{"id":162821,"date":"2015-08-16T02:19:25","date_gmt":"2015-08-16T06:19:25","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-15-b-2015\/"},"modified":"2020-12-03T10:47:43","modified_gmt":"2020-12-03T15:47:43","slug":"propio-15-b-2015","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-15-b-2015\/","title":{"rendered":"Propio 15 (B) \u2013 2015"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p>Hermanos y hermanas; una vez m\u00e1s el buen Padre-Madre Dios nos convoca en torno a su mesa para compartir con nosotros su Palabr y para entregarnos como alimento de nuestra vida el cuerpo y la sangre de su Hijo quien hoy nos invita a comer su cuerpo y beber su sangre para tener vida eterna; dispongamos pues nuestra mente y nuestro coraz\u00f3n para que resuene en nosotros esa Palabra y as\u00ed podamos tambi\u00e9n recibir con mayor convicci\u00f3n de fe el alimento que nos fortalece y nos devuelve la fuerza para avanzar en nuestra camino de fe.<\/p>\n\n<p>Las lecturas de hoy contin\u00faan ahondando el tema del alimento eucar\u00edstico. Recordemos que desde hace varios domingos venimos reflexionando sobre el \u201cdiscurso del pan\u201d que nos trae san Juan en el cap\u00edtulo sexto, una aut\u00e9ntica catequesis que pone el evangelista en labios de Jes\u00fas al d\u00eda siguiente de la multiplicaci\u00f3n de los panes y de los peces.<\/p>\n\n<p>Durante los anteriores domingos las lecturas del Antiguo Testamento nos fueron preparando de una manera simb\u00f3lica para lograr entender lo que escuchamos en el evangelio: primero fue El\u00edseo quien multiplicaba panes, luego aquel pasaje del \u00c9xodo donde Mois\u00e9s hablaba del man\u00e1 que Dios daba a su pueblo, hace ocho d\u00edas el pan y el vino que fortalecieron a El\u00edas para proseguir su camino hasta el Monte de Dios, y hoy es el libro de los Proverbios que nos habla de la comida festiva que Dios, personificado en la Sabidur\u00eda, prepara para los suyos.<\/p>\n\n<p>Son pocas las veces que durante el a\u00f1o lit\u00fargico se lee el libro de los Proverbios; hoy tomamos un pasaje muy significativo ya que se trata de la invitaci\u00f3n que hace la Sabidur\u00eda, que es Dios mismo, para participar en un banquete que ella misma ha preparado. A ese banquete est\u00e1n invitados todos y todas, pero de una manera muy especial los ignorados, los marginados, los que no cuentan para nadie. La liturgia cristiana encontr\u00f3 aqu\u00ed un aut\u00e9ntico s\u00edmbolo de lo que debe ser el banquete eucar\u00edstico, un banquete donde todos son invitados y del cual ninguno, bajo ninguna circunstancia, deber\u00eda ser excluido.<\/p>\n\n<p>Comer juntos, compartir la mesa, es un elemento, o quiz\u00e1s una actitud, que al parecer ha cultivado el hombre desde las \u00e9pocas m\u00e1s remotas; posiblemente no haya una cultura, antigua ni moderna, donde no est\u00e9 presente la comida en comunidad con el objeto de \u201ccelebrar\u201d. Pues bien, en la Biblia ese acto tan antiguo y tan com\u00fan se convierte en met\u00e1fora, en un elemento simb\u00f3lico para indicar que a trav\u00e9s de \u00e9l, Dios otorga algo m\u00e1s de lo que el alimento real proporciona; recordemos una frase que nos dec\u00eda Jes\u00fas en el evangelio de la semana pasada: \u201csus padres comieron el man\u00e1 en el desierto y murieron\u201d (Juan 6:49), para luego afirmar: \u201c\u00c9ste es el pan que ha bajado del cielo, para que quien coma de \u00e9l no muera\u201d (v. 50). Es decir que ese valor metaf\u00f3rico del alimento que se ven\u00eda gestando ya desde el Antiguo Testamento, alcanza su m\u00e1xima plenitud en Jes\u00fas.<\/p>\n\n<p>Pero esto no es posible descubrirlo ni vivirlo si no es por medio de la fe. Cuando Jes\u00fas ense\u00f1a que \u00e9l es el pan verdadero que ha bajado del cielo, inmediatamente agrega \u201cel que viene a m\u00ed no pasar\u00e1 nunca hambre; el que cree en m\u00ed no pasar\u00e1 nunca sed\u201d (Juan 6:35). Ya la semana pasada subrayamos este primer requisito de la fe en las palabras de Jes\u00fas para poder vivir con aut\u00e9ntico sentido ese misterio profundo de aceptar que \u00e9l es el verdadero alimento de nuestra vida.<\/p>\n\n<p>Y ya, centr\u00e1ndonos en el tema del evangelio de hoy, encontramos una segunda condici\u00f3n para poder vivir a plenitud lo que Jes\u00fas nos plantea. Una vez que creemos de verdad en lo que \u00e9l nos dice, el segundo paso es \u201ccomer\u201d su cuerpo: \u201c\u2026si no comen la carne y beben la sangre del Hijo del Hombre, no tendr\u00e1n vida en ustedes\u201d (v.53).