{"id":273736,"date":"2022-09-01T13:30:38","date_gmt":"2022-09-01T17:30:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=273736"},"modified":"2025-11-25T13:36:21","modified_gmt":"2025-11-25T18:36:21","slug":"pentecostes-18-c-9-de-octubre-de-2022","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-18-c-9-de-octubre-de-2022\/","title":{"rendered":"Propio 23 (C) \u2013 2022"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-23c\/\">LCR: 2 Reyes 5:1-3, 7-15c; Salmo 111; 2 Timoteo 2:8-15; San Lucas 17: 11-19<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"536\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr23-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-273737\" style=\"width:512px;height:268px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr23-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr23-2022-Sermon-Graphic-SP-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr23-2022-Sermon-Graphic-SP-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr23-2022-Sermon-Graphic-SP-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr23-2022-Sermon-Graphic-SP.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Unidos en la adversidad y agradecidos en la prosperidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta a nuestras oraciones llega de donde menos esperamos y de las formas m\u00e1s asombrosas, pero a la vez m\u00e1s sencillas que pudi\u00e9ramos imaginar. Dios est\u00e1 actuando permanentemente en nuestra historia a trav\u00e9s de personas y situaciones que, muchas veces, escapan a nuestra comprensi\u00f3n. Es por ello por lo que, cuando imploramos al Se\u00f1or en medio de nuestras necesidades, enfermedades o angustias, debemos estar atentos y abiertos para escuchar la respuesta que puede llegar de la manera m\u00e1s inesperada.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasaje del Segundo Libro de los Reyes nos relata la curaci\u00f3n de Naam\u00e1n, el sirio, por medio del profeta Eliseo, y el Evangelio nos narra la curaci\u00f3n de diez leprosos por parte de Jes\u00fas, mostr\u00e1ndonos una serie de elementos que debemos tener en cuenta si queremos profundizar en los textos y sacar el mayor provecho para nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, vemos c\u00f3mo la respuesta llega de personas y situaciones inesperadas, una esclava, un extra\u00f1o, un enemigo e incluso un carpintero como Jes\u00fas. Eliseo, al igual que uno de los leprosos de Lucas, es samaritano; Naam\u00e1n, como los enfermos del evangelio, padecen lepra. Ninguno de nuestros personajes conoce a su sanador, s\u00f3lo han o\u00eddo hablar de ellos. Sabemos por el Evangelio que los samaritanos no aceptan a Jes\u00fas por ser jud\u00edo y los jud\u00edos tampoco lo aceptan por llamarse Hijo de Dios; asimismo, los asirios son enemigos declarados de los jud\u00edos y, para la \u00e9poca de Eliseo, Samaria era la capital de Israel.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de este confuso contexto hist\u00f3rico y geogr\u00e1fico, hay personas sufriendo y no importa si son amigos o enemigos, de una naci\u00f3n u otra, si practican la misma fe o una distinta. La lepra era quiz\u00e1 la enfermedad m\u00e1s terrible porque determinaba el aislamiento de la persona de su vida familiar, social, pol\u00edtica y religiosa, reduci\u00e9ndola al total abandono en medio de la miseria y el dolor. Quiz\u00e1 para Naam\u00e1n la situaci\u00f3n era menos dram\u00e1tica ya que, seg\u00fan el relato, segu\u00eda disfrutando de la comodidad de su hogar, de su familia y del afecto de rey de Asiria; sin embargo, estos privilegios no evitan el dolor de la enfermedad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde vendr\u00e1 socorro para el que sufre? La enfermedad es una gran prueba para todos, ricos o pobres, pero es m\u00e1s grave para quienes carecen de lo m\u00ednimo para tratarlas, y peor cuando la enfermedad o la situaci\u00f3n, o incluso la condici\u00f3n especial de la persona, la convierte en v\u00edctima de la discriminaci\u00f3n y el aislamiento. Las enfermedades catastr\u00f3ficas y de alto costo llevan a muchos a la miseria y la destrucci\u00f3n de la persona por falta de recursos para acceder a tratamientos y medicinas. La enfermedad est\u00e1 presente inevitablemente en nuestra realidad humana, pero la forma como la enfrentamos depende en gran parte de la solidaridad que tengamos unos con otros. Quiz\u00e1s hay muchos \u201cNaamanes\u201d en nuestras comunidades de fe, que tienen los recursos para acceder a los mejores m\u00e9dicos y a los mejores equipos y medicinas, pero son m\u00e1s, los que al igual que los leprosos del Evangelio, viven su dolor en la periferia, sin esperanza y victimizados por un sistema de salud inoperante.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n hay muchos marginados a causa de la injusticia social, del desempleo, de la falta de acceso a la educaci\u00f3n. Cientos de miles de personas que sobreviven en los cinturones de miseria de nuestras ciudades ante la mirada indiferente de los que vamos por el camino, sin reconocer a esa importante porci\u00f3n del cuerpo de Cristo que sufre sin esperanza en medio de una sociedad enferma. En estos escenarios de injusticia, opresi\u00f3n, enfermedad, exclusi\u00f3n y discriminaci\u00f3n, es donde el mensaje del Evangelio de Jes\u00fas tiene que irrumpir como una fuerza sanadora y liberadora de toda opresi\u00f3n. No debemos como Joram (rey de Israel en tiempos de Eliseo), tener miedo o desconfianza del que nos pide ayuda; es necesario abrir nuestro coraz\u00f3n y nuestra mano generosa, superar los desacuerdos y evitar las discusiones in\u00fatiles que lo que hacen es perjudicar a quienes las escuchan. (2 Timoteo 2:14).