{"id":208801,"date":"2020-12-20T13:54:00","date_gmt":"2020-12-20T18:54:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www2.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=208801"},"modified":"2021-11-27T20:53:53","modified_gmt":"2021-11-28T01:53:53","slug":"adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/","title":{"rendered":"Adviento 4 (B) &#8211; 2020"},"content":{"rendered":"\n<p><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/adviento-4b\/\">[RCL]: 2 de Samuel 7:1-11,16; Cantico 8 o Salmo 89:1\u20134, 19\u201326; Romanos 16:25-27; San Lucas 1:26\u201338<\/a><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-4b-2020-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-208802\" width=\"512\" height=\"268\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-4b-2020-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-4b-2020-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-4b-2020-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-4b-2020-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Adviento-4b-2020.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cY la palabra se hizo hombre y habit\u00f3 entre nosotros\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 la ense\u00f1anza m\u00e1s caracter\u00edstica del cristianismo es el gran misterio de la encarnaci\u00f3n de Dios como ser humano; este importante acontecimiento de nuestra salvaci\u00f3n nos muestra el inconmensurable amor de nuestro Creador, quien realiza un acto de vaciamiento de s\u00ed mismo sobre la humanidad ca\u00edda en pecado, a fin de compartir nuestra naturaleza fr\u00e1gil y salvarnos por medio de su padecimiento y muerte en la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta K\u00e9nosis, como la denominan fil\u00f3sofos y te\u00f3logos, nos confronta con ese acto sublime y necesario realizado por el Creador en favor de la criatura. Quiz\u00e1 como seres humanos no logramos dimensionar el significado de este acontecimiento para nuestra fe pues vivimos absortos en realidades particulares, caminamos por el mundo buscando realizaci\u00f3n y felicidad, andamos en medio de muchas situaciones que nos ponen a prueba y otras que nos ofrecen momentos de felicidad, que generan una sensaci\u00f3n de triunfo y de \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p>En la lectura del Segundo libro de Samuel, que se nos propone para este cuarto domingo de adviento, vemos a un David que, tras haber pasado duras pruebas, persecuciones, guerras, decisiones dif\u00edciles y muchas veces inapropiadas (su vida es un reflejo de la mayor\u00eda de nosotros), finalmente logra establecer un periodo de paz y prosperidad en Israel, vive un momento de confort, instalado en su palacio, con su reino en paz con los pueblos extranjeros y disfrutando de sus triunfos; piensa que tiene una deuda pendiente con Dios, que ha llegado el momento de dedicar un templo como ofrenda al Se\u00f1or y propone al profeta Nat\u00e1n la construcci\u00f3n de una morada para que habite Dios. Pero la palabra del Se\u00f1or, a trav\u00e9s del profeta, va mucho m\u00e1s all\u00e1 del establecimiento de un lugar de adoraci\u00f3n y se extiende a la consecuci\u00f3n de un reino basado en la justicia, la prosperidad y la paz duraderas, por el que ser\u00e1 recordado este rey y tenido siempre como prototipo del salvador esperado por generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, como todos sabemos, ese reino dav\u00eddico fue tan s\u00f3lo un reflejo temporal de ese reino eterno prometido por Dios a la humanidad y que s\u00f3lo puede hacerse realidad en el verdadero Mes\u00edas, en Jes\u00fas el Cristo, descendiente de David y \u00fanico pr\u00edncipe de paz que puede establecer un reino eterno donde esas esperanzas se establezcan de manera permanente.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed como el evangelio nos narra la visita del \u00c1ngel a Mar\u00eda como el primer paso en la realizaci\u00f3n de la promesa hecha a David, una promesa que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de un reino terrenal, aunque comienza en uno: Dios Habit\u00f3 entre nosotros, plant\u00f3 su morada en esta tierra, nos anunci\u00f3 el establecimiento de su soberan\u00eda y nos pide el compromiso de hacer realidad, aqu\u00ed y ahora y para la eternidad, un mundo donde manifestemos y hagamos visible su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El Reino de Dios se nos ha anunciado a trav\u00e9s de muchas generaciones y particularmente en las palabras de Mar\u00eda, Juan el Bautista, los ap\u00f3stoles, disc\u00edpulos, hombres y mujeres santos que han levantado su voz y su oraci\u00f3n a trav\u00e9s de siglos de historia cristiana. El Reino de Dios est\u00e1 en medio de nosotros y debemos hacerlo realidad a trav\u00e9s de una denuncia prof\u00e9tica de la injusticia, la desigualdad, la discriminaci\u00f3n, el racismo, la xenofobia, la homofobia, la violencia, la corrupci\u00f3n y todos los males que destruyen a la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto?