{"id":260657,"date":"2022-01-31T13:26:04","date_gmt":"2022-01-31T18:26:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=260657"},"modified":"2025-11-24T16:16:56","modified_gmt":"2025-11-24T21:16:56","slug":"ultimo-domingo-despues-de-la-epifania-c-27-de-febrero-de-2022","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/ultimo-domingo-despues-de-la-epifania-c-27-de-febrero-de-2022\/","title":{"rendered":"\u00daltimo Domingo despu\u00e9s de la Epifan\u00eda (C) \u2013 2022"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/ultimo-epifania-c\/\">LCR: \u00c9xodo 34:29-35; Salmo 99; 2 Corintios 3:12-4:2; Lucas 9:28-36, [37-43a]<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"536\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/LE-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-260659\" style=\"width:512px;height:268px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/LE-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/LE-2022-Sermon-Graphic-SP-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/LE-2022-Sermon-Graphic-SP-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/LE-2022-Sermon-Graphic-SP-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/LE-2022-Sermon-Graphic-SP.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>Transfigurados\/as en Cristo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces leemos, escuchamos y proclamamos el Evangelio sin que su lectura, escucha o proclamaci\u00f3n nos impacte. Pero el Evangelio es la Palabra viva que ha de llevarnos a la conversi\u00f3n. La Buena Noticia del Evangelio exige que ella sea vivida, asumida, experimentada de tal manera que nos transforme. El Evangelio de la Transfiguraci\u00f3n -o transformaci\u00f3n de Jes\u00fas- nos ofrece la ocasi\u00f3n de revivir y asumir la experiencia transformadora de Cristo en nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La crisis<\/strong>. El trasfondo del relato de Lucas es de una crisis profunda dentro de la comunidad de disc\u00edpulos. En el texto que antecede, Jes\u00fas les ha confrontado con su misi\u00f3n y proyecto, les ha manifestado el rechazo que sufrir\u00e1 por parte de los l\u00edderes de Israel, ha anunciado su condena, pasi\u00f3n y muerte, ha explicado las condiciones para el discipulado y el seguimiento hablando de negaci\u00f3n de s\u00ed mismo, cargar una cruz y llegar a entregar la vida. Eso era lo opuesto a lo que ellos imaginaban, \u00a1algo no cuadraba! Sus expectativas eran muy diferentes: el Mes\u00edas vendr\u00eda a cambiar la historia pol\u00edtica y social de Israel, traer\u00eda el fin del sufrimiento, mejorar\u00eda sus vidas. Pero ahora el Maestro les propon\u00eda iniciar el camino hacia Jerusal\u00e9n y hacia la cruz, una senda de rechazo, dolor y muerte. Despu\u00e9s de escuchar al Maestro podemos imaginarnos que se sintieran defraudados, inseguros y apesadumbrados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La oraci\u00f3n<\/strong>. Es l\u00f3gico que esto afectara tambi\u00e9n a Jes\u00fas, quien busca el camino de la oraci\u00f3n para afrontar \u00e9ste y otros momentos dif\u00edciles. Nos dice el texto que Jes\u00fas, acompa\u00f1ado de Pedro, Juan y Santiago, subi\u00f3 al monte Tabor a orar, en otras palabras, a buscar el consejo y la aprobaci\u00f3n del Padre para el camino que emprender\u00eda. Al reconocernos limitados, tristes, abandonados o confrontados, tenemos la posibilidad, a trav\u00e9s de la b\u00fasqueda de la comuni\u00f3n con Dios, de identificar su prop\u00f3sito para nuestras vidas y reafirmar nuestro compromiso con el seguimiento a Cristo. La oraci\u00f3n en comunidad, en un mismo sentir, nos permite como pueblo alcanzar esa fe y confianza en la certeza que es Dios quien nos acompa\u00f1a y gu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El monte<\/strong>. Nuestro lugar santo, adonde hemos sido invitados a orar con Jes\u00fas, es todo nuestro planeta, creaci\u00f3n de Dios y manifestaci\u00f3n de s\u00ed mismo. Es nuestro \u201cmonte\u201d donde podemos entablar un di\u00e1logo con el Padre en oraci\u00f3n, donde ocurre la teofan\u00eda o manifestaci\u00f3n de la gloria de Jes\u00fas, su transformaci\u00f3n: \u201cmientras oraba, el aspecto de su cara cambi\u00f3, y su ropa se volvi\u00f3 muy blanca y brillante\u201d. All\u00ed aparecen Mois\u00e9s, el legislador y gu\u00eda de Israel, y el profeta El\u00edas, ellos comentan lo que sobrevendr\u00eda a Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n. A trav\u00e9s de este di\u00e1logo, en oraci\u00f3n, Jes\u00fas recibe la confirmaci\u00f3n de que su proyecto es acorde a la voluntad de Dios en las palabras: \u201c\u00c9ste es mi Hijo, mi elegido: esc\u00fachenlo\u201d. Hoy tambi\u00e9n nosotros tenemos la posibilidad de hablar y escuchar a Dios, de dar y recibir, de amar y ser amados. Ese conversar con Dios tambi\u00e9n implica \u201cescuchar\u201d a nuestros Padres y Madres en la fe, a los profetas y ap\u00f3stoles a trav\u00e9s de la lectura y meditaci\u00f3n en la Palabra. Como sucedi\u00f3 a Mois\u00e9s y despu\u00e9s al propio Jes\u00fas, nuestro rostro irradia luminosidad cuando hablamos con el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Letargo, miedo y falsas seguridades<\/strong>. Los disc\u00edpulos, igual que a nosotros, aun en medio de esa manifestaci\u00f3n de la gloria de Cristo y de la contemplaci\u00f3n de su rostro luminoso, muestran tres reacciones que les dificulta percibir el acontecer de Dios. Primero, se sienten cansados y se duermen; segundo, al despertar quedan at\u00f3nitos y sienten temor; y tercero, ya cuando quedan solos con el Se\u00f1or, Pedro sugiere quedarse en el monte y construir tres c\u00f3modas tiendas, lo que se hace en la fiesta jud\u00eda de los Tabern\u00e1culos, buscando seguridad y tranquilidad. Son reacciones y mecanismos que tambi\u00e9n nosotros experimentamos: nuestro cansancio y letargo, nuestros miedos frente a lo desconocido, nuestra falta de confianza en el Se\u00f1or y la b\u00fasqueda de seguridades externas.