<\/p>\n\n\n\n<p>Las situaciones injustas requieren de cada cristiano una actitud de misericordia y uni\u00f3n. Tanto en el pasaje de la curaci\u00f3n de Naam\u00e1n como en de los diez leprosos, encontramos una actitud de solidaridad universal expresada en la preocupaci\u00f3n por el que padece la enfermedad, sin importar si es extranjero o tiene otras creencias, o incluso si es un desconocido; lo m\u00e1s importante es que esa persona encuentre sanidad, porque como nos dice Pablo en este domingo: \u201cla palabra de Dios no est\u00e1 encadenada\u201d. La desgracia, con todos los elementos negativos que implica, genera en las personas sentimientos y actitudes de uni\u00f3n en medio de la dificultad y esa uni\u00f3n es el motor que debemos impulsar para superar la injusticia y la marginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El mensaje de Jes\u00fas es universal, llama a personas de todas las latitudes, pueblos y condiciones sociales, a reconocerle como el Se\u00f1or de sus vidas a fin de que encuentren libertad y dignidad. As\u00ed lo manifiesta el leproso samaritano que \u201cregres\u00f3 alabando a Dios a grandes voces y se arrodill\u00f3 delante de Jes\u00fas inclin\u00e1ndose hasta el suelo para darle gracias\u201d, y tambi\u00e9n Naam\u00e1n reconoce al Se\u00f1or al verse curado: \u201cAhora estoy convencido de que en toda la tierra no hay Dios, sino s\u00f3lo en Israel\u201d. \u00c9stas son manifestaciones de unas existencias liberadas que reconocen a Dios y logran vivir a plenitud y dar testimonio, para que tambi\u00e9n otros crean y sean curados.<\/p>\n\n\n\n<p>Las causas de un mundo enfermo son m\u00faltiples, sin embargo, desde la sencillez del Evangelio podemos aportar respuestas simples a esos grandes males en nuestro diario vivir: en nuestra generosidad para compartir lo que tenemos, en el agradecimiento, en una palabra de aliento, en un gesto de amor y comprensi\u00f3n; tenemos la fuerza necesaria para cambiar las cosas siendo levadura en medio de la masa.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces los seres humanos nos complicamos la existencia, somos arrogantes y creemos que con nuestras fuerzas o con dinero podemos solucionarlo todo, asumimos esa actitud inicial de Naam\u00e1n; nos resistimos a Dios y queremos arrancarle por la fuerza las soluciones a los problemas que nosotros mismo hemos creado. Quiz\u00e1, como Naam\u00e1n, tengamos mucho oro, plata, vestidos caros, pero nada de esto nos sirve para sanar nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios es gratis, est\u00e1 disponible para los que con coraz\u00f3n sencillo y obediente le reconocen, no necesita nada de nosotros, no nos pide nada complicado, costoso o espectacular; se manifiesta en el viento suave, en el silencio, en el desierto, en el monte, en el agua, en la comida eucar\u00edstica; no espera grandes tesoros de nosotros porque todo es suyo, \u00fanicamente que seamos fieles, escuchemos y obedezcamos su llamado al amor, tal como nos ense\u00f1a el Ap\u00f3stol Pablo en la Ep\u00edstola de hoy: \u201cSi no somos fieles, \u00e9l sigue siendo fiel, porque no puede negarse a s\u00ed mismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Eliseo no sale a recibir a Naam\u00e1n con grandes \u00ednfulas de sanador; s\u00f3lo lo invita a realizar una cosa sencilla, ba\u00f1arse en el r\u00edo Jord\u00e1n, despojarse, limpiarse de los prejuicios, de la arrogancia, de creerse m\u00e1s poderoso y mejor que los dem\u00e1s. Jes\u00fas s\u00f3lo pide a los leprosos, sin importar si son jud\u00edos o samaritanos, que se presenten a los sacerdotes, que cumplan con la ley para que esa misma ley los libere de la marginalidad y as\u00ed, en lo simple, sin ruido, sin espect\u00e1culo, la vida de estos personajes queda restaurada y dispuesta para cantar con el salmista: \u201cGrandes son las Obras del se\u00f1or\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-2178be94-aedc-48f1-90bd-c3346074f6f6\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-23-Spanish.docx\">Word \u2013 Propio 23 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-23-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-2178be94-aedc-48f1-90bd-c3346074f6f6\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-dfcf3ffa-4326-4ebe-a3f7-28d1cd4872dc\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-23-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Propio 23 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-23-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-dfcf3ffa-4326-4ebe-a3f7-28d1cd4872dc\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1054],"class_list":["post-273736","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-23c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2022-10-09","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169086},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 23 (C) \u2013 2022 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-18-c-9-de-octubre-de-2022\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Pentecost\u00e9s 18 (C) \u2013 9 de octubre de 2022\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: 2 Reyes 5:1-3, 7-15c; Salmo 111; 2 Timoteo 2:8-15; San Lucas 17: 11-19 Unidos en la adversidad y agradecidos en la prosperidad. 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