{"id":269677,"date":"2022-06-09T13:51:38","date_gmt":"2022-06-09T17:51:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=269677"},"modified":"2025-11-25T13:08:25","modified_gmt":"2025-11-25T18:08:25","slug":"pentecostes-5-c-10-de-julio-de-2022","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-5-c-10-de-julio-de-2022\/","title":{"rendered":"Propio 10 (C) \u2013 2022"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-10c\/\">LCR: Deuteronomio 30:9\u201314; Salmo 25:1\u20139&nbsp;LOC; Colosenses 1:1\u201314; San Lucas 10:25\u201337.<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"536\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Pr10-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-269679\" style=\"width:512px;height:268px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Pr10-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Pr10-2022-Sermon-Graphic-SP-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Pr10-2022-Sermon-Graphic-SP-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Pr10-2022-Sermon-Graphic-SP-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Pr10-2022-Sermon-Graphic-SP.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Nos congregamos de nuevo este Domingo para dar gracias a Dios por tantos dones y bendiciones que derrama continuamente sobre nosotros; para encontrarnos con los hermanos y hermanas que profesamos la fe y que estamos sedientos y ansiosos de alimentarnos con la Palabra que cada domingo el Se\u00f1or nos regala para hacer de la nueva semana que iniciamos una nueva etapa llena de luz y de esperanza y tambi\u00e9n de compromiso con el proyecto de Jes\u00fas. Abramos pues nuestra mente y coraz\u00f3n para que hoy salgamos muy bien nutridos y fortalecidos con la Palabra que acabamos de escuchar.<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera Lectura que proclamamos hoy, tomada del libro del Deuteronomio, podemos ver c\u00f3mo la prosperidad, la justicia, la paz, la aut\u00e9ntica calidad de vida no son cosas imposibles de alcanzar siempre y cuando haya una verdadera conexi\u00f3n con el proyecto de Dios. El pueblo puede estar seguro y tranquilo si tiene como prioridad ajustar su vida y sus acciones al compromiso de mantener aquella fidelidad a la alianza pactada con Yahw\u00e9h. Dicha alianza s\u00f3lo exige del pueblo fidelidad y obediencia, una obediencia basada en la pr\u00e1ctica constante del amor a Dios y al hermano y concretados esos dos amores, que en el fondo son uno solo, en la solidaridad y la fraternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos tener en cuenta que el Deuteronomio se termin\u00f3 de escribir en una \u00e9poca en la cual el pueblo hab\u00eda padecido enormemente a causa de la violencia y la opresi\u00f3n causada por el imperio babil\u00f3nico; el reino de Jud\u00e1 hab\u00eda sido conquistado, la capital Jerusal\u00e9n destruida, el templo saqueado e incendiado y la gente m\u00e1s influyente desplazada a Babilonia. En ese destierro, la parte del pueblo que fue sometida a trabajos forzados y a la esclavitud, despu\u00e9s de superar en cierta medida la crisis que gener\u00f3 este desastre donde aparentemente el dios de los babilonios hab\u00eda derrotado y humillado a Yahw\u00e9h y despu\u00e9s de haber considerado con humildad la parte de responsabilidad que todo el pueblo ten\u00eda en este fracaso, gracias al acompa\u00f1amiento en el destierro por parte del Segundo Isa\u00edas y de Ezequiel, se logra comprender que todo esto no era m\u00e1s que el castigo merecido por la desobediencia y la infidelidad a la alianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta reflexi\u00f3n se empieza a construir una nueva conciencia, una nueva intuici\u00f3n que salvar\u00e1 definitivamente a Israel de la crisis: si nos volvemos a Yahw\u00e9h con todo el coraz\u00f3n y con toda el alma, \u00c9l volver\u00e1 a nosotros; \u00c9l no ha sido destruido por Marduk, nuestro Dios est\u00e1 vivo y sigue firme en su promesa de ser nuestro Dios. Por eso resuenan de una manera tan hermosa esas palabras iniciales de esta lectura hoy: \u201c<em>Entonces el Se\u00f1or les har\u00e1 prosperar en todo lo que hagan, y en hijos, en cr\u00edas de ganado y en cosechas; s\u00ed, el Se\u00f1or su Dios volver\u00e1 a complacerse en hacerles bien, como antes se complac\u00eda en hacerlo a los antepasados de ustedes, si es que obedecen al Se\u00f1or su Dios y cumplen sus mandamientos y leyes escritos en este libro de la ley, y se vuelven a \u00e9l con todo su coraz\u00f3n y con toda su alma<\/em>\u201d. Mensajes como \u00e9ste llenaron de fe y esperanza a la gente que estaba en el exilio y los animaron a creer que, si un d\u00eda Yahw\u00e9h hab\u00eda liberado a sus antepasados de la esclavitud en Egipto y los hab\u00eda conducido a la tierra de la libertad, ahora el Se\u00f1or iba a tener ese mismo amor y empe\u00f1o para liberarlos de la tiran\u00eda de Babilonia y acompa\u00f1arlos de regreso a la tierra prometida. Y as\u00ed sucedi\u00f3. Por all\u00e1 por el 534 a.C., muchos de los desterrados regresaron a Jerusal\u00e9n. La intenci\u00f3n era reconstruir la ciudad y la conciencia del pueblo a partir de ese compromiso de obediencia y adhesi\u00f3n a la Ley del Se\u00f1or sin apartarse m\u00e1s de \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, esa reconstrucci\u00f3n basada en la obediencia a los mandatos del Se\u00f1or fue perdiendo de vista, poco a poco, el compromiso con el hermano, y as\u00ed, esa Ley que ten\u00eda que armonizar todos los aspectos de la vida de un israelita, se fue convirtiendo en una carga dif\u00edcil de llevar. Imaginemos c\u00f3mo ser\u00eda el panorama en la \u00e9poca de Jes\u00fas; tendr\u00eda que ser demasiado impactante y alejado del querer original de Dios para que Jes\u00fas llamara la atenci\u00f3n y dejara para las futuras generaciones esta ilustraci\u00f3n tan contrastante que narra delante de la gente, a prop\u00f3sito de la pregunta del doctor de la Ley que escuchamos del Evangelio de Lucas.