{"id":245427,"date":"2021-04-24T16:35:31","date_gmt":"2021-04-24T20:35:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=245427"},"modified":"2021-04-24T16:35:32","modified_gmt":"2021-04-24T20:35:32","slug":"pascua-5-b-2-de-mayo-de-2021","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pascua-5-b-2-de-mayo-de-2021\/","title":{"rendered":"Pascua 5 (B) \u2013 2 de mayo de 2021"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/pascua-5b\/\">LCR: Hechos 8:26\u201340; Salmo 22:24\u201330 (LOC); 1 San Juan 4:7\u201321; San Juan 15:1\u20138<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/P5-2021-Cover-ES-FB-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-245436\" width=\"512\" height=\"268\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/P5-2021-Cover-ES-FB-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/P5-2021-Cover-ES-FB-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/P5-2021-Cover-ES-FB-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/P5-2021-Cover-ES-FB-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/P5-2021-Cover-ES-FB.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En este primer domingo del mes de mayo, al que llamamos el mes de las flores, nuestro mundo, despu\u00e9s de m\u00e1s de un a\u00f1o, a\u00fan sufre y trata de sobreponerse a los graves estragos producidos por la pandemia del COVID-19. La p\u00e9rdida de la vida humana causada por este virus ha sido enorme y dolorosa. A millones de personas nos ha quitado, antes de tiempo, el amor y compa\u00f1\u00eda de nuestros seres queridos. Muchos de nuestros sue\u00f1os tal vez no se lleguen a realizar y en mucho se ha perdido la esperanza de poder volver a compartir y disfrutar de nuestros familiares y amigos. Vivimos de encerramiento en encerramiento, de restricciones que se imponen y luego se levantan. Vemos, con gran tristeza, como se han exacerbado y salido a la luz las desigualdades, injusticias, prejuicios y la opresi\u00f3n que siempre ha existido y que, en este tiempo pand\u00e9mico, nos urge confrontar para que podamos arrancar de ra\u00edz estos males sist\u00e9micos y ofrecer soluciones para el bien de cada persona, de grupos y de tantas comunidades afectadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante este cuadro tan desolador hay que decir que la presencia del amor divino nos ha acompa\u00f1ado siempre. Esa presencia nos ha abierto los ojos al dolor en nuestro alrededor y en el mundo. Hemos actuado, y al ver sufrir al pr\u00f3jimo que vive en nuestras comunidades, nos hemos unido en la ayuda solidaria para estar pendientes y cuidarnos mientras cuidamos a toda persona que nos rodea. Esta pandemia nos ha mostrado que podemos amar a nuestros semejantes, que con la ayuda de Dios podremos lograr muchos de los cambios que son urgentes en nuestras sociedades. \u00c9sa es la tarea que tenemos entre manos y que nos dar\u00e1 la oportunidad de ser m\u00e1s amables, generosos, de aceptarnos y abrirnos a ser transformados por la presencia del otro, de sanar nuestras heridas y reconciliarnos mientras continuamos viviendo en medio de nuevos brotes y diferentes mutaciones o variantes de este gran flagelo que nos ha tra\u00eddo el Coronavirus.<\/p>\n\n\n\n<p>Las lecturas que acabamos de escuchar validan nuestra experiencia y nos invitan a comprender y recostarnos m\u00e1s y m\u00e1s en la presencia del amor divino que nos ha dado el consuelo que busca nuestro esp\u00edritu en estos momentos de pena y sufrimiento. Reflexionar sobre estas lecturas afianzar\u00e1 nuestra fe, aliviar\u00e1 nuestros miedos, abrir\u00e1 nuestras almas a la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu divino de Dios Padre que vive en nosotros y en nosotras y en todo lo que nos rodea.<\/p>\n\n\n\n<p>En el evangelio de Juan, Jes\u00fas dice: \u201cYo soy la vid verdadera y mi Padre es el que la cultiva\u201d. El Padre poda las ramas y saca la maleza cuando es necesario para que la vi\u00f1a d\u00e9 fruto. El Padre y el Hijo est\u00e1n \u00edntimamente unidos, y nosotros sabemos que son el mismo Dios. La vi\u00f1a y el vi\u00f1ador que la cultiva, siempre est\u00e1n juntos, d\u00eda tras d\u00eda, de sol a sol, unidos en una relaci\u00f3n de constante cuidado; el vi\u00f1ador siente orgullo de ver crecer cada planta y gozo de mostrar los frutos en tiempo de vendimia. Si alguien recorre los vi\u00f1edos hoy d\u00eda, siempre ver\u00e1 a un hombre agachado, y si se acerca a hablarle, con alegr\u00eda contar\u00e1 c\u00f3mo ese a\u00f1o la vendimia ser\u00e1 mejor que la del a\u00f1o anterior por miles de razones que, en realidad, hablan de su amoroso cuidado y del amor de los dos: la vi\u00f1a y el vi\u00f1ador.