{"id":162993,"date":"2019-07-21T17:27:13","date_gmt":"2019-07-21T21:27:13","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/propio-11-c-2019\/"},"modified":"2020-12-03T10:47:40","modified_gmt":"2020-12-03T15:47:40","slug":"propio-11-c-2019","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-11-c-2019\/","title":{"rendered":"Propio 11 (C) &#8211; 2019"},"content":{"rendered":"\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Propio-11C-2019-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-190340\" width=\"666\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Propio-11C-2019-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Propio-11C-2019-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Propio-11C-2019-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Propio-11C-2019-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Propio-11C-2019.png 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En las lecturas de hoy, nos encontramos con una perla fundamental para nuestra vida cristiana. Esta perla es el tesoro clave en nuestro quehacer cotidiano, en los interrogantes que surgen en nuestra vida ocupada y llena de responsabilidades diarias. Siempre que venimos a la Iglesia, traemos una actitud de agradecimiento por el regalo de la vida pero tambi\u00e9n traemos nuestras necesidades y s\u00faplicas que, en muchas ocasiones, quieren encontrar una respuesta precisa. Sigamos a continuaci\u00f3n el desenlace de la Palabra de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En primera lectura, en el Libro del G\u00e9nesis, encontramos la visita de tres hombres a Abraham, quienes en la interpretaci\u00f3n b\u00edblica y espiritual que se hace a la luz del Nuevo Testamento, son una representaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Trinidad. Abraham les suplica que no pasen de largo para poder atenderles con una hospitaldiad magn\u00edfica. Prepara lo mejor para ellos: agua para lavarse los pies, el mejor pan, un hermoso becerro, cuajada y leche. Es decir, les ofreci\u00f3 la m\u00e1s alta calidad que ten\u00eda de sus productos del campo, adem\u00e1s de una atenci\u00f3n dedicada y muy amable. Al final, luego de ya haber sido atentidos, uno de ellos pregunta por su mujer, Sara, y le realiza a Abraham una promesa que parec\u00eda imposible de cumplir por hallarse ellos en el ocaso de su vida, pues eran ancianos: les prometi\u00f3 un hijo. La promesa de Dios es bendici\u00f3n, pues su descendencia ser\u00e1 el pueblo elegido. Por esto y m\u00e1s, Abraham se converte para nosotros en modelo de fe, pues crey\u00f3 a pesar de los imposibiles y contra toda esperanza; as\u00ed, Dios le dio lo que m\u00e1s anhelaba su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, es la misma idea con la cual contin\u00faa del Salmo: \u00bfQui\u00e9n puede morar en la presencia de Dios? \u201cEl que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su coraz\u00f3n\u201d. Porque precisamente, en los m\u00e1s profundo de nuestro ser, en lo m\u00e1s \u00edntimo y sagrado de nuestras entra\u00f1as, sabemos si caminamos en la verdad o en la mentira; y a Dios no le podemos enga\u00f1ar. Sabemos que somos pecadores, fr\u00e1giles, que nos equivocamos, pero tenemos la fe, el amor y la esperanza para ser cada vez mejores. Es por eso que venimos a la iglesia, porque no somos perfectos ni santos; venimos buscando el perd\u00f3n, la misericordia y el amor inconmensurable que nos reconcilia con Dios, todo gracias a Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed como Pablo, en su Carta a los Colosenses, centra su himno en la persona de Cristo, realzando su figura sobre todo lo creado; nada queda exento de su presencia y de su poder. Dios nos ha reconciliado por medio de \u00e9l. Deja claro la ep\u00edstola que Cristo es la \u201cgloriosa riqueza\u201d de un designio secreto que ahora est\u00e1 entre nosotros, es la esperanza en la que encontramos gloria. Y, precisamente, \u00e9sta es la perla que mencion\u00e1bamos al principio y que vemos reflejada en la historia del Evangelio de Lucas proclamada hace un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas iba de camino y al entrar a una aldea, suponemos que en el ocaso del d\u00eda, le recibi\u00f3 una mujer llamada Marta, quien le dio hospedaje su casa. Ella ten\u00eda una hermana llamada Mar\u00eda, para quien su \u00fanica preocupaci\u00f3n fue disponerse a escuchar a Jes\u00fas. Nos dice la Palabra que se sent\u00f3 a sus pies, con la actitud propia de una disc\u00edpula. Ahora bien, no es que Marta no se haya preocupado por Jes\u00fas, probablemente tambi\u00e9n estaba desvivi\u00e9ndose por atenderlo, podr\u00edamos imaginar que estar\u00eda cocinando, recogiendo el desorden, preparando la cama para el hu\u00e9sped, mientras ve\u00eda como hermana no le colaboraba. En este contexto, Marta manifesta su queja.