{"id":208791,"date":"2020-12-13T13:49:00","date_gmt":"2020-12-13T18:49:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www2.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=208791"},"modified":"2021-11-27T20:53:46","modified_gmt":"2021-11-28T01:53:46","slug":"adviento-3-b-13-de-diciembre-de-2020","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-3-b-13-de-diciembre-de-2020\/","title":{"rendered":"Adviento 3 (B) &#8211; 2020"},"content":{"rendered":"\n<p><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/adviento-3b\/\">[RCL]: Isa\u00edas 61:1\u20134, 8\u201311; Salmo 126; 1 Tesalonicenses 5:16\u201324; San Juan 1:6\u20138, 19\u201328<\/a><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-3b-2020-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-208792\" width=\"512\" height=\"268\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-3b-2020-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-3b-2020-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-3b-2020-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-3b-2020-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-3b-2020.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El Adviento proclama que lo mejor de nosotros a\u00fan no ha acontecido, que est\u00e1 por delante. Que la fuerza de la esperanza que emerge en medio de toda tiniebla como una luz que irrumpe en medio de la oscuridad tiene la capacidad de llenar el mundo de una novedad inaudita: Dios, en Jes\u00fas de Nazareth, se hizo uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hacerse uno de nosotros, al compartir nuestra humanidad, es decir nuestras alegr\u00edas y tristezas, nuestras debilidades y fortalezas, nuestras pasiones y nuestras tensiones, nos mostr\u00f3 algo incre\u00edblemente positivo: el mal no forma parte de la naturaleza humana. La presencia de uno de la Trinidad entre nosotros proclama un Dios que reconoce que somos barro, pero que tambi\u00e9n somos aliento divino. Jes\u00fas, el hombre sin pecado, aquel que pas\u00f3 haciendo el bien -como es proclamado en Hecho de los Ap\u00f3stoles- nos muestra lo m\u00e1s genuino de la humanidad: el llamado a la comuni\u00f3n con Dios. El pecado, reitero, no forma parte de la naturaleza humana. El misterio de la encarnaci\u00f3n, el misterio de Jes\u00fas de Nazareth entre nosotros posibilita que Dios mismo asuma el pecado del mundo, el pecado de toda la historia, todo signo y expresi\u00f3n de mal en s\u00ed mismo, para transformarlo en vida buena y abundante.<\/p>\n\n\n\n<p>El texto del Evangelio que la liturgia nos ofrece hoy nos habla de un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que la tradici\u00f3n ha denominado Bautista, el que bautiza. Este hombre se hizo testigo de la luz. Testigo, en el sentido m\u00e1s original del t\u00e9rmino, significa aquel que da la vida por otro, aquel que vivencia el martirio, lo cual, efectivamente, sucedi\u00f3 con Juan el Bautista. Pero, tambi\u00e9n, en nuestra interpretaci\u00f3n com\u00fan del t\u00e9rmino testigo es el que testifica, el que anuncia y proclama a otro, a alguien mayor que s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un elemento que merece ser mencionado es la simbolog\u00eda de la luz. Este escenario de luz y oscuridad, tan propio del evangelista Juan, nos ofrece una gran posibilidad de participar y comunicar, aqu\u00ed y ahora, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, la luz del horizonte que nos convoca. Jesucristo es la luz que brilla en la oscuridad; en toda oscuridad. Ciertamente, ello puede tener un elemento social: nuestros contextos, en algunos casos de sufrimiento, soledad, violencia y muerte nos arrojan al mundo de la oscuridad, all\u00ed donde parece ser que Dios es el gran ausente. Pero tambi\u00e9n puede tener un elemento espiritual: la noche oscura. Algunas veces, en nuestro interior, en nuestra dimensi\u00f3n psico-espiritual, vivenciamos la ausencia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La gran buena noticia del evangelio en su totalidad, y de este pasaje en particular, es que Dios solidariamente, en Jes\u00fas de Nazareth, ilumina la oscuridad, quita el pecado, vence la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, y en absoluta sinton\u00eda con el Evangelio, el texto del Profeta Isa\u00edas nos presenta los grandes signos mesi\u00e1nicos. Posteriormente, el propio Jes\u00fas, seg\u00fan la tradici\u00f3n del evangelista Lucas se identificar\u00e1 con ellos. El Adviento anuncia que el Dios con nosotros, el Emmanuel, fue \u201cenviado a dar buenas noticias a los pobres, a aliviar a los afligidos, a anunciar libertad a los presos, libertad a los que est\u00e1n en la c\u00e1rcel\u201d. Pero, a\u00fan hay m\u00e1s, \u00e9sta tambi\u00e9n es la misi\u00f3n de la Iglesia. El Movimiento de las disc\u00edpulas y disc\u00edpulos de Jes\u00fas tenemos la misma misi\u00f3n. Tambi\u00e9n nosotros, en nuestro contexto, debemos promover la vida digna, cuidar de los heridos del camino, no utilizar la Sagrada Escritura para esclavizar o poner cargas y pesos sobre las personas. La Misi\u00f3n de la Iglesia, de los seguidores del Maestro, es la de no encerrarnos sobre nosotros mismos, no vivir al margen o generando mecanismos de exclusi\u00f3n sino transformando la sociedad y todas nuestras realidades desde su mismo interior como la levadura en la masa.