{"id":162877,"date":"2018-09-16T03:17:33","date_gmt":"2018-09-16T07:17:33","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-19-b-2018\/"},"modified":"2020-12-03T10:48:05","modified_gmt":"2020-12-03T15:48:05","slug":"propio-19-b-2018","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/","title":{"rendered":"Propio 19 (B) &#8211; 2018"},"content":{"rendered":"\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p>Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabidur\u00eda divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar de unirnos y la corrupci\u00f3n que va en aumento a pesar de los reclamos constantes por la justicia y los valores, podemos escuchar la voz de Dios pregunt\u00e1ndonos y tambi\u00e9n invit\u00e1ndonos: \u201c\u00bfHasta cu\u00e1ndo amar\u00e1n la inexperiencia y hallar\u00e1n placer en sus burlas y despreciar\u00e1n el saber?\u201d y \u201cPresten atenci\u00f3n a mis correcciones, y yo los colmar\u00e9 de mi esp\u00edritu; les dar\u00e9 a conocer mis pensamientos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya conocemos el fen\u00f3meno que el libro de Proverbios nos plantea hoy. En alg\u00fan momento hemos conocido la frustraci\u00f3n: Buscamos respuestas a nuestras preguntas y soluciones a nuestros problemas, pero no las encontramos. Decimos que queremos una cosa, pero logramos otra. Por ejemplo, decimos que queremos paz, pero entramos en m\u00e1s conflictos innecesarios. Decimos que queremos una sociedad m\u00e1s justa y una vida mejor, pero no queremos esforzarnos para lograr estos deseos. La verdad es que el ser humano parece vivir la insensatez. En el vocabulario de la lectura del Antiguo Testamento, a menudo somos \u201cinexpertos, burlones y necios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie realmente est\u00e1 exento de esta insensatez porque todos, de una manera u otra, participamos en los mecanismos distorsionados de la sociedad en que vivimos. Todos hemos pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>No solo nosotros nos encontramos en esta situaci\u00f3n tan frustrante. Desde los tiempos de nuestros primeros padres, nos vemos frustrados por esta insensatez que nos impulsa a actuar en contra de nuestro propio bienestar y el de la familia humana. Si pensamos en el ejemplo de Ad\u00e1n y Eva, veremos una muestra de nuestra situaci\u00f3n: Dios les dijo que pod\u00edan comer de todos los \u00e1rboles menos de uno, pero fueron necios y no hicieron caso a la palabra del Se\u00f1or y por eso fueron expulsados del jard\u00edn. Su necedad los llev\u00f3 a actuar en contra de su propio bienestar.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la Palabra de Dios nos llama a despertarnos y a tomar conciencia de nuestra condici\u00f3n, y nos llama a atender sus consejos. Ya despiertos, podemos aprender a romper estos ciclos de pecado e insensatez, pues dice la Escritura: \u201cPero el que me presta atenci\u00f3n vivir\u00e1 en paz y sin temor de ning\u00fan peligro\u201d. Dios quiere ense\u00f1arnos un camino hacia una vida mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Este aprendizaje realmente es un proceso de toda la vida. El hecho de que los seguidores de Jesucristo nos llamamos \u201cdisc\u00edpulos\u201d revela que somos aprendices del Se\u00f1or, pues en el discipulado cristiano como estudiantes, o aprendices, aprendemos a imitar al Maestro. De hecho, el ap\u00f3stol Santiago en su carta nos aconseja que no muchos deber\u00edamos ser maestros, sino que todos y todas, s\u00ed deber\u00edamos aprender a ser disc\u00edpulos de Cristo, porque \u00e9l es el verdadero Maestro y experto en las cosas de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es iluminador el hecho de que Pedro y los otros ap\u00f3stoles tambi\u00e9n pasaron por este proceso de aprendizaje como todos los seguidores de Jes\u00fas por casi tres a\u00f1os. El texto del evangelio para hoy nos da un buen ejemplo:<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaban con Jes\u00fas; com\u00edan con Jes\u00fas; oraban con Jes\u00fas d\u00eda a d\u00eda. Escucharon sus mensajes y ense\u00f1anzas; presenciaron sus milagros. Ya se hab\u00eda despertado en ellos la conciencia de un nuevo estilo de vida centrado en el amor de Dios. Incluso, como escuchamos hoy en la lectura, Pedro hizo la magn\u00edfica declaraci\u00f3n: \u201c\u00a1T\u00fa eres el Mes\u00edas!\u201d. Fue el primero que logr\u00f3 comprender que Jes\u00fas era el Hijo de Dios enviado del cielo; sin embargo, Pedro no hab\u00eda entendido todo; tampoco entendieron los otros.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema fue que Pedro, como joven inexperto, hab\u00eda entendido las palabras, sin entender su sentido verdadero. Como muchos de nosotros estaba algo confundido con las cosas de Dios.