{"id":274911,"date":"2022-09-20T18:38:15","date_gmt":"2022-09-20T22:38:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=274911"},"modified":"2025-11-25T13:39:43","modified_gmt":"2025-11-25T18:39:43","slug":"pentecostes-20-c-23-de-octubre-de-2022","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-20-c-23-de-octubre-de-2022\/","title":{"rendered":"Propio 25 (C) \u2013 2022"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-25c\/\">LCR: Eclesi\u00e1stico 35:12\u201317 [= 35:9\u201314 DHH] o Jerem\u00edas 14:7\u201310, 19\u201322; Salmo 84:1\u20137 [= 84:1\u20136 LOC]; 2 Timoteo 4:6\u20138, 16\u201318; San Lucas 18:9\u201314.<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"536\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr25-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-274918\" style=\"width:512px;height:268px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr25-2022-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr25-2022-Sermon-Graphic-SP-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr25-2022-Sermon-Graphic-SP-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr25-2022-Sermon-Graphic-SP-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Pr25-2022-Sermon-Graphic-SP.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>\u00bfRecordamos la sensaci\u00f3n de habernos sorprendido con un regalo inesperado?, \u00bfcon un mensajero llamando a la puerta con un paquete que no pedimos?, \u00bfcon un amigo o una persona desconocida ayud\u00e1ndonos en el momento que m\u00e1s lo necesit\u00e1bamos?\u2026 \u00bfRecordamos la sensaci\u00f3n de recibir algo maravilloso? Ahora, hagamos los interrogantes de manera opuesta: \u00bfHemos experimentado realmente la sensaci\u00f3n de dar?, \u00bfese sentimiento que rodea todo nuestro cuerpo cuando damos un regalo a alguien?, \u00bfcuando damos nuestro tiempo para ayudar a un amigo o a un vecino necesitado?<\/p>\n\n\n\n<p>En el evangelio de hoy podemos ver que un regalo, uno inesperado; es lo que el recaudador de impuestos recibe con su oraci\u00f3n. Con frecuencia nosotros pedimos a Dios muchas cosas, a veces realmente no sabemos por lo que pedimos o pedimos lo que no necesitamos; pero, en esta par\u00e1bola, el recaudador de impuestos s\u00f3lo ped\u00eda misericordia. De esta manera se fue a su casa justificado ante Dios: \u00c9l or\u00f3: \u201c\u00a1Oh Dios, ten compasi\u00f3n de m\u00ed, que soy pecador!\u201d. Esta suplica hace eco al lamento del salmo penitencial, en el cual, el rey David, al reconocer su gran culpa, implora la misericordia de Dios despu\u00e9s de que el profeta Nat\u00e1n vino a visitarlo reproch\u00e1ndole sus graves ofensas: &#8221; Ten misericordia de m\u00ed, oh Dios, conforme a tu bondad; conforme a tu inmensa compasi\u00f3n borra mis rebeliones\u201d (Sal 51). El rey David llora. La oraci\u00f3n del recaudador de impuestos es muy corta, Jes\u00fas no nos dice m\u00e1s, salvo que estaba en el Templo, de pie y lejos, y no miraba hacia el cielo al golpearse su pecho. \u00bfEstaba avergonzado? \u00bfSe sent\u00eda culpable por su estilo de vida exprimiendo el dinero de los pobres?<\/p>\n\n\n\n<p>Los recaudadores de impuestos -en la Palestina del primer siglo- eran vistos generalmente como personas deshonestas y corruptas; era gente muy rica que trabajaba en conjunto con el Imperio Romano que, a su vez, ten\u00eda subyugado al pueblo con una ocupaci\u00f3n pol\u00edtica y militar. Estos recaudadores, quienes en su mayor\u00eda eran jud\u00edos, pagaban una suma al Imperio por adelantado para poder as\u00ed tener el permiso de recaudar impuestos; exprim\u00edan a sus hermanos de una forma abusiva e injusta. Por estos abusos y por colaborar con un imperio de gentiles, la sociedad jud\u00eda los consideraba imp\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, estaba un fariseo orando, al mismo tiempo que un recaudador, en el Templo. Su oraci\u00f3n, a primera vista, parece ser de acci\u00f3n de gracias; sin embargo, es una oraci\u00f3n que no tiene sentido, gira en torno de \u00e9l, s\u00f3lo agradece a Dios que no es como las otras personas. Por &#8220;otras personas&#8221; significaba los pecadores: ladrones, ad\u00falteras o recaudadores de impuestos. Este fariseo cree que \u00e9l es tan justo que no necesita pedirle a Dios por nada. Al final, no recibe nada. Se fue a su casa no justificado ante Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfPor qu\u00e9 es que su oraci\u00f3n no fue aceptada? Paul Tillich -un te\u00f3logo sistem\u00e1tico- entendi\u00f3 el pecado como separaci\u00f3n. Nos dice que estar en un estado de separaci\u00f3n es estar en uno de pecado. En este estado experimentamos separaci\u00f3n de nosotros mismos, de nuestra comunidad y de Dios. En este estado de separaci\u00f3n, Dios no es importante para nosotros, no queremos buscarle o estar disponibles para su encuentro. Perdemos a Dios como nuestro centro en el intento de ser el centro de todo. En este estado de separaci\u00f3n, Dios no es nuestra prioridad.