<\/p>\n\n\n\n<p>Meditemos este domingo en aquellas ocasiones en que nos comportamos como los disc\u00edpulos en el monte Tabor. Muchas veces no somos conscientes de lo que Dios est\u00e1 haciendo en nuestras vidas y a nuestro alrededor porque nos mantenemos espiritualmente adormecidos. Puede ser porque estamos ensimismados o acomodados en nuestras propias maneras de pensar y en nuestras seguridades, por lo que no nos abrimos a nuevos cambios y transformaciones; no nos dejamos transfigurar por el Esp\u00edritu de Cristo que busca actuar en nosotros y nosotras. Nuestros bloqueos y letargos mentales nos llevan a no ser conscientes de la actuaci\u00f3n de Dios en nuestros hermanos y hermanas, nuestros vecinos, conciudadanos, en nuestro mundo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La acedia<\/strong>. Ese letargo y adormecimiento ha sido una de las caracter\u00edsticas de nuestras sociedades y tiempo presente. Al igual que suced\u00eda a los monjes en la Edad Media nos sobreviene la <em>acedia<\/em> o lo que se llamaba entonces \u201cel demonio del mediod\u00eda\u201d: una especie de apat\u00eda, pereza, des\u00e1nimo, negligencia y desesperanza. Nos acomodamos en la melancol\u00eda por tiempos pasados que creemos fueron mejores, nos preocupamos de cuestiones balad\u00edes y superfluas que no llenan de sentido nuestra existencia, nos quedamos tan ensimismados en nosotros mismos, en nuestros problemas y dificultades que no somos capaces de alzar la mirada al rostro de Jes\u00fas, que es el rostro del hermano. Los maestros, te\u00f3logos y abades, preocupados por la acedia que enfermaba a los monjes con un tipo de depresi\u00f3n moderna, consideraban que el mejor remedio contra este mal del des\u00e1nimo estaba en el ocuparse de la caridad, en el ejercicio del amor hacia los semejantes; los monjes que eran pastores, agricultores o m\u00e9dicos dedicados al cuidado de otros, no padec\u00edan este mal. La diferencia con el contexto de los monasterios medievales es que la sociedad contempor\u00e1nea, lejos de evitar y remediar la acedia, la estimula con su culto al individualismo, el ensimismamiento, la promoci\u00f3n del consumismo y la indiferencia hacia los otros, y los dramas de la humanidad y del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusi\u00f3n pastoral<\/strong>. Al acercarse el inicio de la Cuaresma, propong\u00e1monos despertar a Dios en el amor, abrirnos a su voluntad para nuestro mundo necesitado. Seamos transfiguradas y transformados por Cristo para bajar del monte a trasmitir a otros la alegr\u00eda de la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de nuestras acciones y obras. Que el rostro iluminado e iluminador de Cristo sea el que nos guie para que junto al ap\u00f3stol Pablo podamos decir: \u201cNosotros, ya sin el velo que nos cubr\u00eda la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Se\u00f1or, y vamos transform\u00e1ndonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos m\u00e1s de su gloria, y esto por la acci\u00f3n del Se\u00f1or, que es el Esp\u00edritu\u201d. As\u00ed sea.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-be7585aa-1b5b-4881-b77c-f51abc6132ec\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Sermon-Ultimo-Epifania-Spanish.docx\">Word &#8211; \u00daltimo Domingo despu\u00e9s de la Epifan\u00eda (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Sermon-Ultimo-Epifania-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-be7585aa-1b5b-4881-b77c-f51abc6132ec\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-82c58ffa-785e-4163-a7ec-a52c30bdb96d\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Sermon-Ultimo-Epifania-Spanish.pdf\">PDF &#8211; \u00daltimo Domingo despu\u00e9s de la Epifan\u00eda (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Sermon-Ultimo-Epifania-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-82c58ffa-785e-4163-a7ec-a52c30bdb96d\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1004,1011],"class_list":["post-260657","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-epifania-c","category-ultimo-domingo-despues-de-la-epifania-c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2022-02-27","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169079},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>\u00daltimo Domingo despu\u00e9s de la Epifan\u00eda (C) \u2013 2022 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/ultimo-domingo-despues-de-la-epifania-c-27-de-febrero-de-2022\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u00daltimo Domingo despu\u00e9s de la Epifan\u00eda (C) \u2013 2022\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: \u00c9xodo 34:29-35; Salmo 99; 2 Corintios 3:12-4:2; Lucas 9:28-36, [37-43a] Transfigurados\/as en Cristo Muchas veces leemos, escuchamos y proclamamos el Evangelio sin que su lectura, escucha o proclamaci\u00f3n nos impacte. 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