{"id":163068,"date":"2020-03-08T13:06:18","date_gmt":"2020-03-08T17:06:18","guid":{"rendered":"http:\/\/episcopalchurch:8888\/sermon\/cuaresma-2-a-8-de-marzo-de-2020\/"},"modified":"2020-12-03T10:42:59","modified_gmt":"2020-12-03T15:42:59","slug":"cuaresma-2-a-2020","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/cuaresma-2-a-2020\/","title":{"rendered":"Cuaresma 2 (A) &#8211; 2020"},"content":{"rendered":"\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Cuaresma-2A-2020-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-190602\" width=\"666\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Cuaresma-2A-2020-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Cuaresma-2A-2020-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Cuaresma-2A-2020-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Cuaresma-2A-2020-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Cuaresma-2A-2020.png 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cDeja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar\u201d. Ponerse en marcha, cambiar nuestra forma de vivir, comprometerse en una relaci\u00f3n \u00edntima y personal con Dios, puede resultar dulce como miel y agradable a nuestros pensamientos y sentimientos en la medida en que hayamos descubierto, en nuestra vida, el tesoro de la salvaci\u00f3n que se nos ofrece en Cristo; pero, a la vez, puede convertirse en un verdadero reto cuando hemos sido tibios en nuestra vida espiritual. La conversi\u00f3n es un ejercicio que requiere disciplina; al igual que el gimnasta novato, el cristiano ne\u00f3fito requiere de grandes esfuerzos para vencerse a s\u00ed mismo y lograr destreza en el ejercicio de la oraci\u00f3n, la penitencia, la devoci\u00f3n y la pr\u00e1ctica de la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Como hijos de Dios estamos destinados a ser bendici\u00f3n para todos aquellos que entran en contacto con nosotros; el testimonio de amor, comprensi\u00f3n y acogida debe ser para todos los que sufren a causa de la violencia, la injusticia, la discriminaci\u00f3n, la pobreza, la enfermedad u otra circunstancia que afecte la vida, la dignidad y la libertad humana. Pero, para ser instrumentos de bendici\u00f3n, debemos, antes que nada, tomar conciencia de lo que somos, de las bendiciones que hemos recibido generosamente del Se\u00f1or y de la raz\u00f3n por la cual lo hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que hemos de comprender es que somos hijos de Dios por adopci\u00f3n y esa maravillosa bendici\u00f3n es de un valor incalculable, hace de nosotros sujetos de un amor incondicional e infinito y nos da la seguridad de que nunca estaremos solos ni seremos abandonados a pesar de nuestras limitaciones humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, debemos entender que si hemos recibido en abundancia -y en efecto as\u00ed es-, tambi\u00e9n es mucho lo que tenemos por ofrecer a los dem\u00e1s. Nadie es tan absolutamente pobre interior y exteriormente que no tenga nada para dar a sus semejantes. Dios nos ha dotado de inteligencia, habilidades y capacidades m\u00faltiples con las que podemos transformar el mundo y la vida de muchas personas que necesitan de nuestro amor, sin embargo, en muchas ocasiones, los cristianos carecemos de esa conciencia de amados, redimidos y bendecidos. En la medida que descubrimos en nuestras vidas el gran amor de Dios, somos conscientes de lo mucho que tenemos por ofrecer, y lo hacemos con alegr\u00eda y entusiasmo, por la construcci\u00f3n de un mundo mejor. Sentirnos inferiores por ser mujer, por pertenecer a determinado grupo \u00e9tnico, por nuestra condici\u00f3n sexual, por llevar en el cuerpo una enfermedad, por ser inmigrante, por haber tenido menos oportunidades de educaci\u00f3n o cualquier otra causa, nos hace incapaces de reconocer la multiforme gracia de Dios y no imposibilita comunicar a otros el poder trasformador del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed las cosas, es necesario saberse bendecido para llevar bendici\u00f3n, es urgente que nos pongamos en marcha por el camino que nos conduce hacia el otro y nos permite un encuentro fraterno para la construcci\u00f3n de ese reino de justicia que nos propone Jes\u00fas. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un tercer aspecto que debemos tener en cuenta, si queremos ser bendici\u00f3n para otros, es tomar conciencia del porqu\u00e9 Dios ha querido bendecirnos. Nuestra naturaleza humana es fr\u00e1gil, pecaminosa, inconstante, llena de miedo y desconfianza y, a partir de ella, surgen nuestros miedos e inseguridades. \u00bfPodemos fiarnos de nuestras fuerzas? \u00bfEst\u00e1 en nosotros la capacidad o la virtud para vivir seg\u00fan la voluntad de Dios? La respuesta con toda certeza es un rotundo no. San Pablo, en la carta a los Romanos, deja clara nuestra incapacidad total de complacer a Dios a trav\u00e9s de nuestros propios m\u00e9ritos; es \u00fanica y exclusivamente por la fe que nos hace justos mediante la gracia. No depende, pues, el resultado de nosotros. Debemos, con toda confianza, sembrar por doquier el mensaje de paz, justicia y reconciliaci\u00f3n que el Se\u00f1or nos encomend\u00f3. Muy seguramente encontraremos en nuestro caminar terrenos \u00e1ridos y pedregosos, pero tambi\u00e9n habr\u00e1 tierra f\u00e9rtil, comunidades, quiz\u00e1 peque\u00f1as que den testimonio de lo maravilloso que es Dios y del inmenso amor que nos ha tenido al escogernos para s\u00ed, aun cuando no lo merecemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas vino a salvarnos, no a condenarnos. Cuando tomamos conciencia del gran amor de Dios que nos ha elegido en Cristo, la esperanza renace y la fuerza se restablece para seguir el camino con alegr\u00eda y confianza: \u201c\u00abAbraham crey\u00f3 a Dios, y por eso Dios le tuvo esto en cuenta y lo reconoci\u00f3 como justo.\u00bb Ahora bien, si alguno trabaja, el pago no se le da como un regalo sino como algo merecido. En cambio, si alguno cree en Dios, que hace justo al pecador, Dios le tiene en cuenta su fe para reconocerlo como justo, aunque no haya hecho nada que merezca su favor.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El cumplimento del plan de Dios es realidad inquebrantable ya que es s\u00f3lo gracia y generosidad a la que respondemos con fe, a partir de un nuevo nacimiento que opera en nosotros en la medida en que le reconocemos y actuamos como redimidos en la concreci\u00f3n de nuestro pacto bautismal. Nacer del agua y del Esp\u00edritu demanda de nosotros un estilo de vida que d\u00e9 cuenta de nuestra elecci\u00f3n, ya que el cristiano no obra en justicia para obtener la salvaci\u00f3n, sino para dar raz\u00f3n de su redenci\u00f3n obrada por la muerte de Cristo en la Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>Nicodemo fue un hombre aparentemente sabio; como buen fariseo era conocedor, predicador y, muy seguramente, practicante asiduo de la ley de Mois\u00e9s, pero, en su coraz\u00f3n, tambi\u00e9n es consciente de lo limitado de su conocimiento. \u00c9l reconoce en Jes\u00fas a un Maestro del que puede aprender, no ya los estrictos formularios de la ley y las pr\u00e1cticas del juda\u00edsmo que como fariseo domina con habilidad, sino algo m\u00e1s profundo, que sobrepasa un conocimiento formal colmado de reglas en muchos casos sin sentido, algo novedoso, una Buena Nueva. El reto que Jes\u00fas le propone a dicha mente, racional y radical por los legalismos, parece imposible: \u201cnacer de nuevo\u201d, del agua que lava, limpia y purifica; despojarse del pecado para quedar abierto a la Gracia y nacer del Esp\u00edritu para llenarse de Dios y convertirse en testimonio, en bendici\u00f3n para este mundo. Los nacidos del agua y del Esp\u00edritu debemos ir por doquier anunciando el Evangelio de esperanza a un mundo pecador que necesita encontrarse con su Dios crucificado: \u201ctonter\u00eda a los que van a la perdici\u00f3n; pero [\u2026] poder de Dios para los que vamos a la salvaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Rvdo. Ricardo Antonio Betancur Ortiz, es Presb\u00edtero en la Iglesia del Esp\u00edritu Santo de la ciudad de Soacha, en la Republica Colombia, donde ha ejercido el ministerio ordenado por los \u00faltimos 4 a\u00f1os; ha ejercido la docencia en temas de anglicanismo y estudio del Libro de Oraci\u00f3n Com\u00fan en el Centro de Estudios Teol\u00f3gicos de la Di\u00f3cesis.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Cuaresma-2A-2020.docx\"><strong>Sermon-Spanish-Cuaresma-2A-2020<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Cuaresma-2A-2020.docx\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Cuaresma-2A-2020.pdf\"><strong>Sermon-Spanish-Cuaresma-2A-2020<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Sermon-Spanish-Cuaresma-2A-2020.pdf\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[892,854],"class_list":["post-163068","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-cuaresma-2a","category-cuaresma-a"],"acf":{"sermon_date":"2020-03-08","drupal_id":"327229","sermon_language":"es","lectionary_id":false,"author_id":169086,"sermon_other_translation":false},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Cuaresma 2 (A) - 2020 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/cuaresma-2-a-2020\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Cuaresma 2 (A) - 2020\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cDeja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar\u201d. 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