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, notamos en Jes\u00fas m\u00e1s bien una respuesta amorosa y cari\u00f1osa: \u201cMarta, Marta, est\u00e1s preocupada por demasiadas cosas, pero solo una cosa es necesaria\u201d. Jes\u00fas le da a entender que comprende su inquietud pero le recuerda que lo primordial no puede confundirse con tantas otras cosas. Nada nos debe inquietar o quitar la paz, ni la presi\u00f3n de tantas actividades y compromisos, de tal forma que nos olvidemos que \u00c9l es el centro de nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos podemos identificar con las dos personajes pero, en especial con Marta \u00bfPor qu\u00e9? Nuestra vida es un corre corre, estamos llenos de tareas, de quehaceres de la casa, de muchas ocupaciones y responsabilidades; y mucho m\u00e1s ahora con la era digital, nuestro celular est\u00e1 lleno de notificaciones, correos, mensajes o llamadas perdidas. \u00bfNos hemos preguntado cu\u00e1ntas veces vemos el celular al d\u00eda? Posiblemente no tenemos la cifra exacta pero, muchas veces despertamos e, incluso antes de la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana, miramos el celular, o si se nos queda en casa cuando salimos regresamos por \u00e9l; \u00e9ste es solo un ejemplo de cu\u00e1n ocupados estamos. En el mundo en que vivimos estamos m\u00e1s propensos al estr\u00e9s y la ansiedad; en medio de tantos sucesos, muchas veces nuestro encuentro personal con Jes\u00fas queda relegado, en un espacio sin oportunidad, desplazado s\u00f3lo al encuentro dominical en la Iglesia y, en ocasiones, cuando nos queda tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, una an\u00e9cdota al respecto muy conocida de Mart\u00edn Lutero. Cuando le preguntaron cu\u00e1les ser\u00edan sus actividades para el d\u00eda siguiente, \u00e9l contest\u00f3: \u201cTrabajo, trabajo de sol a sol. En verdad tengo tanto que hacer, que pasar\u00e9 las primeras tres horas en oraci\u00f3n.\u201d As\u00ed debemos hacer, aunque estemos super atareados, es primordial encontrar el espacio para encontrarnos con Jes\u00fas, para escuchar su Palabra, alimentarnos de la Eucarist\u00eda, compartir con nuestros hermanos y hermanas en la fe, y tambi\u00e9n, dejar momentos para la interioridad, para hablar con Jes\u00fas en nuestro coraz\u00f3n. Entre tantas cosas que nos angustian, tengamos la certeza que, as\u00ed como a Marta, Jes\u00fas repite con ternura y amor nuestro nombre para invitarnos a colocar en primer lugar a Dios, porque cuando \u00c9l est\u00e1 en primer lugar, nosotros lo estamos. \u00c9l siempre quiere nuestra felicidad, as\u00ed que seamos como Mar\u00eda, abandonados en lo que realmente importa, para no dejarnos quitar la mejor parte. \u00c9sta es nuestra perla, el tesoro que cada d\u00eda debemos cuidar.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Rvdo. Israel Alex\u00e1nder Portilla G\u00f3mez es sacerdote en la Misi\u00f3n San Juan Evangelista, Di\u00f3cesis de Colombia, donde ha ejercido el ministerio desde diciembre de 2016.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Propio-11C-2019.docx\"><strong>Sermon-Spanish-Propio-11C-2019<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Propio-11C-2019.docx\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Propio-11C-2019.pdf\"><strong>Sermon-Spanish-Propio-11C-2019<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Propio-11C-2019.pdf\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1042],"class_list":["post-162993","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-11c"],"acf":{"sermon_date":"2019-07-21","drupal_id":"323046","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":169007,"sermon_other_translation":false},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 11 (C) - 2019 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-11-c-2019\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 11 (C) - 2019\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"En las lecturas de hoy, nos encontramos con una perla fundamental para nuestra vida cristiana. 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