\u201d, pregunta Mar\u00eda al \u00c1ngel Gabriel en busca de una explicaci\u00f3n de lo que para ella no la tiene, y terminar finalmente entreg\u00e1ndose al plan de Dios con un simple \u201cH\u00e1gase\u201d, una entrega que implica riesgo hasta de la propia vida, que produce miedo, que generar\u00e1 incomprensi\u00f3n y juicio; pero se abandona con la certeza de que el Todopoderoso, el Alt\u00edsimo, la cubrir\u00e1 con su sombra, la proteger\u00e1 y la guiar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es mujer valiente, es mujer de fe, es llena de gracia; no duda en poner su peque\u00f1ez al servicio de la llegada del reino, pone en manos de su Creador la totalidad de su ser porque conf\u00eda en que, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier poder humano y aun a pesar de su evidente fragilidad femenina en una sociedad culturalmente dif\u00edcil (en la que el poder patriarcal, pol\u00edtico y religioso la pon\u00edan en desventaja), el Se\u00f1or ser\u00e1 su auxilio y su escudo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y todas las generaciones la llamaremos \u201cBienaventurada\u201d; no para ocupar el lugar de Dios, sino para proclamar junto a su pueblo la Buena Noticia, para ser testimonio de que sin importar lo peque\u00f1os, pobres, oprimidos o limitados que nos sintamos, podemos hacer grandes cosas, dejar huellas imborrables en los que caminan a nuestro lado, traer esperanza y entusiasmo a quienes se sienten cansados, desmotivados y sin respuestas. Debemos preguntarnos cu\u00e1l es nuestro aporte para hacer visible el reino de paz entre nosotros en el aqu\u00ed y en el ahora, qu\u00e9 entrego como bautizado desde mi peque\u00f1ez y mi pobreza material o desde mi capacidad intelectual y econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 somos como el rey David. Nos sentamos a contemplar nuestra prosperidad y nos llenamos de orgullo con nuestros logros personales, t\u00edtulos acad\u00e9micos, eclesi\u00e1sticos o simplemente honor\u00edficos, y se nos ocurre encerrar a Dios en nuestras teor\u00edas y decisiones sin inclinar la cabeza, desconociendo que esa grandeza de la que a veces nos gloriamos es pasajera, sin darnos cuenta de que lo m\u00e1s importante ser\u00e1 nuestra uni\u00f3n \u00edntima con el Se\u00f1or y lo que dejemos sembrado en el coraz\u00f3n de los que tienen contacto con nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos mucho que aprender de Jes\u00fas. Debemos permitir que la gracia de Dios nos inunde como a Mar\u00eda, abrir nuestro coraz\u00f3n, nuestra mente, nuestros pensamientos y sentimientos y dejar que \u00c9l act\u00fae; colocarnos m\u00e1s de rodillas para orar y pedir perd\u00f3n, recuperar la profundidad del misterio de Dios en nuestras vidas, dejar por un momento tanta disertaci\u00f3n l\u00f3gica, filos\u00f3fica, teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica y reconocer a un Dios que se hizo hombre, no para que el hombre fuera el centro del universo y lo reemplazara, sino para demostrar su amor sin l\u00edmites asumiendo nuestra condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios nos dio la inteligencia y la raz\u00f3n para que lo busquemos, pero la mejor manera de hallarlo no est\u00e1 en las discusiones acad\u00e9micas, sino en el silencio de nuestro coraz\u00f3n, en ese \u201ch\u00e1gase\u201d que s\u00f3lo puede ser pronunciado cuando la gracia del Esp\u00edritu Santo nos inunda y nos permite recibir su revelaci\u00f3n sobrenatural, inmanente, trascendente e inexplicable, de la que nos habla el ap\u00f3stol Pablo en la ep\u00edstola. Dios no puede ser encerrado en un templo, en un libro, en una conferencia, en un discurso; \u00e9stas son s\u00f3lo herramientas que podemos y debemos utilizar para conocer y comunicar las Buenas Nuevas de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera revelaci\u00f3n del Dios, eterno y viviente, s\u00f3lo la encontraremos de rodillas en la sencillez, en la peque\u00f1ez, en la oraci\u00f3n, en el silencio, en ese misterio incomprensible que jam\u00e1s nuestra inteligencia humana terminar\u00e1 de desentra\u00f1ar.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-1241b931-24b3-4d62-be3d-ad52e75836f4\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_4b_-_sermon_-_spanish.docx\"><strong>adviento_4b_-_sermon_-_spanish<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_4b_-_sermon_-_spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-1241b931-24b3-4d62-be3d-ad52e75836f4\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-5b76ed93-b70c-4f9b-b906-727bb4e43f94\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_4b_-_sermon_-_spanish.pdf\"><strong>adviento_4b_-_sermon_-_spanish<\/strong><\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/adviento_4b_-_sermon_-_spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-5b76ed93-b70c-4f9b-b906-727bb4e43f94\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[868,864],"class_list":["post-208801","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-adviento-4b","category-adviento-b"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2020-12-20","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169086},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Adviento 4 (B) - 2020 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Adviento 4 (B) - 2020\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"[RCL]: 2 de Samuel 7:1-11,16; Cantico 8 o Salmo 89:1\u20134, 19\u201326; Romanos 16:25-27; San Lucas 1:26\u201338 \u201cY la palabra se hizo hombre y habit\u00f3 entre nosotros\u201d Quiz\u00e1 la ense\u00f1anza m\u00e1s caracter\u00edstica del cristianismo es el gran misterio de la encarnaci\u00f3n de Dios como ser humano; este importante acontecimiento de nuestra salvaci\u00f3n nos muestra el inconmensurable [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Episcopal