&nbsp; En su inmadurez quiso corregir a Jes\u00fas, qui\u00e9n le llam\u00f3 la atenci\u00f3n y le reprendi\u00f3 con palabras fuertes: \u201c\u00a1Ap\u00e1rtate de m\u00ed, Satan\u00e1s! T\u00fa no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De ese encuentro es claro que a Pedro le quedaban por lo menos dos lecciones que aprender. Son lecciones que nosotros debemos aprender tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Primero, cuando leemos los evangelios, nos damos cuenta de que Pedro actuaba y hablaba impulsivamente. Como nosotros y nosotras, necesitaba aprender que seguir a Cristo requiere que tengamos disciplina sobre lo que hacemos y decimos. Hemos de aceptar responsabilidad por nuestros actos y aprender a controlar nuestras lenguas, pues hablar sin control nos puede crear muchos problemas. Como nos se\u00f1ala la lectura de la carta de Santiago: \u201cLa lengua es un fuego. Es un mundo de maldad puesto en nuestro cuerpo, que contamina a toda persona\u201d. En realidad, el problema no es nuestra lengua, sino nuestra inmadurez y nuestra insensatez que operan la lengua sin control. Esta inmadurez nos lleva a decir cosas negativas acerca de los dem\u00e1s, a repetir chismes y rumores que da\u00f1an a otras personas y a pelear innecesariamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Segundo, todav\u00eda Pedro necesitaba aprender que ser disc\u00edpulo tambi\u00e9n incluye sufrimientos y problemas. Cuando Cristo ense\u00f1\u00f3 que el sufrimiento por causa del reino de Dios forma parte del camino a la vida eterna, Pedro reaccion\u00f3 negativamente. La idea de que el Hijo de Dios debi\u00f3 sufrir violencia y morir le choc\u00f3 mucho. No entendi\u00f3 que el camino a la vida es la cruz y que ser disc\u00edpulo significa entregarse a Dios sin reservas y sin verg\u00fcenza, hasta la muerte si es necesario. Para nosotros puede ser una lecci\u00f3n dif\u00edcil de asimilar, pero Jes\u00fas lo dijo con claridad: \u201cSi alguno quiere ser disc\u00edpulo m\u00edo, olv\u00eddese de s\u00ed mismo, cargue con su cruz y s\u00edgame\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo podemos aprender estas dos lecciones de la vida cristiana? Para empezar, podemos hacer lo que hicieron Pedro y los ap\u00f3stoles, podemos acercarnos a Cristo e imitar su vida. La vida de Jes\u00fas nos indica el camino y nos da un bueno modelo a seguir: Jes\u00fas fue fiel a su Padre Dios en todo momento, cumpliendo su prop\u00f3sito divino de la redenci\u00f3n del mundo. Sirvi\u00f3 a personas marginadas y necesitadas.&nbsp; Ense\u00f1\u00f3 el valor del perd\u00f3n y del respeto para los dem\u00e1s, y nos mostr\u00f3 que el amor de Dios es capaz de transformar las vidas de todos los seres humanos, permiti\u00e9ndonos romper con los viejos esquemas de los conflictos, el pecado y la insensatez.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Escrituras y la tradici\u00f3n cristiana cuentan que eventualmente Pedro aprendi\u00f3 estas lecciones. Le cost\u00f3 mucho tiempo, fall\u00f3 varias veces en el intento, pero al final aprendi\u00f3 a usar sus palabras para proclamar el amor de Dios, sufri\u00f3 mucho por la causa de Cristo y tambi\u00e9n fue crucificado en imitaci\u00f3n de su Maestro.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas rogu\u00e9mosle a Dios nos capacite con su gracia y sabidur\u00eda para seguir su buen ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Propio-19B-2018.pdf\"><strong>Sermon-Spanish-Propio-19B-2018<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Propio-19B-2018.pdf\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[971,993],"class_list":["post-162877","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-b","category-propio-19b"],"acf":{"sermon_date":"2018-09-17","drupal_id":"306111","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":168802,"sermon_other_translation":false},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 19 (B) - 2018 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 19 (B) - 2018\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabidur\u00eda divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas. Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-12-03T15:48:05+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"6 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/\",\"name\":\"Propio 19 (B) - 2018 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2018-09-16T07:17:33+00:00\",\"dateModified\":\"2020-12-03T15:48:05+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Propio 19 (B) &#8211; 2018\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Propio 19 (B) - 2018 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Propio 19 (B) - 2018","og_description":"Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabidur\u00eda divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas. Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2020-12-03T15:48:05+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"6 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/","name":"Propio 19 (B) - 2018 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2018-09-16T07:17:33+00:00","dateModified":"2020-12-03T15:48:05+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-19-b-2018\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Propio 19 (B) &#8211; 2018"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":971,"label":"Pentecost\u00e9s B"},{"value":993,"label":"Propio 19b"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"wwedderburn","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabidur\u00eda divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas. Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/162877","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162877"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162877"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}