<\/p>\n\n\n\n<p>El doctor de la Ley sab\u00eda y estaba convencido de que cumpliendo cada precepto estaba en camino de obtener felicidad, \u00e9xito en sus empresas, vida plena seg\u00fan lo prometido en Deuteronomio; \u00e9l mismo tiene la respuesta a la pregunta que ha hecho a Jes\u00fas; quiz\u00e1 lo que en realidad pretende es, m\u00e1s bien, poner a prueba a Jes\u00fas sobre su conocimiento y posici\u00f3n respecto a la Ley, dado que, seg\u00fan se murmuraba, su manera de vivirla no era tan ejemplar. Es que, a decir verdad, en aquella \u00e9poca algunos (como los Saduceos) ten\u00edan por Ley s\u00f3lo la que Mois\u00e9s hab\u00eda recibido y transmitido, y punto; pero para otros, la Ley era tambi\u00e9n lo que se le hab\u00eda ido agregando con el tiempo, como comentarios y explicitaciones a ciertos puntos del dec\u00e1logo; en fin, para \u00e9stos (como los fariseos), la ley estaba contenida en 613 preceptos, todos de id\u00e9ntica obligatoriedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro de la ley interpelado por Jes\u00fas responde correctamente, as\u00ed es como piensa Jes\u00fas y eso es lo que ense\u00f1a a la gente: el amor exclusivo a Dios y el amor al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo como \u00fanico medio de hacer realidad el amor a Dios. Pero viene ahora la segunda parte del di\u00e1logo: \u201c\u00bfqui\u00e9n es mi pr\u00f3jimo?\u201d. Para el juda\u00edsmo tradicional el pr\u00f3jimo era el hermano de pueblo, el otro de origen israelita; los dem\u00e1s no eran pr\u00f3jimo. Es bueno recordar que a los que no eran israelitas se les denominaba \u201clos perros\u201d, \u201cgoim\u201d, los que no eran \u201cnada\u201d, ni \u201cnadie\u201d. El pr\u00f3jimo para un jud\u00edo, a\u00fan dentro del sistema socio-religioso del juda\u00edsmo, deb\u00eda reunir unas condiciones especiales para poder acercarse: no deb\u00eda estar impuro legalmente para que no me hiciera impuro a m\u00ed; no pod\u00eda haber tocado sangre o huesos o un cad\u00e1ver; si era una mujer no pod\u00eda tener en ese momento su per\u00edodo menstrual. La impureza legal hab\u00eda que remediarla con ba\u00f1os y abluciones y, a veces, con sacrificios que ten\u00edan su costo econ\u00f3mico. Se comprende, entonces, que el sacerdote y el levita que pasan de largo por el lado del hombre ca\u00eddo, herido, no lo auxiliaran porque para ellos era demasiado importante cumplir con las reglas de la pureza legal y cultual: no tocar sangre. Adem\u00e1s, ese hombre ah\u00ed tirado, podr\u00eda en realidad ser un cad\u00e1ver, auxiliarlo traer\u00eda muchos inconvenientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas hace ver c\u00f3mo el legalismo mata el amor, la compasi\u00f3n, la misericordia; aliena tanto que el otro resulta un \u201cestorbo\u201d para mi \u201cperfecci\u00f3n\u201d personal. El samaritano que se acerca al herido es el prototipo de la persona odiada, rechazada, que resulta inc\u00f3moda porque su sola presencia pone en riesgo la pureza legal; sin embargo, ese samaritano \u201cimpuro\u201d seg\u00fan la mentalidad legalista, sirve a Jes\u00fas para ponerlo como modelo de lo que significa ser pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>El samaritano actu\u00f3 contra la Ley y podr\u00eda ser motivo de acusaci\u00f3n por parte del piadoso doctor de la ley, pero su acci\u00f3n supera por mucho a la Ley misma porque ha actuado con amor, compasi\u00f3n, generosidad, desinter\u00e9s y, sobre todo, misericordia. En esa medida, esta \u201cinfracci\u00f3n\u201d legal acusa y desenmascara la actitud legalista de los \u201cperfectos\u201d cumplidores de la Ley. Jes\u00fas no deja alternativa: hay que ir a hacer lo mismo. \u00bfEstamos dispuestos nosotros hoy para ir a hacer lo mismo?<\/p>\n\n\n\n<p>Que el buen Dios nos ilumine y nos abra los ojos cada d\u00eda m\u00e1s. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-f32f3d59-d15b-42d5-b2d8-a43f3372cf11\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sermon-Propio-10-Spanish.docx\">Word \u2013 Propio 10 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sermon-Propio-10-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-f32f3d59-d15b-42d5-b2d8-a43f3372cf11\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-a8e55874-e98b-4540-a136-9a437517a4e2\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sermon-Propio-10-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Propio 10 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sermon-Propio-10-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-a8e55874-e98b-4540-a136-9a437517a4e2\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1041],"class_list":["post-269677","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-10c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2022-07-10","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":168899},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 10 (C) \u2013 2022 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-5-c-10-de-julio-de-2022\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Pentecost\u00e9s 5 (C) \u2013 10 de julio de 2022\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: Deuteronomio 30:9\u201314; Salmo 25:1\u20139&nbsp;LOC; Colosenses 1:1\u201314; San Lucas 10:25\u201337. 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