Church\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2021-11-28T01:53:53+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"928\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"927\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@iamepiscopalian\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"6 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/\",\"name\":\"Adviento 4 (B) - 2020 &#8211; The Episcopal Church\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"datePublished\":\"2020-12-20T18:54:00+00:00\",\"dateModified\":\"2021-11-28T01:53:53+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es-ES\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png\",\"width\":928,\"height\":927,\"caption\":\"Sermones Que Iluminan\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Adviento 4 (B) &#8211; 2020\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"description\":\"Welcomes You\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es-ES\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization\",\"name\":\"The Episcopal Church\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg\",\"width\":770,\"height\":662,\"caption\":\"The Episcopal Church\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian\",\"https:\/\/x.com\/iamepiscopalian\",\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Adviento 4 (B) - 2020 &#8211; The Episcopal Church","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Adviento 4 (B) - 2020","og_description":"[RCL]: 2 de Samuel 7:1-11,16; Cantico 8 o Salmo 89:1\u20134, 19\u201326; Romanos 16:25-27; San Lucas 1:26\u201338 \u201cY la palabra se hizo hombre y habit\u00f3 entre nosotros\u201d Quiz\u00e1 la ense\u00f1anza m\u00e1s caracter\u00edstica del cristianismo es el gran misterio de la encarnaci\u00f3n de Dios como ser humano; este importante acontecimiento de nuestra salvaci\u00f3n nos muestra el inconmensurable [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/","og_site_name":"The Episcopal Church","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","article_modified_time":"2021-11-28T01:53:53+00:00","og_image":[{"width":928,"height":927,"url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@iamepiscopalian","twitter_misc":{"Est. reading time":"6 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/","name":"Adviento 4 (B) - 2020 &#8211; The Episcopal Church","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","datePublished":"2020-12-20T18:54:00+00:00","dateModified":"2021-11-28T01:53:53+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es-ES","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png","width":928,"height":927,"caption":"Sermones Que Iluminan"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-4-b-20-de-diciembre-de-2020\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Adviento 4 (B) &#8211; 2020"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#website","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","name":"The Episcopal Church","description":"Welcomes You","publisher":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es-ES"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#organization","name":"The Episcopal Church","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es-ES","@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/vertical_episcopal_logo.jpg","width":770,"height":662,"caption":"The Episcopal Church"},"image":{"@id":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/episcopalian","https:\/\/x.com\/iamepiscopalian","https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCdVJpxCtK41c_-p6EaE4_2A"]}]}},"taxonomy_info":{"category":[{"value":868,"label":"Adviento 4b"},{"value":864,"label":"Adviento B"}]},"featured_image_src_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"author_info":[],"comment_info":"","uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"thumbnail":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-300x300.png",300,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-768x767.png",768,767,true],"large":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"1536x1536":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"2048x2048":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ.png",928,927,false],"menu":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-330x200.png",330,200,true],"hero":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-928x550.png",928,550,true],"callout-image":["https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/Sermons_that_Work_Spanish_SQ-480x479.png",480,479,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"Christopher Sikkema","author_link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"[RCL]: 2 de Samuel 7:1-11,16; Cantico 8 o Salmo 89:1\u20134, 19\u201326; Romanos 16:25-27; San Lucas 1:26\u201338 \u201cY la palabra se hizo hombre y habit\u00f3 entre nosotros\u201d Quiz\u00e1 la ense\u00f1anza m\u00e1s caracter\u00edstica del cristianismo es el gran misterio de la encarnaci\u00f3n de Dios como ser humano; este importante acontecimiento de nuestra salvaci\u00f3n nos muestra el inconmensurable&hellip;","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon\/208801","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/sermon"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/sermon"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/201217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=208801"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=208801"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}