{"id":187863,"date":"2010-10-24T15:47:16","date_gmt":"2010-10-24T19:47:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www2.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=187863"},"modified":"2020-12-03T10:48:37","modified_gmt":"2020-12-03T15:48:37","slug":"propio-25-c-2010","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/","title":{"rendered":"Propio 25 (C) &#8211; 2010"},"content":{"rendered":"\n<p>Preparado por el Rvdo. Abel L\u00f3pez<\/p>\n\n\n\n<p>Eclesi\u00e1stico 35:12-17; Salmo 84:1-6; 2 Timoteo 4:6-8, 16-18; Lucas 18:9-14<\/p>\n\n\n\n<p>Un donante an\u00f3nimo decidi\u00f3 donar una gran suma de dinero a una iglesia, pero pens\u00f3 que la cantidad era muy grande para enviarla toda de una vez. Por lo tanto decidi\u00f3 enviar el dinero dividi\u00e9ndolo en porciones y con una nota que dec\u00eda: \u201cSeguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d. Pasaron algunos d\u00edas y el pastor recibi\u00f3 otro sobre que conten\u00eda la misma cantidad de dinero y con el mismo mensaje: \u201cSeguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d. Con la misma regularidad, lleg\u00f3 un tercer, cuarto y quinto sobre y as\u00ed sucesivamente hasta que la suma de dinero fue recibida completamente. Cada uno de los sobres conten\u00eda esa nota de esperanza: \u201cSeguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, la gracia que recibimos de Dios siempre viene con esa misma&nbsp; esperanza de que \u201cseguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d. \u201cLa gracia\u201d es ese regalo espont\u00e1neo de amor incondicional de Dios por nosotros no s\u00f3lo en este momento, sino cada d\u00eda. Por la gracia podemos participar en la mism\u00edsima vida de Dios que no es&nbsp; m\u00e1s que un derrame de amor inagotable hacia todo ser humano y nuestra creaci\u00f3n. Dios es un Dios de misericordia y de perd\u00f3n, es un Dios compasivo que busca restaurarnos a su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Es precisamente eso lo que sucede en la par\u00e1bola que Jes\u00fas nos cuenta en el evangelio de hoy. El cobrador de impuestos, una persona aborrecida por muchos, se acerca a Dios con un coraz\u00f3n contrito y suplicando, a golpes en el pecho, el perd\u00f3n y la misericordia de Dios. Jes\u00fas concluye que \u00e9ste se va a casa justificado ante Dios. La gracia de Dios no es solamente para unos, sino para todos. Las Escrituras nos dicen que Dios hace salir el sol tanto para los buenos como para los malos. La gracia es tambi\u00e9n un don de Dios que recibimos a\u00fan cuando no lo merecemos y Dios nos asegura que \u201cseguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El peligro, al escuchar esta par\u00e1bola, es creernos que trata \u00fanicamente de una lecci\u00f3n sobre la humildad. Es decir, un llamado de Jes\u00fas a que no seamos orgullosos como el fariseo, sino m\u00e1s bien que imitemos la humildad del cobrador de impuestos. Esta par\u00e1bola expresa expl\u00edcitamente la naturaleza de la gracia de Dios. Depender cien por cien de la gracia de Dios es admitir que no hay nada que uno pueda hacer que impresione a Dios o que uno pueda ganarse el favor de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Evidentemente, esta historia nos hace un llamado a ser humildes, pero tambi\u00e9n la historia nos revela un gran aspecto de Dios y de su manera actuar hacia nosotros. Este otro mensaje, no podemos ignorarlo porque estar\u00edamos convirtiendo una par\u00e1bola sobre la gracia abundante e incondicional de Dios en una historia sobre la humildad o c\u00f3mo ganarnos su perd\u00f3n y su misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Para aclarar esto, ser\u00eda oportuno traer a nuestra reflexi\u00f3n dos maneras de ver el mundo, la vida y toda la creaci\u00f3n. Una es, la tendencia a ver un mundo de escasez y la otra la de ver un mundo de abundancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tendemos a ver el mundo desde un punto de vista de escasez corremos el riesgo de competir por sus recursos. El miedo, o la creencia de que no hay suficiente para todos, muchas veces hace que nos convirtamos en personas ego\u00edstas que solamente buscan el bienestar propio. Casi siempre esto sucede a expensas de otros, a quienes sacrificamos en af\u00e1n de lograr nuestros intereses ego\u00edstas. En muchas ocasiones, y con respecto a Dios, corremos el riesgo, al igual que el fariseo de la par\u00e1bola, de creernos mejores que otros y pensamos que el amor, el perd\u00f3n y la misericordia de Dios no alcanzan a todos, o que est\u00e1n reservados s\u00f3lo para algunos. Esta era la forma de ver el mundo del fariseo. Alguien que en su mentalidad de escasez&nbsp; pod\u00eda verse restaurado ante Dios, pero no pod\u00eda imaginar la abundancia del amor de Dios como capaz de alcanzar al cobrador de impuestos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, cuando vemos&nbsp; el mundo y la vida con un sentido de abundancia, tenemos la tendencia natural a compartir y a colaborar. Pensamos que este mundo que Dios cre\u00f3 tiene suficiente recursos para todos y que nuestro llamado es a administrar esos recursos. Tenemos tambi\u00e9n la tendencia a crear comunidad, relaciones y, sobre todo, aprendemos que el amor, el perd\u00f3n y la misericordia de Dios son tan abundantes que alcanzan para todos, aun cuando creamos que somos lo peor de lo peor. Es esa generalmente la altitud del humilde y sincero de coraz\u00f3n. Venimos a Dios confiados de que seremos restablecidos en nuestra relaci\u00f3n con Dios y con otros seres humanos porque la abundancia de la gracia y el amor de Dios son una realidad accesible a todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos en la fe, la