<\/p>\n\n<p>En definitiva, lo que este domingo quiere ofrecernos la liturgia es la oportunidad de meditar muy profundamente sobre el valor y la importancia de la eucarist\u00eda. San Juan no trae como los evangelios sin\u00f3pticos las palabras con las cuales Jes\u00fas instituye la eucarist\u00eda. Recordemos que en Juan, la eucarist\u00eda queda instituida en la \u00faltima cena a trav\u00e9s de la figura del lavatorio de los pies como s\u00edmbolo del servicio fraterno. De todos modos, las palabras que hoy dirige Jes\u00fas a sus oyentes son lo que la comunidad ya ten\u00eda como pr\u00e1ctica: reunirse en torno a la mesa para compartir la vida y, simb\u00f3licamente, comer y beber el cuerpo y la sangre de su Se\u00f1or.<\/p>\n\n<p>Comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo con la finalidad que \u00e9l mismo propone, que \u00e9l habite en nosotros y nosotros en \u00e9l (cf. v.56), va mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que en la vida pr\u00e1ctica se ha convertido la eucarist\u00eda. Siendo sinceros, tendr\u00edamos que reconocer que para muchos de nosotros la eucarist\u00eda se ha convertido en una costumbre, en un precepto dominical que hay que cumplir. Es lastimoso eso, \u00bfverdad? Cuando hacemos las cosas por cumplir, siempre queda un vac\u00edo en nosotros, nos queda faltando algo.<\/p>\n\n<p>La eucarist\u00eda no es un rito m\u00e1s, un sacramento m\u00e1s; de hecho, es el principal de los sacramentos, y no olvidemos que el sentido del sacramento es la vivencia real de lo que no es posible ver a simple vista; en el sacramento se nos transmite la gracia plena de Dios, y esto es posible captarlo \u00fanicamente desde la fe.<\/p>\n\n<p>Caigamos en cuenta que el sacramento de la eucarist\u00eda es el que m\u00e1s celebramos; en algunas comunidades lo celebran cada d\u00eda, en otras cada domingo; y esta celebraci\u00f3n dominical la que debe darle ese sentido de plenitud a las dem\u00e1s celebraciones; hoy domingo, d\u00eda del Se\u00f1or, la comunidad se re\u00fane, y no para una reuni\u00f3n cualquiera; en este convite quien convoca y preside es el Se\u00f1or Jesucristo, muerto y resucitado. Aqu\u00ed, hoy, nosotros somos interpelados por la Palabra, confrontamos nuestras actitudes de vida y nos cargamos de nueva energ\u00eda para vivir durante los siguientes d\u00edas esa misi\u00f3n, ese mandato que est\u00e1 impl\u00edcito en la convocaci\u00f3n que el Se\u00f1or nos hace. Al comer su cuerpo y beber su sangre, \u00e9l se queda en nosotros, y nosotros no debemos hacer otra cosa que transparentar en cada uno de nuestros actos, en nuestros gestos y palabras que \u00e9l est\u00e1 verdaderamente en nuestro ser, en nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n<p>Miremos entonces c\u00f3mo es mi comportamiento como creyente una vez finalizada la eucarist\u00eda; c\u00f3mo vivo esa presencia de Jes\u00fas en m\u00ed, en mi casa, en el trabajo, en la calle; c\u00f3mo es la calidad de mi solidaridad y de mi fraternidad con el hermanos o hermana que sufren, que est\u00e1n solos, esos que no esperan grandes cosas de nosotros, sino sencillos actos de fraternidad, de compa\u00f1\u00eda, de solidaridad\u2026<\/p>\n\n<p>Roguemos al Se\u00f1or para que nos d\u00e9 la fuerza, la luz, la sabidur\u00eda necesarias para volver a darle a la eucarist\u00eda su sentido original, el que quiso darle Jes\u00fas; que nuestros gestos, palabras y acciones est\u00e9n siempre en sinton\u00eda con lo que celebramos aqu\u00ed en el templo; que en todo sentido marquemos la diferencia.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[971,989],"class_list":["post-162821","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-b","category-propio-15b"],"acf":{"sermon_date":"2015-08-17","drupal_id":"305826","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":168899},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 15 (B) \u2013 2015 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-15-b-2015\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 15 (B) \u2013 2015\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Hermanos y hermanas; 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