramental de la Iglesia-, finalmente, la raz\u00f3n \u2013 nuestra habilidad no tan s\u00f3lo de pensar sino tambi\u00e9n de [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2020-12-03T15:48:40+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"7 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/","name":"Propio 5 (B) - 2012 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2012-06-12T05:23:06+00:00","dateModified":"2020-12-03T15:48:40+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-5-b-2012\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Propio 5 (B) &#8211; 2012"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":971,"label":"Pentecost\u00e9s B"},{"value":979,"label":"Propio 05b"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"Christopher Sikkema","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Somos inteligentes y libres. Como bien sabemos nuestra iglesia sostiene que son tres los elementos que alimentan nuestra fe: las Sagradas Escrituras, la tradici\u00f3n de la Iglesia \u2013 es decir, la profesi\u00f3n de fe y la pr\u00e1ctica sacramental de la Iglesia-, finalmente, la raz\u00f3n \u2013 nuestra habilidad no tan s\u00f3lo de pensar sino tambi\u00e9n de&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/162768","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162768"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162768"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}