gracia de Dios es abundante y cuando llega, siempre viene con una nota de que \u201cseguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d. Porque por medio de esa gracia inmerecida, Dios es capaz de hacer en este mismo momento que recibamos una nueva vida y una nueva esperanza. El amor y la gracia de Dios son una energ\u00eda divina con la cual Dios va m\u00e1s all\u00e1 de nuestras heridas, temores o sufrimientos; m\u00e1s all\u00e1 de nuestras inseguridades, resentimientos o adicciones. Y el modo en que Dios hace todas estas cosas nuevas es haci\u00e9ndonos nuevos a nosotros, d\u00e1ndonos la oportunidad de comenzar de nuevo y experimentar la vida nueva a cada momento y as\u00ed poder crear con Dios un nuevo cielo y una nueva tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 apropiado para nosotros el reflexionar durante este tiempo sobre la abundancia y la escasez!&nbsp; A todo lo largo de este pa\u00eds muchas congregaciones comienzan a preocuparse por recaudar suficientes fondos para los programas y ministerios del pr\u00f3ximo a\u00f1o, para mantener las puertas de la iglesia abiertas y continuar nuestra misi\u00f3n en el mundo. Estos son tiempos dif\u00edciles que nos han impactado a todos, incluyendo a la Iglesia. Ya sean tiempos buenos o tiempos dif\u00edciles, el reto para nosotros individualmente y como iglesia sigue siendo el mismo. Es nuestra la opci\u00f3n de c\u00f3mo enfrentar los tiempos. Podemos enfrentarlos con una mentalidad de escasez o con una mentalidad de abundancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro llamado es a creer en la abundancia de Dios que derrama constantemente su gracia sobre todos nosotros. Cuando ofrecemos nuestros dones, tiempo y dinero al servicio de Dios y de su pueblo, estamos imitando a Dios y asegurando que seguir\u00e1 llegando m\u00e1s: m\u00e1s de nuestro tiempo para los ministerios de la Iglesia; m\u00e1s de nuestros talentos para el servicio de edificarnos unos a otros; m\u00e1s de nuestro dinero para continuar haciendo que nuestra iglesia sea un lugar donde m\u00e1s y m\u00e1s personas lleguen en la b\u00fasqueda de esa gracia abundante de Dios. Porque la promesa de Dios es que \u201cseguir\u00e1 llegando m\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><br><em>\u2014&nbsp;El Rvdo. Abel L\u00f3pez es el sacerdote a cargo de la misa biling\u00fce de la Iglesia All Saints, Pasadena, California. Abel est\u00e1 a cargo de los programas de educaci\u00f3n de adultos; proceso de discernimiento para \u00f3rdenes sagradas; entrenamiento multicultural y es el sacerdote a cargo de los ministerios de la vida parroquial.<\/em><\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1056],"class_list":["post-187863","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-25c"],"acf":{"author_id":168895,"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2010-10-24","sermon_other_translation":false,"sermon_language":""},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 25 (C) - 2010 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 25 (C) - 2010\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Preparado por el Rvdo. Abel L\u00f3pez Eclesi\u00e1stico 35:12-17; Salmo 84:1-6; 2 Timoteo 4:6-8, 16-18; Lucas 18:9-14 Un donante an\u00f3nimo decidi\u00f3 donar una gran suma de dinero a una iglesia, pero pens\u00f3 que la cantidad era muy grande para enviarla toda de una vez. Por lo tanto decidi\u00f3 enviar el dinero dividi\u00e9ndolo en porciones y con [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-12-03T15:48:37+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"6 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/\",\"name\":\"Propio 25 (C) - 2010 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2010-10-24T19:47:16+00:00\",\"dateModified\":\"2020-12-03T15:48:37+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Propio 25 (C) &#8211; 2010\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Propio 25 (C) - 2010 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Propio 25 (C) - 2010","og_description":"Preparado por el Rvdo. Abel L\u00f3pez Eclesi\u00e1stico 35:12-17; Salmo 84:1-6; 2 Timoteo 4:6-8, 16-18; Lucas 18:9-14 Un donante an\u00f3nimo decidi\u00f3 donar una gran suma de dinero a una iglesia, pero pens\u00f3 que la cantidad era muy grande para enviarla toda de una vez. Por lo tanto decidi\u00f3 enviar el dinero dividi\u00e9ndolo en porciones y con [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2020-12-03T15:48:37+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"6 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/","name":"Propio 25 (C) - 2010 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2010-10-24T19:47:16+00:00","dateModified":"2020-12-03T15:48:37+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/propio-25-c-2010\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Propio 25 (C) &#8211; 2010"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":1029,"label":"Pentecost\u00e9s C"},{"value":1056,"label":"Propio 25c"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"wwedderburn","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Preparado por el Rvdo. Abel L\u00f3pez Eclesi\u00e1stico 35:12-17; Salmo 84:1-6; 2 Timoteo 4:6-8, 16-18; Lucas 18:9-14 Un donante an\u00f3nimo decidi\u00f3 donar una gran suma de dinero a una iglesia, pero pens\u00f3 que la cantidad era muy grande para enviarla toda de una vez. Por lo tanto decidi\u00f3 enviar el dinero dividi\u00e9ndolo en porciones y con&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/187863","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=187863"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=187863"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}