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Jes\u00fas nos invita a vivir unidos a \u00c9l para poder dar fruto, nos est\u00e1 invitando a estar siempre a su lado, a \u201cpermanecer\u201d en \u00c9l, a nunca separarnos, a ir de la mano con \u00c9l, a aprender de sus ense\u00f1anzas y llegar a ser sus amados disc\u00edpulos para la gloria de su Padre. Sin Jes\u00fas, no podemos hacer nada porque Jes\u00fas es nuestro pastor, el pan de vida, el camino, la verdad, la resurrecci\u00f3n, la luz del mundo, la puerta del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>La carta de San Juan, por su parte, expande esa invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a ser disc\u00edpulos y disc\u00edpulas permaneciendo en \u00c9l, al exhortarnos con cari\u00f1o y pasi\u00f3n a \u201camarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios\u201d. Nos dice la carta que Dios nos am\u00f3 tanto \u201cporque Dios es amor\u201d, el que envi\u00f3 a su Hijo \u00fanico, Jes\u00fas, para vivir entre nosotros y que se ofreci\u00f3 en sacrificio para que tuvi\u00e9ramos vida y vida en abundancia.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos momentos, llenos de tantas emociones que hacen que l\u00e1grimas broten f\u00e1cilmente de nuestras almas, el llamado para nosotros y nosotras es a tener fe, confiar plenamente en el amor de Dios Padre que nos cre\u00f3 a su imagen y semejanza, creer en la presencia de ese amor que nos cuida, nos alimenta, nos consuela como el m\u00e1s dedicado de los labradores que con tiernos gestos tambi\u00e9n poda nuestras asperezas para que demos el fruto por \u00c9l so\u00f1ado. Tengamos fe en nuestro Dios encarnado que desea que permanezcamos siempre unidos en su Esp\u00edritu, unidos en esa vid, fuente de toda vida y vida para ofrecerla al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo entonces vivir en ese amor? \u00bfC\u00f3mo vivir en Dios sabiendo que es el amor que vive en cada ser y en su sagrada creaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo podemos vivir en el amor, que es Dios, en estos tiempos de tanta necesidad y lucha?<\/p>\n\n\n\n<p>Las respuestas a estas preguntas las encontraremos si abrimos nuestros corazones al amor de Dios, si nos llenamos de ese amor con el que Dios nos cre\u00f3 y que nos ofrece, y si reconocemos ese amor en nuestro propio ser y en los seres que nos rodean. Siendo sus hijos e hijas amados encontraremos respuestas al dejamos llevar de la mano de su Hijo Jesucristo, la vid verdadera, siendo las ramas que se dejan podar para dar fruto, siempre unidos y unidas en su amor, caminando a su lado, dejando que nos abra caminos de verdad y vida. En otras palabras, haciendo que nuestras comunidades de fe vivan la misi\u00f3n de Dios en el amor divino y, de esa manera, llegar a amar con el mismo amor con el que Dios nos ama y que ofrece al mundo a cada paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas. Que el amor de Dios Padre y de su Hijo nos renueven las fuerzas y sople aliento de vida en cada uno de nosotros y nosotras para sobrellevar, en el amor de Dios, nuestras luchas y sufrimientos y los de nuestros hermanos y hermanas a quienes amamos en el amor de Cristo. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La Rvda. Ema Rosero-Nordalm<\/em><\/strong><em> es di\u00e1cona en la Di\u00f3cesis de MA. Se desempe\u00f1a como Gestora del T\u00edtulo IV de los C\u00e1nones y sirve en el Comit\u00e9 Ejecutivo del Proyecto de St. Luke\/\/St. Margaret en Allston\/Brighton MA. Ema es la Representante de Justicia Social para la Junta Nacional de Mujeres Episcopales (2018-2022) y forma parte del Grupo Asesor de los Oficiales del Obispo Primado para la Implementaci\u00f3n de la Comunidad Amada (2019-2021).<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Sermon-Pascua-5-Spanish.docx\">Word &#8211; Pascua 5 (B)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Sermon-Pascua-5-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Sermon-Pascua-5-Spanish.pdf\">PDF &#8211; Pascua 5 (B)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Sermon-Pascua-5-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button\" download>Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201215,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[747,739],"class_list":["post-245427","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-easter-5b","category-easter-b"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2021-05-02","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169008},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Pascua 5 (B) \u2013 2 de mayo de 2021 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pascua-5-b-2-de-mayo-de-2021\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Pascua 5 (B) \u2013 2 de mayo de 2021\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: Hechos 8:26\u201340; Salmo 22:24\u201330 (LOC); 1 San Juan 4:7\u201321; San Juan 15:1\u20138 En este primer domingo del mes de mayo, al que llamamos el mes de las flores, nuestro mundo, despu\u00e9s de m\u00e1s de un a\u00f1o, a\u00fan sufre y trata de sobreponerse a los graves estragos producidos por la pandemia del COVID-19. 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