<\/p>\n\n\n\n<p>El recaudador de impuestos entendi\u00f3 la naturaleza y las consecuencias del pecado. Con humildad reconoci\u00f3 su culpa, reconoci\u00f3 sus pecados y pidi\u00f3 misericordia; por su oraci\u00f3n se vac\u00edo a s\u00ed mismo y permiti\u00f3 que Dios llenara ese espacio; \u00e9l confi\u00f3 en que podr\u00eda fiarse en un Dios misericordioso. Si, la humildad en nuestra relaci\u00f3n con Dios y los dem\u00e1s es b\u00e1sica. Por la humildad nos conocemos y nos aceptamos a nosotros mismos con todas nuestras fortalezas y debilidades. Cuando somos humildes no tenemos que fingir algo que no somos o pretender que somos p\u00edos ante Dios. Reconocer nuestras culpas es dejar que Dios entre en este espacio incierto y confuso, y hacer que Dios lo llene con su gracia y misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las buenas noticias en este evangelio hablan de la naturaleza divina. Dios no es un juez, es un amigo y un amante de la humanidad. Dios no busca condenar, s\u00f3lo abrazar y envolvernos. Las buenas noticias hablan de un Dios que perdona a los pecadores y crea gente nueva. El recaudador de impuestos es un ejemplo de esto. En el acto en que confesamos en privado y en comunidad que hemos estado en la desesperaci\u00f3n, rotos y separados, es donde verdaderamente nos arrepentimos por nuestros pecados, es cuando estamos envueltos en el amor y el perd\u00f3n de Dios. S\u00f3lo en el momento en que reconocemos y aceptamos nuestra fragilidad, quebrantamiento y separaci\u00f3n, podremos estar abiertos a ser sanados por la gracia y la misericordia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Un regalo! \u00a1un regalo inesperado de misericordia es lo que el recaudador de impuestos recibi\u00f3! La misericordia de Dios es un don gratuito y generoso; nunca termina, nunca puede ser agotada. La misericordia de Dios est\u00e1 ligada al perd\u00f3n y al amor. As\u00ed que \u00bfHemos sentido en nuestras vidas la necesidad de la misericordia de Dios? \u00bfHay algo incompleto en nuestras vidas? \u00bfEstamos cansados o preocupados? \u00bfTenemos una necesidad real? Dios est\u00e1 aqu\u00ed, esper\u00e1ndonos con los brazos abiertos, listo para ayudarnos, listo para sorprendernos.<\/p>\n\n\n\n<p>La gracia de Dios es m\u00e1s poderosa que cualquier realidad humana. Por la gracia y la misericordia de Dios, a pesar de nuestra naturaleza fragmentada y finita, siempre habr\u00e1 una nueva creaci\u00f3n. La invitaci\u00f3n hoy es a confiar, a estar listos para ser sorprendidos. Dios, como el dador, a trav\u00e9s de su inmenso amor, est\u00e1 siempre ah\u00ed, esper\u00e1ndonos para darnos su ser mismo en el amor.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-a6886662-4d38-4017-8fe6-29e63139b9d6\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-25-Spanish.docx\">Word \u2013 Propio 25 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-25-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-a6886662-4d38-4017-8fe6-29e63139b9d6\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-1c104a41-db77-4532-91d1-fce816fb3e5e\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-25-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Propio 25 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Sermon-Propio-25-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-1c104a41-db77-4532-91d1-fce816fb3e5e\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1056],"class_list":["post-274911","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-25c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2022-10-23","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":168994},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 25 (C) \u2013 2022 &#8211; 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