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, la Primera Carta a los Tesalonicenses hace una invitaci\u00f3n a la comuni\u00f3n con Dios mediante la oraci\u00f3n. Comuni\u00f3n fundada sobre aqu\u00e9l en quien creemos, de quien el texto dice que es fiel. Afirmar la fidelidad de Dios significa reconocer la piedra firme desde la cual estamos cimentados. De diversas formas y maneras la Comunidad de los creyentes hemos experimentado que Dios no se desdice. Que Dios no se presenta, en Jes\u00fas de Nazareth, como un extra\u00f1o sino como alguien con el cual podemos tener familiaridad. Dios permanece fiel a su palabra, nos sostiene, no nos suelta la mano, no deja que la oscuridad nos venza; Dios permanece en nosotros y con nosotros en los momentos m\u00e1s oscuros anunciando que lo mejor de nosotros, a\u00fan no ha sucedido, est\u00e1 por delante.<\/p>\n\n\n\n<p>Este domingo somos sumergidos en la buena nueva de Dios, en su luz, en su fidelidad, en su anuncio de vida, de plenitud, de dignidad, de libertad del pecado, de todo aquello que nos ata al hombre viejo y no deja que lo mejor de nosotros se exprese como presencia y cercan\u00eda de Dios para los otros en nuestro rostro, en nuestras vidas compartidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Este domingo somos sumergidos en la buena noticia, as\u00ed como le sucedi\u00f3 a Juan el Bautista. No somos el centro de la historia; somos invitados a anunciar a Otro, al Dios con nosotros, al Dios que se hizo historia en Jes\u00fas de Nazareth. La salvaci\u00f3n es una invitaci\u00f3n gratuita de Dios, y a nosotros corresponde, con nuestra misma vida, dejar emerger, dejar aflorar la buena nueva del amor que Dios nos tiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Este domingo somos sumergidos en la profundidad del Reino de Dios y del Dios del Reino. Los signos mesi\u00e1nicos, que mencionamos anteriormente, nos revelan, nos muestran el proyecto de Dios, pero a\u00fan m\u00e1s, revelan a Dios mismo. Por su propuesta descubrimos qui\u00e9n es, qu\u00e9 propone, y le decimos que s\u00ed: estamos dispuestos a su seguimiento, renovamos la confianza en \u00e9l y en su fidelidad constante.<\/p>\n\n\n\n<p>Que este tiempo de Adviento que vivimos, ya pr\u00f3ximos a la Navidad, renueve nuestra fe en aqu\u00e9l que sabemos que nos ha amado primero, que es fiel a su palabra y portador de la luz sin ocaso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que as\u00ed sea!<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-ae747ffa-6e69-4876-b798-9b66b4a6db8c\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_3b_-_sermon_-_spanish.docx\"><strong>adviento_3b_-_sermon_-_spanish<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_3b_-_sermon_-_spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-ae747ffa-6e69-4876-b798-9b66b4a6db8c\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-d99a9986-b07a-42e4-b9d6-855acd1e81e0\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_3b_-_sermon_-_spanish.pdf\"><strong>adviento_3b_-_sermon_-_spanish<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_3b_-_sermon_-_spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-d99a9986-b07a-42e4-b9d6-855acd1e81e0\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[867,864],"class_list":["post-208791","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-adviento-3b","category-adviento-b"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2020-12-13","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":190827},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Adviento 3 (B) - 2020 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-3-b-13-de-diciembre-de-2020\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Adviento 3 (B) - 2020\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"[RCL]: Isa\u00edas 61:1\u20134, 8\u201311; Salmo 126; 1 Tesalonicenses 5:16\u201324; San Juan 1:6\u20138, 19\u201328 El Adviento proclama que lo mejor de nosotros a\u00fan no ha acontecido, que est\u00e1 por delante. 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